El blog de Antonio Piñero

Del Jesús pseudohistórico a la pseudofilosofía. Falacias y disparates de Javier Gomá (I)

10.06.15 | 01:19. Archivado en , CRISTIANISMO

Hoy escribe Fernando Bermejo

Omnia praeclara rara
(proverbio latino)

¡Cuidaao! ¡Dányer! ¡Caaution! ¡Bi cáreful, bi cáreful…!
(José Mota)

En 2013 la editorial Taurus publicó el libro de Javier Gomá Lanzón Necesario pero imposible, o qué podemos esperar. Concebido por su autor como la inspirada coronación de una tetralogía sobre la ejemplaridad, el objetivo del libro consiste –para decirlo con brevedad– en hacer filosóficamente respetable la idea cristiana de la resurrección del galileo Jesús, y, por extensión, la de “dar veracidad a la continuidad de lo humano tras la muerte”. Dado que la tesis quiere sostenerse en no poca medida sobre el carácter presuntamente ejemplar del “Jesús histórico”, el libro fue ya objeto de una crítica de Antonio Piñero en Revista de Libros, que fue prontamente respondida por Gomá (ambos escritos son accesibles en: http://www.revistadelibros.com/resenas/mas-alla-de-la-muerte). Quien no conozca el libro hará bien en recurrir a la mesurada e imparcial síntesis que Piñero realizó de él al inicio de su crítica.

Aunque tras leer en su momento el escrito de mi amigo Antonio Piñero me quedé algo intrigado –tanto más cuanto que la lectura de la respuesta de Gomá me divirtió mucho, mostrándome que aquí había un caso prototípico (ya veremos de qué)–, no ha sido hasta muy recientemente cuando he encontrado el momento de abordarlo. La lectura del libro me ha permitido constatar no solo que la crítica efectuada por Piñero es totalmente correcta, sino también que resulta muy insuficiente (algo explicable en buena parte debido a la necesidad de que una reseña escrita por encargo se atenga a unos límites determinados). Por lo demás, Piñero dejó sin réplica la respuesta de Gomá, a pesar de que –o quizás precisamente porque– esta es, como veremos, peor que insatisfactoria.

Todo ello me ha movido a escribir la –lamentablemente tardía– crítica que aquí comienza, y que se prolongará con sucesivas entregas en las próximas semanas. La extensión de mi análisis parecerá, y de hecho es, totalmente desproporcionada para los merecimientos del libro. Sin embargo, los lectores que tengan la paciencia de seguir hasta el final la serie que hoy comienzo entenderán a qué se debe. En efecto, Necesario pero imposible es un ejemplo de un modo de hacer las cosas, muy extendida entre ciertos intelectuales oraculares, destinado a épater le bourgeois y a impresionar a los lectores con un discurso tan grandilocuente como vacuo, y cuyo desenmascaramiento, aunque es tan posible como necesario, al mismo tiempo exige un análisis pausado que precisamente al lector medio suele estarle vedado por falta de conocimientos, tiempo, paciencia y/o voluntad. Ese modo de hacer las cosas que ejemplifica el libro de Gomá solo puede provocar una completa decepción en quien aspira al rigor crítico y al respeto por las verdades más elementales –esas verdades cuya flagrante vulneración por parte de quienes hablan de manera rimbombante sobre la supuesta Verdad permite deducir con fundamento lo peor–.

Es cierto que Javier Gomá tiene voluntad de estilo y una prosa cuidada, y es cierto que esto es siempre de agradecer. Es también cierto que es un autor que ha leído –aunque ya veremos cuánto no ha leído–, que manifiesta con claridad lo que quiere decir, y que su prosa resulta entretenida gracias a las abundantes citas de poetas, novelistas, filósofos y teólogos (sobre todo teólogos). Sin embargo, incluso en el aspecto formal su discurso acaba volviéndose reiterativo y hasta cansino, tanto más cuanto que llegado un cierto punto el lector exigente tiene la sensación de déjà-vu y no puede evitar preguntarse si esta prosa florida y a menudo emperejilada está al servicio del conocimiento y la lucidez o más bien al del narcisista lucimiento de un autor en detrimento de metas más altas y más nobles. Pero, sobre todo, es la detección de un buen número de falacias, falsedades y disparates en el discurso de Gomá –que crecen de modo exponencial en toda la segunda mitad de su libro– lo que da al traste con cualquier posible admiración y aplauso por mi parte. Dado que, como demostraré detenidamente, Necesario pero imposible presenta numerosas y cruciales deficiencias informativas y argumentativas, sus atractivos formales no son, en mi opinión, una razón suficiente para salvarlo y recomendarlo. En ello discrepo –aunque prácticamente solo en ello– de la opinión de Antonio Piñero.

