El blog de Antonio Piñero

¿Un nuevo ágraphon de Jesús? (I)

18.05.16 | 08:20. Archivado en Jesús histórico,

Hoy escribe Fernando Bermejo

Comparto hoy con nuestros amables lectores una primicia, que sin duda dará mucho que hablar durante los próximos meses o años en el ámbito de la exégesis bíblica, por su posible trascendencia para una reconstrucción del pensamiento escatológico del Jesús histórico.

Desde los años 90, una extensa campaña arqueológica en Ismant el-Kharab (la antigua Kellis), en Egipto, ha sido llevada a cabo por la Monash University (Australia). Entre los hallazgos sobresalen los textos maniqueos, pero hay también material cristiano. Hace dos años se descubrió un texto papiráceo cristiano –reconstruido solo recientemente– que contiene el que parece ser el único pasaje superviviente de una traducción griega del Opus Imperfectum in Matthaeum, obra en su momento atribuida (erróneamente) a Juan Crisóstomo.

Lo interesante de este texto para los interesados en el Nuevo Testamento y el Jesús histórico es que expande Mt 24:51, el pasaje que habla del castigo del siervo malvado (“y le partirá por la mitad y le deparará la misma suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”), conteniendo lo que parece ser un nuevo ágraphon de Jesús. El pasaje acaba de ser publicado en un apasionante artículo escrito por Hope y Schröter, en New Testament Studies, aunque estos en los últimos meses habían compartido su hallazgo con algunos estudiosos entre los que he tenido la fortuna de contarme.

Ofrezco del texto las primeras líneas –las más interesantes para el estudio del Nuevo Testamento–, con la transcripción griega y traducción española:

KAI IDOU, TIS TON MA(THET)ON AUTOU EPHESTÓTON AUTÓ ÉLEGEN: RABBI, HO LÉGETAI ME(THER)MENEUÓMENON DIDÁSKALE, POS DYNÉSETAI TÁUTA GENÉS(THAI) EAN ÓSIN ANÓDONTES? APOKRITHEIS DE HO IESOUS EIPEN: OLIGÓPISTE, ME SKÝLLOU. EI ARA TINÓN HYSTERÉSONTAI, HOI ODÓNTES PROSPARASKEUÁSONTAI. TOÚTOU DÈ MEDEÌS THAUMÁZETO, KATHÒS HO AMATHÉSTATOS MATHETÉS HOUTOS OUK OIDEN HOTI HO THEÒS TOIS HAMARTOLOIS TON TRIPHYODONTISMÒN AN DIDÓE, EI EK TOÚTOU TOU PHOTÒS KEIS TO SKÓTOS EKEINON ÍOMEN ANÓDONTES HO AUTÒS EVANGELISTÈS GÀR PRÓTERON ÉGRAPSEN HOTI HO IESOUS ÉIPEN HOTI PARÀ MÈN ANTHRÓPOIS TOUTO ADÝNATON ESTI, PARÀ DÈ THEÒ PÁNTA DYNATÁ ESTIN.

Y he aquí que uno de sus discípulos presentes le dijo: “Rabbí –que, traducido, significa ‘maestro’–, ¿cómo pueden suceder estas cosas si no tienen dientes?”. Respondiendo Jesús, dijo: “Hombre de poca fe, no te inquietes. Si les faltaran, se les proveería de dientes”. Que nadie se asombre de esto, como hizo ese discípulo tan ignorante que no sabía que Dios daría a los pecadores un tercer conjunto de dientes, en caso de que fueran desde esta luz a aquella oscuridad sin dientes. Pues el mismo evangelista había escrito anteriormente que Jesús dijo: “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible”.

Aparte del gran interés lingüístico de este texto –así, ofrece una variante a Mt 19,26, y sobre todo el término “triphyodontismós” es un hápax legómenon en la literatura griega–, lo interesante de él estriba en esta nueva enseñanza de Jesús. A un discípulo que, intrigado al oír aquello de que “allí será el llanto y el rechinar de dientes”, pregunta al maestro cómo es posible tal rechinar si los cuerpos, en la resurrección, no tuvieran dientes –algo que en la Antigüedad, dada la falta de higiene bucal, debía ser frecuente entre los ancianos –, Jesús responde que a quien no tuviese dientes, se les proveería sobrenaturalmente de ellos, de tal modo que el “rechinar de dientes” –brygmòs tón odónton– (Mt 24,51) fuese posible y la fiabilidad de su predicción escatológica no se vería menoscabada. En próximas entregas analizaremos el significado y la trascendencia de este curioso ágraphon.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo


