Anulados por la culpa

Por Nuria Torres Marcos.

¿Quién  no se ha sentido alguna vez culpable? Cuando cometemos un error, hacemos algo a alguien o decimos algo que nos parece inapropiado, nos invade un fuerte sentimiento de culpa que, en ocasiones, puede hacer que nos sintamos muy molestos e incluso, deprimidos.

Nos sentimos culpables cuando sabemos que hemos hecho algo “mal”, pero también cuando se nos hace sentir así, a modo de chantaje, por no seguir unas normas sociales o morales o por no acceder a los deseos de otros. Suele manifestarse como un afecto doloroso y hacer referencia tanto a elementos externos, como la actividad laboral, el manejo inadecuado del dinero, el descontrol en la dieta, etc; como a elementos internos, como la actuación con los padres, la fidelidad de la pareja o las conductas de traición con amigos o compañeros. Este sentimiento tan fastidioso remite frecuentemente ha hechos del pasado y aparece  más fácilmente cuando nuestras metas son poco realistas.

“La culpa no es solo una preocupación por el pasado, es la inmovilización del momento presente en aras de un suceso del pasado”

Desde pequeños aprendemos que el sentirse mal o culpable por un hecho cometido significa demostrar el interés o la importancia que requiere aquello que hacemos. Mensajes como “si te portas mal, mama se disgustará mucho” o “deberías sentirte avergonzado por lo que has hecho”, lejos de ayudarte a rectificar o aprender como hacerlo de otra manera,  generan reacciones de culpa desde bien pequeños, que nos llevan a depender y perturban nuestra felicidad, conviviendo con nosotros a medida que crecemos.

No hay que olvidar que la culpa, como emoción limitante, es útil para conseguir un determinado comportamiento en el otro, así, cuando manipulamos a la pareja recordándole un hecho del pasado que nos produjo un daño o cuando decimos a nuestros padres “Es que no me quieres” aprendemos a usar ese comportamiento al igual que lo usaron otros con nosotros. Pero, usar la culpa como estrategia para conseguir lo que queremos no es una manera natural de comportarse.

Ciertas normas morales rígidas también ayudan a desarrollar sentimientos de este tipo al no poder cumplir, en muchos casos, con las exigencias auto impuestas, sintiéndonos frustrados, preocupados y culpables por no ser consecuentes con aquello que pensamos. Todo esto nos impide actuar, nos bloquea, ya que con anterioridad nos comportamos de determinada manera  y no podemos hacer nada por remediarlo, solo quedarnos lamentando y pensando lo malos que fuimos.

 

Ahora bien, ¿Nos ayuda a corregir o cambiar un hecho pasado? ¿Nos enseña a asumir nuevos riesgos? ¿Te exime de tu responsabilidad pasada? Pues, rotundamente NO.

Puedes quedarte anclado deseando que las cosas no fueran como son o decidir cambiar tu actitud respecto a esas cosas que te hacen sentir culpable, y aceptar que ciertas decisiones pueden disgustar a mucha gente y no por eso merecer pasar el resto de tu vida penando por un pasado que no volverá.

Nuestros sentimientos de culpa no cambiarán el pasado  y  nuestras equivocaciones son sanas y necesarias para nuestro crecimiento personal.

Tú eres el responsable de lo que sientes, ¿Por qué no escoger la libertad?

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte

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