Por lo demás, aclaro desde ahora que hay diversos aspectos de este libro que, por razones diversas, no comentaré. Así, por ejemplo, tanto en sus larguísimos prolegómenos como en otras secciones hay numerosas afirmaciones (v. gr. “el hombre experimentado… no termina de acostumbrarse a…. su total desaparición del mundo”, “los hombres somos imitaciones de un modelo que está ausente o que no existe, y que añoramos con nostalgia”, “el ser es, en último término, antropomórfico”, “la realidad posee una estructura ejemplar”, y muchas otras por el estilo) que o parecen pertenecer al ámbito indemostrable de lo que Aristóteles consideró axiomático, o cuya refutación nos llevaría demasiado lejos, o que son –para hablar claro– simples paparruchas (como cuando el autor identifica la “buena muerte” con la de quien “muere desdramatizando el absolutismo de la experiencia, relativizada por la esperanza de una continuidad trasmundana del yo” –como si el único morir digno y ejemplar fuera el de los creyentes en lo trasmundano… Sin comentarios–).

Hay también una buena parte de este libro que no me molestaré en discutir porque la tarea sería sin duda inútil; me refiero a las docenas de páginas en las que el autor abandona totalmente el ámbito argumentativo para refugiarse en ramplona apologética cristiana (como cuando cita a Ernst Troeltsch, teólogo cristiano, para proclamar la superioridad del cristianismo sobre el resto de las religiones) o en la homilética, combinando su prosa laudatoria de Jesús y su supuesta incomparable significación con gran cantidad de citas de teólogos y exegetas cristianos. En estas partes del libro no hay ni un solo razonamiento válido –de hecho, ni un solo razonamiento–, sino únicamente una prosa ditirámbica al servicio del pasmo y de la adoración. Tampoco me molestaré en comentar, por supuesto, las no escasas páginas en las que el autocomplaciente autor canta las loas de su propia obra y se refiere a su existencia como “rehén de las Musas” (sic). Concentraré mi análisis en los aspectos nucleares del libro de Gomá susceptibles de ser sometidos a la prueba de los hechos, con el objeto de evaluar su credibilidad. Es en este espacio en el que, al menos en principio, puede encontrarse todo lector honradamente inquisitivo, independientemente de sus creencias y sus esperanzas, o su falta de ellas.

Necesario pero imposible se ofrece al público como un libro de filosofía, y así es generalmente presentado y considerado. En realidad, a qué género pertenece realmente este libro lo veremos en su momento. Pero hay que dejar claro ya de entrada lo que la pátina filosófica y la prolija prosa de su autor podrían acabar velando a lectores poco avisados, a saber, que este ya da por sentada desde sus primeras páginas la existencia de un “Dios” (aunque con Schopenhauer podríamos preguntar: Wer ist dieser Bursche?) cuya negación supondría según él un “objetivo empobrecimiento” de las posibilidades humanas. Y aunque Gomá habla de “civilizar” la idea de Dios, y se esfuerza por minimizar al “Dios creador” a favor de un “Dios de la esperanza”, en realidad –asumiendo las ideas de la “teología dialéctica” de Barth– está hablando de “el Dios de la confesión cristiana de fe”, el cual sería, al parecer, totalmente diferente “de los dioses todos”. Este tipo de asunciones del autor dejan ya vislumbrar qué se puede esperar de su libro, pues allí donde tal ente está presupuesto, todo lo demás se dará por añadidura. Por ello cabe preguntar a qué vienen todas las páginas en las que Gomá presenta como un problema la cuestión de si la experiencia del mundo agota o no la integridad de lo humano y la extensión de lo real, cuando él ya ha decidido todo de antemano, y a esta pregunta cualquier lector mínimamente avispado sabrá responder. De hecho, por si quedara alguna duda, Gomá también asume que ese Dios “usa de su poder para introducir desde fuera… cierta novedad en el funcionamiento de la ciega rueda del mundo”, y que su modo de hacerlo es “suscitar en el seno de la experiencia el ejemplo de alguien que pruebe en su persona la inexorable injusticia del mundo y, luego, tras morir, ofrezca a los demás el precedente de una continuación trasmundana de la individualidad”. Dicho sin retórica y en román paladino: Dios envía a su Hijo Jesucristo a la tierra, que tras morir resucitó. ¿Les suena? Pues aquí yace la sedicente filosofía de Necesario pero imposible.

