El blog de Antonio Piñero

Historia, hermenéutica y fe: ¿Sí? ¿No? ¿Tiene sentido creer? (I)

14.07.17 | 08:38. Archivado en Biblia en general, , CRISTIANISMO

Escribe Antonio Piñero

He aquí un libro (como es usual, el título de la postal coincide con la del libro que comento), escrito con un interés específico, buscar el fundamento, si lo tiene, de la creencia religiosa; un fundamento que exige una unidad, base suficiente y explicación satisfactoria. El libro trata de indagar si hay continuidad entre filosofía y fe religiosa. Pero no en general, en cualquier religión sino la fe en el cristianismo. Y el modo de indagar en la cuestión no es, naturalmente, aceptar ningún argumento de autoridad, sino leer los textos (en el caso del cristianismo Antiguo y Nuevo Testamento sobre todo), y procurar entenderlos, interpretarlos siguiendo las reglas usuales de una hermenéutica comúnmente aceptada.

He aquí los datos concretos del libro: Autor: Javier Ruiz de la Presa, Démeter Ediciones, México, 2017, 670 pp. ISBN: 978-0- 9840368-2-0. El libro contiene una cuarentena de ensayos escritos a lo largo de años de reflexión sobre el hecho religioso. Él mismo reconoce que no todos son de igual valor. Pero sí que cada uno de ellos merece la pena. Dentro de este conjunto de ensayos hay algunos de los que el autor se siente más satisfecho. Así, el dedicado a la “Revelación el Nuevo Testamento” y “El Cristo de Pablo”.

El motor de la escritura es buscar una cierta explicación satisfactoria del hecho religioso, y que esa explicación se plasme en un pensamiento bien argumentado y verosímil. El conjunto ha de definir un “horizonte de comprensión”. Este es el paso previo para adoptar una postura personal ante el hecho religioso, que la final será una orientación existencial que explique el mundo, la divinidad –en tanto en cuanto podemos conocerla– la posibilidad de una revelación y la orientación existencial, personal, respecto a ese conjunto: universo-Dios-ser humano (yo).

Con palabras del autor, “Ello supone considerar la atmósfera espiritual en la que nacen las ideas nuevas (o al menos su reformulación), considerar también lo que tácitamente creen los hombres de una cultura o época y su sentido común”. La finalidad de esta consideración es “despejar la visión” para observar lo que queda… después de eliminar lo que puede proporcionar pistas falsas”. (p. 13).

Después de un camino no breve, como se ve por el número de páginas, y tras mucho análisis, el autor habla en primera persona. Cito: “Solo al final del libro hablaré de lo que yo creo, lo que pienso acerca de la posibilidad de creer justo hoy, que abunda la pluralidad de iglesias, métodos teológicos, presupuestos filosóficos –que no siempre se esclarecen–, teorías antropológicas, suposiciones que no se han sometido, a pesar del cuidado escrutinio del último siglo y medio” (p. 13). Y ¿en qué cree, a fin de cuentas, el autor? Lo dice claramente en la Introducción: “Hoy en día creo que a la pregunta ‘¿En qué creo…?’ no puedo sino responder: creo en nuestra disposición ética que nos abre –más tarde o temprano– a la Gran Alteridad. Creo, como Spinoza, que son la ética y la antropología la clave del Antiguo Testamento. Pero además pienso que una antropología de los afectos es la clave, también, del Nuevo Testamento y en general de las grandes religiones del mundo”.

El contenido del libro es interesante como puede comprobarse por la simple enumeración de los temas: I En primer lugar, cuestiones propedéuticas: cómo puede considerarse hoy la cuestión hermenéutica; qué principios pueden postularse como propios de cada uno y cuáles son del todo punto generales. Luego, II, grandes temas como “El mito en el Antiguo Testamento”: la compleja relación entre verdad y pura historia o bien aquello casi inaprensible a solo puede narrarse como mito. Dentro del Antiguo Testamento aborda Ruiz de la presa el análisis de algunas historias emblemáticas, como la de Lot, la de la “Torre de Babel”, el sentido profundo del “Cantar de los cantares”.

La ‘parte del león’ del libro, III, está dedicado a temas del Nuevo Testamento. En primer lugar, el arriba citado “La revelación en el Nuevo Testamento”, junto con el eterno tema de “¿Existió Jesús realmente?”, que no por casi resuelto deja de suscitar una y otra vez, machaconamente, la atención.

