El blog de Antonio Piñero

“Guía para entender a Pablo de Tarso”. Bibliografía comentada de los últimos libros del Profesor Antonio Piñero (X)

21.12.16 | 07:30. Archivado en Pablo de Tarso,


Escribe Carmen Padilla

El segundo libro al que haré referencia es Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino, ed. Trotta, Madrid 2015. Incluye esta nueva Guía el corpus de las siete cartas que se consideran auténticas de Pablo: 1 Tesalonicenses, Gálatas, Filipenses, Filemón, 1 y 2 Corintios y Romanos. Su autor pretende “conducir de la mano al lector a través de los vericuetos de unos textos religiosos, menos fáciles de entender de lo que muchos opinan, de un personaje judío, Pablo de Tarso, cuya influencia en el nacimiento del cristianismo ha sido inmensa”.

En la amplia “Introducción”, donde se explicita el método que seguirá en la obra, A. Piñero asegura que lo más importante es la lectura directa de los textos conservados de Pablo, ponerse en contacto directo con el genio religioso del personaje y que solo le antecederán elementos mínimamente indispensables para comprenderlo. Así explica: de qué fuentes disponemos, además de sus cartas, para entenderlo bien: ¿existen fuentes arqueológicas que nos ayuden a entender su mundo? ¿Hay otras fuentes textuales en su entorno que nos conduzcan al mismo fin? ¿Cómo era la concepción del mundo que tenía Pablo y de la que dependía su pensamiento? ¿Cómo manejaron la figura del apóstol Pablo sus sucesores?

Por último, en la misma Introducción, hay un apartado dedicado al género epistolar propio de las cartas, que es lo único conservado. Explica el autor que se trata de una correspondencia unilateral, pues ya no poseemos noticias fidedignas de sus corresponsales y, a menudo, desconocemos incluso quiénes son exactamente. No se sabe qué predicó oralmente Pablo a sus conversos; no tenemos las reacciones de sus corresponsales a sus cartas… en una palabra que debemos leer a Pablo un y otra vez para indagar si entre los entresijos de lo que escribió encontramos pistas para situar bien su pensamiento y sobre todo para interpretarlo correctamente.

El resto de la Guía, una vez establecidos los presupuestos básicos, es un análisis riguroso y pormenorizado de las siete cartas paulinas, con unas conclusiones que sorprenderán a los lectores en más de un aspecto. Algo novedoso e interesante es que cuando en la lectura de las cartas el lector se encuentra con un concepto capital de la teología paulina, se hace un alto en la lectura y aparece una “Aclaración”. Hay veinte, y en ellas se recoge sintéticamente la teología paulina reuniendo cómodamente los textos pertinentes de las cartas, analizándolos en conjunto, obteniendo así, creo, una idea clara de cada concepto. Por ejemplo: ¿cómo entendía Pablo la naturaleza del mesías que es totalmente humano para a la vez tiene algo de divino? ¿Qué pensaba Pablo de la validez de algunos preceptos de la ley de Moisés? ¿Qué entendía por filiación divina del creyente? ¿Qué pensaba Pablo en realidad del papel de las mujeres en las iglesias? ¿Tenía Pablo una verdadera teología política que enfrentara a las concepciones en torno a la función del Imperio Romano y en concreto entorno a la persona del emperador y su estatus divino?

Esta obra ha sido largamente meditada y pensada por su autor durante varios años, y desde aquí nos atrevemos a pronosticar que tendrá el mismo éxito que la anterior dedicada al Nuevo Testamento. De ambas obras se siente satisfecho, porque son el fruto de muchos años de reflexión personal sobre los textos y porque están escritas sin ningún interés de mostrar conocimientos bibliográficos ni erudición especial, sino cuál es mi entendimiento global del Nuevo Testamento y de Pablo en particular, con especial afán didáctico y clarificador. En mi opinión personal, quizás sea esta la mejor y más original obra del autor que comentamos.

El próximo día concluiré mi repaso a la bibliografía del Prof. Piñero en esta década con una breve ojeada a otra obra que no pudo estar en el libro-homenaje “In Mari Via Tua”, ya que salió cuando estos comentarios estaban ya entregados a la imprenta, pero que merece la pena que al menos la nombremos y expliquemos su contenido.

