TDAH: mi hijo no termina las tareas

Por Ana Villarrubia Mendiola.

Dadas sus dificultades para la concentración, así como para la organización y la planificación en el trabajo (funciones ejecutivas todas ellas) es muy común que el niño con diagnóstico de TDA o TDAH no termine sus tareas a tiempo o exprese serias dificultades para ello.

Más allá de las excusas que él mismo pueda dar (y que en su mayoría suelen ir dirigidas a la evidente auto justificación y autoprotección ante el trabajo no realizado, es importante tener en cuenta que la dificultad del niño para terminar las tareas y para hacerlo a tiempo es real, y no fingida; y que por tanto es necesario desplegar a su alrededor una serie de recursos que le faciliten cada proceso en el que se ve inmerso. La tendencia a la distracción y, por tanto, al abandono de la tarea en curso es también real por lo que de poco o de nada servirán las regañinas, los sermones o los castigos. Es necesario comprender que en muchas ocasiones no se trata de no querer sino de no poder.

¿Qué podemos hacer para ayudarle?

Lo primero, por mucho que nos cueste, es reforzarle. Reforzar sus progresos y centrarnos en ayudarle a mejorar y valorar la calidad de sus trabajos, por encima de la cantidad de tarea realizada o de la rapidez en su ejecución.

Además podemos ayudarle a fraccionar el trabajo y, con ello, le enseñaremos de paso las bases para ir planificándose, algo para lo que tiene dificultades que en el futuro pueden hacerse más visibles. Fraccionar el trabajo es organizarlo en el tiempo y es un buen método para fijar objetivos más a corto plazo y, por tanto, más fácilmente asequibles para él. Después de realizar una primera parte de la actividad se puede incluir un tiempo para la revisión en la que se aproveche para incluir refuerzos y orientaciones, y servir de guía de cara la realización de la siguiente fracción el trabajo.

Además, un niño con dificultades para organizar su tiempo muy probablemente no sepa manejar ninguna referencia de control del tiempo. El reloj es evidentemente el instrumento idóneo para ello pero no podemos pedirle que lo use sin enseñarle a hacerlo. Podemos regalarle uno atractivo e indicar en qué momentos ha de trabajar, en qué momentos ha de parar y de cuánto tiempo dispone en total. Es importante que externalicemos el tiempo y le demos, incluso, una visibilidad exagerada hasta que sea capaz de coger un ritmo y trabajar de acuerdo a éste.

Podemos también ser una viva expresión del tiempo, marcando las horas y avisando del tiempo que ha transcurrido desde que ha empezado una tarea y del tiempo que le queda hasta finalizarla. Si hemos marcado un tiempo total de 20 minutos para hacer los deberes de lengua, podemos avisare cuando hayan pasado 10 minutos para indicarle que le quedan otros 10 y que la mita d de la tarea debería estar ya hecha. Al principio será necesario ir adaptando los tiempos.

Nuestro objetivo último es que interiorice el concepto del tiempo y aprenda progresivamente a organizar y planificar sus propias tareas. Por ello, en un primer momento podemos aplicar todo esto también a otras actividades de ocio, y no solo a las tareas escolares u obligatorias.

Recordemos, además, que en todo proceso de aprendizaje el refuerzo juega un papel crucial tanto al ayudarnos a asentar los logros obtenidos como al mantener la motivación necesaria para realizar el esfuerzo que la interiorización de las nuevas conductas requiere.

Toda nueva conducta que queramos que el niño interiorice requiere de todo un proceso de adquisición en el que los demás, padres, profesores y demás familiares, debemos también tener claros los objetivos para no desmotivarnos por el camino y no perder la paciencia.

Suerte y paciencia para todos los padres.

Ana Villarrubia Mendiola (Psicóloga Col. M-25022) dirige el Centro de Psicología  ‘Aprende a Escucharte’ en Madrid

Infancia y adolescencia, Padres