Preocupación: una elección personal

Por Nuria Torres Marcos.

¿Por qué nos preocupamos?

Conforme va pasando la vida aparecen problemas y dificultades que deterioran nuestro bienestar y nos roban la tranquilidad. Algunos de ellos, se resuelven y desaparecen al poco tiempo, sin embargo otros nos acompañan por un periodo más largo.

Otros, dependen muy poco de nosotros, cuyas soluciones están muy lejos de nuestras manos, pero aun así nos generan estrés, ansiedad e inquietud.

En numerosas ocasiones, aparece en nuestra cabeza, un flujo continuo de pensamientos negativos que nos anticipa posibles acontecimientos o problemas venideros, que nos alteran el equilibrio, nos inmovilizan y nos impiden buscar soluciones ante determinados contratiempos. Esto es a lo que no referimos cuando hablamos de preocupación.

La preocupación nos genera tensión, activación continua, alteraciones en el sueño, irritabilidad, fatiga, provocando un deterioro en varias parcelas de nuestra vida.

Nos trae al presente, aquello negativo que puede aparecer en el futuro y ante lo cual no tenemos ningún control.

Quizá puedas tener la idea de que así estaremos preparados, que las cosas no nos pillarán por sorpresa o que así, demostraremos lo que nos importan, pero nada lejos de la realidad, nada mejorará las cosas sino todo lo contrario, anulará nuestra eficacia en el presente. Las preocupaciones no están exentas de complicaciones, nos generan emociones tan intensas como si estuvieran ocurriendo en ese mismo instante, de forma que si una persona se encuentra constantemente preocupada por las consecuencias negativas de cualquier conducta propia o ajena, psicológicamente también estará experimentando las emociones y malestar asociados.

Puede ser interesante detenernos un momento y preguntarnos: ¿De que me sirve preocuparme de esto, en este momento?

Se trata de una elección personal, decidimos anticipar consecuencias negativas antes de anticipar las positivas o neutras, convirtiéndolo en un habito que con el tiempo, aparece de manera involuntaria ante cualquier acontecimiento, impidiendo ver otras forma de interpretarlo y provocando un malestar psicológico, a veces irreconocible.

Las preocupaciones impiden vivir nuestra vida, nos mantienen inactivos y ayudan a evitar el cambio. A veces es más fácil angustiarse que descubrir la verdad y comprometerse con las cosas que nos importan, evitando, también, correr los riesgos que implica la acción.

Al formarse como hábito, existe la posibilidad de cambiarlo haciéndolo consciente, y al igual que aprendimos a ver las consecuencias negativas, reaprender viendo las positivas o las neutras, mejorando así nuestro estado de ánimo y protegiendo nuestra salud.

No se trata de no preocuparse, sino de hacerlo de una manera más beneficiosa y adaptativa para nosotros, que nos ayude a buscar soluciones, dándonos sensación de control y aliviando el malestar que pueden provocar ciertos asuntos o acontecimientos.

Todos nos hemos preocupado por nimiedades alguna vez, que una vez pasadas nos han hecho reflexionar sobre el sufrimiento en vano que nos produjeron, por ello quiero que este apartado nos sirva para plantearnos ¿Por qué quedarnos con la imagen negativa y la que nos produce malestar?

El hombre juicioso sólo piensa en sus males cuando ello conduce a algo práctico; todos los demás momentos los dedica a otras cosas. Bertrand Russell

La catástrofe que tanto te preocupa, a menudo resulta ser menos horrible en la realidad, de lo que fue en tu imaginación.Wayne W. Dyer

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte’

 

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1 comentario


  1. No habia vuelto a leer tu blog por un tiempo, porque me pareció que era denso, pero los últimos articulos son de buena calidad, así que supongo que voy a añadirte a mi lista de sitios web cotidiana. Te lo mereces amigo. 🙂

    Saludos