Hoy escriben Florentino García Martínez y Antonio Piñero
Esta entrega de hoy es la penúltima de las 19 postales que dedicaremos a comentar el tomo VI, “Apocalíptica” de la colección Apócrifos del Antiguo Testamento, de Editorial Cristiandad, Madrid 2009, publicación que reúne un monto notable de textos judíos, los más importantes de la rama apocalíptica, cuya mentalidad me parece importantísima para encuadrar y comprender el pensamiento de Jesús y del cristianismo primitivo.
El último tema de la parte final de este comentario amplio, para el que hemos aprovechado un trabajo de Florentino García Martínez editado por mí en el libro colectivo “Orígenes del cristianismo”, El Almendro, Córdoba, 2ª es decir, 1995, con múltiples reimpresiones, se titula el “presente como el final de los tiempos”
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Hoy escribe Antonio Piñero
Tema: estamos reflexionando sobre las posibilidades del historiador ligado a una confesión para adopta ante hechos decididamente históricos una postura u otra. Nos preguntábamos en la nota anterior: ¿Quién dio el paso hacia la divinización de Jesús? ¿Pablo?
Comencemos negando este supuesto. Si no se admite que fuera Pablo y se recurre a que el Apóstol siguió simplemente la tradición de los antioquenos (“Pablo se convirtió –se dice a menudo- a un cristianismo ya existente)…, podemos preguntarnos: ¿Qué “antioqueno(s)” dio, o dieron, el paso? ¿La ‘comunidad’ antioquena en globo? Esta respuesta no sería admitida por los creyentes. Sería lo mismo que afirmar –dando toda la razón a la Escuela de la Historia de las Formas- que la “comunidad” creó dichos y hechos propios de un Jesús acomodado a unas circunstancias posteriores a su vida real, luego atribuidos al Jesús histórico…, noción rechazada muy a menudo por los enemigos de atribuir ese poder a la “comunidad”. Igualmente, por tanto, una diferencia de teología entre Pablo y Jesús tampoco podría achacarse a “una creación de la comunidad antioquena”.
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Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos con el discurso que dejamos en suspenso en la postal anterior.El tema explícito es ¿"Hasta dóndoe podemos llegar...?"
II
La posición del “paulinismo” en sentido amplio respecto a la creencia en la divinidad de Jesús pienso que no requiere especial demostración: desde Flp 2,6ss (9 "en forma de Dios") + Rom 9,5 con dudas textuales (+ escuela paulina Tito 2,13) hasta el Evangelio de Juan (Jn 1,1; 1,18; 20,28) con sus dos afirmaciones explícitas de la divinidad de Jesús + Hebreos 1,18 y 2 Pedro 1,1 la noción de la divinidad de Jesús -en estos momentos no se precisa el cómo, pero sí su divinidad- es clara, a pesar de Ep. a Rom 1,4 que es un mero guiño trdicional al judeocristianismo de Roma
Sobre que el paulinismo exige una víctima divina en el sacrifico de la cruz hablaremos más adelante. La materia de discusión que se plantea ahora es: ¿quién efectuó este salto teológico, de hombre a Dios?
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Hoy escriben Florentino García Martínez y Antonio Piñero
Tema: Decíamos en la postal anterior, del domingo pasado, que para concluir nuestro largo comentario a la publicación del tomo VI, dedicado a la “Apocalíptica”, de la serie “Apócrifos del Antiguo Testamento” trataríamos de 1) El mal en el mundo; 2)La escatologización de las palabras de los profetas; 3) El presente como el final de los tiempos. Hoy nos toca el segundo tema. Entendemos por “escatologización” la comprensión de las palabras de los profetas como referida principalmente a lo que va a acontecer en el “éschaton” (griego, lo “último”), en los últimos días del mundo.
Uno de los elementos esenciales de la tradición apocalíptica es la reinterpretación de la Escritura, la aplicación de los textos del pasado al presente, o la indagación de su verdadero significado, procesos a los que se llega por revelación directa de la divinidad al “apocalíptico”.
