El blog de Antonio Piñero

La Iglesia y el dinero (III) (963)

28.01.18 | 08:14. Archivado en , CRISTIANISMO

Escribe Antonio Piñero

Seguimos con la reseña del libro de Peter Brown, Por el ojo de una aguja. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550)

Otro cambio se dio a finales del siglo IV e inicios del V cuando los ricos descubrieron finalmente que se estaba esperando de ellos que actuaran como donantes no solo de sus conciudadanos y de su ciudad, sino también de la Iglesia. Para comprender este paso, no fácil de valorar desde la mentalidad moderna, Brown sumerge al lector en un capítulo sobre el “amor cívico” de la época: “La riqueza y sus usos en el mundo antiguo” (pp. 140-176). El sentido de la riqueza entre los romanos estaba gobernado por un cierto “sentir común” entre las gentes (p. 141: atención aquí a la traducción, pues este sintagma se vierte por “el sentido común”, lo cual es algo muy diferente) que pivotaba sobre unas ideas sencillas: no era preciso indagar sobre el origen de la riqueza, sino hacer hincapié en unas necesarias relaciones asimétricas impuestas por la naturaleza misma de las cosas: “Se suponía que, en una ciudad, los ricos debían ser generosos y de buen corazón y los pobres de esa misma urbe, suplicantes y agradecidos” (p. 146).

Pero no se trataba de los “pobres” como se entiende hoy, es decir, los menesterosos, hoy sino los pobres entre los conciudadanos, normalmente libres, no esclavos. En el mundo antiguo se distinguía muy bien entre el populus o plebs (con todos los derechos) y los pobres, sin derecho alguno (pp. 170-177. Por ejemplo, “El populacho no exigía a gritos que el pobre recibiera también los subsidios”, (sino solo ellos, los ciudadanos). Los obispos cristianos desaprobaron esta actitud –que se denomina “evergetismo cívico”– porque no incluía en las donaciones a los pobres de todas clases (159-161), sino a unos pocos. Por otro lado, la donación tenía para el donante un aspecto de gloria y honor mundanos, de celebración popular de su personalidad, más perceptible aún cuando se financiaban “Juegos” y el donante era aclamado y jaleado por ello (pp. 165-180). Brown da cuerpo visible a estas concepciones cuando describe minuciosamente la riqueza de las clases elevadas de la Roma del siglo IV, ejemplificada en la figura del rico senador Quinto Aurelio Símaco, que vivió entre el 340-402 (pp. 215-266).

Los sermones de los grandes predicadores cristianos, como Agustín, clamaron contra este concepto pagano de la riqueza. En concreto bramaban contra el aborrecible “dispendio” de los Juegos, porque ese dinero se detraía de la Iglesia, la cual podría canalizarlo a paliar el hambre de los necesitados. Comenzaba así a dibujarse una competencia entre la Iglesia y la Ciudad terrenal (p. 181); Pero incluso a los ricos cristianos costaba distinguir entre la verdadera limosna y el derroche de los Juegos (p. 183); entonces los predicadores recordaban que la donación a los pobres era el altruismo perfecto, ya que no se esperaba recompensa alguna en la tierra. Esta insistencia correspondía a un cambio en la valoración social: si antes se distinguía entre ricos buenos y malos, entonces se empezaba a forjar la simple distinción entre ricos y pobres, unos con derechos; otros, sin ellos. Los primeros podían ser crueles e inhumanos, pero los segundos eran simplemente “hermanos”. Antes el pobre clamaba por su mera subsistencia; ahora el pobre exigía justicia, como en la teología del antiguo Israel, el derecho al reparto de los bienes de Dios producidos por la tierra. Antes se donaba para conseguir una honra terrenal; ahora se daba a los pobres para conseguir un honor celestial: la plebs antigua era ahora sustituida por el pueblo cristiano que tenía igualmente sus derechos, no a la annona por ejemplo, (el reparto de comida a la plebs romana a precios muy bajos, pero solo a los que eran ciudadanos romanos; no a los pobres indiscriminadamente), pero sí a la justicia (pp. 183-195).

