El blog de Antonio Piñero

Qué se sabe de… La formación del Nuevo Testamento, interesante libro de David Álvarez Cineira (614)

22.01.16 | 07:57. Archivado en Biblia en general,

Escribe Antonio Piñero

De entrada, puedo ya decir que recomiendo vivamente la lectura de este libro, cuyo título es el de esta postal, del Prof. David Álvarez Cineira, (Editorial Verbo Divino Estella 2015, 287 pp. ISBN: 978-84-9073-148-2). El autor es en la actualidad Profesor de Nuevo Testamento en el “Estudio Teológico Augustiniano” de Valladolid. Y lo considero bueno porque aborda el tema de la formación del canon, la lista de libros sagrados del Nuevo Testamento, tema sobre el que en español escasean absolutamente los libros serios y bien informados, y este lo es.


Desde la época de finalización de mi tesis doctoral, en 1974, que trataba sobre el concepto que tenían los primeros cristianos de la inspiración de los profetas en general y de los autores de la Biblia en particular, y e la que me preguntaba si la noción de la inspiración había tenido mucho, poco o nada que ver con la formación del canon, me ha interesado mucho este tema. Por cierto, al final de la tesis hacía un resumen muy amplio de la historia de la investigación hasta ese momento (1974) en las pp. 339-400 del capítulo, "Cómo y por qué se formó el Nuevo Testamento" del libro Orígenes del Cristianismo. Antecedentes y primeros pasos. Editorial El Almendro, Córdoba, 1991 (con varias reediciones) que puede interesar al autor para complementar la suya, pues creo que sigue siendo interesante este resumen, aunque hay que complementarlo a partir de esa fecha. Posteriormente Julio Trebolle ha tratado el tema en su obra “La Biblia judía y la Biblia cristiana”, de Edit. Trotta, Madrid (que creo que va ya por la cuarta edición), y yo mismo en el capítulo correspondiente de la obra de varios autores Los libros sagrados en las grandes religiones: judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo y budismo. El Almendro, Córdoba, 2007, capítulo “Cómo y porqué se formó el canon del Nuevo Testamento”, pp. 177-210. Así que conozco bien el tema y puedo valorar la novedad, y muy positiva, que supone el volumen de Álvarez Cineira en el panorama de la bibliografía hispana.

Hago en primer lugar una síntesis de los temas tratados y luego haré unas reflexiones finales sobre temas que pueden abordarse ulteriormente. En la primera parte de su libro, breve, unas treinta páginas, el autor aborda el tema de cómo se ha tratado este asunto desde la perspectiva de la historia y de la teología: el estado de la cuestión y las necesarias precisiones de vocabulario, concepto de “canon”, a qué llamamos Antiguo y Nuevo Testamento y qué entendemos por libros deuterocanónicos, y apócrifos.

La segunda parte, amplia y con muchísimos datos interesantes –que, debo insistir, difícilmente encontrará el lector en cualquier otra obra en español– Álvarez Cineira aborda el aspecto central de este volumen. En primer lugar introduce al lector en la tecnología del “libro” en el mundo antiguo, y en los problemas de autoría y la distribución de ellos. Luego aborda uno por uno los libros del Nuevo Testamento, comenzando por los evangelios, en una suerte de tratado que alguien podría interpretar como una “introducción al Nuevo Testamento”. Pero se equivocaría si lo entendiera así, ya que no lo es en sí –ni interesa como tal para el tema propuesto–, sino que el autor estudia los libros del Nuevo Testamento ante todo desde el punto de vista de la “recepción” de cada escrito por la comunidad de los lugares en los que se iba expandiendo el cristianismo en los primeros siglos, en qué sentido se consideraba sagrado, o normativo, y quién lo citaba y cómo.

Naturalmente, el autor trata de la composición de los libros en sí del Nuevo Testamento y de la autoría, y otras cuestiones conexas, pero como base para recopilar datos para la historia del canon. Deseo ejemplificar esto con un par de ejemplos. El primero es el caso de los evangelios. Álvarez Cineira aborda las fases de composición de cada uno de ellos y habla de la tradición oral, de cómo se sentía entre los cristianos una predilección por un evangelio determinado, cómo los cuatro evangelios preferidos por las iglesias (los cuatro actuales) sufrieron intentos de ser reducidos a uno (por ejemplo, el heresiarca Marción sólo aceptó el Evangelio de Lucas; o se intentó armonizar los cuatro en uno solo: Taciano y su armonía evangélica), o bien en otras comunidades se amplió el número de esos cuatro preferidos con otros evangelios, como el de “Pedro” o el denominado luego “Protoevangelio de Santiago”), para terminar con la cuestión de cuándo se puede hablar de un “evangelio tetramorfo” (un evangelio en realidad peor con cuatro “formas” diferentes), es decir, en qué fecha están ya bien asentados en la mayoría de las comunidades y sin demasiadas disputas.

