El blog de Antonio Piñero

El obispo administrador. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550). La Iglesia y el dinero (XI) (971)

18.02.18 | 08:13. Archivado en , CRISTIANISMO

Escribe Antonio Piñero

Foto: “El saco de Roma”: Las tropas de Alarico saquean Roma en el 410. “Saco” viene del italiano sacco = saqueo.

La quinta parte del libro de Peter Brown que estoy comentando, titulada justamente “Hacia otro mundo”, describe el inicio de un cambio irrevocable, cuyos primeros pasos se habían ido dando a todo lo largo y ancho del siglo V. El primer capítulo aborda el tema de “La riqueza y el conflicto en las iglesias del siglo VI”. La permanente incertidumbre respecto a la naturaleza exacta de la riqueza de la Iglesia seguía en todo su vigor en los inicios de este siglo. ¿Cómo habrían de relacionarse los obispos, monjes y clérigos con los bienes materiales acumulados a lo largo de los siglos IV y V? (p. 945).

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“Todos los bienes han de estar en manos de la Iglesia” La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550). La Iglesia y el dinero (X) (970)

15.02.18 | 10:45. Archivado en , CRISTIANISMO

Escribe Antonio Piñero

Otro personaje interesante para la historia de la riqueza de las iglesias de Occidente fue Salviano, oriundo quizás de la Germania inferior pero asentado en Marsella durante sesenta años (420-480). Su obra Sobre el gobierno de Dios (De gubernatione Dei) se ha revelado trascendental para conocer los males del Impero romano en el siglo V, obra que Brown interpreta con singular originalidad y maestría. Más en concreto, la pregunta planteada por Salviano, al considerar cómo habían prosperado los bienes de los monasterios, fue expuesta en otra obra, Ad Ecclesiam: ¿Qué hacer con esa riqueza? ¿Renunciar absolutamente a ella y dársela a los pobres, o bien entregársela a la Iglesia? La respuesta de Salviano era clara: todos los monjes (y también los clérigos) han de renunciar a todos los bienes y ponerlas en manos de la Iglesia como entidad superior. Y si no se hacía, la comunidad monástica iría contra la práctica del grupo primitivo de Jerusalén, según los Hechos de los apóstoles.

En esta obra, Salviano tampoco se preocupó por indagar el origen, bueno o malo, de la riqueza, ni atacó en absoluto a los laicos ricos, sino que impulsó fervientemente entre los ricos las donaciones a la Iglesia… con una idea original: animó a los laicos a testar in articulo mortis a favor de la Iglesia y no de su propia familia. No es de extrañar que la crítica moderna haya caracterizado el Ad Ecclesiam como un “manual del arte clerical de la extorsión, una guía para los cazadores de herencias” (p. 862).

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La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550). La Iglesia y el dinero (IX) (12-02-2018) (969)

12.02.18 | 09:06. Archivado en , CRISTIANISMO

Escribe Antonio Piñero
Foto: Portada de un libro con una cita de Próspero de Aquitania: “La muerte es la última línea de las cosas”

Hilario de Poitiers, el monje de Lerins designado obispo de Arlés, era un hombre santo, riguroso y honrado, de modo que con su actitud se separaba en realidad de la nobleza secular. Pero conservó los pies en la tierra. Respecto a las donaciones cambió un tanto el pensamiento de Agustín. Mientras este sostenía que la expiación generada por la limosna era solo válida para los pecadores aún vivos, Hilario defendió (añado que quizás con una idea ya clara de la existencia del purgatorio, concepto que empieza a tomar forma clara por esta época) que las donaciones servían también de expiación para los ya fallecidos. El antecesor de Hilario, Honorato, había apuntado ya la formidable idea de que “las plegarias en nombre de los muertos hacían que las donaciones terrenales fueran efectivas en el otro mundo… Enarbolando esta noción, “los monjes obispos supieron alcanzar un enorme éxito como recaudadores de fondos” (p. 837).

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“La historia de una tempestad perfecta”. La gran crisis de Occidente en el siglo V. La Iglesia y el dinero (VIII) (968)

08.02.18 | 08:25. Archivado en , CRISTIANISMO

Foto: Isla de Lerins hoy

Escribe Antonio Piñero

Seguimos con el libro de Peter Brown Por el ojo de una aguja La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550).

