El blog de Antonio Piñero

Entrevista de Mª José Bosch a Antonio Piñero a propósito del Premio Trithemius (y II)

07.07.16 | 05:45. Archivado en , Libros, CRISTIANISMO, Judaísmo

Hoy escriben Mª José Bosch y Antonio Piñero

Concluimos ofreciendo en el texto de la entrevista que comenzamos ayer a propósito del libro “Gnosis, cristianismo primitivo y Manuscritos del mar Muerto y del Premio Trithemius otorgado el 20 mayo de 2016.

Y ¿qué pasó con los Manuscritos del mar Muerto?

Pues que solo dos años más tarde, en 1947, se descubren los primeros restos de los Manuscritos del mar Muerto. Y en esta ocasión ¿cómo es el relato del descubrimiento? También fue un hallazgo totalmente fortuito. El descubrimiento tuvo lugar en unas cuevas de Qumrán, cerca del mar Muerto. Parece que un grupo de pastores andaban buscando una cabra perdida cuando, en lugar de encontrar al animal, descubrieron siete rollos de pergamino… ¿Cuántos manuscritos se encontraron?

En total ochocientos cincuenta, divididos aproximadamente en cuarenta mil fragmentos, algunos son una verdadera locura porque son fragmentos tan pequeños como un sello.

Ya en 1948, cuando apenas se conocía el contenido de los primeros cuatro manuscritos descubiertos, un destacadísimo arqueólogo W. F. Albright, apuntó al descubrimiento de los manuscritos como el más importante de los tiempos modernos.

Sin duda, estamos ante descubrimientos fundamentales, y por muchas razones. Supone que nosotros por primera vez en toda la historia, teníamos documentos seguidos de primera mano de una de las ramas importantes del cristianismo que a punto estuvo de alzarse con el poder de los intelectuales en el cristianismo del siglo II.

Estos manuscritos son, para nosotros, un testimonio directo de quienes los escribieron hace dos mil años o más porque han llegado a nuestras manos directamente, sin intermediarios de diversos copistas y múltiples personas que hubieran podido alterarlos con el correr de los siglos, como es lo normal en la transmisión de textos antiguos.

Por otra parte, como entre ellos hay abundantes copias de prácticamente todos los libros del Antiguo Testamento, y todas ellas son varios siglos anteriores a los manuscritos conocidos en los que se fundamentan las modernas ediciones de la primera parte del libro sagrado cristiano, los estudiosos que se ocupan del texto de la Biblia hebrea se encuentran con una documentación, es decir, con una base textual muchísimo más antigua y más cercana a los originales de lo que habían soñado tener hasta el presente.

Los Manuscritos del mar Muerto representan un valioso testimonio de las ideas religiosas del mundo palestino y del judaísmo anterior a nuestra era. Y precisamente ese es un periodo crucial para la historia, tanto de los siglos inmediatos al nacimiento de Jesús como de los años en los que nace el cristianismo, del cual no poseíamos sobrados documentos. Y, por último, y no menos importante, los Manuscritos del mar Muerto nos enseñan muchísimo sobre el Nuevo Testamento y su entorno natal, conocemos sus personajes, sus preocupaciones, sus ideas religiosas, su manera de expresarlas…

Dentro del impacto que para nuestra cultura occidental supone el descubrimiento de los Manuscritos del mar Muerto, ¿qué capítulo considera de interés más relevante?

Sin duda, el capítulo Qumrán y Nuevo Testamento o Qumrán, Jesús y el cristianismo primitivo. Aunque estos textos descubiertos en 1947 son casi todos anteriores al nacimiento del cristianismo, se ha afirmado repetidas veces que tanto la figura de Jesús como parte del Nuevo Testamento no son sino una copia de las peculiaridades teológicas y sociales de un grupo de judíos, una rama de los esenios que se halla detrás de tales manuscritos. No está de más, por tanto, que nos preguntemos: ¿fue realmente Jesús un burdo remedo del fundador de esa secta, el Maestro justo? ¿Tenemos que modificar toda nuestra concepción de la historia del cristianismo primitivo después de la publicación de los Manuscritos del mar Muerto?

