Apasionados por el Reino

Cristo habló en medio de las ruinas: una ecología eclesial

PÓRTICO: ¿Qué podría ser ecología eclesial?

El 04 de Octubre se celebra a San Francisco de Asís. De una u otra manera, todos conocemos – en distintas medidas – la vida de San Francisco de Asís. Su ternura con los animales, su dedicación con los pobres, el Cristo de San Damián, la Plegaria Simple, incluso la Laudato Si’ del Papa Francisco. Muchas cosas se nos vienen como imaginario franciscano. Lo que a continuación sigue se incardina en estas imágenes. ¿Por qué volver sobre la experiencia de Francisco de Asís? Porque son los sabios de la tribu, nuestros santos, profetas, hombres y mujeres los que nos animan en esta hora. En la experiencia de fe y conversión de Francisco de Asís, apareció el llamado que Jesús le decía: reconstruye mi casa. Dicha reconstrucción es tanto simbólica como material. La Iglesia del tiempo de Francisco también se vio marcada por malas prácticas, por abusos en el nombre de Dios. Y, por ello, es que creemos que podemos asumir su ejemplo para iluminar esta hora de la Iglesia.

De los muchos acontecimientos de la vida de Francisco, y para esta reflexión, queremos recuperar uno clave: el acontecimiento del encuentro que el santo tuvo con el Cristo de San Damián, en donde Jesús le habló en medio de las ruinas del templo. El Cristo que habló a Francisco en la pequeña Iglesia de San Damián, nos mueve, a su vez, a pensar una ecología eclesial. ¿A qué podríamos hacer referencia con este concepto? En la Encíclica Laudato Si’ (LS) de Francisco, el Papa presenta varios tipos de ecología: ambiental, cultural, educativa, humana, social, pero no habla de una “ecología eclesial”. Habría que hacer una crítica a LS de por qué no menciona ni desarrolla un concepto semejante. En vistas a este vacío, proponemos esta reflexión. E incluso podríamos aventurar una primera definición o aproximación al concepto: una “ecología eclesial” significa que la Iglesia debe instaurar prácticas y medidas de confianza, de estabilidad emocional mínima, de instancias de diálogo y horizontalidad sinodal, de formas de transmisión de la fe significativas que, asumiendo la vulnerabilidad, debe ser un constitutivo de la misma transmisión. Hemos de aprender a escuchar a Dios que habla a través de las ruinas de los templos materiales y espirituales. Si las ruinas son un “lugar teológico”, o un espacio donde Dios nos sale al encuentro, la crisis deberá ser un motor de cambio.

EL CENTRO: Cristo habló en medio de las ruinas

Hagamos un poco de historia: Francisco entusiasmado por sus deseos de convertirse en caballero para luchar en las cruzadas, se va a la guerra. Pero, en su viaje desiste de su proyecto, movido por un deseo espiritual, decide regresar a Asís. Pero su retorno tuvo como consecuencia haber cometido el delito de deserción y traición, por lo cual estuvo preso por un largo tiempo. Una vez liberado, comienza el proceso de recuperación de salud y de continuar discerniendo qué era esa voz interior que sentía y que lo impulsaba a hacer cosas extrañas. Pero su corazón seguía unido a la lógica de su tiempo: el poder del dinero, el poder de las armas, el poder de una forma de ver y estar en el mundo distinta a esa voz que sentía.

La vida de Francisco experimentó un vuelco total. Ahora buscaba más afanosamente cómo saciar su sed interior. Tenía todo: dinero, bienes, éxito con las mujeres, prestigio. Pero algo había, así como una piedra de tope que lo hacía experimentar lo incompleto de su vida. ¿En qué pensaba Francisco? ¿Cómo era su mundo interior? Los pasos de Francisco en medio de la búsqueda y de la noche oscura del alma – como la nombran los grandes místicos – camina hacia el valle de Asís y llega a la Iglesia de San Damián. Era una estructura destruida, tanto en su aspecto físico y arquitectónico, así como en su aspecto más interno. Francisco llega, entra y se encuentra cara a cara con un Cristo bizantino que lo mira desde lo alto del altar. La oscuridad del lugar luego se convirtió en luz. La soledad y las búsquedas de su alma comenzaron a clarificarse.

El literato español Jesús Capo, en una prosa exquisita, recrea el ambiente espiritual de Francisco: “y entonces, estando en la más completa paz y en el más sublime silencio, escuchó la voz: Francisco. Francisco elevó los ojos hacia el rostro del crucificado. La voz parecía proceder de allí. Quedó alelado, extasiado, pero, a la vez, traspasado de un temor irreprimible. Francisco – repitió de nuevo la voz. ¿Qué quieres, Señor? – susurró Francisco con una voz apenas audible para él mismo. Repara mi casa que, tal como la ves, está en ruinas. Francisco quedó perplejo. Era lo que menos esperaba, pero le encontró razón a su Señor, pues aquella iglesita estaba ruinosa”.

¿Cuáles son nuestras ruinas?, ¿mis ruinas? ¿Qué cosas de nuestras iglesias están en ruinas? En San Damián el Cristo seguía mirando desde el altar. ¿Damos espacio para que en nuestras ruinas hable Cristo? Francisco fue capaz de escuchar al Cristo bizantino de San Damián, ¿estamos escuchando hoy a Cristo en medio de la crisis? Aquí aparece una cuestión llamativa: Dios en Jesús habla entre medio de las ruinas. Dios no escapa de las murallas quebradas, sino que ocupa dichos espacios para hablar. Dios no aparece como lo pulido, sino que se revela en la negatividad, en el silencio, en la lejanía, en la necesidad de reparación y reconstrucción. Ahí está resonando la voz de Cristo.

La “noche oscura de la crisis de la Iglesia” nos tiene que animar a que podamos escuchar la voz de Dios de manera de adentrarnos en las ruinas y reconstruir desde Cristo la pequeña iglesia. De alguna manera hemos de aprender a llegar al oasis de san Damián. Pero, al llegar tenemos que volver a la ciudad. Por eso San Damián se ubica entre la ciudad y el valle. Está al medio. San Damián es el punto crítico de nuestra búsqueda. En San Damián aconteció algo nuevo en la vida de Francisco. Y eso “nuevo” hace que Francisco vuelva a Asís. Así se juega la conversión: reconocer, discernir la presencia de Cristo, caminar, buscar y empezar de nuevo. La Iglesia debe empezar de nuevo, pero empezar desde Jesús.

EPÍLOGO: Una ecología eclesial de la vida y para la vida

Para ayudar a superar la crisis hemos de aprender a escuchar la voz del Espíritu en nuestro interior, hemos de aprender a entrar en las ruinas y mirar a Cristo, hemos de ser capaces de despojarnos de nuestras seguridades y entrar en la lógica de la donación gratuita. Así se construye la “ecología eclesial de la vida y para la vida”. Con Francisco de Asís, el gran reformador y el gran soñador de una Iglesia popular, de pobres y para pobres, podremos entrar en un tiempo nuevo. Francisco de Asís nos anima en esta hora. Son los grandes reformadores los que nos motivan a caminar en esta hora. Y son ellos porque ellos comprendieron que la gran reforma y la reconstrucción comienzan desde Jesús.

Preguntas para la reflexión:

1. ¿Cómo en nuestras comunidades podemos instaurar la ecología eclesial?
2. ¿Estamos reconociendo a Cristo en la crisis eclesial?


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