
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Andrés en el resumen de Gregorio de Tours
Los Hechos Apócrifos de Andrés (HchAnd) detentan las plusmarca de la antigüedad entre la literatura apócrifa sobre los apóstoles de Jesús. Así lo entendemos y manifestamos en nuestra edición de los Hechos Apócrifos de los Apóstoles. Allí demostramos con razones de alta probabilidad que los HchAnd fueron compuestos en los alrededores del año 150, antes probablemente que los de Juan y Pedro. Luego, la leyenda de Andrés fue reelaborada en múltiples obras escritas ya en épocas posteriores. Sin embargo, ya hemos expresado el convencimiento de que la obra fue conocida y resumida por Gregorio de Tours en el siglo VI.
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Andrés según los HchAnd (II)
Como es fácilmente constatable, el perfil apostólico de Andrés responde a las necesidades de la misión que Jesús había encomendado a sus apóstoles (Mc 16,15ss). En efecto, los enviados tenían que predicar la doctrina cristiana y confirmar su palabra con “signos” (sēméia). Es lo que hacía Andrés bajo la apariencia de un hombre sencillo, tanto que los criados de Estratocles estuvieron a punto de lincharlo (týptein). El mismo procónsul se mostraba sorprendido ante el atractivo que suscitaba un hombre como Andrés, que “siendo tan pobre, de apariencia tan simple y ya anciano, tenía tantos admiradores ricos y pobres” (26,2).
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Andrés según sus Hechos apócrifos (HchAnd): I.
Los Hechos Apócrifos de Andrés son la fuente primigenia de la que se derivan las tradiciones sobre el protagonista. Una fuente que goza de una preciosa y venerable antigüedad. Si como demostramos en nuestra edición de estos Hechos, su origen se remonta hasta los alrededores del año 150, tenemos una prueba fehaciente de que los distintos elementos que componen la leyenda empezaron a gestarse en tiempos muy lejanos. Su autor, hijo de su época, es claro deudor de las modas literarias del momento. Escribe con notable destreza desde unos niveles altos de corrección y elegancia. Ello no es óbice para que un Gregorio de Tours (s. VI) se sintiera incómodo con una forma de componer ajena y lejana de la simplicidad evangélica.
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Andrés con Felipe
El autor del cuarto evangelio refiere en un mismo contexto las vocaciones de Andrés y de Felipe. La de Felipe tuvo lugar y momento al día siguiente después de la vocación de Andrés. Jesús pretendía salir hacia Galilea cuando encontró a Felipe a quien invitó a seguirle con la fórmula conocida “Sígueme”. El evangelista informa que ”Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro” (Jn 1,43). Era, pues, comprensible que las relaciones entre ambos paisanos tuvieran un carácter de particular complicidad. Esa circunstancia aparece destacada en las listas de los apóstoles en Marcos y en los Hechos, en donde sus nombres aparecen juntos. Marcos los une incluso con la partícula kai copulativa.
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Andrés de Betsaida en la literatura apócrifa
El testimonio de las listas
Como pudimos ver en las listas de los apóstoles, Andrés aparece en todas ellas formando parte del primero de los cuartetos. Mateo y Lucas, en un texto perteneciente a la fuente Q, lo enumeran en segundo lugar emparejado con Simón Pedro, su hermano. Ambos evangelistas conocen y hacen uso del nombre de Simón, llamado también Pedro, y recuerdan que Simón y Andrés eran hermanos. Marcos testifica que Jesús impuso a Simón el nombre de Pedro, pero no enumera a Andrés en pareja con Simón Pedro sino en cuarto lugar. Sabe que Andrés era hermano de Simón (Mc 1,16), pero no lo expresa en su relación.
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Andrés de Betsaida en la literatura apócrifa
Entre los apóstoles de Jesús de Nazaret, a quienes la piedad cristiana ha dedicado particular atención y señalada devoción, aparece con lumbre particular Andrés de Betsaida, pescador de profesión y hermano de Simón Pedro. En la raíz de ese interés está su presencia en las páginas del Nuevo Testamento, destacada en ciertos pasajes y perfilada en detalles grabados en la memoria de la historia cristiana. La personalidad de Andrés aparece reflejada en variadas obras de la literatura apócrifa y en múltiples reelaboraciones de la tradición que transmite su memoria. Reviste una significativa importancia el dato de que son los Hechos Apócrifos de Andrés (HchAnd) los más antiguos de todos los conservados, ya que fueron compuestos con toda probabilidad hacia la mitad del siglo II. Su autor parece un recién llegado a las filas cristianas y no ha asimilado todavía ciertos detalles típicos de su mentalidad, como en su momento veremos.
