El blog de Antonio Piñero

Hacia la formación de la ortodoxia temprana. Conclusiones del libro “Los orígenes del cristianismo en Asia Menor. Textos e historia (70-135 d.C.)” (606)

18.12.15 | 07:40. Archivado en , CRISTIANISMO

Escribe Antonio Piñero

Continuamos con las conclusiones del libro del Prof. Fontana, ya que –dijimos– un análisis pormenorizado de cada uno de los capítulos parece imposible. Hoy la postal es larga, pero así hay materia para madurar durante el fin de semana. Utilizo a menudo las palabras mismas del autor, pero no las entrecomillo todo el rato porque haría molesta la lectura.

Otra de las preguntas que se hace el autor es: ¿por qué razón fue Éfeso precisamente la cuna de tantos textos cristianos? Y responde que la posible respuesta se halla en una conjunción de factores:

A. De un lado, porque en la ciudad se hallaban asentados cristianismos de origen gentil —y genéricamente helenista—, que se veían en la necesidad de producir textos que dieran cuenta de sus particularidades doctrinales y de su identidad específica respecto a lo que habían sido los primeros grupos de “cristianos” que eran estrictamente judíos.

De otro, porque las comunidades “judeocristianas” de otras zonas en esa misma época, a finales del siglo I —y, en consecuencia, sus eventuales producciones literarias— fueron víctimas de las convulsiones políticas del período que media entre las dos guerras judías, es decir, desde el fin del de la primera en el 70 hasta el inicio de la segunda hacia el 132. Los levantamientos –de carácter mesiánico/liberador como había ocurrido en Judea desde el 66 al 70– de judíos en la Cireniaica/Libia, Siria y Chipre fundamentalmente en la época de Trajano (finales del siglo I hasta el 119) acabaron no solo con los judíos, sino con los judeocristianos que no eran distinguibles netamente aún para la inmensa mayoría de los paganos de esas zonas. Tras algunas victorias de los judíos levantiscos al principio, el Imperio acabó con grandes masas de judíos y de judeocristianos, probablemente cientos de miles.

Pero no quedaron eliminadas todas. Textos como el Evangelio de Mateo junto con las epístolas de Jacobo y Judas, más la Didaché o Doctrina de los Doce apóstoles (compuesta entre el 100-150), los restos llegados hasta nosotros de los evangelios apócrifos judeocristianos (Evangelio de los hebreos; Evangelio de los ebionitas; Evangelio de los egipcios, etc., la Doctrina de Elkasai y posteriormente la literatura Pseudoclementina en el siglo III, demuestran que el judeocristianismo siguió vivo, aunque diezmado.

B. En contraste, el judaísmo —y, con él, los cristianismos— de Asia Menor vivieron una situación menos conflictiva y, desde luego, allí no se produjeron esos levantamientos mesiánicos Es cierto que los cristianos de Asia Menor sufrieron desde comienzos del siglo II la persecución estatal –como deducimos de la famosa Carta X de Plinio el Joven a Trajano– pero se trataba de medidas esporádicas, y más bien selectivas, que no son equiparables a las campañas de auténtico exterminio que padecieron los judíos en Palestina, Cirenaica, Siria o Chipre desde el 70 hasta el 135 d.C. Por ejemplo, la comunidad de Damasco, en la que se formó probablemente Pablo como judeocristiano, antes de pasar a Antioquía, quedó aniquilada.

Ciertamente no quedaron eliminadas todas. Textos como el Evangelio de Mateo y el Apocalipsis, junto con las epístolas de Jacobo y Judas, más la Didaché o Doctrina de los Doce apóstoles (compuesta entre el 100-150), los restos llegados hasta nosotros de los evangelios apócrifos judeocristianos, la Doctrina de Elkasai y posteriormente la literatura Pseudoclementina en el siglo III, demuestran que el judeocristianismo siguió vivo, aunque diezmado. Pero los paganocristianos procedentes de diversas comunidades de judíos helenistas y sobre todo los paulinos fueron ya una franca mayoría sobre los judeocristianos.

Por ello, las facciones cristianas de Asia Menor quedaran como casi las únicas a las que los de fueran podían considerar como «cristianos».

C. Señala el autor, el Prof. Fontana, y estoy de acuerdo también, en que a las dos razones anteriores hay que sumar la intensa labor irenista de algunos de los dirigentes de la comunidad gentil efesia —singularmente el autor del Tercer evangelio/Hechos–– que trataron de tender todos los puentes posibles hacia los grupos aledaños de judeocristiano. Esta tarea se ve clara en los movimientos en torno a la formación del canon de escritos sagrados cristianos en el que tanto roma como Éfeso debieron desempeñar un papee importante. Lo cierto es que en un canon esencialmente paulino tuvieron cabida escritos como el Evangelio de Mateo, el Apocalipsis, y las Epístolas de Santiago/Jacobo. Esta tendencia pacificadora y aglutinante hizo que desde mediados del siglo II se fuera formando una protoortodoxia, una suerte de “Gran Iglesia”, no en torno a la figura de Pedro, como se ha pretendido muchísimas veces y de un modo erróneo, sino en torno de las enseñanzas de Pablo (reinterpretadas y en algunos casos diluidas) a las que se atrajeron todos aquellos grupos de judeocristianos que podían ser asimilables.