Discutir con un creyente sobre “Dios” o sobre si la extensión indefinida de la finitud es o no precisamente una contradictio in adiecto o si tal extensión contradice la experiencia o simplemente la suplementa es inútil. Pero para aquilatar y poner a prueba la fiabilidad del discurso de Gomá no será una pérdida de tiempo considerar aquellas de sus afirmaciones que son susceptibles de ser falsadas. En efecto, para “civilizar a Dios” –léase: para intentar dotar de respetabilidad y un mínimo de sofisticación intelectual al discurso cristiano en el s. XXI–, Gomá necesita apelar a algo que suscite cierta consideración en sus contemporáneos, y ello no es otra cosa que la historia y la ciencia. Pero antes aún de entrar en los “admirables métodos científicos del Jesús histórico”, nuestro autor abre uno de sus capítulos clave con estas palabras:

“En determinado momento se puso en marcha una cadena de acontecimientos que no han dejado de intrigar al observador imparcial y que aún hoy están esperando una justificación convincente por parte de los historiadores.
La historiografía tiene pendiente explicar, primero, qué ocurrió para que un hombre pobre, ágrafo y crucificado por el poder romano, alejado de las esferas de poder económico, político o social de su tiempo, casi instantáneamente después de morir fuera divinizado por sus propios contemporáneos que lo conocieron y acompañaron en su fracaso durante los pocos años de su vida pública, precisamente unos judíos piadosos que habían aprendido a odiar toda tentación de idolatría […] un proceso semejante carecía de precedentes y de consecuentes en el monoteísmo, y mucho menos en uno tan fanático como el judío, devoto de un Dios celoso” (cursivas originales)

La idea se reitera en diversos lugares, y vuelve por sus fueros hacia el final del libro, donde, entre los hechos supuestamente “científicamente probados” (sic), Gomá hace constar el siguiente:

“El primer hecho se refiere a la temprana divinización de su persona por parte de sus discípulos y seguidores. Éstos, poco después de su muerte, empezaron a rendir culto al predicador de Galilea, contemporáneo suyo, a quien proclamaron el Cristo, el Hijo de Dios, el Señor, títulos que presuponen su divinidad […] Lo extraordinario en el caso del galileo reside en que fue divinizado por quienes, como judíos piadosos, educados en el horror a la idolatría, profesaban un monoteísmo que formaba parte sustancial de su identidad como pueblo elegido. Y además era a un compañero, con el que habían convivido y recorrido caminos juntos, a quienes se atrevían a poner en ‘comunidad de trono’ con el mismísimo Yahvé, creador del mundo”

Lamentablemente, en estos párrafos hay ya algunos elementos dudosos, otros falaces, y otros directa y demostrablemente falsos.

Ante todo, la pretensión de que “la historiografía tiene pendiente explicar” el proceso de divinización de Jesús es un disparate. Este fenómeno puede resultar llamativo a los legos, pero tras la investigación realizada –en particular, desde hace un siglo, cuando Wilhelm Bousset publicó su Kyrios Christos– ha sido explicado con suficiente claridad. La falsedad de la afirmación de Gomá quedará clara en la discusión subsiguiente.

Afirmar que es un “hecho” “científicamente probado” que Jesús fue divinizado por sus discípulos tan tempranamente como Gomá pretende (con “poco después de su muerte” parece referirse a semanas, meses o pocos años) es asimismo falso. Ante todo, esto no es un hecho –mucho menos “científicamente probado”– sino en todo caso una hipótesis, como lo demuestra el que no pocos estudiosos de muy distinto signo ideológico (v. gr. el descreído Maurice Casey y el piadoso cristiano James Dunn), y con argumentos no desdeñables, sostengan que no puede hablarse en rigor de una divinización de Jesús –en un sentido relativamente preciso del término– hasta bien entrado el s. I, cuando los discípulos directos de este estaban presumiblemente muertos (Bousset, que escribió a principios del s. XX y condicionó la investigación durante mucho tiempo, opinó que se habría dado a mediados del s. I tras la entrada de judíos helenizados de la diáspora). En todo caso, las fuentes permiten en este caso más de una posibilidad, y mientras que autores como Hengel o Hurtado (Gomá se basa en el primero en su libro, en el segundo en su réplica a Piñero) mantienen una divinización ocurrida muy tempranamente, esta creencia depende de testimonios literarios abiertos a la interpretación. Así pues, Gomá comete la falacia –elemental y garrafal– de hacer pasar por un hecho lo que no es sino una opinión de algunos estudiosos.

Pero hay más. Que Jesús “casi instantáneamente después de morir fuera divinizado” (cursivas mías) es incierto, y por varios motivos. En primer lugar, porque Gomá nunca aclara a sus lectores qué quiere decir con “divinización”, con lo cual crea una confusión que sirve a un discurso vago e impreciso. “Divinización” y “dios” son términos que pueden usarse de diversas maneras –como evidencia el uso del término “dios” y la atribución de rasgos divinos a distintas figuras en el propio seno del judaísmo, la discusión filosófica en la Antigüedad sobre niveles distintos de divinidad y la historia del dogma cristiano (en la que no es lo mismo el sentido de los términos usados en los concilios de Nicea y Constantinopla que en el Nuevo Testamento, aunque algunos crean que sí). Gomá parece asumir la comprensión generalizada y moderna del término, dependiente para muchos de una comprensión media niceno-constantinopolitana, pero que este sea el sentido que tenía en el s. I está por demostrar.