El segundo ejemplo es el del Apocalipsis: Álvarez Cineira explica qué testimonios manuscritos tenemos de ese texto, si los Padres Apostólicos lo conocieron ya, o no, qué se pensaba de su “sacralidad” a finales del siglo II e inicios del III, cómo surgieron críticas sobre su contenido y sobre la identidad de su autor, cómo algunas comunidades lo rechazaron como sagrado y cuánto tardó finalmente en imponerse como tal.

Finalmente en esta segunda parte el autor aborda expresamente el tema “El canon del Nuevo Testamento”: ¿cómo se formó históricamente? ¿Qué testimonios tenemos acerca de las listas de libros sagrados de los cristianos desde finales del siglo II o inicios del siglo III y qué polémica hubo entre la mayoría y los heterodoxos? ¿Qué criterios se utilizaron para elegir los libros sagrados entre los seguidores de Jesús? Como se ve, están tratados los temas principales.

En la última parte trata Álvarez Cineira de las “cuestiones abiertas en el debate actual respecto al “canon”: por ejemplo, qué extensión debe tener? ¿Se puede modificar el número de escritos que lo componen? ¿Hay un núcleo dentro del canon que es intocable, es decir, hay un canon dentro del canon? ¿Cómo se entiende hoy el tema complejo “Escritura, tradición e inspiración? Y concluye el libro con una bibliografía comentada, en la que desgraciadamente hay muy poco escrito originalmente en castellano.

En general estoy bastante de acuerdo con el autor a lo largo de este interesante libro. Pero echo en falta un tratamiento más en profundidad de algunas cuestiones básicas, que he planteado ya en otros lugares y momentos:

• ¿Hubo o no una Gran Iglesia petrina que impulsara la formación del canon del Nuevo Testamento acogiendo en su seno las diversas corrientes?

• O por el contrario, ¿no hubo una Gran Iglesia petrina, ni estrictamente judeocristiana, porque pereció en las convulsiones de las guerras Judíos-Roma entre el 66 y el 135 d.C.?

• ¿No habría que postular que el canon actual está formado en torno a una Gran Iglesia de cuño paulino, tal como entendieron al Apóstol sus seguidores paganocristianos?

• ¿Podría defenderse que los cuatro evangelios, incluido el de Juan, tienen una concepción del Cristo celestial que se parece mucho más a la de Pablo que a la de Pedro?

• ¿Cómo se explica que el libro de los Hechos de los apóstoles solo trate de Pedro hasta el cap. 12 –junto con la figura de Saulo/Pablo desde el cap. 8– y a partir de ahí sea Pablo el único representante de lo apostólico?

• ¿Cómo se explica que haya –además de los evangelios de cuño teológico paulino– 14 cartas de “Pablo” (no se entra aquí en la cuestión de si son toda auténticas o no, sino que se atribuyen a Pablo) por 7 de todos los demás apóstoles? ¿Cómo se aclara que entre esas siete hay dos, 1 2 Pedro, cuya teología es netamente paulina?

• Cómo se explica que en la cristología del autor del Apocalipsis haya tantos contactos con el Evangelio de Lucas, muy paulino, y ese mismo autor progrese notablemente en la consideración del Cristo celestial como divino, progresando en la línea marcada por Pablo?

Creo, pues, que a pesar de lo bueno que es este libro de Álvarez Cineira, en su segunda edición podrían abordarse éste y otros temas por el estilo, con lo que los lectores pueden tener más materia aún –que ya se les ofrece bastante– de reflexión.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


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Comentarios
  • Comentario por sofía 24.01.16 | 18:17

    Muchas gracias por sus aclaraciones, Procestoc. Ya veo que coincidimos en bastantes cosas. Volveré a leer la descripción por si veo compatibilidades que le hayan pasado desapercibidas.