Una vez asentada su existencia histórica, con las consabidas distinciones entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, plantea nuestro autor el punto clave de cómo interpretar la figura del Jesús histórico…, y dentro de este ámbito cómo se pensaba Jesús a sí mismo, más como tema de ejemplo que de exposición amplia y detallada (cosa que vendrá después, con el título “El autoconocimiento de Jesús”). Naturalmente a la cuestión hermenéutica se une un ensayo sobre “¿Qué es un evangelio?”. Posteriormente puede dedicarse Ruiz de la Presa a temas concretos, como la concepción virginal de Jesús; si Jesús se consideró a sí mismo ‘hijo de Dios’ y en qué sentido para terminar con el tema del ‘Juicio Final’ en una primera parte, porque debo decir que entre los temas que abordan la cuestión “Jesús”, nuestra autor trata de Pablo de Tarso.

El interés por Pablo es básico, cardinal, en nuestro autor y así lo expresa en la “Introducción”, donde confiesa que “siempre ha sentido gran simpatía por san Pablo… porque tuvo una visión estrictamente personal del cristianismo” (es decir, la religión centrada en el Mesías, cristo o ungido), porque defendió un monoteísmo acerado “sin funambulismos teológicos”, precisamente porque Pablo nunca dejó de ser judío y para entender a Jesús hizo un uso libre (dirá “inspirado”) de todo el material del Antiguo Testamento que interpretó a menudo simbólicamente. Dentro del amplio tema “san Pablo”, Ruiz de la Presa aborda la delicada cuestión de la preexistencia de Cristo según el Apóstol; la igualdad del hombre y de la mujer en la teología paulina y el tremendo tema de la “salvación”

Me detendré aquí por hoy en la presentación de este libro, que concluiré el próximo día

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com


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Comentarios
  • Comentario por Manuel 24.07.17 | 17:26

    Donde pone "fue al país" debería decir "nació, pues, el país"...

  • Comentario por Manuel 24.07.17 | 17:24

    No sabe lo que pretendía yo, sí lo que pretendía JP, sí que no lo consigo y que me expando por territorios menos concretos. Menos mal que al menos reconoce que lo que digo puede ser cierto.
    Saber o no saber. Pero dar veredictos presumiblemente certeros, desde una insuperable subjetividad que conoce o desconoce a su manera. Y a su manera se expresa, tomando parte.
    Nada que objetar.
    Los antecesores judíos directos de Spinoza huyeron de España, por motivos... de "expulsión". Por ser judíos. Luego debieron hacerlo de Portugal. Por ser perseguidos. Por ser judíos. Fue al país más tolerante del mundo. Y allí se le permitía enseñar en la universidad, libremente, "siempre que no perturbara la religión públicamente establecida".
    ¿Qué había opinado JP? Que "tuvo problemas con su comunidad judía, no con los cristianos que componían la inmensa mayoría de los europeos.
    Así de sencillo. Con unos pocos solo."
    Algo muy concreto que he creído desmentir con algo quizá...

  • Comentario por Moisés 23.07.17 | 16:17

    Si MANUEL (21.07.17/20:08) pretendía (que no lo sé) desmentir a J.P. (17.07.17/04:26) no lo consigue porque éste se refería únicamente a lo dicho por RAWANDI(16.07.17/ 23:50). MANUEL se "expande" por "territorios" menos concretos, aunque sean ciertos.

  • Comentario por Manuel 21.07.17 | 20:08

    A ver si es verdad que los judíos y los filósofos librepensadores en general no tenían problemas con los cristianos en la Europa de los siglos XVI y XVII... "Nació en Ámsterdam (Países Bajos) en 1632, procedente de una familia de judíos sefardíes emigrantes de la península Ibérica, que huía de la persecución en Portugal. Su familia procedía de España, de donde huyó durante el siglo XV a Portugal.
    Se educó en la comunidad judía de Ámsterdam, donde se conservaba una considerable tolerancia religiosa, pese a la influencia de los clérigos calvinistas...
    (Aunque se) le ofreció una cátedra de filosofía en su universidad, la de Heidelberg, Spinoza no la aceptó, pues aunque se le garantizaba «libertad de filosofar», se le exigía «no perturbar la religión públicamente establecida».
    https://es.wikipedia.org/wiki/Baruch_Spinoza
    (Bueno, parece ser que incluso en el país más tolerante de Europa los cristianos de entonces tendían a reprimir, afortunadamente en menor medida ...