Este movimiento, en el que insistimos con el Prof. Fontana, tuvo Éfeso un papel muy importante hizo que a fines del siglo II, y de mano de los obispos, ya firmemente establecidos como piedra angular del grupo cristiano, la práctica totalidad de los escritos de los diferentes grupos que habían llegado a fusionarse habían entrado ya a formar parte del canon escriturístico que llegaría a definir la ortodoxia. La prueba más evidente es el manejo que de esos escritos hace Ireneo de Lyón, una autor que procedía ciertamente de Asia Menor, y que de allí se trasladó a las Galias.

En definitiva, pienso que Fontana tiene razón cuando sostiene que de ningún modo de puede pensar para Asia Menor en de un grupo cristiano unitario y perfectamente diferenciado. La reconstrucción histórica del libro que comentamos revela la existencia en este período de finales del siglo I y la primera mitad del siglo II de, al menos, tres facciones cristianas que conviven en un mismo espacio:

a) Grupos judeocristianos, de los que no quedan sino rastros muy marginales —tal es el caso de ciertos textos ubicados hoy entre los Oráculos Sibilinos (de los que hay bastantes partes que son judías, o judeocristianas que utilizan la forma de los antiguos Oráculos, es decir, que los falsifican—, pero que debieron de haber sido importantes en la época, como evidencia la ferocidad de los ataques que reciben en algunos de los textos de esta época como las Cartas Pastorales, el epistolario de Ignacio de Antioquía o la obra de Justino Mártir.

b) Grupos cristianos de matriz paulina y origen mayoritariamente gentil: perfectamente reconocibles en los dos grandes textos lucanos (Lucas y Hechos); y además en las pseudopaulinas Cartas Pastorales, y asimismo Colosenses y Efesios.

Al margen de estos documentos, también habría que adscribir a este grupo la Primera carta de Pedro, correspondiente ya a la primera mitad del siglo II. Por supuesto, estos escritos distan de responder a un proyecto doctrinal unitario: cada uno de ellos refleja los puntos de vista y peculiaridades de cada uno de sus redactores. Así, por ejemplo, defiende el Prof. Fontana que algunos de los ataques de las Cartas Pastorales van probablemente dirigidos contra ciertas innovaciones narrativas introducidas en el Evangelio lucano (genealogía de Jesús, material litúrgico baptista). De la misma manera, los textos lucanos presentan un modelo social y organizativo de carácter utópico muy diferente del que presentan las propias Cartas Pastorales, que manifiestan un indiscutible sentido práctico al postular un sistema basado en una dirección institucional y jerárquica, en manos de individuos que, lejos del prestigio carismático que ostentan los dirigentes de otros grupos, están, en cambio, más capacitados para dirigir las comunidades en el contexto grecorromano.

c) Grupos cristianos “johánicos”, cuya existencia y características ha establecido el autor a partir del propio corpus johánico (Evangelio de Juan, Cartas johánicas y Apocalipsis).

Hagamos una pequeña pausa y expongamos una idea mínima y general del Prof. Fontana respeto al origen del Apocalipsis para que ningunos de los lectores piense que se están mezclando en un mismo saco obras tan dispares como el Cuarto Evangelio y el Apocalipsis. En rigor, y debido a su género literario, esta última obra podría ser asignada inicialmente a un grupo judeocristiano indeterminado o incluso cercano a los grupos sibilistas, es decir, gente que escribe oráculos sobre el inminente fin de mundo, como los sibilinos.

Sin embargo, los indiscutibles vínculos que unen el Apocalipsis con los estratos textuales más antiguos del Cuarto evangelio, llevan a Fontana a considerar que, efectivamente, la obra forma parte de la tradición del grupo johánico asentado en Asia Menor. Y es verosímil que las comunidades que estaban detrás del Apocalipsis —o al menos un sector mayoritario de ella— y las que estaban detrás del Cuarto Evangelio experimentaran un acercamiento al grupo gentil representado por Lucas y Hechos. Ello, por supuesto, no significa que nos hallemos ante un proceso de fusión plena. Por un lado hubo judeocristianos apocalípticos que se aferraron a un cristianismo más judaizantes; y por otro lado, durante largos años, la comunidad johánica del Cuarto Evangelio siguió manteniendo su identidad específica —así lo demuestra la Tercera carta de Juan— de forma que de manos de una escuela de teólogos, firmemente asentada en la tradición judía, siguió desarrollando fórmulas teológicas muy originales que acabaron por dar lugar al conjunto de discursos espirituales que constituyen el sello específico del Cuarto Evangelio.

De hecho, las profundas divergencias entre todos estos textos (Apocalipsis y Grupo johánico: evangelio y cartas) son un serio indicio de que surgieron de grupos de identidades muy diferenciadas. Pero hubo un movimiento de cierta atracción y fusión. Y esta idea no es un únicum en la investigación, porque ya en 1996 R. Strelan planteaba la coexistencia de dos grupos en Asia Menor (uno paulino y otro johánico) que efectuaron intercambios y transacciones entre sí.

