Nada de fórmulas mágicas: ¿Cuál es el mejor tratamiento para el TDAH?

Por Ana Villarrubia Mendiola.

En un post reciente – ¿El TDAH se cura? – hablábamos de la necesidad de alejarnos del concepto de enfermedad para abordar cualquier intervención en un caso de TDAH. O TDA (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad).

Las enfermedades se diagnostican y, cuando es posible su curación, ésta es la consecuencia de la aplicación de un protocolo determinado (normalmente a través de un tratamiento farmacológico). Esto, aplicado al TDAH, equivaldría a decir que existen una serie de medicamentos que tratan el TDAH y curan para siempre todos sus síntomas. Pues bien, ni esto es posible ni existe tratamiento mágico alguno. Como ya decíamos antes, el TDAH no es una enfermedad, no se cura con medicamentos.

Si consideramos erróneamente el TDAH como una enfermedad iremos a parar a un callejón sin salida pues algunos de sus principales síntomas sí pueden atenuarse mientras dura el efecto de un determinado fármaco pero, más allá, poco o nada estaremos haciendo por mejorar las condiciones de vida de la persona con TDAH. El TDAH es una condición con la que el individuo necesariamente ha de aprenda  convivir de la mejor manera posible, es decir, siendo muy consciente de cuáles son las implicaciones del TDAH en su vida diaria y entrenándose desde bien temprano en todas aquellas estrategias y habilidades que le sean de utilidad para compensar dificultades y tratar de que éstas supongan el menor obstáculo posible para la consecución de sus objetivos vitales.

Para ello, existen en estos momentos varios tratamientos para el TDAH, de distinta naturaleza, distinta eficacia y con distintas implicaciones.

Desde el punto de vista psicológico el tratamiento cognitivo-conductual no solo es el más eficaz sino que resulta imprescindible pues es la única perspectiva desde la cual se trabajan y potencian las habilidades de la persona al tiempo que se le dota de las herramientas necesarias para compensar las dificultades que el TDAH implica.

Desde la terapia cognitivo-conductual se enseñan las destrezas necesarias para favorecer el funcionamiento social de la persona, se entrenan las técnicas oportunas para acompañar su adecuado desarrollo escolar o profesional, se interviene con la familia (y la escuela si hablamos de un niño) modificando el ambiente en el que la persona se mueve con el objetivo de favorecer su adaptación al entorno y se ayuda directamente a la persona a favorecer el desarrollo de todos aquellos procesos implicados en la función ejecutiva (es decir, estimulando directamente los proceso atencionales que están alterados en la condición del TDA). Se obtienen así cambios a medio y largo plazo que favorecen el ajuste social, académico y profesional de la persona con TDA o TDAH.

Cuando una exhaustiva evaluación neurológica así lo estima necesario, la terapia cognitiva y de conducta puede acompañarse de un tratamiento farmacológico, siempre bajo prescripción de un neurólogo y seguimiento médico.  En estos momentos existen básicamente dos tipos de tratamiento farmacológico para el TDAH: el clorhidrato de metilfenidato y el clorhidrato de atomoxetina. El primero de ellos y de mayor frecuencia de uso se comercializa bajo el nombre de Ritalín, Rubifén, Medikinet o Concerta mientras que el segundo, menos utilizado, se comercializa habitualmente bajo el nombre de Strattera. Los fármacos para el TDAH sólo son efectivos mientras dura el efecto de la sustancia, es decir, durante unas horas.  Una vez finaliza el efecto del medicamento la persona retoma su funcionamiento habitual. Los medicamentos modifican la bioquímica del cerebro favoreciendo los procesos atencionales pero no están exentos de efectos secundarios. Éstos pueden variar de una persona a otra y, si es de interés para el lector, podremos dedicar un post en este blog a comentar cuáles son estos efectos secundarios.

Por todo ello se recomienda que la terapia farmacológica, cuando es considerada necesaria por un médico especialista, vaya siempre acompañada de una terapia cognitivo-conductual que garantice el aprendizaje de nuevas estrategias a más largo plazo y no busque simplemente la dependencia a una sustancia para obtener el alivio más inmediato de los síntomas.

