El blog de Antonio Piñero

Augusto, dios manifestado en la tierra, salvador del universo (III) (932)

06.11.17 | 07:10. Archivado en , CRISTIANISMO

Escribe Antonio Piñero

Sigo con el artículo de Sabino Perea, del libro de Signifer, “Ideología y Religión en el mundo romano” sobre inscripciones que alaban a Augusto como benefactor, protector, aportador dela paz universal. El siguiente texto interesante es una inscripción de Halicarnaso, la actual Bodrum (turco por Petrum, porque había allí una capilla dedicada a san Pedro). Dice así:

(líneas 2-14) La naturaleza eterna e inmortal del universo ha perfeccionado sus inmensos beneficios
a la humanidad otorgándonos un beneficio supremo para nuestra felicidad y
bienestar: César Augusto, Padre de su propia Patria, la divina Roma, Zeus Paterno y
Salvador de toda la raza humana, en quien la Providencia no sólo ha cumplido, sino que
ha sobrepasado las plegarias de todos los hombres. Mar y tierra están en paz, las ciudades
florecen bajo el imperio de la ley en mutua armonía y prosperidad. Todos están en la
cumbre de la fortuna y abundan en riquezas. La humanidad entera está llena de alegres
esperanzas para el futuro y contenta por el presente: Por ello, [es conveniente honrar al
dios] con juegos públicos y con estatuas, con sacrificios e himnos.

El texto siguiente es de la ciudad de Mira, situada en una bahía al sur de la antigua Licia y dice así:

Al dios Augusto, hijo del dios
César, imperator de la tierra
y del mar, benefactor
y salvador de absolutamente todo
el mundo, el pueblo de Myra.

Comenta el Dr. Perea:

«Los textos epigráficos de Asia proclaman la divinidad de Augusto sin ambages. Y se dirigen a él no con el frío formulismo epigráfico de las inscripciones del Occidente romano, sino con la exuberante verbosidad de la literatura laudatoria griega, estableciendo mediantes las palabras ―y los hechos, las leyes― unοs juramentοs sagrados de fidelidad a la persona del príncipe-dios. Es un concepto que no debe de extrañarnos, pues lo encontramos también en la poesía. O si no, veamos el juramento que hace el poeta Ovidio dirigiéndose al princeps, desde el exilio, en Tristias II, 53-60:

»Juro por el mar, por las tierras, por las divinidades de los tres mundos, por ti, dios
protector y visible (per mare, per terras, per tertia numina iuro, per te praesentem
conspicuumque deum), que mi ánimo ha sido siempre favorable a ti, el más grande de
los hombres, y que con mi mente, que es con lo único que pude, fui siempre tuyo. Yo
he deseado que tu ingreso en los astros celestes fuera tardío y formé una mínima parte
de la muchedumbre que hacía esta misma súplica; por ti ofrecí piadosamente incienso
y, formando un todo con los demás, yo mismo también secundé los votos públicos con
los míos.

»Las palabras de Ovidio en este fragmento, puesto en primera persona son impresionantes: tras un juramento, le muestra respeto, sumisión («fui siempre tuyo», asegura) y devoción, pues hace ofrendas y secunda votos públicos en honor del emperador. Esta idea de la sumisión al hombre divinizado se percibe todavía más rotundamente en un texto de Gangra, antigua Neapolis, en Paflagonia. La inscripción, verdaderamente excepcional, transmite la prestación de un juramento, mezcla de la fórmula de juramento civil helenístico y el sacramentum militar romano occidental. A los españoles el texto siguiente nos recordará la práctica de la devotio impropiamente llamada «ibérica». El documento se data el 6 de marzo (ἔτους τρίτου, π[ροτέραι] νωνῶν Μαρτίων) del año 6 a.C., «siendo Augusto, hijo del divinizado César, cónsul por XII vez (Αὐτοκράτορος Καίσ[αρος] θεοῦ υἱοῦ Σεβαστοῦ ὑπατεύ[σαντος τὸ] δωδέκατον)».

Dice así:

Juro por Zeus, por la Tierra, por el Sol, por todos los dioses y las diosas y también por
el mismo Augusto, que durante toda mi vida seré leal a César Augusto, a sus hijos y
descendientes de palabra, de obra y de sentimiento, porque consideraré mis amigos a los
que él considere amigos, y enemigos míos a los que él considere enemigos; y que por su
causa no ahorraré ni mi integridad corporal ni mi vida ni mi fortuna ni mis hijos, sino que,
para cumplir las obligaciones sobre ellos recaídas, asumiré sobre mí cualquier peligro; y
que si yo advirtiera u oyera que contra él se dice, planea o hace algo, lo denunciaré y me
convertiré en enemigo del que tal dice, planea o hace; y que a aquellos que se consideren
enemigos suyos los perseguiré y castigaré por tierra y mar con armas y espada. Y si yo
hago algo que vaya contra este juramento o no esté de acuerdo con las obligaciones que
de él derivan, pido la ruina y la aniquilación plena para mi persona, calamidad para mi
integridad corporal y la de toda mi familia hasta el día de mi muerte y la de mis hijos,
y que ni el mar ni la tierra acojan los cuerpos de los míos ni de mis descendientes ni les
den sus frutos.

«Esta conducta de reverencia hacia el emperador divino se hace a nivel privado (texto de
Gangra) y también a nivel público (político)».