El estudio del Prof. Fontana revela que en ambos grupos (johánicos y paulinos) hubo iniciativas conciliadoras que propiciaron un cierto acercamiento, tal como evidencian las mutuas interferencias entre los evangelios de Lucas y Juan, la propia existencia de la Primera carta de Pedro (texto de claro sello paulino que, aun con todo, incorpora algunos elementos johánicos) y, sobre todo, la composición de Hechos, obra que asume muchos materiales procedentes de la memoria del grupo johánico asentado en Éfeso; todo lo cual es ya suficiente indicio de que se trataba de comunidades de carácter muy distinto, y cuyos dirigentes experimentaron la necesidad de nivelar sus diversos horizontes identitarios a través de la creación de una “memoria común” que reunificara las diferentes “memorias particulares”, las cuales, formadas a partir de un difuso fondo oral, afloran todavía en unos textos que, inicialmente, forjaron como referente peculiar de cada uno de los distintos grupos.

La lectura/interpretación de los Hechos de los Apóstoles, del libro que comentamos es muy interesante: la ve como resultado de un proyecto universalista destinado a concitar la unidad de la mayor cantidad posible de creyentes de los grupos aledaños. Para ello, su autor se sirvió de un marco, creado por él y presentado al modo de una historia real, en el que iba desgranando la sucesiva aparición de personajes y grupos. Pero no los consideraba como elementos que coexistían en paralelo en su zona, sino como fases de un único proceso lineal: Lucas/Hechos transformó en una secuencia cronológica una realidad sincrónica y pluriforme que tenía ante sus ojos. Semejante artificio le permitió explicar su cristianismo, no solo como un movimiento que se iba abriendo a los gentiles, sino, sobre todo, como una realidad unitaria y compacta y como un proyecto al que todos –los diversos grupos de cristianos más separados entre sí en realidad que lo que el autor lucano los pinta– estaban invitados a sumarse.

Y el último paso: se pregunta el Prof. Fontana si esos intentos de conciliación, fueron fruto de un proyecto “político” de ciertos dirigentes de los respectivos grupos o, más bien, fueron resultado del sentir mayoritario de la generalidad de los miembros de las comunidades.

Teniendo en cuenta que los textos —únicos testimonios del proceso— son, por definición, obra de los notables de cada grupo, opina que hay que decantarse por la primera alternativa. En cualquier caso, el examen de los textos demuestra que tales iniciativas no resultaron inmediatamente fructíferas: por más que ciertos individuos trataran de fomentar un proyecto unificador entre grupos de tan diverso origen y carácter, lo cierto es que, durante largo tiempo (prácticamente durante todo el siglo II), cada uno de ellos sufrió fuertes controversias y conmociones internas a cuenta precisamente de los sucesivos intentos de fusión.

Este es el marco en el que el Prof. Fontana ubica ciertas polémicas a cuenta del Apocalipsis o, posteriormente, los movimientos de Marción y Montano (movimientos en los que primaba –en la manera de regir las comunidades cristianas– el gobierno del Espíritu sobre el poder de los obispos).

Lo mismo puede decirse, según Fontana, de los grupos judeocristianos cuyas fórmulas iniciales acabaron por desembocar en los gnosticismos locales, bien representados en la figura de Cerinto. De hecho, algunos grupos cristianos no escaparon al pensamiento gnóstico ambiental (como tantísimas veces he defendido yo mismo a lo largo de los años): tal es el caso de los teólogos que dieron lugar a la sección de los discursos del Cuarto Evangelio, cuyo lenguaje tanto debe a la gnosis temprana (estos discursos fueron incorporados al Evangelio en una última etapa; al principio el Evangelio de Juan pudo tener una estructura sinóptico-paulina parecida a la del Evangelio de Marcos). Me alegro mucho de haber encontrado esta conclusión en el libro de Fontana, aunque debo decir que, para algunos investigadores de hoy, no es “políticamente correcto” hablar de una cierta gnosis o protognosis hasta aproximadamente el 150 o incluso más tarde.

En cualquier caso, y gracias a la acción coordinada de las poderosas figuras episcopales de la segunda mitad del siglo II, estas controversias fueron el factor decisivo que selló la unidad de los grupos que acabaron con configurar la protoortodoxia (insisto en torno al pensamiento paulino y no el petrino, imposible de reconstruir en rigor más que en líneas muy generales) como facción dominante en el panorama cristiano del siglo II.

Debo confirmar de nuevo que estoy muy de acuerdo con estas perspectivas. Y quien haya podido seguir lo que he escrito a lo largo de los años acerca de la formación del canon del Nuevo Testamento verá que mi propio pensamiento es muy semejante a las conclusiones a las que llega este libro. Y así lo tengo ya escrito de nuevo en la “Introducción General” de la futura edición, en marcha del Nuevo Testamento como primer volumen de la “Biblia de San Millán”, cuya publicación está prevista para 2017.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


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Comentarios
  • Comentario por galetel 22.12.15 | 11:26

    está para siempre iluminada por la luz trascendente de la resurrección. Ésta no elimina el mal en la historia, pero lo declara vencido para siempre y convoca ya a la lucha, pues asegura la esperanza a la par que libra de cualquier tentación totalitaria.”