Así pues, a finales del siglo IV existe ya, gracias a los sermones sobre la riqueza, una distinción clara entre la Ciudad (terrenal y pagana) y la Iglesia (celestial y cristiana) que era la única que defendía a todos los pobres. Hay en ello elementos sociales innovadores: una mutación de objetivos: por un lado, restablecer el derecho por medio de la limosna y la donación; por otro, evadirse del mundo y abrirse un camino al paraíso. Los ricos podían “comprar el cielo con los dones terrenales” (p. 199). El Dios misericordioso de los cristianos cancelaba las deudas de los pecados con los dones a los pobres; el cepillo que recogía las limosnas era la cuadriga que transportaba el dinero al cielo (p. 203). Un mero vaso de agua significaba tener un tesoro celestial (Mt 10,42). Así, entre el 370 y el 400 había surgido un sentido nuevo para la vetusta donación meramente cívica y terrenal (p. 205). Este nuevo sentido es ciertamente precursor de la Edad Media (p. 210).

Un par de capítulos vienen luego dedicados por nuestro autor a la figura de Ambrosio, nacido en Tréveris (Trier, Alemania, en el 339), pero famoso por haber sido elegido obispo de Milán en el 374, donde ejerció hasta su muerte en el 397. Ambrosio había sido gobernador antes que obispo y ha pasado a la historia como un hombre de iglesia autoritario que puso por primera vez de rodillas a todo en emperador, Teodosio I. Ambrosio supuso el fin de un cristianismo discreto (pp. 269-271). En lo que respecto al pueblo cristiano Ambrosio, muy dadivoso con los pobres, recibió a lo largo de su vida el apoyo de ese pueblo (los pobres como populus cristiano: p. 283) como si de un gobernador rico y secular se tratase.

Ambrosio fue el primero que compuso –a imitación del De officiis, “Sobre los deberes”, de Cicerón– el primer tratado sistemático sobre los deberes del clero, lo cual supuso un primer paso para su aburguesamiento. La tesis principal de su tratado es que la ausencia de avaricia y de riquezas al principio de la historia de la humanidad había sido una edad de oro, corrompida luego por el vicio. La corrección que suponía el cumplimiento del deber podía hacer que la humanidad volviese a su primer estado no adulterado aún por la avaricia y la ausencia de solidaridad. Y, a la vez, su tratado fomentaba la cohesión de la comunidad y del clero en torno al cumplimento de esos deberes, aunque muchos de ellos fueran simplemente cívicos. Al reflexionar sobre el cultivo y ejercicio de la humanitas y de la benevolencia natural podía hacer regresar a las gentes a la edad dorada, feliz y desegoísta (pp. 279-286).

Ambrosio meditaba igualmente sobre la propiedad y la solidaridad. La naturaleza por sí misma hacía tender al individuo no solo a poseer más y más, sino a compartir, ya que la natura es el origen de toda riqueza y esta es común, para todos. La comunidad humana, y más aún la cristiana, debía aspirar a recuperar la primitiva comunidad de bienes, la que fue una sociedad abierta a todos como la tierra indivisa. La bondad primitiva se recuperaba por medio de la donación, que no es otra cosa que el cumplimiento del deber cívico y social de la solidaridad. La limosna no es condescendencia; es devolver lo que originariamente pertenecía a todos; significa la alegría compartida de una tierra feliz. Aunque discurra por estos derroteros, el lector moderno debe entender que su tratado no significaba aún un programa de reforma social al estilo moderno, sino una nostalgia del pasado (pp. 287-294).

Seguiremos con el breve comentario a este excelente e ilustrativo libro

Saludos cordiales de Antonio Piñero

http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
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El jueves pasado, 25 de enero 2018, di una conferencia en el salón de actos de la Biblioteca Municipal de Verín (Orense). Es una institución benemérita y más que una Biblioteca… Sus bibliotecarios, Vicente y Aurora, son los auténticos agitadores culturales de esa villa, y organizan múltiples eventos, como Taller de lectura, Taller de escritura, Conferencias, Minicongresos. Por ejemplo, en mayo de este año 2018, habrá un Congreso en torno a la “Novela histórica” (género literario absurdamente ignorado en los su plementos culturales de los periódicos) en la que participarán Javier Sierra, José Calvo Poyato y José Luis Corral. Nada mal para una villa que tiene unos 14.000 habitantes.

