El blog de Antonio Piñero

El rabino Gamaliel caracteriza a Jesús como revolucionario contra Roma. Jesús y la resistencia antirromana (XLII)

19.02.17 | 09:26. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Hay un pasaje sorprendente en los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 5 en el que se compara el movimiento de los seguidores de Jesús con dos famosos “revolucionarios” –desde el punto de vista romano; desde el la posición judía serían hombres piadosos y consecuentes– nombrados por Flavio Josefo en la lista de rebeldes entre la muerte de Herodes el Grande y el inicio del Gran Levantamiento contra Roma del año 66 d. C.

El contexto del pasaje de los Hechos es la primera persecución de los apóstoles, en Jerusalén, por parte de los jefes de los judíos, por ser seguidores de un individuo que acababa de ser crucificado. Es posible que eso suscitara sospechas no deseadas entre los romanos de que seguía el movimiento revolucionario contra ellos. He aquí el texto:

“Se levantó el Sumo Sacerdote, y todos los suyos, los de la secta de los saduceos, y llenos de envidia, 18 echaron mano a los apóstoles y les metieron en la cárcel pública… 9 Pero el Ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la prisión, les sacó… Se presentó uno de la guardia del Templo que dijo: «Mirad, los hombres que pusisteis en prisión están en el Templo y enseñan al pueblo». Entonces el jefe de la guardia marchó con los alguaciles y les trajo, pero sin violencia, porque tenían miedo de que el pueblo les apedrease… 27 Les trajeron, pues, y les presentaron en el Sanedrín.

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Dificultades en contra de la hipótesis de un Jesús sedicioso. Jesús y la resistencia antirromana (XLI)

18.02.17 | 11:45. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Decíamos ayer que el buen historiador no debe eludir la explicación de varios pasajes evangélicos que van en contra de la hipótesis que propone. En este caso se trataría de textos parecen dibujar la postura de un Jesús totalmente pacifista, opuesto a la violencia totalmente y de cualquier signo y despreocupado de la política de su tiempo. Una postura fácil para un investigador sería la de omitir voluntariamente estos textos, porque podrían no cuadrar con una postura previa suya. Otra, asegurar sin más que todos los textos que parecen contrarios a su tesis están manipulados por la fe cristiana y que se debe omitir su consideración porque no pertenecen al nivel del Jesús histórico. Veamos los textos:

El primero es Jn 6,15, cuyo contexto es el momento después de que Jesús hubiera dado de comer a la multitud multiplicando unos panes y dos peces:

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Jesús era consecuente con su religión. Jesús y la resistencia antirromana (XL)

17.02.17 | 12:14. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

En la postal de ayer mencionábamos diversos detalles de la vida de Jesús que dejan de ser enigmáticos si se aplica el trasfondo procurado por la hipótesis de que los romanos miraban a Jesús como un auténtico sedicioso. Otros detalles pueden ser:

· El que Jesús no predicara nunca en ciudades de importancia como Séforis o Tiberíades. He indicado repetidas veces que el motivo podría ser la idea de Jesús de que el reino de Dios solo está abierto a los pobres de espíritu, a aquellos que son igualmente pobres de verdad. Por tanto que Jesús podría pensar que la necesaria disposición de ánimo para recibir su mensaje podría esperarse solo de las gentes del campo, imposibilitadas por su pobreza misma para tener sus mentes dedicadas a las preocupaciones de la riqueza. Esto me parece cierto. Pero también es posible la posibilidad apuntada por el Prof. Bermejo de que Jesús “las evitó programáticamente… y no solo por ser ciudades helenísticas y gentiles porque en términos de indicadores religiosos y étnicos, la arqueología revela la gran continuidad entre las villas pequeñas de Galilea, como Cafarnaúm y Nazaret, y la ciudad de Séforis”.