  • Comentario por galetel 22.12.15 | 11:24

    que nunca está tan cerca como cuando la injusticia de los hombres o la forzosidad de la vida nos clavan en la cruz. Ciertamente no es jamás Yavé quien lleva las víctimas humanas a los mil montes Moria de la catástrofe natural o la injusticia histórica. Esto no podía saberlo con la misma claridad el redactor elohísta y por eso -respetándole en su tiempo no debemos seguirle en este tramo del camino. Sería una vuelta atrás: la muerte por la letra.

    Con todo, repitamos que, lejos de quedar anulado, el símbolo sale fortalecido. La obediencia absoluta de Abrahán pierde su posible lado oscuro de sumisión «canina» a un dios terrible, para transfigurarse enteramente en libre confianza filial ante un Dios cuyo amor busca sola y únicamente nuestra realización y felicidad. Y la seguridad de la ayuda divina, simbolizada en el ángel y el carnero, pierde el peligro de su inmediatez terrena, pues la cruz no queda eliminada y el fracaso es siempre posible: pero, sí, está para siempre ilumin...

  • Comentario por galetel 22.12.15 | 11:23

    sacerdotal salvífico de la muerte de Cristo, según Hebreos. Precisamente, que Jesús “FUE escuchado” y FUE efectivamente salvado de la muerte por ser el Hijo obediente hasta la muerte, es lo esencial, según Hebreos.
    Gracias a eso, todo aquel que suplica a Dios ser salvado de la muerte, ES escuchado y Dios lo salva, AUNQUE muera. Gracias a que Dios lo hizo así con su propio Hijo.
    (No entender esto es no entender la fe cristiana.)
    La obediencia –aun con terribles consecuencias- de un hijo que ama a su padre, a un padre del que está seguro que le ama, no es incompatible con la libertad del hijo ni con el amor salvador del padre.

    (A. Torres Queiruga, “Del Terror de Isaac al Abbá de Jesús” cap. 2):
    Puede parecemos -al mismo Cristo le sucedió en la cruz- que nos abandona, que no quiere ayudarnos o incluso que es él quien nos manda la prueba. Pero desde Cristo sabemos, de manera definitiva, que eso no es verdad: que Dios jamás nos ha abandonado, que nunca ...

  • Comentario por galetel 22.12.15 | 11:22

    no se puede romper la cohesión del grupo, puesto que como digo el individuo se salva, sí, pero dentro del grupo, del pueblo, del verdadero Israel.”

    (Hebreos 5, 7-10):
    “El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios Sumo Sacerdote a semejanza de Melquisedec.”

    [Comento:]
    Lo probable es que el autor de Hebreos creyera que Jesús fue “librado de la muerte” por la resurrección (Hch 2, 24); pero que esta liberación pasaba necesariamente por la “obediencia hasta la muerte” del Hijo, en cuanto Hijo (Flp 2, 8-9). Por eso escribió “fue escuchado”, aunque fuese muy al contrario de lo aparente.
    Esta es la clave del sentido sacerdotal salv...

  • Comentario por galetel 22.12.15 | 11:21

    para borrar el pecado del mundo: el encarnarse, hacerse como un esclavo, un ser humano, que comparado con Dios es nada… y obediente al designio de Dios llega hasta la muerte en cruz. Y lo aplicará a la vida comunitaria. Eso sí que es un ejemplo de humildad y de obediencia: despojarse, anonadarse, dejar de ser Dios aparentemente y hacerse un ser humano, un vil “esclavo” de la divinidad hasta el final, la muerte.

    Dicho entre paréntesis: por este motivo en la exégesis del himno no vale el paradigma Adán viejo = primer hombre / nuevo Adán = Cristo hombre nuevo, sino el paradigma Cristo como divinidad preexistente / humillación, despojarse aparentemente de la divinidad, hacerse hombre y sufrir con obediencia, porque ese tema nada tiene que ver con la cohesión del grupo. Desde luego se podría poner como ejemplo a imitar, pero sería una vía indirecta y rara.

    Pues bien, los miembros de la comunidad cristiana han de comportarse igual que Cristo y tomar ejemplo: no se p...

  • Comentario por galetel 22.12.15 | 11:18

    A propósito del tema de la “obediencia”, que señala muy acertadamente Antolín, presente en el HF y en Hebreos, me parece que conviene recordar los textos siguientes:

    (A. Piñero, en un post anterior):
    “Pablo, siguiendo un esquema mental muy judío, piensa que quien se salva es Israel (el verdadero Israel en su caso) como grupo, y dentro de él el individuo, ciertamente. Ante todo hay que eliminar en la vida de la comunidad cristiana lo que estropea la vida del grupo, todo aquello que sea un impedimento y no ayude a cohesionar el grupo, a mantenerlo vivo a la espera del final.