Llega ahora un momento muy interesante en nuestro libro: el espléndido resumen de Peter Brown de la gran crisis de Occidente en el siglo V, de la que nuestro autor comenta que puede narrarse con facilidad; es “la historia de una tempestad perfecta”. Hará bien el lector en disfrutarla atentamente, pues la síntesis es memorable (763-807). El rasgo más característico de esta crisis, en cuanto que orienta e impulsa directamente hacia la Edad Media, es la lenta pero descarada aparición del “faccionalismo”: cada uno por su lado en un “sálvese quien pueda”…, en un ambiente de guerra civil no debido directamente a las “invasiones” bárbaras, pues sus tropas habían sido en realidad solicitadas por los diversos caudillos locales. Brown señala como rasgo perdurante el que cada facción local que triunfaba siguió siendo “romana” frente al romanismo central…, que perduró en Occidente hasta el 476, momento en el que el último emperador, Rómulo Augústulo, se retiró sencillamente y dejó su trono al caudillo godo Odoacro*. Y al punto comenzó una disgregación más clara, que en realidad se había iniciado anteriormente; los acontecimientos ocurridos en la mayoría de las Galias, Hispania y África antes del 476 fueron en realidad “los primeros temblores localistas previos a la Caída” (p. 806).

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El pensamiento de san Agustín. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550). La Iglesia y el dinero (VII) (6-2-2018)

06.02.18 | 09:00. Archivado en , CRISTIANISMO

Escribe Antonio Piñero

Contra Pelagio y los donatistas tronaron los sermones de Agustín (quien pronunció unos seis mil durante su vida como obispo) sobre la riqueza, aunque Brown mismo confiesa que el cuidado de los pobres en sí no era un pensamiento dominante en su biografiado (p. 684), entre otras razones porque los pobres (pauperes) en las ciudades no eran todos indigentes, sino que constituían un grupo activo, de ningún modo homogéneo. El pobre no era el que no tenía dinero, sino el que carecía de seguridad. No tener en cuenta esta realidad distorsiona la visión histórica sobre la cuestión de la pobreza y la riqueza en la Iglesia, según Brown (p. 691).

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Las interesantes ideas de Pelagio, el monje britón, sobre la naturaleza humana. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550). La Iglesia y el dinero (VI) (966)

04.02.18 | 08:14. Archivado en

Foto: Pelagio

Escribe Antonio Piñero

Las ideas de Jerónimo sobre la riqueza son fáciles de sintetizar según Brown, pues abunda en nociones ya conocidas anteriormente. Jerónimo insistía básicamente en conceptos de los ascetas sirios, que conocía muy bien, y que se concretaban ante todo en una identificación total con la absoluta pobreza de Cristo; ello “implicaba un rotundo vaciamiento del yo social”, la más impresionante abyección que haya contemplado la historia humana (p. 542). Naturalmente a esta abyección se unía la idea de la superioridad de la continencia sexual sobre otras virtudes, y en general, de la virginidad sobre el matrimonio. Este no era un estado consagrado dentro de la Iglesia, pero la virginidad, sí.

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Roma y el papa Dámaso. La riqueza, la caída del Imperio y l a construcción del cristianismo en Occidente (350-550). La Iglesia y el dinero. (V) (965)

02.02.18 | 08:40. Archivado en , CRISTIANISMO

Escribe Antonio Piñero

La vida en el siglo IV y su impacto en la Iglesia no quedaría bien dibujada si el pintor no dirigiera su mirada hacia la capital del Imperio. Así lo hace Brown, y se detiene tranquilamente en Roma en los siguientes cuatro capítulos (15-18). En primer lugar, aborda la cuestión de los romanos ricos y la Iglesia, con su clero, desde la época de Constantino hasta la del papa Dámaso I (312-384); este fue el momento de la estancia en la capital de san Jerónimo. Este hecho tendría su trascendencia, ya que suscitó la cuestión del trasvase de riqueza –unida al mantenimiento de Jerónimo y otros personajes–, entre Roma y Jerusalén (pp. 495-585), que generará protestas en la iglesia local. Concentrarse en Roma, piensa Brown, es mirar de frente al paganismo del siglo IV; no era solo una ciudad extraordinaria por sus monumentos, los templos, el foro y adyacentes, sino también por el suburbium, que entonces tenía un significado radicalmente distinto al nuestro, pues era la residencia habitual de los ricos, quienes acomodados en sus lujosas villae huían del calor estival y de la malaria, que hacía verdaderamente su agosto entre las gentes hacinadas y pobres de la capital intramuros. En el siglo IV el centro de Roma era radicalmente pagano, pues la presencia cristiana en él resultaba insignificante (se calcula que había iglesias con capacidad solo para unas veinte mil personas). Entre los ricos del suburbium, sin embargo, la representación era más poderosa gracias a las dos basílicas fundadas por Constantino, la Vaticana y la Lateranense.

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