Apasionados por el Reino

NUESTRAS IMÁGENES Y NUESTROS LENGUAJES SOBRE DIOS: Búsqueda, camino, acompañamiento [Material para Confirmación]

[Se ofrece un material pensado en encuentros de Confirmación con jóvenes. Son algunas intuiciones que pueden ser modificadas en virtud de los requerimientos del mismo grupo]

1. PROPÓSITO DE LA CONVERSACIÓN

 Asumirnos como seres situados en el mundo, en una cultura y en una historia.
 Comprender cómo en dicha situación se generan distintas imágenes y lenguajes sobre Dios.
 Explicitar cuáles son nuestras imágenes de Dios y cómo hablamos de Dios.
 Reconocer cómo la vida humana y creyente se puede comprender como búsqueda, camino y acompañamiento.
 Y esos tres conceptos pueden ayudarnos a entender el proceso que tenemos con nuestros hijos y ahijados(as). Vamos en búsqueda con ellos, vamos de camino con ellos y los acompañamos y ellos nos acompañan en el proceso de la confirmación.

2. EL MÉTODO

Asumir la temática de la experiencia [no solo la religiosa, sino y sobre todo la humana, la histórica, la personal, familiar, cultural] como un elemento necesario al momento de pensar nuestra relación con Dios. En palabras de Juan Alfaro, “la teología ha tomado conciencia no solamente de la historicidad del existir y del conocer humanos, sino también del devenir histórico como lugar propio de la acción salvífica y de la revelación de Dios, cumplidas definitivamente en el acontecimiento de Cristo […] impulsada por estas orientaciones primordiales, la teología se ha abierto decididamente a la cultura y a los problemas actuales de la humanidad” (Juan Alfaro, Revelación cristiana, fe y teología (Sígueme, Salamanca 1994) 145).

Pero para llegar a esa afirmación propiamente teológica (lógica de Dios) es necesario comenzar en la antropo-lógica, en la lógica del ser humano que es aquél ser capaz de preguntarse por Dios, de estar abierto a la palabra que éste le dirige, a aceptarla o rechazarla, a comunicarla a los demás, a confiar en ella haciéndola parte esencial de su vida.

Con ello, la idea central es que no se comienza a ser cristiano de manera a priori, sino que somos cristianos o creyentes en razón de una experiencia histórica de encuentro con Dios. En algún momento de nuestra vida, personal o familiar, Dios nos ha hablado y le hemos creído y hemos creído en Dios. Digo le hemos creído porque Dios nos ha hablado como una persona, es decir, alguien capaz de dialogar y relacionarse; y digo creerle en razón de que la palabra que le ha dirigido al mundo y al ser humano es una palabra digna de confianza. Nos hemos fiado (fe, escucha, obediencia) de esa palabra y esa palabra y su persona le han dado un sentido nuevo a la vida.

3. ENTONCES COMENCEMOS POR LO ANTROPOLÓGICO

En duplas, idealmente con alguien que no conozcamos, conversamos las siguientes preguntas:

a. ¿Cómo me llamo? ¿Qué significa mi nombre? ¿Por qué mis papás colocaron ese nombre?
b. ¿De dónde vengo? ¿cuál es mi cultura? ¿cuál es mi terreno? ¿mi lugar vital? ¿mi cultura?

3.1 Relación ser humano – mundo

No hay una estancia en el mundo que sea neutra o ingenua. El mundo nos afecta, nos alegra, entristece, nos genera, nos permite desarrollarnos y también morimos en él. El mundo es nuestra casa y en él, el “lenguaje es la casa del ser” al decir de Martín Heidegger (1889-1976).

- Las cosas hablan, nos evocan recuerdos, y nosotros hablamos de las cosas.

- El ser humano es el animal que habla, y que expresándose se constituye en persona, en cuanto se relaciona con otros.

- Heidegger habla de una estructura lingüística. El lenguaje define la estadía del ser humano en la cultura. Y el lenguaje también define a Dios y Dios se define a través del lenguaje, de la palabra que crea realidad (Génesis 1) y de cómo dicho Logos, Palabra, se hizo carne al final de los tiempos (Jn 1,14; Heb 1,1-2).

