El blog de Antonio Piñero

“La resurrección. De hombre a Dios” (938)

20.11.17 | 11:11. Archivado en Jesús histórico,

Escribe Antonio Piñero

Este es el título de la obra que deseo comentar hoy. Su autor es Javier Alonso López, Arzalia Ediciones, Madrid, 20017. ISBN: 978-84-17241-02-5, 193 pp., con imágenes y bibliografía. Prólogo de Antonio Piñero. Sobre Javier Alonso he escrito en el Prólogo:

“No conozco a ningún autor de lengua española que sepa mezclar de mejor manera la información estrictamente científica con la amenidad y el entretenimiento cuando trata temas históricos. Y no es nada fácil, porque las mentes acostumbradas a la investigación técnica de la arqueología y de la historia sufren a menudo de una incómoda deformación profesional, que se muestra en que –cuando intentan componer un libro sobre lo que han investigado con la intención de alcanzar al gran público–, la exposición por escrito se muestra seca, árida, confusa y cansina para el lector. Y a otros les ocurre lo contrario: se pasan al bando opuesto, como un péndulo desbocado: sus obras son tan triviales que la información ofrecida al público es muy escasa, parca, incompleta. Javier Alonso muestra la justa medida entre los dos extremos: pura ciencia y puro divertimento”.

El autor se pregunta: ¿Qué creencias había sobre el más allá en tiempos de Jesús? ¿Dónde fue enterrado? ¿Cómo era su tumba? ¿Hubo testigos de su entierro? ¿Robaron el cuerpo los discípulos de Jesús? O ¿lo hicieron desaparecer sus enemigos del Sanedrín? ¿Pudo haber sido bajado de la cruz todavía vivo? Como puede verse, los temas son centrales y vitales para comprender el cristianismo.

Entre la muerte de Jesús de Nazaret y el primer testimonio escrito sobre la resurrección, la primera carta de Pablo a los Tesalonicenses, compuesta en el 51 d. C., transcurren solo unos veinte años, pero en ellos se genera uno de los procesos más sorprendentes –por su enorme repercusión– de la historia de la humanidad: el nacimiento de la creencia de que un muerto en una cruz romana había resucitado. Ahora bien, como desde el punto de vista de la historia científica parece imposible que un ser humano resucite, o si eso ocurre, la certificación y valoración de ese hecho sobrepasa la tarea del historiador, el autor de este libro considera que puede ser interesante para un lector de hoy reunir e intentar descifrar la maraña de informaciones dispersas contenidas en las fuentes cristianas, sobre todo los Evangelios. Pero lo sugerente de este libro, en mi opinión, es que el autor trata la cuestión como si fuera un complicado caso histórico-policial reciente que debe estudiarse-investigarse y resolverse.

El autor repasa las principales teorías o hipótesis existentes entre científicos y aficionados a la historia sobre la resurrección en sí y en concreto la de Jesús, para ofrecer una convincente visión de conjunto que ayude a centrar el caso y procure aclararlo en lo posible. La cuestión es básica para quien vive en una cultura cristiana: san Pablo dejó escrito en su primera Carta a los corintios una sentencia memorable: “Si Cristo no resucitó, vana en nuestra fe” (15,17). La resurrección de Jesús, o mejor, la firme creencia en ella por parte de unos seguidores, al principio decepcionados por la cruel e infamante muerte de su Maestro, es fundamental para el nacimiento y desarrollo de la religión cristiana. Es en verdad la primera piedra de la construcción de una teología que con el tiempo será como una gran catedral del pensamiento, la teología del cristianismo. Y el honor de ser el fundamento y la base de ella se la lleva la creencia en que Jesús no había muerto del todo. ¡Jesús vive entre nosotros!, exclamaban los primeros cristianos, absolutamente convencidos. Y para defender esta verdad estaban dispuestos a morir. Así que este libro toca el punto nuclear de los inicios de la religión más importante de mundo occidental, que desde ahí se ha extendido con más o menos éxito por los cuatro puntos cardinales.

Una visita al índice del libro ilustrará mejor que cualquier otra cosa el contenido del libro.

La primera parte aborda el entorno mental de la creencia entre los cristianos de la resurrección de su Maestro: ¿qué pensaban los judíos coetáneos de Jesús sobre la resurrección? Y en segundo lugar, ¿cuáles eran las concepciones sobre la resurrección entre los vecinos de los judíos, griegos y romanos, que son los que más afectan al ambiente cultural religioso del Israel del siglo I?