Que “un proceso semejante carecía de precedentes y de consecuentes en el monoteísmo, y mucho menos en uno tan fanático como el judío” –dejando aparte por el momento lo de que el monoteísmo judío era “tan fanático”– puede entenderse de dos maneras: o bien referida específicamente a “un hombre pobre, ágrafo y crucificado por el poder romano” –es decir, a Jesús– o bien más genéricamente a la ausencia de procesos de divinización de seres humanos en el ámbito del judaísmo. Resulta que, en el primer caso, la afirmación de Gomá es un truismo (o, si se prefiere, una perogrullada), pues la divinización del ser individual Jesús carece por definición de antecedentes. Pero si lo que se quiere decir es que el judaísmo no conocía procesos de divinización de seres humanos, esto está de nuevo en algún lugar entre lo incierto y lo falso. Veámoslo.

El judaísmo antiguo –del que, como veremos en su momento, Gomá tiene una idea simplista y caricaturesca, indiscernible de rancios clichés– era, como el cristianismo antiguo y como tantas otras cosas en el mundo, una realidad más compleja de lo que parece a primera vista. En cuanto al monoteísmo, sin ir más lejos, la propia Biblia judía emplea en diversos pasajes la terminología divina para referirse a seres humanos. Por ejemplo, en el Salmo 45 el rey es llamado “Elohim”, mientras que en la versión griega este nombre divino es traducido como ho theós. En Isaías el rey es aclamado como “dios poderoso” (el gibbor). Por supuesto, en tales concepciones el rey se consideraba subordinado a Yahvé, pero esas tradiciones contribuyeron a la descripción del mesías en términos exaltados en textos judíos del período del Segundo Templo (y, obviamente, a la afirmación de la divinidad de Jesús por sus seguidores tras su muerte).

Tal terminología contiene solo los gérmenes de procesos de exaltación de diversas figuras que tuvieron lugar en el judaísmo del período helenístico, y que han sido investigados desde los años 70 por una gran cantidad de especialistas, que han escrito abundantísimos artículos y monografías, normalmente en inglés y alemán. Entre ellos, citemos a bote pronto a Alan Segal, Jarl E. Fossum, Margaret Barker, Loren Stuckenbruck, John Collins, Adela Yarbro Collins, Darrell D. Hannah, Charles A. Gieschen, Andrew Chester, Peter Hayman, Wayne A. Meeks, Crispin Fletcher-Louis, Philip S. Alexander, Steven Richard Scott, Daniel Boyarin, etc., etc.

Los resultados obtenidos en las obras de estos y otros autores han obligado ciertamente a cualificar la comprensión del “monoteísmo” de Israel, en la medida en que han demostrado más allá de toda duda que el judaísmo había desarrollado especulaciones sobre distintas figuras a las que se presentaba como agente principal de Dios, y que adquieren cualidades divinas o cuasidivinas. En las fuentes, este rol es desempeñado a veces por uno de los atributos del propio Dios (como la Sabiduría o la Palabra, descritas de manera personificada), otras veces por un ángel o arcángel, y otras por un importante personaje humano del pasado, profeta, figura mesiánica o ancestro, real o imaginado. ¿Hay que recordar que Filón se refiere al Logos como a un “segundo dios”, o también a Moisés en términos divinos? ¿Hay que recordar que en algunos textos de Qumrán el lenguaje para designar a la divinidad se aplica a Melquisedec? ¿Hay que recordar el tratamiento de Henoc en el “Libro de las Parábolas”, en el que coexisten las ideas de la preexistencia del Hijo del hombre, de la futura adoración de Henoc, su designación como mesías, redentor y juez escatológico, así como la combinación en una figura de hombre y dios? En otro orden de cosas, ¿hay que recordar que Pablo de Tarso, normalmente identificado como monoteísta, habla en 2 Corintios del “dios de este mundo”?

En efecto, después de que arqueólogos e historiadores de las religiones hayan demostrado la inexistencia de “monoteísmo” en el antiguo Israel –y hayan mostrado el carácter tergiversado, ideológico y anacrónico de la imagen bíblica de las creencias de la época (cf. v. gr. las obras de Zvit, MacDonald, Smith, Becking, y un largo etcétera)–, desde hace varias décadas los estudiosos del judaísmo helenístico han concluido que en este período el “monoteísmo” de Israel hay que tomarlo cum mica salis. Aun sin necesidad de aceptar la propuesta radical de algunos autores como Paula Fredriksen –que en su famoso artículo “Mandatory Retirement…” impugnaba tout court la validez de la categoría de “monoteísmo” al referirse al judaísmo de este período–, lo que desde luego la investigación ha demostrado es la necesidad de cualificar, y de varios modos, el “monoteísmo” de Israel. Comprender esto resulta esencial, pues permite a su vez entender que el proceso de exaltación de Jesús, que Bousset atribuyó a un influjo helenístico, puede haber tenido lugar en el mismísimo seno de una fe “monoteísta”.