- Paulo Freire (pedagogo brasileño) dice que “lo propio del ser humano es la de ser un ser en situación, situado, fechado. Un ser engarzado en el espacio y en un tiempo que su conciencia intencionada capta y trasciende” (Paulo Freire, La educación como una dimensión de la acción cultural (Icira, Santiago 1972), 19-28)

Tenemos espacio y tenemos tiempo. Pero la pregunta es otra ¿qué espacios nos estamos dando? ¿con quiénes compartimos dichos espacios? ¿son espacios éticos, estéticos, poéticos, ecológicos? ¿a quién no le damos espacios? ¿a quién o a quiénes sacamos de nuestro espacio? ¿a qué cosas les damos más tiempo? ¿a qué cosas menos? ¿a quién le damos tiempo? ¿le damos tiempo a nuestros hijos, a nuestras familias? ¿o sólo llega el bulto pero no la persona? Eso se llama hacer presencia presente: presente, palabra maravillosa que significa aquí, ahora, ya, pero que también significa regalo.

- Tenemos también la capacidad de admirar el mundo, de compartirlo con otros. Insisto en la estructura fundamental del ser humano que es persona, y que por tanto está hecho para relacionarse con otros. Fisiológicamente estamos hechos para unirnos, psicológica, espiritual, y sobre todo amorosamente hechos para unirnos. Hay, por tanto, una lógica del amor, del don, de la donación, de la reciprocidad. Vuelvo a lo anterior: tenemos tiempo, y el tiempo es un bien intangible. Yo no vendo tiempo, yo sólo puedo dar tiempo. El tiempo es un don gratuito.

- Y también podemos transformar el mundo. Pasar de un paradigma ego-lógico (una lógica del yo encerrado en sí mismo y en su mundo privado y cerrado) a un paradigma o modelo eco-lógico, a una lógica del ecosistema en donde con-vivimos (vivimos con) otros seres humanos, con otros seres no humanos, y también con Dios. Es la creación de un clima vivencial apto para cobijar la vida. Es una lógica biofila, amante de la vida, que busca el bienestar, no solo personal, sino también social, comunitario, político.

- Y estas dimensiones, le hacen comprender finalmente que su existencia se comprende como inconclusa, en camino, no finalizada, sino que realizándose. Y que en dicha inconclusión es necesario buscar el sentido último de la existencia, es necesario volver a unirse con el fundamento originario de la vida. Y es ahí donde aparece la pregunta por Dios. Porque el ser humano es aquél que se pregunta por Dios.

4. Y DAMOS EL PASO A LO TEOLÓGICO, A LO RELIGIOSO

Conversamos nuevamente:

¿Qué experiencias de Dios hemos tenido? ¿Quién nos habló de Dios? ¿Qué decimos de Dios? ¿Qué le decimos a Dios? ¿Está Dios presente o ausente de nuestra vida? ¿Estamos enojados con Dios? ¿Cómo es nuestra experiencia creyente?

a. Decíamos anteriormente que el ser humano, en vistas a su experiencia en el mundo, es aquél ser que se pregunta por la vida, por el sentido de la historia, por la experiencia del mal. Es capaz de admirarse, de crear, transformar y también destruir. Y en dicha variedad de experiencias, “descubrimos lo sagrado como anidando en su núcleo más interno” (Isidro Muñoz, Religión y vida. El horizonte religioso en la actualidad (San Pablo, España 1994), 123)

b. La experiencia religiosa nos permite trascender, salir de nosotros mismos, ya que busca volver a unirnos – eso es religión: re-ligar; volver a unir – con el fundamento último de nuestra existencia, que no somos nosotros mismos. Nosotros no podemos darnos la vida de manera propia, es otro el que nos dio la vida y que es “vida en abundancia” (Jn 10,10). Y por ello la particular experiencia cristiana es tan humanizadora y liberadora, la auténtica experiencia cristiana, la que nos narran los Evangelios y que es el núcleo del cristianismo. Gracias a la experiencia cristiana comprendemos cómo nuestra existencia y experiencia se ha unido con la existencia y la experiencia de Dios, todo ello en la persona de Jesús de Nazaret.

c. La experiencia religiosa libera del aislamiento del yo, y nos permite reconocernos como personas, es decir, como seres en relación con otros. Por ello todo ser humano es religioso, porque busca realizarse plenamente con otros, y con Otro. En palabras de Muñoz Triguero “la religiosidad más que una nota específica o componente esencial, es una condición existencial de la propia realización de la vida. Puede decirse que es, y más en la perspectiva cristiana, la condición más decisiva para realizar la verdadera humanidad del hombre” (Isidro Muñoz, Religión y vida. El horizonte religioso en la actualidad (San Pablo, España 1994), 124).