    Entonces Pablo -desde esta perspectiva y porque observa que algunos, o algunas ponen en peligro la cohesión y estabilidad del grupo y por tanto la salvación- pone un ejemplo a imitar para evitar tal peligro. ¿Cuál? El del mesías Jesús, naturalmente: en vez de aferrarse al honor de ser igual a Dios (de ser Dios de algún modo), acepta Jesús la vía necesaria diseñada por el Padre para bor...

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 21.12.15 | 17:29

    ....Acerca del enfrentamiento "cara a cara" de Pablo con Cefas, Pedro, en Antioquía que se consigna en Gál, 2, 11-14. Aquél reprocha a éste, conforme a lo que denomina "la verdad del Evangelio", el que siendo judío viva como gentil y el que ante la llegada " de los de Santiago" por decirlo así "cambie de chaqueta"( carácter de Pedro que ,por cierto,coincide con la descripción de los relatos evangélicos) y fuerze a los gentiles a judaizar. Por referirme a la tesis de Piñero sobre la vigencia, segun Pablo, del mantenerse en la Ley para los judíos, ¿cómo es que el reproche de Pablo no va dirigido precisamente al hecho de que Pedro viva como gentil, algo que conforme a la lógica del texto mismo Pablo parece aceptar con toda naturalidad y como algo legítimo y en absoluto reprochable?.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 21.12.15 | 17:12

    De hecho, en las controversias que Pablo refleja en sus cartas en ningun momento aparece una discrepancia con los judeocristianos en lo que diremos doctrina o concepción acerca del "quién o qué" de Cristo, y es de suponer que de haberse producido no podría por menos de recogerse en ellas.La discrepancia es acerca del "qué" implica y se deriva del hecho Cristo respecto al que llamaré régimen de la Ley, pero en cuanto a lo recogido en el Himno Filp no parece haber desacuerdo, la kenósis o abajamiento de Dios, la Exaltación final como Señor, Kyrios, que tiene su punto de inflexión y/ o de giro radical en la cruz, y, por supuesto, en la Resurrección subsecuente a aquélla.Un inciso. En el Himno tal punto de inflexión que supone la cruz se expresa en términos de "obediencia", concepto clave en la Epístola, no paulina, a los Hebreos, epístola que el recientemente fallecico R. Girard detestaba pero que creo merece un detenido estudio y atención.

    Otro inciso. Acerca de....

  • Comentario por galetel 21.12.15 | 07:13

    Desde Argentina:
    Ahí está el punto: tuvo que haber una experiencia sumamente extraordinaria que los discípulos y los familiares de Jesús -que estaban completamente decepcionados de él- tomaron por un refrendo directo de Dios. Experimentaron de algún modo una revelación de que Jesús estaba resucitado y exaltado "a la diestra" de Dios y vendría como "Hijo del Hombre" apocalíptico a completar la Redención.

  • Comentario por Desde Argentina 21.12.15 | 05:08

    ...tener a Dios representado en una figura. Y nosotros? Creeríamos si alguien viene y nos dice que Jesús se ha encarnado otra vez y lo podemos ver aquí o allá hoy mismo? Supongo que la amplia mayoría, no. Creo que para que eso suceda es necesario que haya transcurrido un espacio relativamente prolongado de tiempo que permita una cierta descontextualización del personaje y por consiguiente su nuevo amoldamiento a otros esquemas. Aunque parece muy probable que en el caso de Jesús tal espacio de tiempo fue bastante breve.

  • Comentario por Desde Argentina 21.12.15 | 04:47

    Galetel;
    Me parece muy plausible en su intervención excepto, quizás, en los últimos renglones. En efecto, me parece muy difícil considerar que la fe cristiana prepaulina se deba remontar a los familiares de Jesús y sus primeros conversos. Personalmente, no me parece convincente que un grupo de pescadores de una zona cuasi-rural, muy poco o nulamente instruidos hayan sido capaces de asimilar, comprender y aceptar el pensamiento abstracto y altamente elaborado teológicamente de un Pablo de Tarso, incluso en su núcleo primario que tal vez podríamos identificar con HF. Y hago una pregunta: Cómo hubiese reaccionado Santiago cuando alguien le dijese que su hermano era el Dios-Yahve encarnado? Representado de alguna manera en un cuerpo humano y nacido del seno de una virgen? Le hubiese creído? Yo lo dudo mucho. No sólo por su radicalidad, sino también por sus propios esquemas mentales y culturales -más bien conservadores- que supongo les parecería inconcebible...

  • Comentario por galetel 20.12.15 | 21:23

    la unidad en la ortodoxia, también con los joánicos, cuando ya se hubo superado la trifulca a favor de los paulinos. El pluralismo venció al exclusivismo, pero dentro del inclusivismo. El inclusivismo aglutinante no fue en el paulinismo primordialmente, sino en la fe cristiana pre-paulina que se remontaba a los discípulos y los familiares de Jesús y sus primeros conversos.

