¿Diversión o adicción?

Por Nuria Torres Marcos.

Generalmente los juegos de apuestas han sido considerados como actividades de ocio, diversión, distracción, siendo aprobados y aceptados por la mayoría de la sociedad. El sorteo de la ONCE, el gordo de navidad, la primitiva o la bonoloto dan una gran relevancia a los juegos de azar y ocupan un lugar destacado en periódicos, televisión o radio. ¿Por qué han de ser peligrosos?, sino, no estarían permitidos, ¿no?

Cualquier juego, por ridículo o inofensivo que parezca, mal enfocado puede desencadenar una adicción. Como cualquier otra adicción, la ludopatía, supone una dificultad para frenar el impulso que me lleva a jugar a pesar de ser consciente de las consecuencias negativas que puede acarrear cuando se práctica en exceso. Puede comenzar como una práctica esporádica en una situación social determinada, con amigos, familiares, celebrando un cumpleaños o como un intento de distraerse cuando estamos aburridos sin saber qué hacer, sin ser muy conscientes de los efectos importantes que puede llegar a tener sobre nuestra salud mental. Puede ayudarnos a distraer nuestra atención, a olvidarnos de las dificultades o funcionar como una vía de escape para numerosos problemas, lo cual puede aumentar la probabilidad de recurrir a ellos cuando nos encontramos ante situaciones complicadas.

No podemos afirmar que una persona que juegue con frecuencia se convierta con seguridad en un adicto al juego, pero si existen situaciones en las que pueden ser más propensos a desarrollar un trastorno de este tipo.

Su trayecto es progresivo por lo que es difícil determinar cuando una persona se encuentra en riesgo. Los problemas económicos, los conflictos familiares, el aislamiento, la preocupación o la inquietud por la práctica, así como el fracaso en el intento por controlar el juego, pueden ser algunas de las señales de alerta que nos ayuden a considerar el juego como una adicción.

No hay que olvidar que existen consecuencias beneficiosas que mantienen la práctica como algo agradable, como por ejemplo ganar, conocer gente, distraerse, etc. Por ello se hace complicado romper la cuerda que los mantiene atados.

Como cualquier conducta con implicaciones adictivas genera consecuencias negativas en la mayoría de las esferas de la vida de la persona por lo que su reconocimiento y tratamiento no es fácil.

El déficit en el control de impulsos suele ser la característica más destacada de estos problemas, por lo que aumentar el autocontrol y considerar que aspectos intentan ser tapados a través del juego, constituye una de las ramas por las que empezar a trabajar.

Al igual que otros muchos problemas psicológicos, la ludopatía requiere esfuerzo y ayuda profesional para poder resolver el problema con éxito. La familia puede servir de gran ayuda por lo que suele implicarse en el proceso, en caso de que fuera posible.

Parte del trabajo con este problema se basa en un acuerdo para contrarrestar por completo la abstinencia al juego, trabajando la función que desempeña éste, el modelo erróneo de pensamiento que aparece y prevenir y aprender de las posibles recaídas. En algunos casos es importante reconstruir de nuevo la vida de la persona, convirtiendo su entorno en una zona de seguridad y confort.

Tu trabajo “Empieza por aceptar, luego entender y por último atender”

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte

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