d. Por ello, el que F. Nietszche haya afirmado “Dios ha muerto”, condenó al ser humano a un aislamiento definitivo. Decir que “Dios ha muerto”, significa decir que “el ser humano ha muerto” y que el ser humano no puede – y no quiere – relacionarse con otros.

e. El ser humano está orientado hacia el absoluto. La apertura del ser humano entra en comunión con la apertura del Dios de la Biblia, que es el Padre de Jesús. Y hay encuentro de aperturas porque Dios se mostró, se dio, y sobre todo “amó primero”. Hay apertura, comunión y encuentro porque hay una lógica en el amor y desde el amor. Es un encuentro de amores. Y Dios ha creado a un ser capaz de contener todo el amor que Él siente por sus creaturas (Cf. Karl Rahner). Y es también una inteligencia del amor, porque el amor no sólo es una práctica, sino que es una decisión ética. Y al ser decisión tiene que haber concurso de libertad, conciencia y responsabilidad.


5. BUSCADORES DE DIOS

a. El creyente cristiano ha de vivir esa lógica. Somos “exploradores del Misterio”, “buscadores de Dios”. Y buscamos el Misterio de Dios en nuestra experiencia humana. Hacemos experiencia de Dios en la experiencia histórica. Por ello, el lugar donde Dios se ha autocomunicado con el ser humano es la historia, nuestra historia, este mundo, esta cultura. En palabras de Xabier Pikaza, “la experiencia de Dios se encuentra vinculada a la tarea primordial de nuestra propia vida. No estamos definidos, ni tenemos un camino ya trazado: debemos trazarlo, probando, tanteando y aprendiendo a través de los fracasos” (Xabier Pikaza, El camino del Padre. Nueve itinerarios para el encuentro con Dios (EDV, Navarra 1999), 165)

b. Pasamos con ello al primero de los conceptos del trinomio propuesto para comprender el sacramento de la confirmación: búsqueda, camino, acompañamiento.

c. Reconocemos varios problemas dentro de la práctica sacramental, sobre todo en la confirmación. Son problemas que se dan, no en todos los casos, pero existen:

- Los jóvenes llegan obligados por los papás. No se puede entender una experiencia religiosa como imposición u obligación.
- Uno confía en que los jóvenes realizan una buena experiencia de Dios. Como toda experiencia es subjetiva, depende de la persona, pero es necesario que dicha experiencia, sobre todo en la confirmación, tenga una concreción adecuada luego de recibir el sacramento.
- Los papás no participan siempre del proceso. Envían a los jóvenes a la parroquia, o al colegio pero no se preocupan del proceso mismo.
- Los padrinos o madrinas son elegidos más por afinidad que por compromiso creyente. El padrino no cumple un rol más. Es el encargado de acompañar (de ahí el signo de su mano derecha en el hombro derecho) en el proceso personal pero sobre todo creyente. Es de esperar el que padrino/madrina tenga un compromiso creyente adecuado.

d. Volviendo al tema de la búsqueda, es necesario que los procesos e itinerarios de confirmación sean sólidos, tanto humana como espiritualmente. Debe haber un equilibrio entre ambos, y por ello yo comencé con lo antropológico para llegar a lo teológico; comencé con algunos filósofos y pedagogos para llegar a los teólogos, al Evangelio, a la Iglesia.

6. CAMINO, CAMINANTES, PEREGRINOS

a. Los buscadores siguen la brújula, un mapa, los signos de un camino que otros ya recorrieron antes. Por ello los buscadores van de camino, crean un espacio para la búsqueda, van desplegando sus inquietudes que quieren ser resueltas y resueltas en compañía con otros.

b. El camino tiene un inicio, un durante, un final. El proceso de confirmación también tiene esta dinámica: llegamos, vivimos el proceso, celebramos la confirmación y debemos continuar con la misión recibida. El que ha terminado un camino no puede guardarse lo que ha vivido para sí mismo, sino que debe compartirlo con otros e invitar a otros a vivir lo que él vivió. Y también debe servir. Por ello hablamos de misión, de envío, de compromiso existencial. El que ha recibido el sacramento de la confirmación no debería permanecer igual que como comenzó. Por ello, el sacramento es un proceso de conversión.