Saludos cordiales de Carmen Padilla


El decisivo siglo II “Sinagoga - Iglesia. La ruptura del siglo II. La división religiosa entre el judaísmo y el cristianismo en el siglo II”. Un libro de Mario J. Saban (708. 31-10-16) (VIII)

31.10.16 | 08:20. Archivado en Pablo de Tarso, , CRISTIANISMO, Judaísmo

Escribe Antonio Piñero

Seguimos con Pablo y luego con el siglo II

Encuentro en la sección del libro se Saban que comentaba ayer notro caso en el que nuestro autor presupone unas circunstancias que considero inverosímiles en tiempos del ministerio activo de Pablo, quien cesa de escribir cartas hacia el 58 d.C., en opinión de la mayoría calificada de estudiosos:

“Los judaizantes sostenían que los gentiles no circuncisos debían circuncidarse, de modo que al ser judío debían también observar toda la Torá”… (p. 106).

“Ahora bien estudiemos detenidamente las consecuencias de este punto. Si los gentiles eran obligados a la conversión del judaísmo por medio de la circuncisión aparecían dos problemas para la misión paulina. En primer lugar esos gentiles al circuncidarse y pertenecer al pueblo de Israel estaban automáticamente identificados por los autoridades romanas como “judíos” y siendo nacionalmente judíos entonces automáticamente sospechosos de ser rebeldes políticos al Imperio.

En segundo lugar, el miedo de muchos gentiles para circuncidarse (se podía producir peligrosas infecciones) hacía que gran parte de ellos optara por mantenerse como ‘temerosos de Dios’ (o ‘prosélitos de la Puerta’, amigos del judaísmo: p. 51). Saúl de Tarso pretendía que estos amigos del judaísmo fueran espiritualmente judíos (Rom 2,29) sin ser reconocidos como nacionalmente judíos de modo que no existieran sospechas políticas por parte del imperio Romano, y por otra parte que no se comprometiera la salud de miles de gentiles por la posibilidad de contraer infecciones a partir del corte del prepucio” (p. 107).

“San Pablo muere pensando que los gentiles se unirían al pueblo de Israel a través del Mesías, y de ese modo el judaísmo se expandiría de modo internacional ‘judaizando’ mesiánicamente el imperio Romano” (p. 443).

En mi opinión estos párrafos desenfocan claramente el pensamiento paulino. No logro encontrar un apoyo textual en las cartas del Tarsiota que pruebe las afirmaciones anteriores. Parecen de nuevo una preocupación judía posterior retroproyectadas a la época paulina.

En ulteriores capítulos, que abordan más o menos un lapso temporal desde el 150 hasta el 200 (aunque el autor recoge también hechos que son anteriores), defiende M. Saban que

• La figura de san Justino Mártir,
• La controversia sobre la fecha y el sentido de la Pascua y
• La centralidad y potencia político-económica de Roma, desde donde se irradia un despego notable por el judaísmo,

son los factores que empiezan a mudar profundamente al judeocristianismo lanzándolo en una dirección que conduce con rapidez a la independencia, es decir, a la constitución del cristianismo a secas que se mostrará en la creación de un canon de textos sagrados (el Nuevo Testamento) a partir del cual se puede hablar de una religión diferente. En este punto adopta M. Saban la postura de José Montserrat en su libro “La Sinagoga cristiana” que me parece correcta.

Según Saban, los que “declararon la independencia del cristianismo a lo largo del siglo II fueron tres hombres: Justino Mártir, el papa Aniceto y el heresiarca Marción. El último fue el responsable del primer intento de eliminación de la vida de la Iglesia cristiana de la Biblia hebrea de lo que hoy llamamos el Antiguo Testamento como Escritura sagrada, y su sustitución por un solo Evangelio, el de Lucas, y las cartas de un solo Apóstol, Pablo.

Aniceto fue papa, es decir, obispo de Roma, entre el 155-166, y su obra principal fue sustituir el calendario lunar judío por el calendario solar romano. Esto supuso modificar de hecho la fecha de la Pascua (aunque ocurra cerca de una luna llena entre marzo y abril) y otorgarle un “toque” teológico diferente, cristiano-mesiánico a esa festividad” (p. 254).

Justino, por su parte, es tan importante en la historia de la separación entre judaísmo y cristianismo que el autor le dedica un capítulo exclusivo.

