Apasionados por el Reino

Preguntas sobre Dios: una experiencia pedagógica en vistas a la didáctica teológica

1. Preámbulo teórico: la importancia pedagógica de la pregunta

Las preguntas son quizás el medio de pedagogía más eficiente, en cuanto “obligan” al oyente-interlocutor a buscar dentro de sus propias experiencias previas algún intento de respuesta. El método era ya conocido por Sócrates, quien instaura la mayéutica como acceso al conocimiento a través del diálogo. Otros pedagogos más contemporáneos, por ejemplo, Paulo Freire, habla de la importancia pedagógica de la pregunta. En su obra Por una pedagogía de la pregunta, crítica a una educación basada en respuestas a preguntas inexistentes (1985) declara: “en la enseñanza se han olvidado de las preguntas, tanto el profesor como los estudiantes las han olvidado y, en mi opinión, todo conocimiento comienza por la pregunta. Se inicia con [la] curiosidad”. Freire manifiesta que la entrega exclusiva de respuestas y el olvido de metodologías educativas basadas en la curiosidad y en el anhelo de saber es un signo de “autoritarismo”, en cuanto “inhibe la capacidad de preguntar. La naturaleza desafiante de la pregunta tiende a ser considerada, en la atmósfera autoritaria, como una provocación a la autoridad”. Así, la pregunta tiene un carácter crítico, renovador, creativo en cuanto funciona como puerta hacia el misterio de la existencia humana y, en nuestro caso, a la experiencia de Dios y de lo trascendente, de lo infinito.

Jesús también fue un excelente pedagogo, en cuanto supo utilizar las preguntas para provocar una reacción o dar una lección. Recomiendo el texto del jesuita chileno Fernando Montes sobre Las preguntas de Jesús (1992). Preguntas como ¿quién es tu prójimo? ¿por qué lloras? ¿qué dice en la Ley? ¿cuál se comportó como prójimo? ¿por qué me llamas bueno?, son instancias evangélicas para adentrarse en la dinámica del Reino. Montes al comienzo de su libro reconoce que “estas y otras interrogantes nos llevan al fondo de nosotros y nos obligan a buscar nuestra verdad. Una vez más constatamos que los problemas se resuelven mejor si se plantean correctamente las preguntas.

2. Explicitación de la experiencia pedagógica

Este preámbulo teórico, me permite introducir la experiencia pedagógica que sigue. Durante el curso: “¿Quién es el hombre? Una mirada desde la antropología cristiana que dicto en la Universidad Católica de Chile, y en el contexto del contenido sobre la revelación divina, es decir, del cómo de la autocomunicación personal de Dios en la historia del mundo y en la vida de los seres humanos, propuse a mis estudiantes un ejercicio en base a preguntas y respuestas. Los estudiantes no son de la carrera de Teología, sino que provienen de distintas carreras de la Universidad y que optan por un curso teológico como parte de la formación general ofrecida por la misma casa de estudios. Son estudiantes de entre 20 a 22 años de edad, varones y mujeres.

El ejercicio constaba de los siguientes momentos: 1) Formular en una hoja de papel una pregunta, la cual iba dirigida a Dios. La pregunta no llevaba identificación; 2) Recoger los papeles y distribuirlos al azar entre los estudiantes de la sala, evitando que una persona recibiera su misma pregunta; 3) dar la instrucción de que cada estudiante respondiera a la pregunta que le había sido asignada como si él fuera Dios, respuesta que también iba sin identificación. Luego de la actividad, se realizó un pequeño plenario destacando cuáles habían sido las preguntas más recurrentes, entre ellas el problema del mal y del sufrimiento en el mundo y cómo estas experiencias humanas se entienden a la luz de un Dios amoroso. Otras preguntas referidas al pecado, a la salvación o a la misión que el ser humano tiene en el mundo.