Como un mero ejemplo de un sentir generalizado entre los especialistas, que expresa la convicción de quienes han analizado las fuentes con cuidado, citaré a alguien poco sospechoso de radicalismo, el eclesiástico británico William Horbury, quien sintetiza uno de sus artículos publicado en 2009 del siguiente modo (traduzco del inglés): “Aquí se argumenta por doquier que la interpretación del judaísmo como un monoteísmo riguroso, “exclusivo” en el sentido de que niega la existencia de otros seres divinos, hace menos que justicia a la importancia de tendencias místicas y mesiánicas en la época herodiana –pues estaban a menudo vinculadas con un monoteísmo “inclusivo”, en el que la deidad suprema era consideraba superior pero en asociación con otros espíritus y poderes”. En época herodiana, es decir, precisamente en el período anterior y contemporáneo al del surgimiento de la secta nazarena.

Lo anterior explica que entre las apreciaciones sensatas que Piñero formuló en su reseña crítica a Necesario pero imposible figurase la de que el proceso de divinización de Jesús no es en modo alguno tan extraño como Gomá lo presenta. Escribe Piñero:

“Por asombroso que parezca a quien no conoce esta cuestión, el pretendido y rígido monoteísmo judío de los siglos I y II d. C. era, en realidad, en círculos piadosos, un binitarismo subordinacionista y monárquico”

Ahora bien, en lugar de hacer uso de esta sensata crítica para admitir los límites expositivos de su libro y entonar honrada y sabiamente una palinodia, Gomá prefiere sin embargo obstinarse en el “sostenella y no enmendalla”. En su respuesta a Piñero, afirma alegremente lo siguiente:

“entre los especialistas […] el monoteísmo judío sigue siendo algo incuestionable, y, por tanto, su amago de objeción no vale para impugnar mi posición, asistida por el sentir absolutamente mayoritario de los que saben”

Esta afirmación de Gomá es, como se deriva de lo dicho, una manifiesta falsedad. Lamentablemente, Gomá identifica el librito de Martin Hengel de 1975 (El hijo de Dios) y algunas otras obras generalistas que ha leído con “el sentir absolutamente mayoritario de los que saben”. Ahora bien, esto solo demuestra –además de la confianza acrítica de Gomá en cierto tipo de literatura– la medida de la ignorancia de este autor con respecto a la investigación realizada en las últimas décadas. De hecho, uno de los varios problemas de Javier Gomá es que desconoce por entero la bibliografía especializada de muchos de los temas sobre los que, sin reparo alguno, pontifica; en estas circunstancias, la referencia de Gomá a los “especialistas” raya en el ridículo. Gomá no se ha enterado de cuánto ha llovido en el ámbito académico desde que Martin Hengel publicara El hijo de Dios el año de la muerte de Francisco Franco. No solo no cita ni uno solo de los muchos autores a los que me he referido supra, sino que parece desconocer la existencia misma de la investigación realizada desde los años 80 del s. XX. La obstinación de Gomá en el disparate procede con una retórica tan enfática (“incuestionable”, “sentir absolutamente mayoritario de los que saben”), que acaba resultando francamente cómica.

Pero por algo dice la sabiduría popular que la ignorancia es atrevida. Entre los problemas del discurso de Gomá no está solo el de estar trufado de falsedades y disparates, sino también el de incurrir en no pocas falacias. Tras la afirmación de que “entre los especialistas… el monoteísmo judío sigue siendo algo incuestionable”, en su respuesta a Piñero este autor prosigue:

“Últimamente el libro de Larry W. Hurtado, ¿Cómo llego Jesús a ser Dios? (Salamanca, Sígueme, 2013), que aborda la cuestión de la inesperada divinización del profeta galileo en el seno de un monoteísmo estricto, no toma en consideración ese supuesto binitarismo”

Veamos. En primer lugar, la obra a la que Gomá se refiere es la traducción (muy parcial e incompleta, como señalé en su momento en este blog) de una obra de Larry Hurtado –un autor que empezó a publicar en los años 70 del s. XX, y que es ciertamente uno de los nombres de referencia en la discusión sobre la divinización de Jesús– publicada en 2005. Ha llovido mucho entre 2005 y 2013, aunque Gomá no se haya enterado. Pero lo principal ahora es poner de relieve que Gomá utiliza la referencia a Hurtado como si fuera un argumento, cuando en realidad no es sino una falacia, la falacia ad auctoritatem. Lo significativo es que puede mostrarse, además, que en este caso Hurtado no debería ser usado como autoridad.