El “Diálogo” de Justino Mártir con el judío Trifón (helenización del nombre semita Tarfón) significa para M. Saban el inicio de la crítica destructiva del judaísmo –ya centrado en la observancia de la Ley, su estudio y la oración– por parte del cristianismo. Comienza con Justino el ataque directo a lo que M. Saban llama religión “madre” (en realidad, en mi opinión, es religión “hermana” porque a un mismo judaísmo identificado con la observancia de la Torá se le llamó judaísmo a secas, y a otro tipo de judaísmo mesiánico centrado en la fe en el Mesías de Israel se le llamó cristianismo a secas) (véase, p. 449).

Justino es el responsable de afirmar que el cristianismo:

a) no tiene que ver ya con el judaísmo, porque –según Saban– el apologeta cristiano no quiere saber nada de debates judíos internos, como pudo ser el de los levantamientos judíos contra el Imperio.
b) Con Justino empieza también el fomento del cambio del descanso sabático al dominical; es Justino el que formula un crítica acerba contra la observancia de la circuncisión entre los judíos mismos;
c) y es Justino el que justifica la divinización de Jesús con razones que unen la filosofía de Platón con los motivos místicos del judaísmo que son los inicios de la Cábala judía reconocibles ya en el siglo II.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


“Sinagoga - Iglesia. La ruptura del siglo II. La división religiosa entre el judaísmo y el cristianismo en el siglo II”. Un libro de Mario J. Saban (707. 30-10-16) (VII)

30.10.16 | 07:27. Archivado en Pablo de Tarso, , CRISTIANISMO, Judaísmo

Escribe Antonio Piñero

En otros momentos me parece que la obra de M. Saban que estamos comentando –dada la enorme importancia del tema que trata– cuenta al lector verdades a medias, quizás de un modo no del todo consciente; es decir, pienso que no lo pretende, sino que puede ser una impresión obtenida por el lector de una redacción un tanto apresurada y confusa. Así por ejemplo, en la p. 62 escribe:

“Se acusa a Pablo (por gran parte de la historiografía judía tradicional) de haber creado un movimiento mesiánico bajo (¿?) sus posturas religiosas, y en cambio mi posición –que entiendo que es hasta ahora única en el campo de la historiografía– advierte (de) que el judío Saúl de Tarso (san Pablo) creo (sic = creó) una teología judía/mesiánica de justificación de la realidad histórica que se vivía dentro del marco sinagogal de la diáspora romana (sic = dentro del Imperio romano)”.

Me pregunto a este propósito ¿cómo explica nuestro autor la propaganda paulina a los adeptos a las religiones de misterio, algo que aclare el vocabulario mistérico de Pablo, por ejemplo, respecto al bautismo y la eucaristía? Otro ejemplo en el que veo una verdad a medias, o quizás una cierta distorsión del pensamiento de Pablo, es el siguiente, cuando escribe:

“Saúl de Tarso tenía en mente dos cuestiones fundamentales, observaba la realidad de los gentiles dentro de la sinagoga y su amor por el Dios de Israel, y quería otorgarles un status legal en igualdad de condiciones que los judíos genealógicos. Todos tenían que ser ‘uno’ en el Mesías de Israel. Esto le otorgaría una fuerza increíble al pueblo de Israel sin necesidad de coger las armas”…

“El análisis estratégico de Pablo es impecable, si los gentiles ingresaran en masa al pueblo de Israel bajo la fe en el Mesías esto provocaría con el tiempo la restauración política judía porque todo el Imperio Romano aceptaría el centro de Jerusalén como su capital espiritual” (p. 75).

Mi juicio al respecto es: ¿cómo casan estas ideas en un ideario paulino no político –como ya escribí– y totalmente constreñido por el fin del mundo inminente? M. Saban no responde.

En la parte segunda de su obra, la cuestión de la ruptura entre la Sinagoga y la Iglesia, que comienza a producirse en el siglo II, es caracterizada por nuestro autor como el producto de un movimiento singular en el seno del judaísmo. Y en las pp. 137-138 (dedicadas al judaísmo de san Pablo) M. Saban dibuja ya anticipadamente el proceso: en todo el siglo I –sostiene– hay movimientos antagónicos en el seno del judaísmo que lo explican:

1. Una tendencia hacia el universalismo, a expandir el monoteísmo y los valores de la ley mosaica por todo el mundo. Pero, a la vez, existe también otro judaísmo estrictamente nacionalista, que se considera el pueblo elegido y que no quiere saber nada de otras naciones, de las que entiende que por voluntad divina están destinadas por Yahvé para servir a Israel.

