La asertividad: claves para una comunicación eficaz

Por Ana Villarrubia Mendiola.

Hemos hablado ya en este blog sobre asertividad como estilo comunicativo y el lector aplicado se habrá reconocido ya en más de una ocasión siendo pasivo o siendo agresivo en exceso. Repasamos aquí las claves para entrenar la asertividad como estilo de comunicación eficaz y orientado a la consecución de nuestras metas y objetivos personales.

La asertividad es, en efecto, una estrategia de comunicación que nos permite defender nuestros derechos y expresar nuestras opiniones y puntos de vista sobre todas las cosas de manera abierta, libre y clara. Ser asertivo implica saber hacer respetar nuestros derechos y opiniones sin agresividad y sin manipulaciones.

Del mismo modo, desarrollar una actitud asertiva en nuestra vida diaria nos protege también frente a las manipulaciones de los demás ya que nos permite discrepar, preguntar y argumentar sin faltarle el respeto a nuestro interlocutor.

Una persona asertiva expresa su opinión y sus deseos con naturalidad, sabe pedir favores y sabe decir “no” al tiempo que también sabe encajar un “no” como respuesta pues trata a los demás con el mismo respeto con el que busca ser tratado.

Mantener una conducta asertiva implica conocerse bien a uno mismo. Un mínimo trabajo introspectivo a este nivel requiere saber identificar, por un lado, las propias emociones y su adecuada expresión (este paso es imprescindible para ser capaz, a su vez, de reconocer emociones en los demás) y, por otro, toda una serie de objetivos personales que han de guiar de manera coherente nuestra conducta en el día a día (lo que nos permitirá tener claro qué es lo que queremos conseguir o expresar).

Por ejemplo, nadie o casi nadie puede afirmar que nunca haya discutido con otra persona al expresar una queja o una reprimenda. ¿De dónde proviene el conflicto en una situación tan cotidiana? En muchas ocasiones la culpa es del que inicia la conversación, o bien porque se expresa desde la rabia o la ira y las formas le hacen perder la razón, o bien porque no tiene muy claro a dónde quiere llegar y la queja que expresa es poco constructiva. En otras tantas ocasiones es el receptor quien se ofende, no es capaz de reconocer el problema y, al sentirse agredido, responde a su vez de forma agresiva. No importa quien inicie la discusión: si ambos siguen fallando en el manejo de la asertividad, tengan ustedes por seguro que la escalada del conflicto está más que asegurada.

Por ello, antes de iniciar cualquier tipo de discusión es importante tener muy claro qué es exactamente lo queremos comunicar, qué queremos conseguir. El objetivo ha de ser coherente con nuestros valores o nuestros deseos, y no dirigido a la simple provocación o agresión del otro.

Todo acto comunicativo tiene siempre una intención: manifestar un deseo, expresar una emoción, pedir un favor, pedir una aclaración, hacer un cumplido, pedir un cambio de comportamiento en el otro, etc. ¿Cuántas veces hemos iniciado una conversación con uno de estos objetivos y hemos acabado hablando de otra cosa? Quizá no nos habíamos parado antes a identificar exactamente cuál era nuestro objetivo y planificar la mejor forma para conseguirlo. Esa “mejor forma” de la que hablamos, tal y como nos indica el sentido común, implica la sincera expresión de uno mismo con límites precisos y bien definidos: no agredir, no manipular. Es decir, siendo asertivo.

La asertividad no solo implica el conocimiento y el control emocional de uno mismo sino que, además, lo favorece. Por ello, ser asertivo implica también manejar adecuadamente los tiempos y los espacios para expresar según que deseos o necesidades.

La persona asertiva se caracteriza por un adecuado manejo de los siguientes componentes no verbales de la comunicación:

  • Es capaz de mirar a los ojos: sin ser amenazante y oscilando de manera natural, mantiene contacto directo con su interlocutor y no rehuye su mirada.
  • Controla y modula el tono de su voz: elevándolo si la situación lo requiere a causa de ruidos o inflexiones de la voz, pero evitando el descontrol, los gritos y la crispación.
  • Acompaña su discurso con gestos corporales coherentes con lo que dice: una persona segura de sí misma y que confía en su propio discurso (porque tiene claros sus objetivos y no busca el conflicto innecesario) no manifiesta tensión y sus gestos acompañan a su discurso de manera fluida y natural, no estática ni exagerada. Se mantiene erguido pero no rígido y sus manos acompañan a sus palabras de manera lógica.
  • Su rostro no expresa enfado, ira o crispación: al mismo nivel que su cuerpo, los gestos de la cara acompañan también el discurso y enfatizan sin ironía aquellas palabras que se consideran más relevantes.
  • Mantiene una adecuada distancia con su interlocutor: ni humilla o intimida por situarse demsaido cerca ni se somete al otro tampoco.

El discurso de una persona asertiva se caracteriza por:

  • Utiliza la primera persona: los llamados “mensajes yo” no ofenden y destacan la expresión de emociones propias por encima de una simple reprimenda.
  • Expresa claramente su objetivo: identifica claramente en el inicio de la conversación qué deseo, emoción, necesidad, etc. es la que desea expresar.
  • Es persistente: cuando nuestro objetivo está claro es más fácil perseguirlo y conseguimos expresarnos sin hostilidad cuantas veces sean necesarias hasta conseguirlo.
  • No da excusas “baratas”: el adecuado manejo de la asertividad es un fiel reflejo de una autoestima sana por lo que la persona asertiva no necesita ocultarse y sabe reconocer sus propias conductas.
  • Construye y no destruye: el lenguaje puede llegar a ser destructivo por lo que la persona asertiva no utiliza insultos o amenazas que le alejen de su objetivo. El discurso se elabora en positivo, esto es, enfatizando la posibilidad de cambio y la comprensión del otro, por encima del simple ataque..
  • Utiliza mensajes proactivos: busca la solución del problema e involucra a todos por igual en su consecución. La persona asertiva reconoce las dificultades del otro y reconoce sus propias emociones con el objetivo de conseguir un cambio. Así, un mensaje asertivo contiene expresiones como: “Yo pienso que…”, “Yo siento que…”, “Lo que quiero es…”, “Se me ocurre que lo que podemos hacer es…”, “¿Qué solución crees que podemos dar a esto…?”, “¿Qué te parece si…?”, “Entiendo lo que me quieres decir…”.

Sigues dudando de la necesidad de entrenar la asertividad? Inténtalo, en tu propio beneficio, y cuéntanos los resultados. Volveremos sobre ello en nuevos posts.

¿Listo para comenzar a entrenar la asertividad?

Ana Villarrubia Mendiola (Psicóloga Col. M-25022) dirige la consulta de psicología Aprende a Escucharte’ en Madrid.

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4 comentarios


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