La segunda parte aborda directamente la cuestión de la resurrección de Jesús:

1. Los testimonios escritos sobre esa resurrección.

2. La resurrección en las cartas de Pablo (tema importante, aunque no lo parezca para algunos, pues éste escribió sus cartas antes de que los evangelistas compusieran sus obras y se cree con toda razón que el pensamiento del Apóstol influyó mucho en las ideas de los evangelistas…y en especial sobre el significado de la muerte y resurrección de Jesús.

3. Cómo se describe el entierro de Jesús en los Evangelios: cómo fue en realidad. ¿Se hizo en una tumba especial y magnífica? O ¿fue en una fosa común? La destinada a los malhechores, según el Imperio que lo había condenado y las autoridades judías que habían coadyuvado?

4. ¿Cómo describen los evangelistas la resurrección de Jesús?, a saber, los tres evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas)? El caso especial del Evangelio de Juan, que va por su cuenta en notables ocasiones.

5. Preguntas que se suscitan en la mente de los lectores de hoy que leen con atención los Evangelios. El principio general es: hay muchas preguntas y pocas respuestas que puedan considerarse ciertas.

· La explicación de la tumba vacía

· ¿Robaron los discípulos el cuerpo de Jesús?

· ¿Robaron otros, por cualquier motivo, el cuerpo de Jesús?

· ¿Se equivocaron las mujeres de tumba cuando fueron a ungir el cadáver de Jesús?

· Otros tipos de respuestas que no están en los Evangelios: ¿Sobrevivió Jesús al suplicio de la cruz?

Y por último, las apariciones de Jesús y sus posibles explicaciones

6. La parte sexta es básica: Una hipótesis para explicar los datos que aparecen en los Evangelios, sobre todo la resurrección de Jesús: ¿Se puede reconstruir el rompecabezas?

El punto de partida de esta hipótesis explicativa está en el hecho de que no se encontró el cadáver de Jesús. Por tanto, se abren diversas vías de explicación. El autor estudia más en concreto el precedente ideológico de la creencia previa en la posibilidad de la creencia en la resurrección entre los discípulos de Jesús, y cómo pudieron pensar

A) Que el caso de su Maestro era extraordinario;

B) Que existían textos de su Escritura sagrada, la Biblia hebrea, que anunciaban que una cosa así, una resurrección especial, podría acontecer;

C) Cómo puede explicarse el hecho de la tumba vacía, y qué deducciones extrajeron de ella los seguidores de Jesús.

D) Cómo se explican las apariciones de Jesús; la función de las mujeres del entorno del Nazareno a la hora de plasmar esta creencia y su difusión entre los discípulos varones.

E) La ascensión de Jesús y sus posibles explicaciones.

La conclusión del libro sirve de síntesis de la hipótesis que explica la creencia en la resurrección de Jesús, su surgimiento, los efectos que tuvo esta y la fundamentación del cristianismo sobre la firmísima idea de que Jesús había muerto ciertamente, pero había sido luego vindicado por Dios exaltándolo a los cielos.

El libro concluye con un breve, pero muy sugestivo, “Epílogo” de Nacho Ares, el conocido egiptólogo y divulgador de la historia en su programa de radio “Ser Historia”. Este programa tiene una audiencia de cerca de 500.000 oyentes, certificados por los contadores electrónicos que numeran las visitas de las reproducciones de sus programas cuando son visitados en Internet. Nacho Ares reflexiona brevemente sobre lo que significa la resurrección de Jesús, sin plantearse su historicidad. Y lo hace desde el punto de vista de un cristiano cultural: todos vivimos en un ambiente de creencias cristianas que nos proporciona una forma de pensar, de vivir, de observar e interpretar la realidad que es muy diferente de la de un budista por ejemplo. Y la resurrección significa mucho quiérase o no.

El libro de Javier Alonso me ha gustado mucho. Por ello haré algunos comentarios aún más personales el próximo día, y me atreveré a dar una valoración más concreta de él.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.ciudadanojesus.com


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Comentarios
  • Comentario por GIORDANO BRUNO 22.11.17 | 22:51

    Pues yo no creo en la resurrección tal como se entiende el cristianismo. Jesús era un hombre, y como tal muere cuando es crucificado. Y la muerte no es un ente del que se pueda decir, como lo hace Saulo el converso (Donde está muerte tu triunfo?. Esa personalización es un apaño. La muerte es simplemente la llave que abre la puerta al espíritu que ha habitado en el cuerpo.La muerte entonces es como la pauta a la otra vida, pero más allá del tiempo y el espacio. Está claro que el cuerpo vuelve a la tierra, al polvo, para formar nuevas vidas en el espacio y el tiempo.¿No es cierto que la materia no se destruye, únicamente se transforma?. La gente suele replicar: ¿y porque no viene o vuelve nadie a contarlo?. Sencillo: necesita un cuerpo para el espacio y el tiempo...¿Es posible una regresión uterina al seno materno?. Tampoco. ¿Cual es es seno materno del espíritu?. Su Creador. Vidas como la de Jesus dejó la semilla del Padre, Hoy yo añado y de la Madre. Eso es LO ABSOLUTO.