2. La entrada en masa dentro del judaísmo entendido de un modo amplio se produce gracias a la teología de Pablo: se convierten al mesías de Israel.

3. Desde el siglo II los conversos procedentes de la gentilidad alcanzan la mayoría en las comunidades de creyentes en Jesús como mesías y toman el control del movimiento mesiánico.

4. Los nuevos jefes ofrecen nuevas interpretaciones del pensamiento de Pablo (Marción, Justino Mártir, el papa Aniceto; Clemente de Alejandría, Tertuliano…). Estos autores sienten ya al cristianismo como una entidad autónoma y desean la independencia de la llamada “religión madre”. Para ello comienzan a, A.) atacar el judaísmo como sistema; B.) señalar las diferencias entre este y el cristianismo; C.) iniciar ataques a los judíos en su conjunto, a los que se condena masivamente y como bloque como asesinos del Mesías.

5. Finalmente hay una serie de cambios dirigidos a lograr que el bloque de los cristianos se sienta diferente de los judíos. En lo capítulos siguientes se precisará y desarrollará este esquema.

Después de este resumen, el capítulo 2.1 trata del “período de transición”, entre el 70 y el 130, caracterizado por una “formación silenciosa del cristianismo”. Aquí lo importante es, para Saban, que hacia los momentos de la muerte de Pablo (ocurrida entre el 64 y 66; esta afirmación es para mí meramente especulativa, aunque el autor no lo diga; en realidad no tenemos ningún dato verídico acerca de esa muerte),

“Todos los grupos mesiánicos estaban integrados en las sinagogas. A finales del siglo I algunas sinagogas se llenan de gentiles, temerosos de Dios, que creen pertenecer al mundo judío. Otras sinagogas se dividen en dos comunidades, una parte pasa a ser mesiánica y otra se resiste a este movimiento, otras sinagogas se convierten en forma integral en congregaciones mesiánicas y otras resisten íntegramente a ese movimiento. Hacia finales del siglo I todas las autoridades del judaísmo nazareno son judías”.

Hay aquí de nuevo el dibujo de ciertos rasgos que considero bastante dudosos en el pensamiento paulino. Así en la p. 106 sostiene Saban una interpretación poco precisa de la posición paulina respecto a la circuncisión. Afirma que Pablo piensa que “los gentiles no circuncisos debían integrarse a la congregación en su calidad de gentiles redimidos por la fe mesiánica. Esta era la posición de Pablo y de Bernabé”… Me pregunto: ¿“Deben integrarse a la congregación”? ¿A qué congregación? ¿A Israel en general que es todavía increyente? ¿Al grupo de judeocristianos que sí era creyente? Ciertamente podría ser así según Rom 11,11-29. Pero el autor no precisa y el lector se queda con las dudas. Este hecho se repite a menudo en el libro.

Seguiremos, porque hay bastante tela que cortar.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
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Sobre Pablo de Tarso. “Sinagoga - Iglesia. La ruptura del siglo II. La división religiosa entre el judaísmo y el cristianismo en el siglo II”. Un libro de Mario J. Saban (706. 28-10-16)

28.10.16 | 08:12. Archivado en Pablo de Tarso, , CRISTIANISMO, Judaísmo

Escribe Antonio Piñero

Hoy analizamos el punto de vista general sobre Pablo de Tarso en el libro de M. Saban

Me parece cercana a la verdad la opinión de M. Saban de que en el siglo II, en una iglesia cristiana ya mucho mejor constituida y asentada dentro de la sociedad grecorromana, y fundamentalmente paulina pues la mayoría de los conversos estaba compuesta de ex paganos, aunque a la vez los jefes podían ser judeocristianos, muchos de los nuevos cristianos solo querían admitir en el seno de sus comunidades a los judíos que se desjudaizaran y se gentilizaran, olvidando por completo la observancia de la ley de Moisés.