Creo que sobra casi todo comentario. Un hombre considerado dios. Una atmósfera espiritual preparada para recibir la predicación de Pablo. Y en Egipto pasaba igual: lo que se proclamaba del monarca, el faraón, como encarnación de Horus en la tierra (el faraón es humano y divino a la vez), y el pueblo seguía teniendo presente en época de la conquista romana, con Julio César, fue aplicado sin más a Jesús como Cristo. Sólo había que cambiar el nombre de faraón – rey y sustituirlo por el de Jesús, Cristo.

Es de agradecer al Dr. Perea el que nos recuerde estos textos impresionantes que son inmediatamente anteriores a la era cristiana.

Concluiremos enseguida. Saludos cordiales de Antonio Piñero

www.ciudadanojesus.com


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Comentarios
  • Comentario por Héctor 10.11.17 | 03:10

    Cabe una reflexión según estos versículos para contrastar la identidad de Jesús con respecto a los hombres y su alter ego (Filipenses 2:6) el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, (Filipenses 2:7) sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; (Filipenses 2:8) y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
    "El hombre quiso ser como Dios para su perdición, mas Dios se hizo como hombre para nuestra salvación..."


  • Comentario por galetel 08.11.17 | 11:18

    Lo que pueda deducirse como consecuencia del doble mandamiento del Amor, es útil para realizar la voluntad de Dios, obedeciendo por Amor. Y lo que no pueda deducirse de ahí, es superfluo. En esto consiste la preparación y la colaboración necesarias para conseguir la GCU futura; y lo muchísimo que falte para la Parusía lo pondrá Dios directamente al final del Proceso creativo.

  • Comentario por galetel 08.11.17 | 11:05

    Romanos 13,
    8 Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
    9 En efecto, lo de ‘No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás’,y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
    10 La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud.

  • Comentario por galetel 07.11.17 | 14:13

    El dilema era si el universalismo cristiano exigía que todo el universo humano cumpliera la Ley judía completa, o bastaba con el doble mandamiento del Amor-agape, con sus consecuencias.

  • Comentario por galetel 07.11.17 | 14:01

    Desde luego, la interpretación más explícitamente universalista es la prepaulina, en el HF. Corresponde al universalismo de Dn 7:

    A él se le dio imperio, honor y reino -> de manera que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo y en la tierra y en los abismos
    y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron -> y toda lengua proclame que Jesús Cristo es Señor.

    No es de extrañar entonces que los líderes judeocristianos, que probablemente también cantaban ese himno compuesto por sus conversos helenistas, estuvieran luego de acuerdo con el universalismo de Pablo.

  • Comentario por galetel 06.11.17 | 17:53

    Estoy totalmente de acuerdo con Observador. Eso que indica es, en buena parte, lo que los evangelistas enseñaron acerca de cómo había sido Jesús, recogiendo tradiciones antiguas que se habían conservado en la memoria de algunos y añadiendo ellos sus propias reflexiones. Así podemos deducirlo de los evangelios, y así lo deduzco yo. Sin embargo, hay otros lectores que, como hemos visto, deducen otra cosa muy diferente. Es que caben varias interpretaciones. Por eso es fundamental disponer de un criterio básico de coherencia para distinguir cuál es la interpretación correcta, es decir, la que hicieron los primeros cristianos y sus conversos, en la que creían los evangelistas.

  • Comentario por observador 06.11.17 | 17:37

    El césar es todo lo contrario al novedoso Jesús, el césar es lo de siempre, el endiosiamiento del poder, nada nuevo. Que les pregunten a los faraones de Egipto.
    Jesús transmite la palabra de Dios, la buena noticia, en favor de todas las víctimas de este mundo, invitando a una renovación de la mente en donde los valores de los poderosos quedan destronados por los valores del reino de Dios en un mundo nuevo.

  • Comentario por observador 06.11.17 | 17:27

    De sobra sabemos que el poder se autodiviniza y exige sumisión, eso no es nuevo ahora ni lo era en el siglo I.
    Lo que es nuevo es el mensaje de Jesús, un revulsivo contra el poder, que vuelve del revés la escala de falsos "valores", como se ve en sus enseñanzas recogidas en los evangelios. Habla en nombre de Dios precisamente para condenar la idolatría de la falsa divinización de los poderosos y la divinización de los poderes de este mundo. Muestra los valores del reinado de Dios como oposición a los contravalores de los que idolatran el poder y el dinero.
    Jesús habla en nombre de Dios, y tras la experiencia de la resurrección -lo q fuera- sus discípulos lo consideran el mesías daniélico con la misión divina de traer los valores del reino de Dios, frente a los falsos valores y la soberbia de los poderosos, y aún +, como la misma Palabra de Dios, la Sabiduría divina hecha humanidad.
    No se "diviniza" a un hombre, se "jesufica" a Dios. César es lo contrario.

  • Comentario por galetel 06.11.17 | 16:01

    No es por casualidad que menciono a esos tres: no se le escapa al lector avisado que se trata de los tres líderes judeocristianos que estuvieron de Acuerdo con Pablo en Jerusalén ca. 49. Creían que Jesús era el Cristo de la fe, como Pablo.

  • Comentario por Elias 06.11.17 | 15:34

    Efectivamente.. cuando Jesus seguramente no era todavia el Cristo.

  • Comentario por galetel 06.11.17 | 07:49

    Pudo ser así, en parte, durante la difusión del cristianismo; pero no en su origen. En el origen tenemos el caso de Santiago-el-hermano, Cefas/Pedro y Juan, al menos, que no pudieron basarse en la religión romana; y su testimonio también influyó en la difusión, sin duda.

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