Reflexiones para Antonio Piñero sobre la violencia de Jesús enviadas por Rogeli Armengol (Conclusiones: y XI)

12.05.16 | 07:51. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Rogeli Armengol, con un apéndice de Antonio Piñero

Cuando escribí que «se hace evidente que una doctrina violenta no es la de Jesús» me proponía poner de relieve que ante la ferocidad, dolor y daño causados por una bárbara institución creada por las iglesias que decían seguir el mensaje de Jesús, éste no sólo hubiera condenado la Inquisición sino que se hubiera sentido horrorizado. En el supuesto que como usted defiende Jesús no hubiera condenado la violencia y se hubiera rodeado de algunos violentos pienso que tal cosa no le hubiera impedido condenar a la Iglesia católica romana y a la Iglesia calvinista sin olvidar al violento Lutero, éste sí violento según está documentado.

Si Jesús fue partidario de la violencia u hostilidad contra el enemigo –hostilidad y violencia, palabras diferentes en este contexto–, este enemigo no era quien mantenía ideas o concepciones diferentes relativas a la religión, sino que era el opresor de Israel. También el buen Sócrates luchó contra los enemigos de Atenas. Jesús pudiera haber luchado, –aunque no lo hiciera–, contra los enemigos de su patria o de su pueblo, pero tal cosa, según mi criterio, no echaría por tierra sus propuestas éticas como no destruyó las de Sócrates por haber guerreado por su ciudad, guerreó por su ciudad a pesar de que sus propuestas éticas no incluían la violencia.

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La moral “interina”, la más significativa de Jesús, es imposible de cumplir en la práctica de una vida diaria. Otras observaciones sobre el libro de R. Armengol (X) (634).

10.05.16 | 07:49. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Vamos acercándonos a una síntesis de lo dicho hasta ahora: dejando aparte la ética general de Jesús –que como escribí ya– está tomada del Antiguo Testamento y del judaísmo helenístico, que podía aplicarse totalmente a la vida diaria de un israelita del siglo I, que es la moral que todos conocemos desde el catecismo, y que es “buena”, según R. Armengol, esa otra ética, la propia de Jesús, la que vale solo para los momentos inmediatamente anteriores a la venida del Reino de Dios no es aplicable ni en el siglo I ni ahora, salvo en breves momentos y con fines específicos.

Una sociedad duradera como incluso reconoce un exegeta nada propenso a etiquetar de "interina" la ética de Jesús como Helmut Köster, en su justamente famosa Introducción al Nuevo Testamento (versión española de la Editorial Sígueme, Salamanca 1988, p. 588) no puede regirse por las normas propugnadas por Jesús el Nazoreo, puesto que no puede elevarse a categoría de ley intemporal las consecuencias de la llamada al seguimiento: el desprendimiento absoluto (¡venta!) de todos los bienes necesarios para el sustento, el sufrimiento acarreado por una no aceptación del "mundo", cargar con la cruz, etc. (cf. Mc 8,34) y la práctica disolución de los vínculos familiares significarían el fin de cualquier sociedad organizada.

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Jesús de Nazaret y el amor a los enemigos. Precisiones de R. Armengol (IX) (633)

09.05.16 | 10:33. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Después de que he expuesto cuál es mi opinión sobre los textos jesuánicos del Nuevo Testamento que mandan el amor a los enemigos, quiero recoger en algunas citas, amplias, las observaciones de R. Armengol, en las pp. 168-170 de su obra “El mal y la conciencia moral”, que estamos comentando que me parecen sensatas:

»El amor y la compasión, mucho más el primero que el segundo, persiguen el bien de los otros y es mucho más difícil beneficiar que dejar de perjudicar. El respeto evita el perjuicio, el amor persigue el beneficio del congénere. De todo lo anterior se desprende que pongamos al respeto como el principal de los sentimientos morales al ser más frecuente y al poder ser exigible.

»El amor, como otros sentimientos, no se puede exigir mientras que el respeto, mirar para no dañar, es exigible en cualquier relación humana. Sería el que fundamenta el mayor de todos los deberes: no causar el mal cuando se puede evitar.