Pero también es cierto que en algunas pocas comunidades de judeocristianos el trasvase del judaísmo al “cristianismo”, o la inversa, la vuelta al judaísmo normativo, era corriente hasta finales del siglo IV, época en la que se cortó decididamente este movimiento como efecto de las decisiones dogmáticas respecto a la naturaleza del mesías del Concilio de Nicea y más tarde de Éfeso y Calcedonia.

M. Saban entiende, en mi opinión, correctamente a Pablo en muchos puntos. Los dos hemos creado una interpretación bastante parecida del problema central de la teología paulina (La ley mosaica y su relación con los gentiles) sin haber hablado en absoluto de ello anteriormente. La “Guía para entender a Pablo” y “Sinagoga/Iglesia. La ruptura del siglo II” son obras absolutamente independientes que, en parte, en lo que respecta a Pablo, llegan a una misma conclusión en este apartado, y en otros.

Un ejemplo claro en las Conclusiones: “Saulo de Tarso como judío nunca abandonó la circuncisión como rito de entrada al judaísmo…Y si en la era mesiánica el funcionamiento de la Torá era espiritual y no formal, ¿para qué obedecer los ritos de la Torá si llegaba el final de la historia?” (p. 447). Según M. Saban, Pablo era un místico judío, aunque incipiente, por lo que fue el primero en comprender que la Torá funcionaba de una manera diferente en la época mesiánica. La parte “ceremonial” de la Ley (circuncisión, alimentos pureza ritual) debía ser entendida literalmente por los que eran “genéticamente” judíos (judíos por naturaleza) ya que era una legislación nacional; pero de una manera espiritual y mística por parte de los paganocristianos, lo que hacía que no estuvieran obligados a observar esa parte de la Ley al pie de la letra, sino espiritualmente. Y concluye que tal interpretación era en el fondo muy judía y que no se contraponía a un espíritu fariseo.

Debo confesar, sin embargo, que fuera de esto, en el trasfondo de la interpretación de Pablo, hay bastante diversidad –entre M. Saban y yo– en nuestras respectivas hipótesis. Para M. Saban, Pablo intentaba solucionar el problema jurídico de los temerosos de Dios dentro de Israel. E incluso sugiere nuestro autor que la doctrina de Pablo venía de perlas a los judíos de la Diáspora (y también a los judeocristianos) donde a menudo se observaba laxamente la Ley. Se sentían justificados a obrar así según Pablo, puesto que bastaba con creer en el Mesías de Israel para seguir observando no la Ley a rajatabla, sino solo las leyes de Noé que era lo esencial de la Ley. Pablo predicaba esta “buena noticia” (evangelio) y conseguía un gran éxito porque cubría las necesidades de internacionalización del monoteísmo judío sentido por los judíos de la Diáspora.

Esta idea se plasma en una afirmación interesante de Saban –que no se suele ver en los libros usuales sobre Pablo de Tarso– que es la siguiente: respecto a la figura de un Jesús nacional como mesías de Israel, “se tenía que perfilar entonces una imagen de un Jesús internacional como mesías al mismo tiempo de los judíos y de los gentiles. Y esto se lo debemos al judío Saulo de Tarso. Pero no pensemos que absolutamente todo se lo debemos al judío Pablo, sino que realmente lo que hizo el judío Saúl de Tarso fue captar la necesidad moral del mundo gentil, y la necesidad identitaria del judaísmo helenístico de la Diáspora” (p. 77)

Como digo, en realidad esta perspectiva de M. Saban, historicista, es un tanto diferente a la mía. Saban no tiene en cuenta para interpretar a Pablo algunas nociones teológicas de fondo en las que yo insisto, como el peso en el pensamiento paulino de la teología de la restauración de Israel; del cumplimiento, al fin, del deseo expresado en la Shemá (la oración que debe rezar tres veces al día todo judío, que comienza así: “Oye Israel: tu Dios es un Dios único”…) y de la plena realización, al menos al final de los tiempos de la tercera parte de la promesa divina a Abrahán, “Te haré padre de numerosos pueblos…” (Gn 17,5).

Aunque nuestro autor lo sabe perfectamente, no obtiene en su libro las consecuencias debidas de la clara idea paulina de que el mundo se iba a acabar cuando él estaba aún en vida, como sostiene clarísimamente en 1 Tes 4,17: “Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor”. Mi posición respecto al pensamiento de base de Pablo es que este tenía una mentalidad mucho más teológica que jurídica.