  • Comentario por Moisés 17.07.17 | 15:21

    Efectivamente, J.P.: es tal como Vd. dice. Pero lo que pretende enseñarme RAWANDI no tiene nada que ver con lo que yo dije: expresa y concretamente "ser panteísta no es ser ateo" y "tendrá sus coincidencias o no con otras versiones de Dios, pero no se le puede llamar ateo", que es lo que escribió SOFÍA (15.07.17/19:18).

    Luego, el simpático hermeneuta RAWANDI empieza a dar vueltas a las cosas para explayarse fuera del meollo temático para llevar el asunto a su conveniencia.

    Como broma "cercana" al tema, copio a mi amigo Nietzsche: "... Spinoza que, como conocedor, se sentía DIVINO". ¡Cómo va a ser ateo!

    Y no se atormente RAWANDI con la palabra "persona" que, al fin y al cabo, viene de "máscara" con la que los actores (incluso los de la vida) se (y nos) presentaban al (y en) público.

    Saludos cordiales, J.P.

  • Comentario por J.P. 17.07.17 | 04:26

    Tuvo problemas con su comunidad judía, no con los cristianos que componían la inmensa mayoría de los europeos.

    Así de sencillo. Con unos pocos solo.

    Y déjese de bestias, que haberlas entre los ateístas del XXI (y del XX, y del XIX, y del XVIII) y pardas, las hay a paladas.

  • Comentario por Rawandi 16.07.17 | 23:50

    Spinoza tuvo problemas con creyentes europeos del siglo XVII, que en general eran mucho más bestias de lo que lo son los creyentes europeos del siglo XXI.

  • Comentario por J.P. 16.07.17 | 22:03

    Rawandi: infórmese de con quién tuvo problemas Spinoza. Solo por curiosidad. Ande.

  • Comentario por Rawandi 16.07.17 | 18:53

    Moisés, tenga usted en cuenta que Spinoza vivió en la ultrarreligiosa Europa del siglo XVII, cuando el ateísmo aún se castigaba con la pena de muerte.

    El primer escrito explícitamente ateo de la historia es de principios del siglo XVIII: se trata del Testamento del sacerdote Jean Meslier, una obra que únicamente se hizo pública tras la muerte de su autor.

  • Comentario por Moisés 16.07.17 | 17:46

    Es chistoso el simpático hermeneuta RAWANDI. Como Spinoza no sabía pensar ni escribir llega RAWANDI para decirnos lo que don Benito quería decir cuando decía...

  • Comentario por Rawandi 16.07.17 | 17:26

    Moisés, infórmese usted un poco sobre Spinoza y comprobará que mi interpretación es la correcta.

    Le pondré un ejemplo. Cuando Spinoza dice "El supremo bien del ALMA es el conocimiento de Dios", en realidad significa: "El supremo bien del alma (entendida como una propiedad material del cuerpo humano, no como un espíritu inmortal) es el conocimiento de la Naturaleza". Spinoza no creía en la vida de ultratumba.

  • Comentario por Moisés 16.07.17 | 17:06

    Después de mis letras de las 17:04, leo las de RAWANDI (17:02) y me confirmo. ¡Menudo razonamiento (?) el suyo!

  • Comentario por Moisés 16.07.17 | 17:04

    RAWANDI: ¿no le preocupa publicar simplificación tan burda?

  • Comentario por Rawandi 16.07.17 | 17:02

    Sofía, yo entiendo la expresión "personas divinas" como la entiende más o menos el 99,99 por ciento de los autodenominados creyentes. Por ejemplo, una persona divina sería alguien sobrenatural que escucha las plegarias y decide si responder a ellas o no.

    Como comprenderás, lo que piense el 0,001 por ciento de los creyentes, por muy sofisticadas que puedan ser las convicciones de dicha minoría, es irrelevante.