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El secreto mesiánico y el Jesús sedicioso desde el punto de vista del Imperio Romano. Jesús y la resistencia antirromana (XXXIX)

16.02.17 | 08:42. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Argumenta F. Bermejo, en el artículo que comentamos (“Jesus and the Anti-Roman Resistance”), que es posible también explicar parte de la oscura cuestión denominada “secreto mesiánico” en el Evangelio de Marcos, si se acepta la hipótesis del Jesús sedicioso contra el Imperio. Amplío esta afirmación que no se desarrolla en su artículo.

El secreto mesiánico se refiere a la orden de Jesús de mantener oculta su condición de mesías hasta el momento de su resurrección. Por ello, casi cada vez que hace un milagro, normalmente de sanación, ordena Jesús al beneficiario que “No se lo diga a nadie”, que lo mantenga en secreto. Un ejemplo típico es Mc 1,40-44… y de su incumplimiento inmediato por el beneficiario:

“Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.» 41 Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.» 42 Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. 43 Le despidió al instante prohibiéndole severamente: 44 «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.» 45 Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia”

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Otros aspectos singulares de la vida de Jesús se explican también. Jesús y la resistencia antirromana (XXXVIII)

15.02.17 | 08:45. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

En el artículo que comentamos aclara el Prof. Bermejo que no solo múltiples aspectos de la pasión y muerte de Jesús se aclaran si tomamos como base la hipótesis de un Jesús sedicioso, sino también otros detalles en principio poco claros de la vida pública de Jesús y del comportamiento de sus discípulos. Desarrollaré este punto.

1. El primero es el sorprendente aviso del Maestro a sus discípulos respecto al grave peligro que corrían sus vidas si lo seguían:

“El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 10,38).

“Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 16,24-25)

¿Por qué escoge Jesús expresiones tan duras para manifestar las consecuencias del seguimiento a su persona y a sus propósitos? En la época de Jesús no era como es hoy, que pensamos que la cruz tiene un significado simbólico y significa los sacrificios diarios que impone la dureza de la vida a cada persona. Esta interpretación metafórica solo es posible cuando Lucas altera la frase de Jesús y la reinterpreta Lucas, unos cincuenta años después de la muerte de Jesús, cuando añade un “cada día” que cambia totalmente el sentido de la frase: “«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. No era así, sino que la cruz significaba solamente el suplicio al que condenaban los romanos a todo aquel que fuera un sedicioso para el Imperio.

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Sobre la separación de la religión y la política. Jesús y la resistencia antirromana (XXXVII)

14.02.17 | 08:41. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Deseo hoy añadir algunas precisiones complementarias, quizás importantes, a lo sostenido ayer.

Concluíamos que es razonable suponer que las autoridades judías intervinieron en el prendimiento y en la muerte de Jesús, ya que –siendo Jesús en realidad un sedicioso contra el Imperio, y por muy bien que los pudiera caer la figura de un nacionalista judío, muy religioso y leal a su religión– primaron los intereses políticos y probablemente… económicos. La cuestión planteable con más detalle es la siguiente: ¿Partió la iniciativa para actuar en contra de Jesús directamente de Pilato? ¿Se limitó el Prefecto a expresar el descontento con las condiciones del país respecto a la lealtad para con el Imperio y a insistir en que se hiciera algo al respecto por parte de las autoridades judía?

Una respuesta absoluta a esta pregunta no es posible. Pero sí lo es plantear un supuesto razonable partiendo del texto de Jn 11,47 – 50. Es posible que hubiera conversaciones previas entre Pilato y Caifás antes de realizarse la reunión informal de gran parte de los miembros del Sanedrín de la que da cuenta ese pasaje del Evangelio. Es posible que el Prefecto impulsara con ciertas amenazas, a Caifás para que este garantizara la lealtad a Roma por parte no solo de este Consejo, sino también del pueblo de Jerusalén. Esto explicaría por qué los Evangelios dicen que los jefes de los judíos azuzaban al pueblo de Jerusalén a que pidiere él mismo la 15,13-14: “La gente volvió a gritar: «¡Crucifícalo!». Pilato les decía: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaron con más fuerza: «Crucifícalo!»”.