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Hoy escribe Antonio Piñero
Normalmente, aunque no siempre, el comentario de libros de este blog suele ser de volúmenes “recientes”, ya sea así en su versión original española, o porque –aunque el libro sea ya “añejo”- ha aparecido recientemente su versión castellana.
En el caso presente deseo comentar uno de los volúmenes de la gran trilogía de Hans Küng (Judaísmo – Cristianismo - Islam), por “necesidades del guión” especialmente, ya que algunos de los amables comentaristas de este blog –a los que sinceramente agradezco sus aportaciones, pues me hacen caer en la cuenta de lo a veces deficiente de mi argumentación, o de la falta de nitidez necesaria- me incitan, con sus apostillas y comentarios, a que lea y aprenda de este autor suizo.
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Hoy escriben Florentino García Martínez y Antonio Piñero
Tema: comentario de amplio espectro a la publicación del tomo VI "Apocalíptica" de los "Apócrifos del Antiguo Testamento", de Editorial Cristiandad, Madrid, julio 2009.
Dejando de lado conceptos centrales de la predicación de Jesús cuyas raíces en la apocalíptica judía son indiscutidos, como los nociones de
• “Reino de Dios”,
• “Hijo del Hombre”,
• “Día del juicio”,
conceptos que sin adentrarse en el mundo de los círculos apocalípticos del siglo I de nuestra era son incomprensibles (pero cuyo tratamiento ahora supondría decenas de páginas), hemos escogido el centrarnos en tres concepciones a las que generalmente no se presta tanta atención como a las tres anteriores, para que nos sirvan de ejemplos que nos muestren hasta qué punto la predicación de Jesús se hallaba influida por el pensamiento apocalíptico, y su “teología”, por la “teología” de la tradición apocalíptica. Estos conceptos son:
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Hoy escriben Florentino García Martínez y Antonio Piñero
Afortunadamente, ya durante el mismo congreso de Upsala (mencionado en la postal del domingo anterior) y en las publicaciones posteriores de los años ochenta del siglo pasdo se había abierto camino una nueva comprensión de la apocalíptica, que es la predominante hoy día y la que aquí empleamos en esta serie. Esta concepción acepta una buena parte de los resultados depuradores y esclarecedores que el esfuerzo por definir la apocalíptica y el género literario “apocalipsis” han producido, y asume el rigor terminológico que los trabajos precedentes han impuesto.
Pero al mismo tiempo no se resigna a la reducción de la apocalíptica a un simple género literario, convencida de que sin la apocalíptica no es posible comprender los apocalipsis..., y en definitiva la parte correspondiente del cristianismo. En síntesis, si el Libro de los Vigilantes, el Libro de los Sueños y la Epístola de Henoc, tres verdaderos apocalipsis de origen y de época diversa, pudieron ya en el siglo I de la era común ser recogidos e integrados en la unidad superior que es el Libro I de Henoc, que nosotros conocemos, y que es a su vez un verdadero apocalipsis, esto fue posible porque esas tres obras reflejaban, a pesar de las diferencias, una misma corriente de pensamiento, porque eran herederas de una misma tradición, y no porque las tres pertenecían a un mismo género literario que como tal era completamente desconocido para los autores mismos que escribían apocalipsis.
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Hoy escriben Florentino García Martínez y Antonio Piñero
Tema: Dijimos en la postal del domingo anterior que precisaríamos en la entrega presente, qué debe entenderse hoy por apocalíptica judía.
Luego, en una entrega posterior, veremos cómo distintos elementos provenientes de esta tradición apocalíptica aparecen en la predicación del Jesús histórico, y cómo entran así a formar parte de toda la teología cristiana.
Como paso indispensable, es necesario por tanto precisar qué puede entenderse hoy día por la “tradición apocalíptica”.
Como ayuda para este empeño diría que existen en castellano respuestas a esta cuestión, aunque desgraciadamente en textos que no creemos que sean ya accesibles comercialmente, sino en las Bibliotecas de Facultades y Seminarios de teología. Así:
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Hoy escriben Florentino García Martínez y Antonio Piñero
Tema: A propósito de la publicación del tomo VI -la "Apocalíptica"- de la colección "Apócrifos del Antiguo Testamento" de Ediciones Cristiandad, Madrid, julio 2009.