Por último, líneas de investigación más recientes investigan desde hace unos años la eficacia de la llamada bioterapia para el TDAH. Esta terapia, cuyo seguimiento se recomienda también en paralelo a otro tipo de tratamiento de corte cognitivo-conductual, es una alternativa a la ingesta de medicamentos. Consiste en diseñar para la persona una dieta específica basada en la ingesta de una alta cantidad de vitaminas y aminoácidos que guardan una relación con el ajuste bioquímico de neurotransmisores y, por tanto, con el funcionamiento de nuestro cerebro. Cuando se trata de niños, suele ser necesaria también la ayuda de un profesional de la psicología que enseñe al niño a seguir de manera autónoma esa dieta. La eficacia de este tipo de intervención parece demostrada por algunos estudios pero aún siguen existiendo informaciones contradictorias a este respecto.

Ana Villarrubia Mendiola (Psicóloga Col. M-25022) dirige el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte’

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5 comentarios


  1. El mejor tratamiento es el tratamiento multidisciplinario que xcomprende:
    1. Tratamiento neurofarmacoógico
    2. Terapia Psicopedagógica
    3. Manejo en casa
    4. Manejo escolar
    7. Terapias específicas (lenguaje, psicomotricidad, aprendizaje…..)

    Saludos

    Dr. Abraham Dayán
    Neuropediatra

  2. Silvia

    Me ha gustado mucho su artículo y sólo quería añadir un comentario: no sé si el TDAH es una enfermedad o no, pero tampoco me importa, dos de mis hijos lo padecen, con el mayor no supe reaccionar y ahora es muy difícil proporcionarle la ayuda que necesita (no se deja ayudar, típico adolescente) así, con el menor, tengo muy claro que la medicación no le va a curar, como a mí mi medicación tampoco me cura de mis enfermedades (crónicas), pero en algunos procesos, se les llame enfermedades o no, es preciso ver la medicación como el bastón que necesitamos para poder seguir otra clase de terapias o pautas de comportamiento que nos ayuden a superarlos o, en ciertos casos, a aprender a vivir con ellos y a controlarlos dentro de lo posible.

    Imaginemos que perdemos un ser muy querido, evidentemente el luto no es una enfermedad, pero quizá necesite un antidepresivo que me ayude a llevar el luto sin caer en una depresión profunda.

    Muchas gracias por su artículo y por su atención.

  3. Estimado lector, gracias por su comentario. En un post anterior y en este mismo se aborda el TDAH asumiendo que, como condición del individuo y no como enfermedad, su tratamiento no puede ser exclusivamente farmacológico pues de nada sirve aplacar los síntomas temporalmente si no se enseñan a la persona las claves para poder desenvolverse de la manera más adaptativa posible en su entorno. La insistencia en este punto me parece imprescindible para que miles de padres no recurran a unas pastillas “milagrosas” ni sucumban a expectativas que no puedan llegar a cumplir nunca.

    Como se decía en un post anterior del que este es continuación, el hecho de no poder ser “curado” mediante fármacos tan sólo es una de tantas características por las que, entendemos, debe considerarse una condición del individuo.

    Por desgracia, muchas enfermedades graves no pueden curarse tampoco mediante un tratamiento farmacológico.

    Por último, en relación al debate teórico entre profesionales del que nos habla, me parece efectivamente un tema interesantísimo que, partiendo de su acertada observación, considero necesario tratar en este blog próximamente.

  4. Ffer

    En su artículo dice que el TDAH no es una enfermedad puesto que no se cura con medicamentos.
    El Ébola, el SIDA, la Polio, la Diabetes, incluso la gripe y un sencillo resfriado tampoco son enfermedades ya que ninguna de ellas se cura con fármacos. La peor de todas sería la Enfermedad de Creutzfeld Jackob aunque sólo fuera por el hecho de llamarla enfermedad sin serlo, según su regla de tres que dice que una enfermedad que no se cura con medicamentos no es tal enfermedad.
    Aprovecho para decirle que cuando escriba sobre los efectos secundarios de los medicamentos, tenga presente y mencione los efectos secundarios de padecer un trastorno en el que los únicos que no están de acuerdo son los profesionales ya que todos los que lo padecen tienen los mismos síntomas, las mismas experiencias, los mismos sufrimientos; con matices, claro. Y de la misma forma que aborda en su artículo las diferentes formas de tratamiento del TDAH, explique también las consecuencias del resto de tratamientos ya que ninguno de ellos pasa sin por el interesado sin dejar huella.

  5. Muy buenoooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!