  • Comentario por Rawandi 16.07.17 | 16:34

    Moisés, la clave está en la expresión spinoziana "Dios, o sea la Naturaleza". De acuerdo con la citada clave, cada vez que Spinoza menciona a "Dios", en realidad no se refiere al concepto tradicional de Dios (según las religiones abrahámicas, Dios es un intelecto inmaterial) sino a la "Naturaleza" (la realidad material). Es una manera ingeniosa de ocultar su ateísmo. Cualquier ateo actual puede suscribir sin problemas las afirmaciones de Spinoza sobre "Dios", siempre que conozca el truco interpretativo de sustituir la palabra "Dios" por "Naturaleza".

  • Comentario por Moisés 16.07.17 | 15:37

    Creo que lo que dice SOFÍA es adecuado y correctamente enfocado. Quiero destacar, por simple brevedad, las primera y última frase del primer párrafo del comentario de 15.07.17/19:18.

    Como pequeño complemento, copio unas frases de Spinoza:

    "Por Dios entiendo UN SER absolutamente infinito (...) que EXISTE necesariamente"

    "Dios obra en virtud de las solas leyes de su naturaleza"

    Bien es verdad que también dice "Dios, o sea la Naturaleza, obra, y la razón o causa por la cual existe, son una sola y misma cosa".

    De todos modos "El supremo bien del ALMA es el conocimiento de Dios, y su suprema virtud, la de conocer a Dios"

    Quizá don Benito no pensaba en RAWANDI. Hasta los más sabios tienen fallos.

    Saludos cordiales, SOFÍA

























  • Comentario por sofía 16.07.17 | 00:43

    "personas" no significa lo que tú crees que significa, es una forma de expresarlo, de aproximarse al concepto Dios, más o menos afortunada, con términos de otra época que no significaban tampoco exactamente lo mismo que ahora. No tengo el menor inconveniente en que se exprese así, pero sí tengo que aclararte que no se trata del significado normal actual de "persona", sino de una aproximación teológica al misterio de Dios en la medida que nos es posible.

  • Comentario por Rawandi 15.07.17 | 22:25

    Sofía, te copio la definición de Trinidad que viene en el diccionario: "En la religión cristiana, conjunto de las tres personas divinas en una sola y única esencia.". Si no te lo crees, quizá es que no eres cristiana.

  • Comentario por sofía 15.07.17 | 22:09

    No, el Dios del cristianismo tampoco es " tres personas sobrenaturales"en el sentido en el que se habla de persona y de sobrenatural normalmente, el Dios del cristianismo es Transcendente, Inmanente y con un rostro humano, porque el cristianismo es humanista, cree que la inteligencia y el amor del ser humano son reflejo de la inteligencia y el amor que son fundamento de la realidad, sin que esto impida que la naturaleza pueda ser "autosuficiente"
    Aunque Spinoza no tenga ese concepto de Dios, sino otro, ser panteísta o ser panenteísta no es ser ateo, aunque a los ateístas les haga ilusión.

  • Comentario por Rawandi 15.07.17 | 21:47

    "El Dios del cristianismo no es "una persona sobrenatural"."

    Claro, supuestamente habría "tres personas sobrenaturales" en el Dios cristiano. En cualquier caso, se trata de un dios personal y Spinoza no creía en ningún dios personal. Spinoza únicamente creía en la Naturaleza autosuficiente, lo cual significa que era ateo.


  • Comentario por sofía 15.07.17 | 19:18

    Ser panteísta no es ser ateo. Y está por ver si Spinoza no era más panenteísta que panteísta.
    Es otra aproximación a Dios desde otro punto de vista, no una negación de Dios. Tendrá sus coincidencias y sus discrepancias con otras versiones de Dios, pero desde luego no se le puede llamar ateo.
    Por otra parte a mí me resulta evidente que no todo el mundo se refiere al mismo concepto de Dios cuando se habla del dios bíblico. Ni el concepto de persona referido a Dios. El Dios del cristianismo no es "una persona sobrenatural".

  • Comentario por Rawandi 14.07.17 | 17:50

    Creo, como Spinoza, que son la ética y la antropología la clave del Antiguo Testamento.

    Spinoza no creía en el dios bíblico ni en ninguna otra persona sobrenatural. Como ateo que era, Spinoza creía únicamente en la Naturaleza autosuficiente.

Sábado, 18 de noviembre

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