Pienso que M. Saban pasa de puntillas sobre estas nociones que he enumerado y que debería haber hecho en su libro un mayor hincapié en el deseo de Pablo de que se cumpliera la Shemá, la restauración de Israel y el cumplimiento pleno de la promesa a Abrahán que tenía tres partes, no dos. Así pues debería haber insistido –quizás con las mismas ideas– en el punto de vista teológico de Pablo y no tanto el jurídico, aun sin negarlo…, por supuesto.

Opino además, que en el apóstol Pablo apenas hay teología política directa, ya que el fin del mundo estaba para él a la vuelta de la esquina por lo que pocas preocupaciones jurídicas podía tener. Debo insistir: no las niego…, pero eran muy pocas. En contra, escribe M. Saban lo que sigue: “La teología paulina… es producto de una preocupación ‘judía’ de Pablo y no representa una teología tendiente a la conversión de los gentiles fuera del ámbito sinagogal. Lamentablemente la interpretación posterior del cristianismo es que la idea de Pablo fue la de expandir el mesianismo de modo público (como en Atenas); sin embargo, su preocupación teológica provenía de su estrategia para resolver el problema del status de los gentiles dentro de las sinagogas” (p. 68).

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
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La infancia de Jesús. Revisión crítica (XVIII). La “concepción virginal”. Pablo de Tarso (669)

09.09.16 | 10:51. Archivado en Jesús histórico, Pablo de Tarso,

Escribe Antonio Piñero

Respecto a Pablo de Tarso, tampoco tenemos que gastar mucha tinta electrónica respecto a la “concepción virginal” de Jesús como mesías porque ya hemos escrito largamente sobre la naturaleza del mesías en la entrega número XIII (que tiene varias partes) de esta serie sobre la infancia de Jesús. Así que solo rememoraré, y brevemente, aquello que es válido respecto a esta noción del nacimiento extraordinario de Jesús.

Hemos indicado repetidas veces que entre Jesús de Nazaret, o mejor Jesús el Nazoreo, se interpone el pensamiento paulino. Pablo de Tarso arte del supuesto natural y universal judío de la época que Jesús era un mero hombre (nacido de mujer; de la estirpe de David según la carne). Y sabemos también que a la vez Pablo pero considera a Jesús solo al final del proceso, como el Resucitado, el Exaltado. Y hemos aclarado que, al parecer. Según Pablo hay un proceso de adopción y apoteosis que se caracteriza por no ser un mero invento de Pablo –como sostienen los hipercríticos–, sino por seguir pautas de pensamiento muy judías, aunque místicas y minoritarias.

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La infancia de Jesús. Revisión crítica (XIII). Jesús como “Hijo de David” según Pablo de Tarso. Cuarta parte (663)

31.08.16 | 09:16. Archivado en Jesús histórico, Pablo de Tarso, , Judaísmo

Escribe Antonio Piñero

Sigo con la serie de textos –instrumentos o bases de trabajo para las hipótesis interpretativas– que prometí ayer.

3. El mesías como entidad divina:

• Cuando se convierta al Señor, se levantará el velo. 17 Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. 18 Pero todos nosotros, que con la faz descubierta reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, transformándonos en esa misma imagen de gloria en gloria: como por el Espíritu del Señor (2 Cor 3,16-18).

• Y que Dios mismo, nuestro Padre y nuestro Señor Jesús haga recto nuestro camino hacia vosotros. 12 Y en cuanto a vosotros, que el Señor os haga abundar y sobreabundar en el amor de unos para con otros, y para con todos, como es nuestro amor para con vosotros, 13 para que se afirmen vuestros corazones irreprochablemente en santidad ante Dios, nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús Mesías, con todos sus santos (1 Tes 3,11-13).

• Pues lo que era imposible a la Ley, en cuanto que estaba debilitada por la carne, Dios, tras enviar a su propio Hijo en semejanza de la carne pecadora y por el pecado, condenó al pecado en la carne, 4 para que la justicia de la Ley se cumpla en nosotros que caminamos no según la carne, sino según el espíritu (Rom 8,3-4).

