¡Nos falla la comunicación!

Por Nuria Torres Marcos.

Carmen es ama de casa, siempre se ha dedicado al cuidado de sus hijos, de la casa, cosa que realiza con gusto, aunque considera que no dedica mucho tiempo a lo que a ella le gusta. No se atreve a pedir el tiempo y el espacio que necesita, y su familia y amigos no paran de pedirle favores, los cuales ella hace sin rechistar. Como siempre ha sido así, estos favores se han convertido en cosas que se dan por hechas y  ante los cuales no puede decir que no.

Por otro lado, Marcos, es el director de una empresa conocida, es un hombre directo y claro. Sus empleados a menudo se sienten atemorizados por el trato brusco que reciben por su parte y ante lo que han decidido no pedirle nada. Marcos no tiene muchas amistades, lo cual le lleva a sentirse bastante solo.

Como podemos ver reflejado en los dos relatos anteriores, existen diferentes estilos a la hora de comunicarnos, a través de los cuales, defendemos nuestras opiniones, decimos lo que pensamos o sentimos y demostramos quienes somos. Ningún estilo puede considerarse ni bueno, ni malo, sino que puede resultar más adaptativo uno que otro, dependiendo del contexto en el que nos encontremos. ¿Acaso ser agresivo en la guerra estaba mal visto?, al contrario, era señal de valentía y ayudaba a salir ileso del conflicto.

Los tres estilos básicos de comunicación que conocemos pueden situarse en un continuo. En uno de los polos nos encontraríamos con un estilo agresivo, representado por Marcos y en el opuesto, con un estilo sumiso/pasivo, característico de Carmen.

Cuando hablamos de agresividad no nos referimos sólo a una actitud violenta, sino también podemos hablar de la forma en la que trasmitimos lo que decimos, es decir en el cómo lo hacemos, una mirada, un gesto, una omisión pueden considerarse  elementos importante para catalogar dicho estilo, implicando así tanto componentes verbales como no verbales. En este caso, cuando nos comunicamos a través de un estilo agresivo sobrevaloramos los sentimientos y opiniones personales obviando o incluso despreciando los de los demás. Con esto, como comentábamos al principio, no queremos decir que este estilo sea ni bueno ni malo, pero quizá no sea muy adaptativo en esta sociedad en la que vivimos.

Es importante tener en cuenta que la agresividad me permite, en muchos casos, conseguir beneficios en un corto periodo de tiempo, pero lo que también es verdad es que genera consecuencias muy negativas a nivel de relaciones interpersonales, aislamiento, inseguridad, tensión, etc. E incluso ciertos comportamientos pueden estar penados.

Por otro lado, un estilo sumiso de comunicación parece estar mejor visto. Evitar mostrar los sentimientos u opiniones puede ser una manera de evitar el rechazo de los demás, las discusiones o dejar la responsabilidad de tus decisiones en manos de otros pero, con el tiempo, suele aparecer un sentimiento de debilidad, culpa y resignación con el que terminamos traicionándonos a nosotros mismos.

Entre estos dos extremos podemos encontrar un punto intermedio, un equilibrio con el que uno puede sentirse más a gusto y satisfecho. A este estilo lo llamamos asertividad.

Este estilo constituye una tendencia y no un fin en sí mismo, ya que no asegura la consecución íntegra de nuestros objetivos, pero sí aumenta la probabilidad de ello, con el menor coste para nosotros y para los demás.

No se trata de un arma infalible, ni la clave para evitar malentendidos y conflictos, pero sí ayuda a mejorar la calidad de las relaciones, invirtiendo un menor esfuerzo. Su eficacia depende de cuando y como se usa.

Si usamos esta tendencia seremos capaces de expresar nuestros sentimientos, opiniones y defender nuestros derechos, sin invadir, castigar o amenazar los de los  demás, consiguiendo así, mayor satisfacción personal relativamente al margen de los resultados.

Si tu estilo comunicativo conlleva consecuencias negativas para ti, puedes elegir hacerlo de otra manera. Pronto te verás altamente recompensado, ¡sólo es cuestión de práctica!

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte

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