  • Comentario por galetel 20.12.15 | 21:22

    Desde Argentina:
    Sí, pienso que tiene Vd. razón en que hay que tener en cuenta que hubo una discrepancia muy seria, con enfrentamientos muy duros, entre los “judaizantes” y Pablo. Seguramente “los de Santiago”, y en particular Santiago mismo, estaban de acuerdo con Pablo en cuanto al núcleo esencial de la fe cristiana, como Santiago manifestó en el acuerdo de Gálatas, pero no sacaban todas las consecuencias respecto del universalismo y el pluralismo, y tampoco Pedro, como sigue contando la misma epístola. Seguían siendo judíos bastante exclusivistas en cuanto a la Ley, y esto era básico para su tipo de cristianismo.

    Los cristianos paulinos, en cambio, mayoritariamente de origen gentil, fueron forzando a asumir el criterio de Pablo, y así fue, sobre todo por la paulatina desaparición del judeocristianismo “puro”, como nos cuenta el artículo. Pero parece que el núcleo común pre-paulino (MT->HF) siempre estuvo vigente en ambos lados, y sirvió para restablecer la unidad...

  • Comentario por Desde Argentina 20.12.15 | 19:53

    Galetel;
    Reconozco estar parcialmente de acuerdo en su exposición. Ahora bien, hago las siguientes observaciones: a lo largo de su misión -o durante gran parte de la misma-, Pablo tuvo que hacer frente a las acusaciones y hostilidades de la "misión" judaizante, algunos de cuyos miembros según se dice, eran enviados o apoyados por Santiago. Incluso, presumiblemente luego del "concilio" de Jerusalén. Por lo tanto se me hace difícil delimitar cuál fue el alcance de tal acuerdo entre las partes o en qué áreas se impuso. Y en otra parte, Pablo dice que "en nada hicimos concesiones".
    Además, el contexto controversial/acusatorio de Gálatas obliga a Pablo a realizar una apología/defensa de sí mismo, y por tanto es parte interesada del conflicto.
    Estas y otras observaciones, me hacen dudar de la identidad del evangelio predicado por Pablo y el predicado por Jerusalén, aunque me resulta intrigante la voluntad no romper del todo con la Iglesia Madre.
    En fin...tema apasiona...

  • Comentario por galetel 20.12.15 | 11:53

    Pero Pablo logró darle un cariz universal al cristianismo temprano: los cristianos empezaron entonces a comprender (y hasta hoy siguen haciéndolo) que, a pesar de su origen concretamente judío, israelita, la vocación del cristianismo auténtico (y del judaísmo auténtico) era cumplir una misión universal manteniendo siempre la fidelidad a su núcleo esencial (HF) pero abriéndose al pluralismo para incardinarlo en todas las culturas y pueblos “hasta los confines de la tierra”. Inclusivismo pluralista. Gracias a Pablo y los paulinos.

  • Comentario por galetel 20.12.15 | 11:42

    mayoritariamente de origen gentil, derivaciones e interpretaciones que estaban alejadas del judeocristianismo, por influencias paganas y también por conflictos con las sinagogas judías que se les oponían. Pero siempre hubo intención, me parece, de mantener fidelidad al mensaje original que figuraba en las cartas auténticas de Pablo, y que era de raíz pre-paulina. Por eso pienso que es mejor hablar de “hacia la difusión y reunificación de la ortodoxia temprana (prepaulina, del HF)” mucho mejor que “hacia la formación de la ortodoxia temprana”.

  • Comentario por galetel 20.12.15 | 11:40

    No se puede negar que hubo varios desarrollos diferentes que, en parte por los enfrentamientos y guerras, en parte por los distintos enfoques de los grupos cristianos según su cultura original, arameos, helenistas y gentiles, en parte por la dispersión geográfica y política en que se dieron necesariamente las Iglesias, hicieron hincapié en aspectos diversos.

    Pero hubo un tronco común que partió de la fe cristiana de los principales discípulos y familiares de Jesús, y de sus primeros conversos: la expresada en el HF, antes de Pablo y recogida por Pablo, quien la desarrolló y la difundió a su modo, creando el cristianismo paulino, pero coherente con el cristianismo original. Preocupándose explícitamente de “no correr o haber corrido en vano” y de contrastar su predicación con los líderes judeocristianos que habían sido los principales conocedores íntimos de Jesús.

    No se pudieron evitar, en las Iglesias paulinas, que pasaron a ser mayoritariamente de origen gen...

  • Comentario por sofía 20.12.15 | 09:34

    Yo sigo preguntando por el papel de esas cartas auténticas. Si le damos un papel a Pablo tendrá que ser a partir de los datos que tenemos y no hiperdimensionado. Y creo que lo que dice Galetel respecto a Gálatas es muy a tener en cuenta.
    No entiendo además que se afirme en este y en otros tantos posts con toda certeza que Pedro no pintaba nada, cuando está claro que los datos le dan un papel importante desde el principio. Se lo da Pablo incluso cuando narra su discusión con él y se lo dan los evangelios, paulinos o no, y si creen necesario darle ese papel, será que tiene una base cierta y puede servir como punto de referencia común -eso se ve cuando se le exalta a jefe y cuando se le bajan los humos, las dos cosas son necesarias, su reconocimiento y su relativización y tiene que tener una razón de ser en la realidad, en las relaciones entre unos y otros.
    Se asegura gratuitamente q no aportó nada, cuando lo lógico es q transmitiera su testimonio del maestro.