  • Comentario por observador 22.11.17 | 19:47

    Muy interesante el comentario de Xabier, desde el pdv de variar las hipótesis sobre los hechos.

    Aunque en realidad lo mismo daría una cosa que la otra (tumba común o tumba privada) a efectos de la resurrección, que no es la revivificación de un cadáver, como ha señalado en diversas ocasiones galetel.

  • Comentario por observador 22.11.17 | 19:43

    sorry: y encontrar apetecible la vida en Dios, no rechazándola. Había un no de más.

  • Comentario por observador 22.11.17 | 19:41

    Sé que mi buena voluntad me va a acarrear un poquito de lo de siempre, pero allá va mi opinión:
    No es q nadie escoja conscientemente la infelicidad eterna, considerándola infelicidad eterna, es que existen las incompatibilidades y si "dios" le parece un tirano insoportable (que además es un duende inexistente) no creo que la vida en "dios" le parezca una opción, por lo que voluntariamente se puede escoger rechazarlo. Lo que no sé es si se dará en la práctica esto que es posible en teoría. Espero q no, puesto q considero q quien crea en una serie de valores que en el cristianismo definen a Dios: Bien, Amor, Verdad etc, aunque oficialmente no crea en Dios puede acabar descubriendo que sí creía en Dios sin saberlo y no encontrar apetecible la vida en Dios, no rechazándola.

  • Comentario por Elías 22.11.17 | 16:10

    A mi me interesaría saber quién va a escoger el tiempo de infelicidad eterna y por qué. Aqui hay gato encerrado.
    Y como hay gente "pa tó" a mí me parecen incoherentes sus especulaciones sr galetel, empezando pos las bases de su coherencia/incoherencia.

  • Comentario por galetel 22.11.17 | 11:12

    la Parusía es el inicio del nuevo tiempo eterno de felicidad plena para todas las creaturas que lo acepten.
    (Mucho se puede especular coherentemente; pero las especulaciones que resulten ser incoherentes, hay que rechazarlas. Las coherentes, se pueden abrazar o no, a criterio de cada cual.)

  • Comentario por galetel 22.11.17 | 11:08

    Desde el punto de vista de los vivos, hay ciertamente un “tiempo intermedio” entre cualquier momento actual y el momento de la Parusía (resurrección general manifiesta). Pero ¿qué pasa desde “el punto de vista de los muertos”? ¿Quién lo sabe? Probablemente, hay otro transcurrir del tiempo para los muertos que resuciten, o incluso es posible que no haya ningún “tiempo intermedio” en absoluto. Para la ciencia actual, no tiene sentido una vida sin cuerpo, una consciencia sin algún soporte físico que la genere, la mantenga y la sostenga. Y, para nosotros, todo posible soporte físico requiere de un tiempo, una clase de tiempo en que esa vida pueda desenvolverse dinámicamente, aun estando liberada de todo mal. Posiblemente al final del Proceso creativo se inicie un Mundo Renovado, sin creación, que abarque por lo menos todo el cosmos, o todo un nuevo cosmos. Hay un “otro mundo”, pero “está en este”, probablemente. Allí ocurre la Parusía; o, mejor dicho, la Parusía es el inicio del nuevo tiem

  • Comentario por Xabier 22.11.17 | 10:38

    Perdonadme si hago un spoiler. Una cosa interesante que he aprendido de Javier Alonso es que hay un texto judío del s. I que cita a un tal José de Arimatea como miembro de un tribunal inferior judío (Beth Din) encargado de tratar los cuerpos de los ejecutados para darles un entierro digno, aunque en una fosa común.

    Entonces, hay dos posibilidades: que Jesús fuese enterrado en una fosa común y que los evangelistas embellecieran su entierro y cristianizaran a José de Arimatea o, en segundo lugar, que se diese la coincidencia de que José de Arimatea fuese discípulo o amigo de Jesús y colocase el cuerpo en su tumba.