En efecto, Larry Hurtado lleva muchos años utilizando el término “binitarismo” (por cierto, un concepto que empezó a utilizar Friedrich Loofs a finales del s. XIX en la historia de la cristología), a más tardar ya desde su obra de 1988 One God, one Lord, para designar el monoteísmo cristiano y negando al mismo tiempo la pertinencia de aplicar este término –o alguno equivalente– a otros fenómenos del judaísmo helenístico. Ahora bien, aunque Hurtado es un estudioso erudito y respetable que ha efectuado contribuciones de innegable valor, algunas de sus ideas principales –y entre ellas la negativa a considerar desarrollos “binitarios” o, en todo caso, análogos al cristiano en el judaísmo no cristiano– han sido criticadas desde a más tardar finales de los años 90 del s. XX por un buen número de autores muy competentes (entre los cuales cabe citar a John J. Collins, Adela Yarbro Collins, Maurice Casey, William Horbury, Daniel Steenburg, Michael Peppard, David Rainbow, Andrew Chester, David Litwa…) con argumentos muy convincentes, y que muestran que la aproximación de Hurtado no es en absoluto la última palabra que Gomá pretende –como quien no quiere la cosa– que es.

Resumiendo muchísimo, lo que las críticas han mostrado es que Larry Hurtado (que en algunas cuestiones cruciales sigue a Martin Hengel) ha incurrido en toda una serie de interpretaciones erróneas del judaísmo helenístico, simplificando y minimizando de varios modos su complejidad, y ello con el (acaso inconsciente) objetivo apologético de sostener a toda costa el carácter sui generis de la divinización de Jesús y de postular su carácter de única verdadera “mutación” del monoteísmo judío que merece el nombre de “binitarismo”. En otras palabras, lo que muchos de los críticos de Hurtado han mostrado correctamente es que al menos algunos de los procesos que en el judaísmo helenístico asocian agentes divinos o cuasidivinos a Dios constituyen analogías suficientemente cercanas a la exaltación de Jesús como para que el proceso de divinización de este se haga más comprensible, y que el intento de negar la existencia de tales analogías es puro wishful thinking teológico. Dicho de otro modo, el proceso de divinización de Jesús es una especie que pertenece a un género reconocible, y aunque las analogías entre los distintos fenómenos no son perfectas (¡pero, por definición, no puede haber analogías perfectas entre fenómenos individuales!), estas son lo bastante considerables para contribuir a explicar su génesis y hacer de esos fenómenos algo inteligible. En este sentido, las deficiencias en la argumentación de Hurtado muestran una ruptura del procedimiento científico en virtud de la necesidad apologética de sostener la absoluta singularidad del fenómeno cristiano. Así se entiende que las obras de Hurtado, cristiano pentecostalista, al referirse al proceso de divinización de Jesús, abunden –en la mejor (o peor) tradición de pasmo cristiano, a la que con todo merecimiento pertenece también Gomá– en adjetivos del tipo “asombroso”, “sorprendente”, “desconcertante”, “incomparable”, etc., que –al igual que gran parte del lenguaje de Necesario pero imposible– provienen no del campo de la ciencia, sino más bien del de la fe y la adoración.

En estas circunstancias, aun si hoy en día uno puede encontrar a cientos de exegetas y teólogos que siguen repitiendo como loros las ideas de Hengel y de Hurtado, esto no puede aducirse como un argumento válido, pues en todo caso sería otra falacia –ad auctoritatem o ad populum. Lo único que demostraría es el hecho de que mucha gente no acostumbrada a pensar por su cuenta se empeña en asumir ideas insostenibles en el estado actual de la investigación, quizás por ignorancia, pero también en parte por interés ideológico y en parte por evitarse la vergüenza de tener que reconocer públicamente que lo que han escrito y enseñado durante mucho tiempo no son sino ideas carentes de fundamento.

Ahora podemos comprender no solo que Gomá no sabe nada sobre la investigación realizada en las últimas décadas sobre el monoteísmo judío, sino que –lo que es aún más grave– tampoco parece querer saber nada. La razón es que una visión lúcida y matizada del “monoteísmo” que da cabida a la exaltación de agentes divinos junto a Dios contribuye ciertamente a hacer entender el proceso de exaltación de Jesús en la secta nazarena. Pero esto, claro, permite cuestionar la simplista y mistificadora construcción apologética de las creencias cristianas como sui generis y novum absoluto. Por ello Gomá usa un lecho de Procrustes en el que tumbar la realidad del judaísmo, aunque ello sea a costa de mutilarla. Lo que esto dice sobre la honestidad intelectual de este autor, y sobre su fiabilidad, es bastante evidente como para tener que explicitarlo.