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¿Quién fue el culpable en última instancia de la muerte de Jesús? Jesús y la resistencia antirromana (XXXVI)

13.02.17 | 08:34. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Otra de las preguntas que suelen formularse a propósito de la crucifixión de Jesús es “¿Quién fue en último término el causante de su muerte?”. La investigación confesional más antigua solía echar la culpa por entero a las autoridades judías y prestaban absoluta fe a lo que se desprende de la lectura rápida de los Evangelios: fueron los jefes de los judíos. Los romanos y su prefecto –que no habían intervenido en la purificación del Templo– actuaron como meros comparsas y no fueron culpables en el fondo. Pilato, aun persuadido de la inocencia de Jesús, lo condenó a muerte por complacer a las autoridades judías y al pueblo. Ni siquiera es lícito hablar de soborno, sino de una mera cesión por parte del Prefecto a las presiones de los judíos.

Este punto de vista es simplemente inverosímil. No cuadra con el modo de ser de Pilato tal como lo describen Flavio Josefo y Filón: sus actuaciones cuando provocó a los judíos introduciendo estandartes de las legiones con el busto del emperador; de su enfrentamiento con el sacerdocio y el pueblo por el empleo de dinero del tesoro del pueblo para construir un acueducto para Jerusalén; de su asesinato de miles de samaritanos al final de su mandato, por el cual fue destituido por Vitelio, y aprobado por Tiberio.

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Otros detalles de la Pasión encajan muy bien con la hipótesis de un Jesús sedicioso. Jesús y la resistencia antirromana (XXXV)

12.02.17 | 08:32. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

El artículo que estamos comentando de F. Bermejo se detiene aquí en la aclaración de indicios relativamente menores de la última semana de Jesús en Jerusalén que se explican también, según él, con suficiente claridad, si se admite la hipótesis del Jesús sedicioso contra los romanos.

El primero es la extraña frase de Mc 11,11:

“Y entró en Jerusalén, en el Templo, y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania”

Después de su “entrada” triunfal, que debió de ser mínima, que tuvo lugar fuera de las murallas (en realidad no entra en la ciudad triunfalmente), Jesús pasa las puertas de la ciudad y penetra en el Templo, lo observa todo detenidamente y se va. Al día siguiente, v. 15, tiene lugar la denominada purificación del Templo: “Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas”.

Esta acción doble puede interpretarse de dos maneras:

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No hay enigma alguno en la causa de la muerte de Jesús. Jesús y la resistencia antirromana (XXXIII)

10.02.17 | 09:05. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

La hipótesis de un Jesús sedicioso para el Imperio romano explica algunas de las cuestiones sobre la vida y la personalidad de Jesús que se plantean normalmente los exegetas, y sobre las que escriben miles de páginas… pienso que algunas inútiles. Así, en primer lugar, la hipótesis de un Jesús sedicioso explica con mucha sencillez la razón por la que Jesús fue condenado a muerte en cruz… y por los romanos, no directamente por los judíos.

Según el pensamiento del evangelista Marcos (14,61-64) Jesús fue condenado por blasfemia. Según Lucas, su condena fue un trágico error: un Jesús inocente y pacífico fue tenido por lo que no era, un Jesús subversivo (Lucas da a entender que las tres acusaciones formuladas contra Jesús en 23,1: “«Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey”) son en realidad falsas y que los testimonios de la testigos no coincidían. Es cierto que Jesús se declara “rey de los judíos” en el Evangelio de Lucas, pero de inmediato Pilato, el guardián del orden imperial, dice que “no halla en el ningún delito”. Eso significa que la realeza de Jesús –según Lucas– no ofendía al Imperio. Por tanto, era una relaza simplemente espiritual. En esa misma idea abunda el Evangelio de Juan (“Mi Reino no es de este mundo: Jn 18,36).