  • Comentario por Manuel 22.11.17 | 10:28

    Los dioses salvadores que mueren y resucitan existían desde antes de Jesús. También los héroes salvadores y los dioses o semidioses que descendían al inframundo (o a los infiernos).

    Pablo tiene visiones místicas años después de la supuesta resurrección (y de la ascensión que Pablo desconoce), visiones que sólo son más tardías en el tiempo -que no de diferente naturaleza- que la de sus precursores. Visiones y contactos que le aseguran la inminencia de la Venida en aquel mismo tiempo, para un encuentro en el cielo con sus seguidores (muchos de su propia generación aún vivos).

    Pasadas dos décadas de las cartas de Pablo tenemos un evangelio biográfico, el de Marcos en el que se anuncia la existencia de una tumba vacía y su mantenimiento en secreto por las mujeres que fueron testigos de la aparición de un hombre vestido de blanco que les anuncia que ha resucitado. Pero no lo ven resucitado y guardan el secreto.
    Pablo aseguraba que 500 hermanos lo vieron. Marc...

  • Comentario por galetel 21.11.17 | 22:27

    Una verdadera “resurrección/exaltación” es corporal, pero no ocurre en esta realidad que conocemos sino en otra completamente diferente, que sin embargo es renovación de esta.

    El cuerpo resucitado es renovación del cuerpo antiguo, pero no es igual al cuerpo antiguo ni tiene nada que ver con el cadáver.

    La revelación de ella es una adaptación de la verdad revelada a la medida de la capacidad de comprensión de sus receptores destinatarios;

    porque las realidades resucitadas no pueden explicarse ni percibirse en términos de las realidades actuales; son inefables e imperceptibles en términos de esta realidad.

    Queda demostrado en los relatos maravillosos de los evangelios, que son analógicos; verdaderos sólo en el sentido metafórico y catequético, que es el único sentido posible para relatar algo así.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 21.11.17 | 22:23

    ....pero no una opción o apuesta enel vacío, basada meramente en la pura subjetividad, sino basada en plausibilidaes racionales, por ejemplo, o también en razones de belleza y riqueza para la vida de un determinado discurso así como en su propia coherencia interna. Todo esto cabe decir del discurso cristiano en el que, pues de la Resurrección hablamos, ésta no aparecería como un simple maravillosismo sin más ni más, como una especie de truco de magia por parte de Dios, sino como acontecer pleno de significación y sentido.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 21.11.17 | 22:14

    La Resurrección como hechohistórico certificable e indubitable ni puede , ni debe, ser tenida por tal, su condicióna este respecto queda reservadaalcampodelo indemostrablee indecidible, bien que en ambos sentidos, tampoco puede ser negada de plano en función de su indemostrabilidad en términos de historiografía científica, ello no deja de representar una imposición dogmática ideológica que niega todo cuanto desde sus axiomas no pued abarcar.

    Sucede, racional y objetivamente hablando, que hay no pocos aspectos clave de la génesis y desarrollo del fenómeno cristiano que no hallan fácil explicación si se prescinde del acontecimiento que denominamos Resurrección, por más que desde una mentalidad positivista se ofrezcan variadas alternativas de explicación que en suma dejan muchos cabos sueltos ynoresultan definitivamente clarificadoras y concluyentes.

    Todo creer supone, en efecto, una opción y una apuesta, la fe en Dios o enla Resurrección, pongamos por caso,...

  • Comentario por mynorte 21.11.17 | 13:06

    Por mucho que arañemos en las capas de la historia no podremos dar una respuesta racional a la resurrección de Cristo Jesús. O se cree o no se cree. La fe es una opción personal que supone escapar de la esclavitud del 2+2 para entrar en la absoluta libertad a la que todos estamos llamados. Es obligatorio bajarse del lomo de la soberbia y caminar con las sandalias de la humildad para aceptar la resurrección. Acto individual de decisión que compete a cada uno.

  • Comentario por galetel 20.11.17 | 11:57

    Nadie en su sano juicio deduce que una persona cuyo cadáver no se encuentra, ha resucitado. Ni fue ese el argumento de los testigos según el NT. El argumento fueron las apariciones a los conocedores íntimos de Jesús. Y el punto de partida para deducirlo nosotros está en la expresión aramea “marana tha” citada por Pablo, sin traducción ni explicación, al final de su primera carta a los corintios. Sin deducirlo de aquí, y completarlo con el himno prepaulino de Filipenses (2, 6-11), no se debe intentar interpretarlo de los evangelios. Tiene que haber coherencia básica con el testimonio más antiguo.

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