Que ni Martin Hengel ni Larry Hurtado son la última palabra de la investigación en este campo quedará todavía más claro si se atiende a otro de los factores que es necesario tener en cuenta para entender el proceso de divinización de Jesús. Me refiero a los fenómenos de divinización en el ámbito de las religiones grecorromanas, tanto en el caso de la apoteosis de héroes míticos como de seres humanos de carne y hueso (incluyendo el culto al emperador en el Imperio romano). La enorme importancia de este aspecto para la comprensión de la divinización de Jesús debería ser obvia, máxime después de la amplia investigación realizada sobre este tema en las últimas décadas (v. gr. por Adela Yarbro Collins, Charles Talbert, Dieter Zeller, Michael Peppard, David Litwa, Dar øistein Endsjø, etc., autores de los que Gomá no parece haber siquiera oído hablar). De hecho, numerosos especialistas –entre los que se encuentran los ya citados– han puesto de relieve que la negación o la minimización de este aspecto en las obras de Hengel y de Hurtado (quien en su voluminoso Lord Jesus Christ, de más de 700 páginas, dedica 4 al ámbito grecorromano) constituye un error garrafal que solo puede explicarse, de nuevo, por el afán apologético de no reconocer las obvias analogías existentes entre la divinización de Jesús y la de otras figuras, así como por una aproximación obsoleta a algunos de estos fenómenos (entre los cuales el del culto al emperador es obvio; solo sobre este aspecto se han escrito en las últimas décadas gran cantidad de monografías relevantes, incluyendo el fundamental de Monika Bernett, Der Kaiserkult in Judäa unter den Herodiern und Römern, de 2007).

La importancia de este aspecto es obvia, no solo porque el cristianismo se propagó en el mundo mediterráneo, en el que esos fenómenos de divinización constituían una parte natural del humus religioso, sino también porque la secta nazarena se generó en una provincia del Imperio romano que llevaba varios siglos parcialmente helenizada y cuyos habitantes, aun siendo en su mayoría monoteístas, convivían con paganos y estaban familiarizados con sus cultos –incluyendo el culto al emperador, para el que varios miembros de la familia herodiana habían hecho construir templos–. Todo esto, como ha sido señalado por los especialistas, representa una contribución crucial para entender la génesis de la divinización de Jesús, y contribuye a explicar no solo ciertos pasajes del Nuevo Testamento sino también los ecos generados en sus primeros oyentes.

¿Qué dice de todo esto Javier Gomá a sus lectores? La respuesta es: virtualmente nada. En una página de su libro dedica tres líneas de paso a referirse a la existencia de una apoteosis que “no era desconocida en el politeísmo mitológico”, y hacia el final de su libro dedica otras tres a mencionar la existencia del mismo fenómeno. Pero no dedica ni una sola línea en su prolijo libro a comentar la relevancia de los procesos de divinización en las religiones grecorromanas para la comprensión del fenómeno al que se refiere como algo incomprensible. Tras la investigación realizada al respecto en al menos los últimos veinte años, este silencio se parece mucho a una tomadura de pelo. ¿Es que Gomá quiere tomar el pelo a sus lectores? Seguramente no. Lo que ocurre es que simplemente ignora, una vez más, toda la investigación relevante. (Que las contribuciones más recientes y equilibradas han ido más allá de Hengel y Hurtado, y que la aproximación de estos está en algunos aspectos clave obsoleta, lo he mostrado en un artículo, de próxima aparición, titulado “La génesis del proceso de divinización de Jesús el galileo. Ensayo de status quaestionis”, sobre cuya publicación informaré oportunamente a los lectores).

Pero tampoco se acaba aquí la mistificación de la realidad efectuada –sin duda de modo inconsciente, aunque obstinado– por Gomá. Otro de los factores que es absolutamente necesario tomar en cuenta si se quiere entender el proceso de divinización de Jesús –como tantos otros fenómenos en la historia de las religiones– son los mecanismos del comportamiento y la ideación, cuya comprensión nos han proporcionado a lo largo de muchas décadas las ciencias humanas, en particular la sociología, la antropología cultural y la psicología. Lamentablemente, Gomá no parece haberse curtido tampoco en estos campos. La única referencia a ello es muy breve y se encuentra, ya avanzado su libro, en una frase en la que el autor afirma que la disonancia cognitiva es incapaz de explicar la creencia en la resurrección de Jesús, al tiempo que añade en una nota:

“El concepto de ‘disonancia cognitiva’, acuñado en el ámbito de la psicología por L. Festinger, es aplicado a la resurrección por G. Theissen [se cita la obra publicada en castellano en 2002 La religión de los primeros cristianos]… Pero Theissen no utiliza el concepto como argumento contra la realidad de las apariciones”

Esto, sin embargo, es peor que insatisfactorio, al menos por las siguientes razones:

1º) Gomá –a diferencia v. gr. del propio Theissen– no dice a sus lectores que “disonancia cognitiva” no es solo un concepto, sino una teoría de amplio valor heurístico, que tras su formulación inicial por Leon Festinger y otros ha sido criticada, sofisticada y mejorada por un considerable número de reconocidos psicólogos y sociólogos (entre los que se hallan Loren Dawson, John Gordon Melton, Joseph Zygmunt, Anthony B. Van Fossen, Diana G. Tumminia, entre muchos otros) a lo largo de décadas.