• Y por la magnitud de las revelaciones, para que no me engría por ello, me fue dado un aguijón para la carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría. 8 Sobre esto tres veces rogué al Señor que se alejara de mí. 9 Pero me dijo: “Te basta mi gracia, pues la fuerza llega a su consumación en la flaqueza” (2 Cor 12,7-9).

• Y así está escrito: Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida (1 Cor 15,45).

• Mas ahora hablamos de sabiduría entre los perfectos […] 8 no conocida por ninguno de los príncipes de este mundo, pues si la hubieran conocido no habrían crucificado al Señor de la Gloria (1 Cor 2,8).

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La infancia de Jesús. Revisión crítica (XIII). Jesús como “Hijo de David” según Pablo de Tarso. Tercera parte (662)

30.08.16 | 12:32. Archivado en Jesús histórico, Biblia en general, Pablo de Tarso,

Escribe Antonio Piñero

La historia es una “ciencia”, pero no igual en su concepto a las ciencias empíricas, ya que estas tratan de cosas empíricas, que son descritas e investigadas en sus cualidades y características. La historia (antigua) es ciencia en sentido análogo, ya que no puede realizar experimentos de cosas observables y repetibles, pero sí en el sentido de que emplea instrumentos científicos del análisis, comparación, deducción o inferencia, uso de hipótesis explicativas de los datos extraídos del análisis, etc. La historia (antigua) solo trabaja con textos lo más cercanos posible a los hechos que describe, textos a los que examina críticamente, o bien con textos arqueológicos o numismáticos.

Respecto al pensamiento de Pablo sobre la naturaleza del mesías, como "Hijo de David y a la vez divino, léanse, por favor, el conjunto de textos que presento a continuación. Con una advertencia: considero totalmente errónea metodológicamente la idea de Carlos Gil Albiol de que un punto de partida insoslayable para entender (¿?) a Pablo es admitir que es “su pensamiento de es incoherente y contradictorio”. Esta idea es inasumible. ¿Cómo puede pensarse metodológicamente que un individuo incoherente y contradictorio tuviera tantos discípulos en vida y... después de su muerto? ¿Puede tener alumnos contentos y seguidores un docente universitario, por ejemplo, que hoy dice una cosa y mañana la contraria? A la semana los alumnos y seguidores denunciarían que está loco y lo abandonarían.

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La infancia de Jesús. Revisión crítica (XII): Jesús como “Hijo de David” según Pablo de Tarso. Segunda parte (660)

26.08.16 | 08:49. Archivado en Pablo de Tarso,

Escribe Antonio Piñero

Tal como escribí ayer, paso ahora a plantear mi hipótesis:

"Partiendo de la base de que el Apóstol es un judío mesiánico y apocalíptico; que no abandonó su religión; que no emplea ante sus lectores gentiles la expresión “Hijo del Hombre” como título mesiánico, pero que sí acepta ese trasfondo como se prueba al dibujar a Jesús en su parusía transportado por nubes (Dn 7,13-14: un vehículo exclusivamente divino), podemos sostener que Pablo, inmerso de lleno en su ambiente judío, no parece haber sentido inconveniente mental alguno –como le ocurría a otros judíos “monoteístas” de su misma época-- en admitir la existencia de una figura mesiánica con naturaleza doble e imprecisa (a nuestros ojos). Es humana, aunque con características especiales ya en esta tierra, puesto que tiene una autoconciencia muy alta; pero cuando muere, es resucitado, elevado y exaltado al cielo por Dios Padre; allí, por adopción teñida de una suerte de apoteosis, le son otorgados caracteres exclusivamente divinos” ( Guía para entender a Pablo, pp. 407-408).

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La infancia de Jesús. Revisión crítica (XI): Jesús como “Hijo de David” según Pablo de Tarso. Primera parte (659)

25.08.16 | 08:56. Archivado en Jesús histórico, Pablo de Tarso,

Escribe Antonio Piñero

Como es bien sabido, Pablo escribe 1 Tesalonicenses hacia el año 51, uno veinte años después de la muerte de Jesús. Los comentaristas suelen sostener que su “llamada” o “vocación” (nunca “conversión”, porque no hay aún cristiano alguno) tiene lugar unos dos o tres años después de la muerte de Jesús. Por tanto, si entre los judeocristianos que lo acogen en Antioquía había ya una suerte de “credo” sobre la vida de Jesús y ese credo contenía la idea de la concepción virginal de aquel por parte de María, es decir, la comunidad tenía esta creencia, se lo habrían comunicado en la catequesis sobre Jesús que hubo de recibir tras su llamada.