Y ¿cuál es la respuesta a tan apasionantes interrogantes?

En nuestra respuesta a estas candentes preguntas se impone una primera observación: parece hoy ya definitivamente probado que los textos de Qumrán no contienen ni pueden contener ningún dato concreto sobre Jesús, Juan Bautista o los cristianos, ni siquiera mención o alusión ninguna a ellos, por la sencilla razón de que son anteriores en el tiempo a estos personajes y al movimiento provocado por la predicación del Nazareno. Por tanto, si tuviéramos que reescribir la historia del cristianismo a partir de los textos de Qumrán sería tan solo una obligación indirecta. Los concienzudos estudios paleográficos y los análisis espectrométricos a base del carbono-14 muestran que la inmensa mayoría de los textos qumránicos son anteriores a la era cristiana, y desde luego ninguno coetáneo con el nacimiento del cristianismo como fenómeno de divergencia ideológica dentro del seno del judaísmo de la época.

¿Qué relación existe entre Qumrán y el Nuevo Testamento?

Desde un punto de vista científico, o simplemente serio, no puede prestarse la menor atención a obras modernas que interpretan los textos de Qumrán arbitrariamente como una historia críptica del primitivo cristianismo, como si todos estos manuscritos estuvieran escritos en clave y fuera necesario un código secreto —a descubrir por el especialista— para interpretarlos.

¿Qué relación o semejanzas pudieron existir entre la comunidad de Qumrán y ciertos rasgos ideológicos y organizativos del grupo más primitivo de seguidores de Jesús?

Los contactos ideológicos entre la comunidad cristiana primitiva y los textos de Qumrán son, ciertamente, numerosos. Por ejemplo, ambas comunidades se consideran los santos, ambas tienen las mismas imágenes apocalípticas del mundo y participan de las mismas concepciones en ese entorno: creencia en la resurrección, retribución por parte divina, es decir, castigos y premios a las acciones de los humanos durante su existencia terrena, efusión del espíritu en los últimos días, etc.

Igualmente, creen ambas formaciones religiosas que los ángeles participan en la liturgia y la vida sagrada del grupo. Las dos comunidades mantienen una comunión de bienes con algunas semejanzas; celebran ambas comidas comunes, y su organización presenta puntos en común. Especialmente la corrección fraterna, testimoniada en el Evangelio de Mateo y en Qumrán, pero rarísima en el resto del judaísmo, ha sido objeto de una consideración especial como posible muestra de contacto entre los dos grupos sectarios. Es probable, además, que la organización de «asistencia social» entre los cristianos, la ayuda a viudas, huérfanos y otros miembros necesitados de la comunidad, podría haberse inspirado en el modelo esenio, fuertemente desarrollado en el Israel de entonces.

¿Es la comunidad cristiana un remedo de la comunidad qumranita?

Aunque existen evidentes y reales semejanzas, es conveniente atender a las diferencias entre ambos grupos, lo que ayuda a dilucidar en lo posible la cuestión de las influencias.

Comencemos con el bautismo cristiano que no es una copia ni procede ciertamente de las abluciones de Qumrán. Es prácticamente seguro que el bautismo cristiano, con su fuerte aspecto sacramental, procede de la práctica del bautismo por parte de Jesús y, a su vez, la de este viene en línea directa de su imitación de la del Bautista. El perdón de los pecados y la efusión del espíritu, asociados con el bautismo cristiano, son ajenos a los baños rituales de Qumrán y de los esenios en general. Bastante distintas son también las esperanzas mesiánicas de la comunidad primitiva cristiana y el variado complejo de creencias mesiánicas esenias y qumranitas en particular. En estas últimas no encaja de ningún modo la afirmación fundamental cristiana de que el Mesías ya había venido, y que era una persona histórica concreta, el crucificado Jesús de Nazaret. Mucho menos se compadece con la mentalidad esenia la concepción cristiana, radicalmente nueva y rompedora dentro del judaísmo, de un mesías que, según un plan divino, fracasa (aparentemente), padece, muere y resucita. La diferencia en estos conceptos claves entre los esenios y el cristianismo naciente es abismal e irreconciliable.