Por si a alguien le interesa, mi conferencia sobre “Los Manuscritos del mar Muerto y los orígenes del cristianismo está subida a Internet. Fue presentada por Manuel Mandianes, antropólogo, del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), hombre ilustre y apreciado en la zona. Po cierto, El Dr. Mandianes tiene un Blog en Religión Digital que lleva el título “El antropólogo nihilista”
El enlace a la conferencia es el siguiente:

https://www.youtube.com/watch?v=asmISdlw0Uk

Saludos de nuevo


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Comentarios
  • Comentario por FERNANDOP 02.02.18 | 23:45

    pues claro que en nombre de Dios se han cometido las mayores aberraciones, y en nombre del socialismo se han perpetrado en Rusia crímenes en masa, y en la única bomba atómica lanzada se hizo masacrando mujeres, ancianos y niños en nombre de la democracia y los derechos humanos, como se arrasa Iraq o Libia...

    No hablábamos de todo eso. Escribía acerca del mensaje de igualdad y respeto por todos los seres humanos que recoge el evangelio, todo un canto a la dignidad humana. Y como fue decisivo para erradicar la esclavitud como sistema social en Roma

  • Comentario por Manuel 01.02.18 | 20:54

    En efecto, la esclavitud renació en plena Era colonial y de formación de los modernos imperios europeos. Y las principales autoridades cristianas no se opusieron en absoluto. Todo lo contrario. Los obispos argentinos seguían teniendo esclavos cuando los movimientos humanistas laicos, y los pensadores ilustrados y racionalistas en general, llevaban décadas oponiéndose a ello. Frente a los laicos, estaban los principales predicadores de América. La excepción cristiana eran los cuáqueros. Una gota en el océano.
    Frente a las razones humanísticas se presentaban defensas del esclavismo basadas en razones "bíblicas" y "cristianas".
    En realidad, el humanismo tiene bases bastantes más amplias. En el estoicismo, el movimiento cínico... Lo tuvo en China en diversos movimientos. Lo tuvo en Roma, desde tiempos de la república, lo tuvo en el Renacimiento europeo y en la Ilustración. Creció, precisamente, contra su adversario, el dogmatismo, la opresión, la represión, el poder cerril...

  • Comentario por David Mo 01.02.18 | 07:35

    Pues muy decisivo no fue cuando duró la esclavitud durante unos cuántos siglos, bendecida incluso por algún Papa, y sólo se acabó con la revolución industrial. Los que fueron relativamente decisivos fueron los Derechos Humanos en sus distintas versiones, que fueron considerados por la Iglesia como la manifestación del demonio en persona. Así que no se pongan medallas que no les corresponden.

  • Comentario por FERNANDOP 31.01.18 | 23:42

    David, David:
    Aunque el cristianismo acabo en perfecta simbiosis con el poder sin duda pocos dudan que fue decisivo para acabar con la esclavitud.
    La igualdad entre todos los seres humanos atraviesa los evangelios, se desprende una noción del ser humano valioso por el hecho mismo de serlo, con independencia de sus riquezas,sexo, edad... al respecto Jesús practica una suerte de discriminación positiva (que se diría ahora) y no duda en otorgarle toda la dignidad a niños, enfermos,prostitutas (la diferencia entre un leproso, una prostituta y un esclavo no era muy significativa David)
    El propio Pablo, ya que lo cita usted, tenía muy claro que Dios no hace acepción de personas, frase que reproduce como si se tratara de un dogma repetido por los cristianos.

  • Comentario por David Mo 31.01.18 | 11:39

    ¿Consta que Jesús hablara para los esclavos y tuviera discípulos esclavos? El igualitarismo de Jesús no existe. Existe la compasión hacia ciertos grupos desfavorecidos de la sociedad, que es otra cosa. Y eso no se lo inventa Jesús. Ya se encargó Pablo de aclarar que la igualdad -relativa- para el otro mundo.
    La noción de iguales derechos sólo se abre paso con la revolución burguesa del siglo XVIII. La noción de igualdad material, sólo con la revolución obrera del XIX. Aclaremos conceptos.
    Nota: La igualdad puramente conceptual entre todos, repito todos los seres humanos se da muy pocas veces antes y de manera episódica. Por ejemplo, en Antifonte, y con bastante reservas.

  • Comentario por FERNANDOP 29.01.18 | 17:20

    El influjo del cristianismo puso la base para una concepción del ser humano mas profunda e igualitaria.Sin el cristianismo difícilmente tendríamos nuestra sociedad actual Tergiversada, manipulada,ignorada, está ahí, en unos evangelios ocultos al pueblo bajo el velo del latín. Es la semilla que sembró Jesús.

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