Hoy escribe Antonio Piñero:
Aristóteles es otro de los casos en los que la tradición interpretativa ha podido obscurecer el verdadero pensamiento del filósofo respecto al tema de esta miniserie. A ello ha contribuido Aristóteles mismo, pues en su obra menciona muchas veces a “dios” o “la divinidad”, bien por costumbre, o bien como un modo vulgar de entenderse.
Centrémonos en lo esencial para ser breves. Aristóteles aclara la relaidad de todo lo existente, desde lo más material hasta los astros como entidades epsirituales, el Primer principio incluido, con un sistema explicativo –su filosofía- que es en el fondo un platonismo corregido. A partir de la concepción común a los griegos de una materia eterna, todo el universo se aclara, según el filósofo, por la conjunción de cuatro causas: material, eficiente, formal y final.
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Hoy escribe Antonio Piñero:
Considerado en su conjunto, el movimiento de los Sofistas en Grecia estaba también sustentado por una filosofía que prescindía totalmente de la divinidad en la práctica. Aunque más que ateísmo habría que definir la posición de estos personajes como “agnosticismo”.
El sofista de más impacto fue Protágoras, contemporáneo de Socrates (siglo V a.C.). Del tratado de Protágoras sobre La naturaleza (de los dioses) o "Sobre la verdad", también llamado por algunos "Discursos demoledores", nos ha quedado entre otrs fragmentos un famoso inicio: “En cuanto a los dioses no soy capaz de decir si existen o no existen”, y el famosísimo apotegma "El hombre es la medida de todas las cosas, del ser de las que son y del no-ser de las que no son".
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Hoy escribe Antonio Piñero:
El primer indicio de un ateísmo práctico se halla en el origen mismo de la filosofía en Jonia. El gran esfuerzo de los primeros filósofos griegos no consistió en otra cosa que sustituir en su explicación del mundo las causas divinas, míticas, del universo, propugnadas en las muchas teogonías y cosmogonías al uso en aquellos momentos, por causas totalmente naturales entre las que la divinidad quedaba expresamente excluida.
Aparentemente, sin embargo, el primero filósofo jonio, Tales de Mileto, afirmó expresamente que el mundo “estaba lleno de dioses”. Con ello quería decir, sin embargo, que todo el universo tenía como principio único y absoluto el agua y que todo nace del movimiento que es propio e ínsito en la naturaleza de ese elemento. Este movimiento perpetuo explica incluso el cambio de cualidades. Con el “todo está lleno de dioses”, en el fondo lo que pretendía decir es el agua o primer principio es dios; todo el universo es una evolución de la divinidad. Esto se llama “hilozoísmo”: unidad de naturaleza/vida + divinidad.
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Hoy escribe Antonio Piñero:
En clases sobre cristianismo primitivo en la Facultad me han formulado alguna que otra vez esta pregunta. He pensado que quizá las breves notas que escribí sobre el tema y que expuse alguna vez a mis alumnos puedan ser de interés o curiosidad para los lectores de este blog. Quiero precisar que entiendo por “Antigüedad” particularmente la grecorromana y la israelita, pues son las que afectan más directamente a la cuestión cuando se habla del entorno del nacimiento del cristianismo.
Usualmente, en la Historia de la Filosofía, es casi un axioma la afirmación de que no existe el ateísmo en la Antigüedad. Si consultamos los índices de grandes tratados clásicos de la historia de la filosofía antigua, como los de Zeller, Guthrie, Gomperz, Mondolfo, Chevalier, etc., observaremos cómo el lema "ateísmo" brilla por su total ausencia. Igual sucede si se hojean los artículos correspondientes de las grandes enciclopedias de Filosofía o de Religión.
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El origen remoto del actual conflicto entre palestinos e israelíes se remonta a casi 1900 años: exactamente al 135 d.C. momento en el que las tropas romanas del emperador Adriano dan por concluida la segunda gran revuelta de los judíos contra Roma.
El resultado de esta derrota fue atroz para Israel. No habían quedado los judíos suficientemente escarmentados con el descalabro del 70 d.C. ante las tropas de Vespasiano y Tito, en el que Jerusalén quedó aniquilada y el Templo destruido.
El hecho fue que toda Judea quedó prácticamente “como un desierto”. Los muertos romanos fueron muchos, ciertamente; pero por parte de los judíos, incontables. El historiador romano Dión Casio habla de casi 600.000 muertos, más otros muchos por enfermedades y hambre, e innumerables los vendidos como esclavos.
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En un reciente artículo de la revista Sufí, número 4, año 2007, pág. 15: “Mitra y el mitraísmo a lo largo de la historia”, Carlos Diego, con acertada prudencia, afirma que la famosa frase de Ernest Renan “Si el cristianismo hubiera sido detenido en su crecimiento por alguna enfermedad mortal, el mundo hubiera sido mitraísta”, tiene ciertos visos de verosimilitud, ya que los espíritus religiosos de la época “podían sentirse atraídos por ambos cultos”.
Por mi parte creo que la afirmación de Renan es muy exagerada, y deseo mostrar el porqué, resumiendo sobre todo al final de este “post” las diferencias esenciales entre ambas religiones por las que creo que era muy difícil que los espíritus religiosos pudieran sentirse atraídos por una u otra.
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Permitidme que añada un apéndice a lo que escribí en mi "Saludo" o primer "Post" dentro del blog. Resulta que la parte final de este saludo debería haber ido aparte y dentro de otro tema, "Palabras y conceptos", que no supe crear en su momento. Estoy pagando la novatada y aún no domino bien la herramienta que sirve para escribir en el blog. Los que habéis leído ya el comentario, perdonadme la pesadez.
La nueva noticia que me sirve para cambiar de lugar el comentario y colocarlo en su tema adecuado es que dentro de poco, quizá mañana, va a aparecer en la Editorial Edaf un libro, a mi nombre -aunque yo sólo soy el introductor y el que ha recogido esos textos muy diversos y algunos maravillosamente bellos-, que se llama "Los Apocalipsis". Lleva el subtítulo "45 textos apocalípticos, apócrifos judíos, cristianos y gnósticos".
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