  • Comentario por galetel 20.12.15 | 07:24

    Completamente de acuerdo con Antolín.

  • Comentario por galetel 20.12.15 | 07:22

    Desde Argentina:
    Hubo un acuerdo fundamental entre los líderes judeocristianos (que eran el principal hermano, Santiago, y los principales discípulos de Jesús, Pedro y Juan) y Pablo, como cuenta Pablo en Gálatas (2, 9), y no se habría arriesgado a decirlo si pudiera haber sido desmentido. No podría haber habido acuerdo sobre NADA si las concepciones cristológicas hubiesen sido radicalmente diferentes. Claro que hubo también desacuerdo sobre la incorporación de los gentiles, pero no sobre el tipo de señorío de Jesús el Cristo. Por supuesto, el punto esencial era la coincidencia en la experiencia de la resurrección y exaltación de Jesús. Todo fue intrajudío, aunque entre judíos arameos y helenistas; estos eran de cultura helenista, pero eran judíos, y el Himno es en términos judíos.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 20.12.15 | 04:51

    Pablo toma los fundamentos y los repiensa y hasta los radicaliza en su permanente intento de comprensión, en efecto, concuerdo con ello.Pablo abre perspectivas nuevas, la cuestión reside en si estas perspectivas se encuentran ya implícitas en los propios fundamentos, por más que otros no hayan llegado a verlas, o si se hallan en contradicción con ellos.

    En Pablo es central el tema de la cruz, tema ciertamente peliagudo para los seguidores del Nazareno, y a partir de él (fundamentándose, por supuesto en la radical creencia en la Resurrección-Exaltación del Crucificado) desarrollará todo su argumentario del advenimiento de un nuevo régimen de la relación entre Dios y el ser humano. En el Himno de Filipenses, considerado pre-paulino, también resulta central el tema de la cruz que, tal acabo de decir, Pablo desarrollará.Judíos helenistas,sí, pero judíos quienes elaboran el Himno, ¿lo "traiciona" Pablo, incurre en contradicción con él?.

  • Comentario por Desde Argentina 20.12.15 | 02:27

    Galetel:
    Sinceramente, tengo serias dudas de que lo que expresa el HF haya sido el pensamiento genuino y primario de Jesús y sus más inmediatos seguidores judíos palestinenses (o delimitando algo más; galilaicos). El material "furtivo" presupone otras concepciones. No niego que tal himno pueda haber sido producido en ambientes judaicos extrapalestinos y altamente helenizados de los cuales Pablo sea tributario. Al decir "primer hereje" quise expresar que él , Pablo, es la primera persona a la históricamente podemos identificar como representante de esta nueva visión de Jesús. Sin duda que los fundamentos estaban puestos, Pablo los toma, sí, pero también los recrea, los repiensa y hasta los radicaliza en su permanente intento de comprensión. No por nada se lo ha llamado también el primer teólogo del cristianismo.



  • Comentario por galetel 19.12.15 | 20:07

    [Desde Argentina:] "si se considera a Pablo como el "primer hereje" en el sentido de que con él inicia la reinterpretación paulina que todos conocemos -la teología de la cruz-, muy alejada de lo que se podría esperar del Judaísmo más representativo de la época..."

    No estoy de acuerdo con esa consideración. Ya saben... el HF fue citado por Pablo, pero no es original de Pablo sino de judeocristianos helenistas anteriores, de quienes lo aprendió Pablo, y lo citó, y lo difundió y lo desarrolló a su modo. Por cierto, esto lo sostienen destacados estudiosos, y sostienen además que el HF fue compuesto por judíos, en ambiente judío, y en términos judíos. Lo que no quita que, difundido por Pablo, haya sido central en el desarrollo del cristianismo en Éfeso y en todas partes.

  • Comentario por Desde Argentina 19.12.15 | 16:26

    Particularmente, creo que el rol desempeñado por las cartas de Pablo -y por Pablo mismo- fue centralmente importante en estos desarrollos. En efecto, si se considera a Pablo como el "primer hereje" en el sentido de que con él inicia la reinterpretación paulina que todos conocemos -la teología de la cruz-, muy alejada de lo que se podría esperar del Judaísmo más representativo de la época, aparece como el personaje que gatilla, el que "aprieta el botón" para lo que vendría después. Y por supuesto, una vez desaparecido físicamente sus cartas se vuelven muy influyentes, conocidas y reconocidas. Tengamos en cuenta que 2 Pedro (ca. 100-120) las cita como corpus dotado de autoridad, por lo cual ya antes deben de haber sido utilizadas en el fragor de la batalla.