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Apócrifo gnóstico Pistis Sofía (y III)
A lo largo del Libro Segundo de la Pistis Sofía encontramos palabras pronunciadas por el Primer Misterio, que van interpretando diversos interlocutores. Como el Primer Misterio recomendaba que los que se sintieran iluminados se adelantaran a explicar las palabras que Pistis Sofía pronunciaba, María Magdalena trataba de cumplir esta recomendación según el relato del capítulo 72. Pero se sintió molesta una vez más con la conducta de Pedro, que no aceptaba, al parecer, el protagonismo de la mujer: “Mi Señor, se quejaba María, mi mente está siempre dispuesta a atender y a adelantarse en todo momento a dar la solución de las palabras que (Pistis Sofia) ha pronunciado. Pero yo tengo miedo de Pedro, porque él me ha amenazado y odia a nuestro sexo”.
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Apócrifo gnóstico Pistis Sofía (II)
La obra Pistis Sofía, de la que vamos hablando, consta de dos partes, la primera ocupa los libros primero y segundo y parte del tercero. Se cree que es anterior a la segunda parte, aunque los motivos de esta segunda parte tienen una coloración más arcaica. La parte primera trata de la “actividad de la Sabiduría caída y su arrepentimiento” en una forma similar a los criterios del gnóstico Valentín. Las explicaciones del arrepentimiento de la Fe Sabiduría van expresadas con textos de varios salmos de la Biblia.
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Otras menciones de Pedro en la literatura gnóstica
Como vamos viendo, Pedro es un personaje tratado con especial consideración en la literatura cristiana de los primeros siglos. Su presencia en los textos canónicos y su excepcional relación con Jesús fue fraguando poco a poco el concepto de jefe o príncipe de los apóstoles. Los Hechos Apócrifos de Felipe lo calificaban en el siglo IV de “corifeo”. Cuando su autor narra el suceso de la hija paralítica de Pedro, introduce la referencia presentando al actor de los sucesos como el koryphaios Pétros (“Pedro el corifeo”). En efecto, su hija, nacida muy hermosa, acabó paralítica en virtud de la oración de su padre, que procuraba lo mejor para ella en orden a su salvación.
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Libro secreto de Santiago (el Justo)
Obra de muy emota antigüedad, cuya composición se remonta a los principios del siglo II. Así lo estima F. García Bazán, traductor del libro en el mencionado volumen de Todos los evangelios, editado por A. Piñero. Aunque de origen griego, fue traducido al copto en el siglo IV y forma parte de la Biblioteca de Nag Hammadi. Tiene una forma de epístola dirigida a un cristiano desconocido sobre el “escrito secreto” revelado por el Señor a Santiago y a Pedro. Conocido como Libro secreto de Santiago, es también denominado Apócrifo de Santiago.
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Carta de Pedro a Felipe
Entre los manuscritos de Nag Hammadi aparece una “Carta de Pedro enviada a Felipe” según reza el comienzo del documento. Compuesta según los críticos en el espacio cronológico de los siglos III/IV, es un testimonio muy significativo de los criterios de una iglesia con claras novedades frente a la iglesia romana. Pedro es la fuente original de una predicación encaminada a luchar contra los arcontes o ángeles del Demiurgo. La carta no responde, sin embargo, a los criterios literarios del género epistolar con excepción de las líneas iniciales: “Pedro, el apóstol de Jesús, el Cristo, a Felipe, nuestro amado hermano y nuestro compañero en el apostolado y a los hermanos que están contigo, salud” (p. 132). Antonio Piñero, traductor del documento en su edición de Todos los evangelios (p. 516-520), sitúa el documento en el mismo contexto que el cuarto evangelio canónico y su talante “erotemático” de preguntas de los discípulos y respuestas del Maestro.
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La "Revelación a Pedro"
Otro escrito gnóstico que prolonga la tradición literaria sobre Simón Pedro es el que lleva el epígrafe de Revelación a Pedro, con el que se cierra el contenido del códice de Nag Hammadi que lo reproduce. A pesar de su titulo, la obra tiene más bien el carácter de evangelio y como tal lo publica A. Piñero en su edición de todos los evangelios. La obra fue compuesta probablemente a finales del siglo II o principios del III, y presenta claros perfiles polémicos. Ataca sin piedad a grupos gnósticos desviados de la verdad originaria. Es posible que su autor pretenda escenificar las diferencias doctrinales entre Pedro y Pablo de Tarso, valedor fundamental de la teología de la cruz.
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