TDAH: ¿Cuándo empiezan a notarse los efectos del tratamiento?

Por Ana Villarrubia Mendiola.

Dado el aumento del número de diagnósticos de TDAH en niños en los últimos años y recogiendo las preocupaciones de muchos padres que acuden a consulta llenos de dudas y de preguntas sin respuesta, desde el blog de nuestra consulta de psicología nos proponemos para este nuevo curso seguir profundizando en el delicado campo del Trastorno por Déficit de Atención.

Una vez se ha evaluado exhaustivamente un caso, se ha elaborado un diagnóstico y se ha iniciado un tratamiento, la pregunta es ¿Y ahora qué? Tras un camino de largo recorrido ya los padres se preguntan si esta será por fin la solución definitiva y cuándo comenzarán a apreciarse mejorías en los síntomas de sus hijos.

Pues bien, de manera muy general, ese “¿y ahora qué?” debería comenzar a dilucidarse entre uno y tres meses después de haberse iniciado el tratamiento.

En aquellos casos en los que se ha optado por la prescripción de fármacos, clorhidrato de atomoxetina (Strattera) y del clorhidrato de metilfenidato (Ritalín, Medikinet, Concerta, Rubifen…) es muy posible que padres y profesores noten cambios en el niño desde la primera o segunda semana, si bien los efectos terapéuticos completos no se obtienen hasta pasado un mes desde el inicio del tratamiento. Los ataques de impulsividad (interrupciones, conductas bruscas…) así como toda la sintomatología de hiperactividad que tan evidente es para quienes rodean al niño son los síntomas que más rápidamente comienzan a aplacarse. Progresivamente se va apreciando también una mayor capacidad de concentración en la realización de las tareas.

Aquellos padres que, por los motivos que sean, optan por una terapia sin fármacos para el TDAH y se adentran en la llamada bioterapia, a base de un control estricto de la dieta de la que se eliminan determinados alimentos y golosinas, los cambios no son nunca tan rápidos; aunque sí se han evidenciado disminuciones de síntomas de hiperactividad después del primer mes desde el inicio de la dieta. No obstante, no es recomendable evaluar la efectividad de este tratamiento hasta pasados unos tres meses, cuando los estudios apuntan que comienzan a notarse cambios más evidentes y generalizados en la conducta del niño.

En cualquiera de los dos casos, ha quedado demostrado que la eficacia del tratamiento se potencia cuando éste se basa en o se complementa con terapia cognitivo-conductual. Si bien los síntomas reaparecen en cuanto alguno de los dos primeros tratamientos cesan, la terapia cognitiva-conductual es la única que ha demostrado tener efectos duraderos a medio y largo plazo. Sus efectos comienzan a apreciarse de manera muy paulatina desde el primer mes y no son nunca tan inmediatos como los efectos de los fármacos; no obstante, la terapia cognitivo-conductual es la única que tiene por objetivo instaurar a largo plazo nuevos hábitos de conducta en el niño, a quien dota progresivamente de herramientas más adecuadas para responder de manera funcional al entorno.

Es más, el seguimiento sistemático de este tipo de terapia acaba dejando su impronta en la configuración cerebral de la persona pues potencia el desarrollo de la función ejecutiva de los lóbulos frontales (cuya activación se ve alterada en el TDA o TDAH).

 

Ana Villarrubia Mendiola (Psicóloga Col. M-25022) dirige el Centro de Psicología en Madrid  ‘Aprende a Escucharte’

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