«Se venden manuscritos bíblicos provenientes, al menos, del 200 a. de C. El lote podría ser un regalo ideal de un individuo o de un grupo para una institución científica o religiosa. P. O. Box 206». Wall Street Journal

Sorprendente este anuncio publicitario insertado el día 1, 2 y 3 de junio de 1954 en el célebre periódico… Sí, sí, imagina…Casi cuarenta años más tarde esta oferta sería imposible.

Sencillamente, el lote de manuscritos que entonces se ponían a la venta (cuatro de entre los más importantes de los pergaminos del mar Muerto) hoy no tiene precio.

¿En qué situación se encuentra actualmente la recuperación de estos manuscritos?

Desde 1947 hasta hoy se han reunido unos 40.000 fragmentos que han dado un total de unos 800 textos recuperados, legibles, y miles de fragmentos de otros tantos o más escritos, perdidos.
En la actualidad están prácticamente estudiados todos.

La edición de estos textos ha sido muy lenta… entre 1947 y 1973 pasaron treinta años… Hay quienes quisieron ver en el retraso de la edición una conspiración interesada, ¿cuál es su opinión?

Desde luego, es demasiado tiempo; es molesto y hasta cierto punto incomprensible. Pero creo que las razones que lo aclaran van por otros derroteros distintos a esa conspiración interesada a la que han hecho referencia distintos investigadores.

En mi opinión, las razones estarían más relacionadas con las continuas guerras sufridas en Israel, incluidos los cambios de las fronteras; la dificultad de la edición en sí fue otro motivo explicativo del retraso. Quitados una veintena de manuscritos, el resto, 600, es un auténtico rompecabezas. La mayor parte son fragmentos minúsculos, estropeados por accidentes de conservación o por el mal trato en el momento de los descubrimientos. Editarlos supone, en primer lugar, un trabajo detectivesco, de análisis de contenido y de caligrafía, para ver cómo se pueden casar los fragmentos entre sí para ofrecer, en la edición, un texto con algo de sentido.

Y, por último, en mi opinión, el retraso de la publicación de los manuscritos qumránicos pudo deberse a la típica celotipia, vanidad y orgullo profesional del primer equipo que se constituyó para su estudio. Es una teoría personal, hasta cierto punto, parece lógico el afán de reservarse entre ellos y para ellos la fama, la gloria —y el posible rendimiento económico, al menos indirecto— que conllevaba ser el autor de la edición principal de tan importantes hallazgos.

¿En la actualidad están todos los manuscritos editados?

A pesar de la lentitud, sí puede decirse que en 2012 —en veintitantos volúmenes publicados por Clarendon Press de Oxford— se dio por concluida la edición parcial.

¿Dónde se encuentran los manuscritos en la actualidad?

La inmensa mayoría de los manuscritos se halla en las cajas fuertes del Santuario del libro de Jerusalén y los textos en sí son perfectamente accesibles a todos los estudiosos en la mencionada colección oxoniense o bien en la denominada Biblioteca Huttington. En Internet hay toda suerte de detalles y las autoridades del Museo del Libro han iniciado la publicación digital de los textos, que, en no muchos años, estará concluida. No hay, pues, secreto alguno en los textos, ni misterios ocultos…

El Vaticano, ¿conserva en su sede alguno de esos documentos?

El Vaticano jamás —que yo sepa— ha tenido la posesión física de ninguno de los manuscritos importantes, y en sus archivos y bibliotecas no hay ningún texto de Qumrán.

Y para finalizar, Profesor Piñero, un asunto mollar: ¿es cierto que en los Manuscritos del mar Muerto no encontramos ni una sola palabra directa sobre el cristianismo?

¡Naturalmente que no! Sin embargo, ayudan y mucho a comprenderlo como un fenómeno esencialmente judío, con sus características peculiares y, en segundo lugar, una de las formas de cristianismo más controvertidas e interesantes, la gnosis cristiana y judía de los siglos I y II, movimiento que no duró mucho en su pujanza, pero que ha dejado rastros en la cábala judía y el misticismo cristiano.

Saludos cordiales de Mª José Bosch y Antonio Piñero


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