  • Comentario por sofía 19.12.15 | 13:17

    Interesante post y comentarios. Me sumo a la pregunta que hace Galetel sobre el papel de las cartas auténticas de Pablo. Me parece un tema esencial cuando se está hablando de paulinismo. Es una pregunta que no debería quedar sin contestación si queremos tener las cosas claras.

  • Comentario por Xabier 18.12.15 | 10:47

    "Has perseverado y sufrido por mi nombre"

    En estas circunstancias, es probable que tenga razón Renan y que la comunidad paulina fuese mermada, por lo que el falsario autor de 2 Timoteo dice que todos los de Asia abandonaron a Pablo, por lo que se escribió Hechos en defensa de Pablo.

  • Comentario por Xabier 18.12.15 | 10:43

    ¿Qué ocurrió entre la marcha de Pablo y Hechos? Propongo una hipótesis con alguna dosis de especulación.

    Al mismo tiempo que Pablo, hubo una desbandada de judeocristianos paulinos, como Prisca y Aquila, que viajaron a Roma. Hechos 16 es una prueba de ello.

    Según Hechos, cuando Pablo llegó a Jerusalén, unos "judíos de Asia" le acusaron de profanar el templo. Es evidente que esos judíos eran de Éfeso, pues habían reconocido a Trófimo el efesio. Pablo fue arrestado.

    Es verosímil que los mismos judíos efesios que acusaron en Jerusalén a Pablo de profanar el templo, pudieron repetir la acusación en Éfeso, manchando su nombre. Y me atrevo a decir que hubo una persecución en Éfeso. Hay dos indicios claros de una mini-persecución en Éfeso:

    - En el mismo discurso a los ancianos de Éfeso, Pablo dice que "después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no perdonarán al rebaño" y, en Apocalipsis, se dice a Éfeso que "has p...

  • Comentario por Xabier 18.12.15 | 10:32

    Leyendo las cartas del Apocalipsis puede verse que había en Asia cristianos que incitaban a comer carne sacrificada a los ídolos y a fornicar. Creo que se acusó a Pablo de ser el culpable de ello y que Hechos pretende defenderle de esas acusaciones y, al mismo tiempo, atacar a esos grupos. ¿En qué me baso? Ahora lo digo:

    a) En un discurso claramente ficticio de Hechos de los Apóstoles, Pablo dice a los ancianos de Éfeso que "de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí" y que "os testifico en el día de hoy que yo estoy limpio de la sangre de todos". Esto supone una clara desvinculación de Pablo con los que, cuando se escribió Hechos, hablaban cosas perversas.

    b) Es verosímil que esas cosas perversas fuesen las mismas que se censuran en el Apocalipsis. De hecho, Hechos no dice una ni dos veces sino tres que hay que abstenerse de la impureza y de los idolocitos

  • Comentario por Xabier 18.12.15 | 10:21

    ...pero no siempre amistosos. El caso más claro es entre la resurrección de Lázaro (que provoca que aumente el número de creyentes) y la parábola del pobre Lázaro, en la que Abraham dice que los hermanos del rico no creerán aunque un muerto resucite. Yo diría que uno de los dos quiere llevarle la contraria al otro.

    3. En la pseudopaulina 2 Timoteo, el falsario pone en boca de Pablo que todos los de Asia le han abandonado. ¿Es posible que este dato sea cierto y que hubiese habido una desbandada entre los paulinos después de que Pablo abandonase Éfeso para no volver nunca más? Renan así lo cree, llegando a afirmar que las cartas del Apocalipsis contienen puyas contra Pablo.

    4. Estoy de acuerdo en que Hechos pretende crear puentes con otros cristianos, pero defendiendo a Pablo de acusaciones de las que era víctima por los otros grupos y atacando a otros. Ahora defiendo mi tesis.

  • Comentario por Xabier 18.12.15 | 10:11

    Muchas gracias por la reseña. Planteo algunas cuestiones por si quiere responder el profesor Fontana o algún comentarista:

    1. En la portada se acota el estudio al periodo 70-135 pero, creo que sería conveniente empezar antes. En Filipenses, escrita en Éfeso, Pablo alude a un grupo de cristianos que se alegran de que esté encarcelado: "Es cierto que algunos predican a Cristo por envidia y rivalidad...no con puras intenciones, pensando que así añaden sufrimiento a mis cadenas. ¿Y qué? Al fin y al cabo, con hipocresía o con sinceridad, Cristo es anunciado". Y, en 2 Corintios 11:26, Pablo alude a peligros entre falsos hermanos.

    ¿Quiénes son esos cristianos adversarios de Pablo en Éfeso? ¿Judeocristianos? ¿Joánicos? Si nos fiamos de Hechos, había un grupo de cristianos "imperfectos" que practicaban el bautismo de Juan. ¿Son los que estaban detrás de ellos los adversarios?

    2. Veo claro que hubo trasvases entre Lucas-Hechos y Juan...

  • Comentario por galetel 18.12.15 | 10:08

    Interesantísimo, gracias. ¿Qué papel desempeñaron las cartas auténticas de Pablo? ¿Eran ampliamente conocidas e influyentes en este proceso?

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