Las consideraciones y argumentos expuestos en las notas precedentes prueban que la tesis, tal y como la formuló Käsemann, es inaceptable. La apocalíptica cristiana postpascual no es la matriz en la que se ha desarrollado toda la teología cristiana.
La tesis de Ernst Käsemann fue fruto de su tiempo, en extremo crítica y un tanto aventurada a la hora de formular planteamientos sobre el Jesús histórico y sus seguidores primitivos, tiempos que implicaban la adscripción de un poder tremendo a la creatividad de la Iglesia primitiva. Por ello hoy es relativamente fácil apreciar sus fallos. Desde la perspectiva de nuestra época, más prudente y con muchos más datos puesto que se han estudiado a fondo los Manuscritos del Mar Muerto, se percibe la teoría de Käsemann como fallida, sencillamente errónea.
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Hoy escribe Antonio Piñero
Decíamos en la última postal que, aunque la justicia retributiva como tal –al modo romano- apenas -o no existía- en el Antiguo Testamento, eso no supone que para los textos bíblicos más antiguos las acciones pecaminosas de los humanos no tuvieran consecuencias malas, o las acciones buenas quedaran sin secuelas beneficiosas.
Han sostenido –con razón- los intérpretes de la teología del Antiguo Testamento que -para la mente de los hebreos antiguos, antes del Exilio- Dios había dispuesto que al acto bueno siguiera un efecto beneficioso y que detrás del malo fuera un efecto pernicioso. Había, pues, una especie de “retribución” en esta vida…, y se mantenía esta noción aunque la misma vida se encargaba de demostrar que era falsa: el impío triunfaba muchísimas veces.
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06.10.09 @ 07:00:46. Archivado en Judaísmo

Hoy escribe Antonio Piñero
Deseo comentar hoy, y en algunas notas más, un acontecimiento editorial importante el inicio de la publicación de toda la obra conservada de Filón de Alejandría en castellano. Es de tremenda importancia esta publicación que hace muy accesible una obra de la que puede decirse sin exageración que su autor, Filón, este filósofo/teólogo judío, contemporáneo de Jesús de Nazaret, es uno de los "padres" de la teología cristiana desarrollada, sobre todo a través de la popularización de sus ideas por parte del gran Orígenes.
Para conocer bien el mundo del Nuevo Testamento hay dos autores judíos del siglo I cuya lectura es esencial: el historiador Flavio Josefo y Filón de Alejandría. Leerlos –junto naturalmente con los Apócrifos del Antiguo Testamento y los Manuscritos del Mar Muerto- nos proporciona una visión del judaísmo del siglo I (y del anterior también) impresionante, y una cantidad de datos y perspectivas sin la cuales, sencillamente, no entenderíamos plenamente la obra sobre la que se sustenta el cristianismo: el Nuevo Testamento.
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Hoy escriben Florentino García Martínez y Antonio Piñero
Tema: A propósito de la publicación en julio del 2009 del tomo VI de los “Apócrifos del Antiguo Testamento”, “Apocalíptica”, por la editorial Cristiandad de Madrid, discutimos si en verdad la apocalíptica es la matriz de toda la teología cristiana. La tesis de Käsemann de un Jesús no apocalíptico, y de un judeocristianismo que toma del judaísmo circundante los conceptos apocalípticos, los hace gira en torno a la espera de la parusía -o segunda venida de Jesús- y luego los retroproyecta a la vida terrena de éste por medio de las narraciones evangélicas, es criticada muy duramente por Florentino García Martínez.
Ésta es la quinta entrega del análisis y crítica que hoy se centra en concreto en algunos elementos de la reconstrucción histórica –dentro del cristianismo primitivo- del desarrollo de esa apocalíptica postpascual que no parecen conformes con los textos, cuando se leen normalmente.
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