A modo de ejemplificación, propondré algunas de las preguntas-respuestas. La elección de las mismas no obedece a ningún criterio particular. Pueden ser estas u otras, pero me interesa más las enseñanzas del ejercicio en vistas a una didáctica teológica, o a cómo enseñamos el contenido de la reflexión cristiana. Una advertencia, que siendo obvia puede no serlo: esta es sólo una experiencia. Pueden haber y de hecho hay muchas otras, pero quizás puede servir a algún otro docente, tanto en el campo religioso, filosófico o de otras ciencias.

3. Ejemplos de las preguntas-respuestas

a. ¿Crees en nosotros? (¿Cree Dios en el ser humano?)
R. La respuesta residirá en el espíritu de quien en mi crea, el que tendrá fe en mi interpretará la realidad confabulada a mi favor. En este caso esos momentos de duda sobre si estoy o no, podrían ser revelaciones cotidianas que significan que si creo y estoy presente en ustedes. Enriqueciendo la vida del que en mi crea, reproduciendo la interpretación de la realidad de acuerdo a los dogmas de la religión que encabeza.

b. ¿A todos los quieres por igual?
R. Si, a cada persona la quiero por igual, sin importar su raza, sexo, color, edad, etc., sin importar cuantas veces ha pecado contra mí, si bien me alegro mucho cuando alguien vuelve arrepentido no significa que lo quiera más. El único problema es cuando las personas no quieren recibir mi amor. A todos los quiero por igual.

c. ¿Por qué permitas hoy en día que la humanidad se destruya por sí sola? ¿Por qué permites la maldad siendo que eres un Dios amoroso?
R. Porque debemos aprender de nuestros errores. No entenderán la lección si yo se las digo, de hecho, así ha sido siempre. Cuando se den cuenta solos de la situación en la que están, recién ahí sus esfuerzos por cambiarla serán auténticos y tendrán los resultados esperados. Tal vez la maldad momentánea lleve a un bien trascendente, más grande de lo que nuestras limitadas vida y percepción pueden notar. Mi amor por el hombre le entrega libertad de acción.

d. ¿Por qué existe mal en el mundo?
R. Existe mal en el mundo porque las personas tienden a crear una imagen falsa de Dios, creyendo que e sabe todo de él y a la vez alejándose. Pensando en el mal que es inevitable, es parte de la vida y le otorga sentido a ésta, incentivando al ser humano a buscar a Dios mientras tenga la oportunidad de vivir.

e. ¿Cómo ser feliz en un mundo con tanta desgracia?
R. Ámate a ti mism@, confía en ti y prepárate para cambiar el mundo. El mundo en que vivimos es el que nosotros estamos dispuestos a crear y a mejorar. Contagia la alegría.

4. Comentarios pedagógico-teológicos a la experiencia

a. ¿De dónde de provienen las preguntas? Intuyo que de una experiencia personal muy profunda, quizás con Dios (como encuentro con él), o quizás de una experiencia personal o familiar que mueve a la persona a formular dicha interrogante (una muerte, una separación, un vacío). Emmanuel Lévinas decía que su filosofía había nacido de experiencias prefilosóficas que él no podía explicar o articular completamente. Las preguntas del ejercicio también pueden haber surgido de una experiencia pre-teológica, pero que – en virtud del contexto cristiano de nuestra cultura – surgen como elemento cotidiano. Es importante entonces comenzar una pedagogía en general y una pedagogía teológica en particular escuchando el contexto de los interlocutores. De esta manera estamos evitando, por una parte, la presencia de respuestas a preguntas inexistentes (Freire), y también estamos reconociendo (en clave de fe) cómo Dios actúa en los contextos particulares de cada ser humano. Esto exige, a su vez, un proceso constante de discernimiento espiritual, humano y educativo.