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Jesús de Nazaret y el amor a los enemigos. La ética de Jesús según R. Armengol (VIII) (632)

08.05.16 | 08:04. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Prometimos en nuestra postal anterior añadir una ulterior matización sobre el concepto de enemigo al que Jesús se refiere cuando manda “amar a los enemigos”, pues sosteníamos que Jesús nunca pudo mandar el amor hacia los romanos, enemigos del Reino de Dios, o los judíos de las clases elevadas que colaboraban con los dominadores, como colectivo.

Hay que distinguir muy bien entre enemigo personal y público (cada fariseo en particular, sus “colegas” en las líneas fundamentales de su fe judía, con los que Jesús discutía no eran “enemigos” estrictos, sino adversarios, por mucho que discutieran entre sí. Los planes de matar a Jesús por parte delos fariseos, nada más empezar su vida pública en Galilea, son una evidente exageración de los evangelistas (otra cosa serían los jefes delos sacerdotes, todos saduceos y al final de su ministerio), como están de acuerdo prácticamente todos los comentaristas, incluidos los católicos.

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¿El amor a los enemigos? La ética de Jesús según R. Armengol (631)

06.05.16 | 09:06. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Seguimos comentando brevemente algunos aspectos del libro de R. Armengol, El mal y la conciencia moral. La fuerza de las ideologías, el respeto, el amor, el odio. Editorial Comte d’Aure, Barcelona 2014, cuya ficha completa ofrecí en el nº 625 del Blog.

Tenemos que complementar lo dicho hasta ahora sobre la figura de Jesús, en el aspecto comentado, a saber que según Armengol “Se hace evidente que una doctrina violenta no es la de Jesús”. Al respecto me quedan por comentar algunos puntos que son la actitud de Jesús respecto al reino y el amor a los enemigos.
Y para finalizar mi comentario/serie comentaré –cuando terminemos con los temas de ética y en entregas futuras– un párrafo de la p. 17 del libro de Armengol que dice así:

“El Maestro del Evangelio, como le llamaba Kant, fue un profeta que quiso reformar la teología y la ética judía y las hizo más humanas al acercarse siempre, en nombre de un Dios amoroso, a los pobres, desvalidos y dolidos. Luego Pablo, quizá sin proponérselo, fundó una nueva religión”.

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El Jesús ausente. Una anécdota

04.05.16 | 00:49. Archivado en Jesús histórico,

Hoy escribe Fernando Bermejo

El pasado otoño participé en la segunda convocatoria del Annual Meeting on Christian Origins (I-II Centuries) organizado por Mauro Pesce y celebrado en un encantador pueblecito italiano de nombre Bertinoro, entre Cesena y Forlì, que por cierto tiene entre sus títulos de gloria el de ser citado por Dante en el canto XIV del Purgatorio:

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Jesús como sedicioso contra el Imperio. “El mal y la conciencia moral” de R. Armengol (IV) (628)

02.05.16 | 08:23. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Seguimos comentando el libro de R. Armengol, en la parte que afecta a su opinión sobre Jesús de Nazaret. Ahora exponemos la segunda parte de lo iniciado ayer respecto a la posible violencia que traslucen ciertas actitudes, palabras y algunos hechos de Jesús.

2. Jesús como sedicioso contra el Imperio.

Ciertamente el Nazareno Jesús fue condenado por atentar sediciosamente contra el Imperio. Como dijimos ayer no es en absoluto probable que un hombre pobre y que esperaba, al estilo de Gedeón, la ayuda divina hubiera formado un ejército, aunque fuera minúsculo (pongamos un centenar de seguidores armados, al menos para defenderse) y que esperara con ese minúscula tropa poder derribar el poderío de Roma, en una batalla formal al estilo de los Macabeos con la ayuda de “doce legiones de ángeles” (Mt 26,53). Es cierto. Y me parece que quienes comparan a Jesús con los Macabeos, justo por esa mención a los ángeles pugnaces, sacan las cosas de quicio. Pero no menos me parece cierto que en todo el evangelio en general hay señales de que Jesús fue un enemigo claro del poder romano y que fue –desde el punto de vista de la política del Imperio– justamente condenado como sedicioso político.