Es lógico que hubiera una catequesis de ese estilo (así lo da a entender Hechos 9,19-20: “Tomó alimento y recobró las fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco, y en seguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios”), aunque él insiste en que el Evangelio sobre Jesús le fue revelado y que rápidamente marchó a Arabia. Cuando habla de su evangelio no se refiere a los datos personales de Jesús, sino a su interpretación nuclear de la figura de Jesús como mesías y como salvador también de los gentiles.

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Pablo de Tarso y el infierno. “Compartir” (237) de 22 de agosto de 2016. Preguntas y respuestas.

22.08.16 | 08:04. Archivado en Pablo de Tarso,

Escribe Antonio Piñero

Pregunta:

Pablo fue un artífice aplicando y re-interpretando conceptos del AT y del helenismo, como redención, propiciación, etc., y colocando como eje central la cruz y Jesucristo, garantizando así una salvación eterna. Pero, habló Pablo del infierno, del castigo eterno, si no se acepta a Jesucristo como salvador? Más o menos cuándo se integraron esos conceptos en las comunidades cristianas?

RESPUESTA:

Pablo no habla estrictamente del infierno ni del sheol, o gehenna, como sí lo hace Jesús. Pablo no lo hace porque no lo considera necesario ni pertinente. Todo el mundo judío conoce esto. Sólo le interesa insistir en la salvación…, a saber la de Israel ante todo, y la de los gentiles conversos necesarios para que se forme el nuevo Israel mesiánico, la nueva familia de Dios antes del Juicio inminente.

Pablo sí habla indirectamente de aquellos que no escuchan el mensaje del evangelio y que están destinados a la perdición (da por supuesto que es aniquilación total o castigo eterno), pro no lo expresa. Tomo algunas notas de mi libro sobre Pablo (“Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino”. Editorial Trota, Madrid, 2015. (Hay versión electrónica; consúltese, por favor, la Página Web de la Editorial).

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La homosexualidad en el Nuevo Testamento. “Compartir” (225) de 29 de julio de 2016. Preguntas y respuestas

29.07.16 | 08:17. Archivado en Biblia en general, Pablo de Tarso,

Escribe Antonio Piñero

Pregunta:

Tuve una discusión con un panelista que yo le decía que la biblia condenaba explícitamente la homosexualidad, y esta persona no lo aceptaba indicando que se debía a errores de traducción. Le solicite información al respecto y me remitió a un articulo de la Wikipedia (homosexualidad en la Biblia).

El articulo menciona entre otros alegatos que en Corintios y Timoteo se usa la palabra ἄῤῥην / ἄρσην en lugar de androkoitēs que dice seria lo esperado.

Pensé en la edición de la Biblia académica en la que está usted trabajando, cómo traducirá esto?

Yo le dije al amigo este que Jesús fue un judío del siglo primero, que ya de allí se puede imaginar uno que pensaba sobre la homosexualidad.

RESPUESTA:

He leído el artículo de la Wikipedia que Usted cita. Reproduzco el texto, porque bien leído el pasaje en cuestión (aunque vaya orientado indirectamente a reducir, al menos, la condena general bíblica de la homosexualidad) no dice nada en contra de la opinión común obtenida de muchos textos bíblicos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento que la condenan. Un centón de esos textos puede hallarse cómodamente en un artículo de Internet cuyo título reza “Versículos bíblicos sobre la homosexualidad”.

Leamos los textos en cuestión:

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Escribe Antonio Piñero

27.07.16 | 08:24. Archivado en Jesús histórico, Pablo de Tarso,

Pregunta:

Saludos profesor Piñero, disculpe la molestia… Estuve leyendo un artículo de Carlos Gil Arbiol titulado De la expiación a la Reconciliación: una aportación paulina a la interpretación de la muerte de Jesús. En este artículo Gil Arbiol habla acerca del concepto sacrificial y de expiación, y plantea que los sacrificios en el judaísmo deben entenderse como una imitación de Yahve y en consecuencia así también la teología expiatoria de Jesús en Pablo.

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