b. Lo llamativo de que las preguntas toquen el centro de la espiritualidad, de la humanidad, de los deseos de trascendencia, y no se anclen en situaciones – muchas veces rígidas – de la norma, de la institución o de una religión. Hablar de Dios claramente supera una confesión religiosa, en cuanto permite encontrarlo y reconocerlo (a Dios) en el otro ser humano, en lo creado, en las prácticas de espiritualidad, oración o acción social. Según el teólogo sudafricano Albert Nolan (y de otros autores), estamos en un tiempo de retorno a la espiritualidad más cotidiana. De hecho una de las respuestas, específicamente la d y la e, las otras con algunas modulaciones propias, colocan acentos en cómo la historia de todos los días puede ser un espacio para escuchar a Dios, siempre y cuando estemos dispuestos a acoger esa presencia transformadora, pero que como sostiene el teólogo alemán Karl Rahner, acontece también en el silencio, en la duda, en el sufrimiento.

c. La importancia del amor en la pregunta y respuesta. Se cuestiona tanto por el amor de Dios como por el amar y la felicidad que podemos establecer con otros. Reconocer una pedagogía del amor y de la ternura, del diálogo abierto, de la teología adulta, de una experiencia confesante y mística en clave de amor. Amor es otro nombre de Dios, y el amor es la experiencia a la cual todos tendemos. Reconocer la centralidad de las emociones en la configuración de lo humano permite pensar una pedagogía teológica que recupere elementos más sutiles en la vida de la persona. Con ello, aparece también una negativa a reducir la presencia de Dios a lo jurídico, funcional o administrativo, ya que el Dios de biblia rompe esos modelos y busca manifestarse en otros códigos, más polifónicos que monótonos (Paul Ricoeur). Pensando en la respuesta a la pregunta “d”, evitar una imagen falsa de Dios, aunque también se reconoce que las imágenes o metáforas de Dios pasan por la experiencia concreta de cada persona. Sugiero revisar la obra de la teóloga norteamericana Sallie McFague sobre los “modelos de Dios” y cómo es necesario pensar otras metáforas para lo divino y lo humano.

d. El problema no resuelto del mal y del sufrimiento. En teología se habla de la teodicea, es decir, de cuál es el lugar de Dios en la historia del sufrimiento del mundo. Se apela a la libertad del ser humano como respuesta a la pregunta, dejando a Dios como inocente ante el mal. Esta es una de las preguntas más difíciles de responder, ante la cual intuyo que podemos balbucear más que proponer una respuesta definitiva. La fe nos dice que Dios ha creado todo bueno (Cf. Génesis 1); que la verdad y la belleza son parte de Él, y que por ende podemos reconocerlo en cada acto de justicia, verdad, bondad, fraternidad que el ser humano realiza, tanto creyente y no creyente. Estas preguntas invitan a continuar abrazando, humildemente, el misterio del sufrimiento y de la muerte como constitutivos de la vida humana.

e. Finalmente, acentuar el carácter más propositivo que definitorio de la teología. La teología debe ser una reflexión humilde que intente sistematizar una experiencia creyente y que dé espacios más a las preguntas que a las respuestas cerradas en categorías muchas veces incomprensibles a los no iniciados en estudios teológicos formales, incluso dentro de las mismas comunidades. La teología académica debe escuchar respetuosamente a la “teología carismática” que resuena en las vidas concretas de los seres humanos. El teólogo Karl Rahner decía que el ateo, que niega o critica a Dios, lo hace movido por un “anhelo metafísico insatisfecho”, y que ese anhelo, ese no saber, ese “poro de ignorancia” como lo llamaba José Ortega y Gasset (filósofo español), hace que el no creyente esté más cerca de Dios que incluso el creyente para quien Dios es “un problema ya resuelto”. Esto invita a superar lo que podríamos llamar “apatía teológica”, o una comprensión funcionalista de Dios a quien por conocerlo ya lo tengo “en el bolsillo”, “dominado”. Hay que vivir movido por una constante búsqueda de respuestas, pero siempre nacidas de preguntas cotidianas. Del momento en que la respuesta a la pregunta por Dios se clausura como definitiva, hemos armado una imagen de Dios. De Dios siempre balbuceamos (Rahner). Creo que esa es la lógica de la teología y que debe ser, por consecuencia, la lógica de una auténtica pedagogía teológica que invita a otros a adentrarse humildemente en el misterio de Dios para desde él comprender el misterio de lo humano.


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