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Jesús de Nazaret y “El mal y la conciencia moral”. Jesús de Nazaret y la violencia (III) (627)

30.04.16 | 08:08. Archivado en Jesús histórico,

Jesús de Nazaret y “El mal y la conciencia moral”. Jesús de Nazaret y la violencia (III) (627)

Escribe Antonio Piñero

Seguimos comentando el libro de R. Armengol, en la parte que afecta a su opinión sobre Jesús de Nazaret.

Escribe Armengol:

La ideología teológica y moral de las iglesias cristianas contiene al menos tres capas, tres ideologías superpuestas no siempre acordes entre sí. Primero, la ideología originaria de Jesús, segundo, la del Apóstol Pablo, que en parte se opone a la de Jesús y en tercer lugar la ideología creada, al menos desde el Concilio de Nicea en 325, por el magisterio de las iglesias cristianas a lo largo de su historia. Agustín de Hipona, Tomás de Aquino y otros teólogos contribuyeron a edificar una ideología religiosa eclesial que contradice la primigenia de Jesús. Esta ideología eclesial superpuesta a las dos anteriores permite y alienta el poder temporal de la iglesia y justificó la violencia.

Se hace evidente que una doctrina violenta no es la de Jesús y que la doctrina eclesial, especialmente en los siglos XVI y XVII, en alguna medida guiada por Santo Tomás, adquirió la primacía, derrotó y suplantó la ideología originaria. ¿No fue Jesús quien acorde en gran parte con la teología judía que nunca reprobó en su totalidad recomendaba el perdón y el auxilio al enemigo y al que andaba errado?

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625- Jesús de Nazaret y “El mal y la conciencia moral” (I)

28.04.16 | 10:07. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Deseo comentar unas páginas de este interesante libro –cuya ficha completa presento abajo– que es una reflexión muy clara, bien argumentada, sintética, sobre la ética en nuestro tiempo y sobre cómo puede encajar en ella la figura de Jesús de Nazaret y las ideas centrales de su sistema moral/ético. Como no es de mi ámbito de trabajo, ni de mi competencia, un comentario al libro entero, que repito me ha interesado mucho personalmente, paso a dar su ficha completa, y un vistazo al índice. Muchas veces pienso que ojear detenidamente un índice bien hecho vale más que cualquier comentario externo.

Rogeli Armengol, El mal y la conciencia moral. La fuerza de las ideologías, el respeto, el amor, el odio. Editorial Comte d’Aure, Barcelona 2014. 345 pp. ISBN: 978-84- 15146-70-4. Del índice destaco lo que sigue:

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Lo único que justifica la existencia del cristianismo es la resurrección de Jesús. “Compartir” (203) de 23 de abril de 2016. Preguntas y respuestas

24.04.16 | 07:50. Archivado en Jesús histórico, Biblia/Evangelios,

Escribe Antonio Piñero

Pregunta:

Profesor encuentro curioso que usted comente que la creencia en la resurrección de Jesús sea lo que conserve o justifique la existencia del cristianismo, mas sin embargo no fue necesario para Cerinto ya que este creía que Jesús habia muerto y resucitaría despues al final de los tiempos junto con los demas hombres. ¿Como se explica esto?

RESPUESTA:

No son ideas contradictorias. De Cerinto sabemos poquísimo, porque todo se ha perdido; sólo a partir de Ireneo de Lyon (Refutación de las herejías I 26 y III 3.11. Ni quiera es seguro, sino muy probable, de él eso que Usted dice. Cerinto suele considerarse un gnóstico de finales del siglo I o principios del segundo, en cuanto a su doctrina de la creación no por medio de Dios sino por el Demiurgo… y en su idea de que el Jesús real es celeste que se encarnó en un Jesús humano al que abandonó en el momento de la crucifixión. Y es totalmente ebionita en sus creencias de que este Jesús humano no tuvo un nacimiento sobrenatural, que sí tuvo una muerte natural en la crucifixión (pero que no valió de nada de hecho para la salvación), y de que resucitará en el último día... Los que tenían en poco aprecio el Evangelio de Juan atribuyeron a él su autoría.

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¿Murió Jesús como mártir por Israel? “Compartir” (202) de 22 de abril de 2016. Preguntas y respuestas

22.04.16 | 07:01. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Pregunta:

Quisiera hacerle unas preguntas, si me permite. Voy al lío: se dice que Pablo se inventa una reinterpretación fantástica de la crucifixión de Jesús, convirtiendo la condena por sedición del Maestro en un sacrificio por la humanidad entera, ya que Jesús no tenía ninguna intención de "sacrificarse" sino de vencer a los romanos.