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La personalidad poliédrica de Jesús. Jesús y la resistencia antirromana (XXXI)

09.02.17 | 08:15. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

La presentación de ayer buscaba encuadrar a Jesús, y por tanto comprenderlo, dentro del ambiente de la piedad judía, ni mucho menos solo dentro de los estudios sociológicos o políticos de la sociedad judía del siglo I. La posición de Jesús se comprende mejor como una continuación de la vida y mentalidad de otros personajes de la historia de su religión, tal como Jesús habría leído y oído en la sinagoga. En realidad esa posición sediciosa contra el Imperio era una de las expresiones de la fe absoluta, y más acendrada. en Yahvé y en sus designios. Pienso que muchos del pueblo en Israel, aunque no se atrevieran a desafiar al poder de la cúpula religiosa del pueblo judío y al poder romano con la valentía con la que lo hacía a veces la predicación de Jesús, lo admiraría muchísimo. La investigación independiente resalta este aspecto: Jesús sería como un héroe del nacionalismo de las masas judías del siglo I… precisamente porque era un hombre religioso. Ello explica que hasta el momento mismo de su condena y según el Evangelio de Marcos, Jesús gozaba de la simpatía absoluta del pueblo:

“Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarle. Pues decían: «Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto del pueblo» (Mc 14,1-2).

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“Dios proveerá para la victoria”. Jesús y la resistencia antirromana (XXX)

08.02.17 | 08:05. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero:

Sigo con el tema de ayer en torno a la mentalidad de Jesús respecto a la batalla final que debía de constituir los momentos previos al Juicio y a la instauración del reino de Dios.

· Corroboro la idea ya expresada anteriormente: no andamos lejos de la verdad si pensamos que Jesús podría tener unas ideas muy parecidas sobre la ayuda decisiva de Dios. Escribe Hyam Maccoby en su obra “Revolución en Judea”:

“Probablemente Jesús tenía en mente el ejemplo de Gedeón... La salvación tendría un aspecto ciertamente militar pero los fieles no sería meros espectadores del milagro divino. (Colaborarían con él), pero la gloria de la victoria sería principalmente de Dios (p. 158). "Jesús... era un profeta apocalíptico convencido, que consideraba que la lucha contra Roma se ganaría en gran medida por un medio milagroso. Por ello no tuvo que hacer serios preparativos militares. Solamente sería necesaria en todo caso una mínima. Jesús no tenía la mentalidad de un Judas Macabeo, es decir que pretendiera expulsar a los romanos por la fuerza de las armas, como Judas había expulsado a los griegos. Este no sería su propósito ya que tal empresa conduciría a la fundación de una dinastía real pero terrena. Lo que pretendía Jesús era que se inaugurara el reino de Dios, lo que suponía una nueva época en la historia del mundo. Pero esta posición jesuánica que suponía un desprecio del militarismo fue convertida por la iglesia paganocristiana en una suerte de doctrina pacifista (pp. 172. -73). Estoy de acuerdo con esta posición.

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La batalla final. La participación humana. Jesús y la resistencia antirromana (XXVIII)

06.02.17 | 08:39. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Decíamos ayer que lo decisivo en la instauración del reino de Dios, según Jesús, era la intervención divina. Pero esto no suponía que él y sus discípulos pensaran que debían permanecer absolutamente inactivos a la espera de esa acción de Dios. No parece que sea esa la “atmósfera” que se deduce de la lectura de la lectura de los Evangelios. Al igual que los esenios que dibuja el “Rollo de la Guerra” de Qumrán (los piadosos colaborarían en la batalla final contra los Kittim –los romanos– junto con los ángeles), Jesús pensaría muy probablemente que la colaboración humana era necesaria para tal intervención. Y no solo la colaboración espiritual, la penitencia, el arrepentimiento, el llevar una vida de acuerdo con la ley de Moisés, sino también acciones materiales de preparación para la venida del Reino.

En qué grado esta colaboración suponía el uso de las armas contra quienes estaban impidiendo con su actitud la intervención divina no podemos saberlo con seguridad. Pero lo que sí es seguro que Jesús advirtió a sus discípulos de que ciertas acciones suyas podían acabar en la cruz (“Tome su cruz…”: Mc 8,34). Por tanto, a los ojos de las autoridades romanas esas acciones serían subversivas, en nada leves.

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Domingo, 19 de febrero

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