  • Comentario por procestoc 24.01.16 | 13:45

    Gracias sofía por recuperar mis comentarios.
    Estoy totalmente de acuerdo con usted en que en nuestro evangelio de Mateo quedan muchas cosas del Jesús histórico. También coincido en que es probable que cuando Papías habla de interpretaciones se refiera a traducciones. Sin embargo leyendo la descripción que el santo hace de su Mateo, no veo ningún punto en común con el actual.

  • Comentario por sofía 24.01.16 | 11:32

    Los comentarios no están fuera de sitio porque hacen referencia a si los evangelios son todos puro paulinismo o no.
    Tiene que ver con este post mi comentario sobre Papías y Marcos, porque si se tiene en cuenta que hace referencia a Pedro, es un factor en contra del puro paulinismo de Marcos y el olvido total de Pedro.
    Procestoc ha contestado a mi comentario haciendo referencia a que Mateo no va incluído en el lote de Papías
    Y los comentarios siguientes van en la línea de la hipótesis de que existiría un material original en arameo. Por tanto creo que están totalmente relacionados con este post en el que se habla de la composición de los evangelios.
    Que haya salido ya el tema en otro post no tiene nada que ver.
    Y de todos modos no sé por qué se irrita tanto David Mo q atribuye su irritación a los demás.
    Si tiene otras opiniones que manifestar sobre el post no tiene más que exponerlas tranquilamente como todos los demás y sin necesidad de navajazos.

  • Comentario por J.P. 24.01.16 | 10:28

    Perdón, en qué estaría pensando: modo condicional, no tiempo. Mecachis.

  • Comentario por J.P. 24.01.16 | 10:24

    Lo de la navaja decapitadora queda bien.

    Lo recordaré llegado el caso. Que llegará, no lo dudo.

    Y lo de la susceptibilidad del creyente: demuestre que lo soy, lo primero. ¿O es el mal uso de la navajita plateá o el razonamiento sesgado tan habitual por estos lares con mi persona?

    La misma pamema una y otra vez.

    La zona de confort, una vez más. Y la susceptibilidad de quien divide el mundo en "los que ñiensasn como yo son como yo; si no piensan como yo, son creyentes irracionales".

    Pues sí que vamos bien.

  • Comentario por J.P. 24.01.16 | 10:17

    Ay, David Mo, no entiende.

    No, no es dogma de fe (uso el condicional, ¿no lo lee usted? Ni afirmo ni niego, rey, solo comento), como no es dogma de fe lo que usted suele escribir, aunque se lo crea. Nadie añade nuevas suposiciones, salvo que considere que el trabajo de un especialista lo es. Para catalogarlo como tal, debería leer sus trabajos y, a ser posible, refutarlos. Esa es la zona de confort: afirmar que se añaden suposiciones cuando, usando el tiempo condicional, se menciona el trabajo científico de un especialista.

    Quiá, añadir suposiciones, una detrás de otra, es suponer 8 textos con gran reconocimiento en la Iglesia universal y que tres de ellos comparten nombre. Los cuatro primeros desaparecen y surgen por arte de birlibirloque otros cuatro que los sustituyen como el agua de los peces, sin que nadie se percate, y sin dejar rastro ninguno. Eso no explica nada de nada y obliga a amontonar explicaciones, y hasta conspiraciones.

  • Comentario por David Mo 24.01.16 | 08:47

    Estos comentarios parecen fuera de sitio. Se refieren a otra entrada.
    Añadir nuevas suposiciones (ahora parece que una hipótesis de Casey se convierte en dogma de fe) no es una manera de superar la navaja de Ockham, sino de hacerla más cortante.
    Parece, por el tono de JP, que uso la susodicha navaja para cortar cabezas de cristiano como nuevo Saulo antes de caerse del burro. De nuevo la susceptibillidad del creyente, vaya. Yo no estoy de acuerdo con la interpretación naif del cristianismo y cuando se habla de esto lo digo. No es ninguna fobia en especial, sino un tema que me parece interesante. Tampoco estoy de acuerdo con los marxistas ortodoxos, los positivistas cerrados, los mitistas o los de Ciudadanos. Si me voy a callar para no molestarles,estamos aviados.
    Por lo demás, deberíamos dejar a Papías aquí, que es de otra entrada y tampoco hay grandes novedades al respecto. Si no les molesta, claro.
    No he leído a Casey, pero lo tengo en lista.