c. Pikaza reconoce que en el camino con Dios acontecen dos elementos centrales:

i. Creer en Dios es escuchar: saber que Él me envía, que Él está al comienzo del trayecto. Es escuchar los pasos de Dios, su susurro. Es tener un oído atento, unos ojos abiertos para reconocer su presencia en la historia.
ii. Creer en Dios implica un compromiso de obediencia: Obedecer viene de escuchar. Es un signo de creatividad, de vivir en diálogo constante con Él, de vivir unido a Él y desde Él con los otros. Por ello, escuchar a Dios es también escuchar a los otros y escuchar a los otros es escuchar a Dios.

7. ACOMPAÑAMIENTO

e. Y se camina mejor de a dos. Y por ello caminamos con Dios, y Dios camina con nosotros. Y Dios camina con Israel en el Éxodo, y Dios camina con los judíos exiliados en Babilonia, y Dios camina con su pueblo porque es Emmanuel, Dios-con-nosotros; y Jesús caminó con los pobres, y la Iglesia debe caminar con el mundo. Y los que caminan sintiéndose Iglesia, los que se preparan para el sacramento de la confirmación, deben caminar proféticamente: mirar el mundo, asumir el mundo, reconocer a Dios en ese mundo. Es, por lo tanto, un trabajo de escucha. Volvemos a la escucha. Y los padrinos están, o deben estar, constantemente escuchando a sus ahijados.

a. Queremos finalizar nuestra exposición con algunas líneas sobre los padrinos. Los padrinos son aquellos que acompañan al confirmando en el camino que ha recorrer, y por ello deben ser personas idóneas y elegidas en libertad.

b. Anselm Grün, monje benedictino, lo expresa bellamente: “en el padrino se hace visible el Espíritu Santo como defensor, protector. El padrino apoya al confirmando, le guarda las espaldas para que sepa mantenerse firme, para que se arriesgue en el combate de la vida. Es tarea del padrino poner la mano derecha sobre el hombre del confirmando (…) En muchas comunidades no es sólo el padrino que se pone junto al confirmando, sino también sus padres, hermanos y amigos. Todos ellos ponen su mano en el hombro de la persona joven. Así se expresa que el confirmando no está solo, que hay muchas personas que le amparan, que van con él por la vida, que puede contar con ellos” (Anselm Grun, La confirmación: responsabilidad y fortaleza (San Pablo, Colombia 2003), 34).

c. Esto también viene a iluminar el tema de nuestra libertad vinculada, ya que al escoger un padrino esa acción ya está influyendo en que nuestra vida de cristianos que se preparan para dar testimonio público de la fe en el Dios de Jesucristo está amorosamente vinculada a otros (padrinos, familia, sociedad).

d. ¿Cuál es la misión del padrino? En el Código de Derecho Canónico, canon 892 dice: “procurar que el confirmando se comporte como verdadero testigo de Cristo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al sacramento”. El Código habla de que el confirmando/confirmado es testigo de Cristo. Testigo es aquél que da testimonio de lo que ha visto y oído. Y siguiendo la recomendación del Apóstol Pedro: “dar razón de la esperanza (de la fe) a quienes se las pidan” (1 Pe 3,15). El testigo es mártir en griego. El mártir es aquél que es capaz de gastar la vida por el Evangelio. Por ello es conveniente preguntar continuamente si el joven está decidido realmente, por un decisión propia, libre, consciente y responsable de realizar su sacramento de la confirmación, y cualquier sacramento.

8. PARA FINALIZAR

El sacramento de la confirmación es el momento especial en donde el Espíritu Santo unge al creyente, enviándolo a anunciar el Evangelio. Es el momento de la madurez cristiana inspirada por el Espíritu. La presencia del Espíritu provoca que el creyente se comprenda como ser libre, que apuesta por la libertad y que la anuncia de parte del Señor. Esta libertad además está vinculada a los demás, por lo cual cada acción que realicemos tiene repercusión en el espacio público y privado. La misión final de este recorrido que hemos hecho en las catequesis no será otra cosa que testimoniar en el mundo, en la historia, en el colegio, en la familia, en mi propia vida el Evangelio y el Reino. Sólo así tendrá sentido el camino realizado como búsqueda y en compañía de otros.


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