1. ¿No es posible que Jesús se imaginase a sí mismo como sacrificio de Israel? Es decir, tuvo que ser consciente, si no estaba realmente perturbado, de que lo más probable en sus circunstancias era acabar como su maestro Juan el Bautista. Los evangelios parecen dar la imagen de un Jesús empujado por sus seguidores a que se presentase como aspirante al trono. Y si era lo suficientemente cabal como así se desprende de su judaísmo, ¿por qué no pensar que, ciertamente, creía que podría enfrentarse a Roma y al mismo tiempo, si no lo conseguía, ser un mártir nacional que tampoco estaba tan mal? Sacrificarse por la nación es algo muy valorado incluso entre sociedades no religiosas, quienes lo hacen pasan a convertirse en héroes del pueblo. ¿No pudo ser esa la inspiración de la redención de la humanidad mediante la muerte en la cruz de Jesús de Pablo? Quiero decir que las dos opciones eran válidas, tanto triunfar frente a Roma como convertirse en un mártir de Israel por defender el Reino de Dios que, en última instancia, tendría que ser universal. Por lo tanto la idea de que Cristo se inmoló conscientemente como cordero de Dios no tiene por qué ser una invención fantástica de Pablo sacada de la nada, sino la realidad implícita al hecho de intentar rebelarse contra Roma. Sinceramente, me cuesta mucho imaginar a Pablo inventando de la nada teorías fantásticas sobre un personaje que ni conoció. ¿No tiene más sentido pensar en un Pablo exponiendo tras el dogma de la redención que, sí, hubiese estado bien que Jesús destruyese Roma, pero al no conseguirlo su muerte como mártir de Dios es un ejemplo para todo Israel y por extensión toda la humanidad al mostrar Valor y Sacrificio? Si Jesús fue el “fracasado” del que habla Usted y Monclús, Ojea, etc. ¿por qué iba Pablo a intentar justificar su fracaso a no ser que viese en su muerte precisamente a un mártir de Israel, de su causa contra el pagano?

2. Mi última pregunta está relacionada con la concepción que tenían los judíos de sí mismos como pueblo. ¿Eran los judíos más nacionalistas que griegos, romanos o cualquier otro pueblo conocido de la antigüedad? ¿El concepto de bárbaro que los griegos aplicaban a los extranjeros no es equiparable al de gentil?

RESPUESTA:

Estas dos preguntas están respondidas de una manera implícita y explícita en mi libro o “Guía” sobre Pablo (Trotta, Madrid, 2015) que a estas alturas es ya bien conocido.

1. En realidad, es imposible saber que pasó en realidad por la cabeza de Jesús, ya que nuestras fuentes no lo permiten. Las biografías antiguas –y los evangelios son una suerte de biografía– se interesaban poco por aspectos de psicología exterior, y mucho por las virtudes y el impacto de un individuo, o por su relaciones con el estado o con la sabiduría en general.

Pero Jesús se creía ante todo un profeta. Y si Usted lee la Biblia hebrea verá que a ningún profeta se le ocurrió morir como mártir por Israel. Eso es una idea (la “muerte vicaria”) grecorromana, no judía. Es cosa comprobada que no existe en la Biblia, tampoco en Jesús y sólo aparece en Pablo. Y es muy probable que Pablo tomara la idea de este ámbito, ya que la muerte vicaria no aparece en la Biblia hebrea, ni siquiera en los deuterocanónicos como 2 Macabeos 6,28; 7,9.37-38 (único texto citado en favor de que sí existe ese concepto en la Biblia), pues el pasaje no dice que el anciano Eleazar y los siete hermanos murieran voluntariamente en vez de otros, o para que otros judíos no murieran, sino que aceptaron la muerte “en pro de las leyes patrias”.

2. Los judíos eran aún peor: dividían las naciones del mundo entre ellos, los elegidos, y los demás, las otras “naciones”, condenadas por Dios al exterminio si no se convierten al Dios de Israel, o al menos lo reconocen lo respetan y cumplen el Decálogo que está impreso en sus corazones. Sobre esta última idea lea atentamente el capítulo 2 de la Carta a los romanos de Pablo sobre todo a partir del v. 12.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


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