  • Comentario por sofía 23.01.16 | 14:01

    Gracias por la aclaración JP -y también gracias a Procestoc, al que hacía tiempo que no veía por aquí. Entre los dos habeís planteado un asunto del que yo no sabía nada y que me parece interesante. Me alegra ver que hay personas como Casey que sostienen lo mismo que pensaba yo, que es posible que fuera escrito en arameo en principio.
    (Yo decía que al menos parte de Mateo que no coincide con Marcos ni Q podría tener un origen arameo aunque en el posterior evangelio griego no se notara)

  • Comentario por J.P. 23.01.16 | 11:28

    Por lo tanto, para quien haya leído la obra de Cadey, Ockham hasta podría funcionar con Papías. Pero mejor pensar que hubo ocho evangelios, llamados de igual manera de dos a dos (bueno, menos Lc) y que todo es un no sabemos qué catástrofe hizo que se perdiesen los cuatro textos de Papías y fuesen (¿malévolamente?) sustituidos por otros cuatro, a saber de dónde sale (y encima, dos de ellos copiando al tercero). Lo más sencillo no es suponer, como se ha hecho en el pasado, que Mc actual pudiese ser un epítome y que el Mt de Papías fuese una fuente en arameo que se volcó en el texto en griego pro universalización. Ahora, esto que dijo David Mo del mal uso de Ockham lo usaré cuando conviertan a Ockham en la piedra filosofal para argumentar contra todo creyente, tal y como se le suele utilizar.

    Pero para qué molestarse en leer diferentes autores si uno encuentra su zona de confort.

  • Comentario por J.P. 23.01.16 | 11:15

    Copio aquí un comentario que acabo de poner en EA última postal de D.Gonzalo.

    Comentario por J.P. 23.01.16 | 11:14
    Leo el comentario de procestoc sobre el arameo y Koester. Según Casey, especialista en arameo, Mc podría haber sido compuesto en arameo. Y no solo Mc, sino también partes de Mt, fuentes de Mt, lo que sería y Q, pero no un Q como documento consolidado.

  • Comentario por sofía 22.01.16 | 18:05

    Tiene razón, Procestoc, sólo lo dice de Marcos, pero como tienen cosas en común, igual queda algo en Mateo también. Y ya leí lo que dijo ayer, pero si existen unos evangelios primitivos algo quedará en el esqueleto del evangelio actual. Sería absurdo que se prescindiera de lo antiguo cuando se añadiera material. Además cuando habla de las interpretaciones Papías, seguramente quiere también decir traducciones. Así que se puede traducir, interpretar, modificar, pero siempre queda algo original -la cantidad no sabría decirla, pero a juzgar por el gran interés que tenían en conservar sus enseñanzas, seguro que no es tan poco como algunos piensan. Especulación hay en las dos direcciones, como es lógico. No queda otra, cuando no hay certezas.

  • Comentario por procestoc 22.01.16 | 16:18

    Las referencias de Papías al evangelio de Mateo no lo relacionan con Pedro. Además, dificilmente se puede establecer una equivalencia entre el Mateo que él describe y el que tenemos en la actualidad.

  • Comentario por sofía 22.01.16 | 15:23

    A juzgar por lo que dice Papias se supone que algo de Pedro debe quedar en Mateo y Marcos, por mucho paulinismo que se haya echado sobre el original -algo quedaría pues eso es lo natural.

  • Comentario por sofía 22.01.16 | 15:19

    Me parece que tb debe de ser interesante el libro de la foto -a juzgar por el tema y el autor- aunque no lo comente.
    Y el libro del q habla tiene toda la pinta de ser un "must" por su seriedad en el trato del tema.Tal vez se debe a eso q no se plantee preguntas a las q sólo se puede responder desde la especulación - con el consiguiente riesgo de sesgo y falta de objetividad.

  • Comentario por Jorge 22.01.16 | 11:07

    Sin duda ha habido un pequeño despiste del profesor Piñero al "picar" la imagen.El libro no se corresponde con el que analiza el la postal de hoy.En el catálogo de la edit Verbo divino,viene justo encima del que ha puesto aquí.Ha debido ser sin duda una equivocación al hacer "clic".Son cosas que suelen suceder.Pero gracias por recomendar el libro,que parece interesante

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