2º) Gomá no dice a sus lectores –probablemente porque no lo sabe– que mucho antes que Theissen (el original de la obra citada es de 2000) varios especialistas en historia del cristianismo y de las religiones de diversas orientaciones y trasfondos ideológicos (incluyendo a algunos tan respetados como John Gager o David Aune) habían aplicado la teoría de la disonancia cognitiva para elucidar la génesis del cristianismo con resultados –comprensiblemente– muy fructíferos.

3º) Gomá incurre de nuevo en la falacia ad auctoritatem. Que Theissen afirme que “las apariciones de pascua no se producen… por disonancia cognitiva” es simplemente una opinión, y una opinión cuya razonabilidad habría que probar. Que lo que diga Theissen va a misa se lo cree Gomá, pero no lo creemos necesariamente quienes sabemos cómo afectan en ocasiones –y desde luego en este caso– al discurso de Theissen sus constricciones confesionales. Es perfectamente esperable que un autor cristiano evite en lo posible reconocer una derivación psicológica de las experiencias de las apariciones de pascua, pero de ahí a que eso pruebe algo hay un abismo.

4º) Más allá de que Gomá no entiende que “disonancia cognitiva” no es solo un concepto, sino una teoría, tampoco parece comprender en qué consiste la disonancia cognitiva. En las escasas líneas que dedica al fenómeno, por un lado se refiere a “la patología de todo un grupo que se niega en bloque a aceptar los hechos y sublima sus deseos cuando le son negados por la realidad” y a “un supuesto trastorno psicológico colectivo”. Pero la utilización del lenguaje de lo patológico es retórica de su invención, y es capciosa, pues los procesos psicológicos y sociológicos para afrontar las situaciones de disonancia cognitiva no son, propiamente hablando, patológicos (si así fuera, el mundo sería un manicomio en mucha mayor medida de lo que sin duda ya es). Por otro lado, Gomá continúa diciendo: “Porque es difícil imaginar que los discípulos, que acababan de sufrir una experiencia aplastante, tuvieran en ese momento la energía creadora, la vitalidad, la determinación, la audacia y el inverosímil genio religioso que supone inventarse una idea tan absolutamente original como ésa, extraña a su entorno intelectual, sin antecedentes ni consecuentes en la historia universal de las creencias religiosas”. Más allá de la retórica pomposa a la que Gomá es tan aficionado –y más allá de que la idea de la resurrección no es en absoluto ni mucho menos tan original como Gomá absurdamente declara–, lo cierto es que es precisamente la energía creadora y la innovación –lo que suele denominarse “cognitive work”– lo que la teoría postula, y convincentemente, que tiene lugar.

Una vez más, lo que Gomá declara “difícil de imaginar” es muy fácil de entender cuando se analiza lo que una teoría de la disonancia cognitiva refinada sostiene. Pero esto, claro, Gomá lo niega, o porque lo desconoce, o porque necesita a toda costa postular la ininteligibilidad del proceso, con el objeto de declararlo sui generis e incomparable, y para poder endilgar al lector hacia el final de su libro que lo único que puede explicarlo es…¡ta-chín, ta-chán!… ¡¡¡una efectiva y real resurrección de Jesús!!! (y aquí el lector puede ya, como Gomá le va proponiendo a lo largo de su opus magnum, hincarse de rodillas, convertir su corazón y sumar su arrobada alabanza a la grey de los christifideles y a los armónicos coros angélicos).

En suma, Gomá puede soltar el disparate de que “la historiografía tiene pendiente” explicar la divinización de Jesús y quedarse tan ancho solo porque ignora enteramente los resultados de la investigación de muchas décadas en los distintos ámbitos (judaísmo helenístico, religiones grecorromanas, ciencias humanas…) que es necesario tener en cuenta para entender el fenómeno. La “extensa investigación de hechura académica” a la que se refiere el autor en la presentación de su libro no parece haber sido tan extensa y, sobre todo, está a años luz de haber sido lo profunda y rigurosa que debería haber sido, lo que ha producido en Gomá un fenomenal autoengaño. Y esto es francamente grave, pues el autoengaño se traduce de inmediato en un engaño –por inconsciente que sea– a los lectores, muchos de los cuales, engatusados por las apariencias de una altisonante prosa, comulgarán con las ruedas de molino con las que el propio Gomá piadosamente comulga.

Una vez, sin embargo, que uno se ha tomado la molestia de transitar pausadamente por los ámbitos mencionados y conecta los resultados obtenidos –algo que exige ciertamente considerable esfuerzo de reflexión, lectura de fuentes y de la nada escasa bibliografía producida en cada campo–, uno puede ya dejar de mirar pasmado y poner los ojos en blanco ante el supuestamente “incomprensible” fenómeno de la divinización de Jesús, porque ese fenómeno resulta francamente muy comprensible –o al menos todo lo comprensible que resultan los fenómenos humanos. Lo que Gomá denomina “acontecimientos muy intrigantes para los investigadores”, precisamente para los investigadores –para los realmente competentes, claro– están muy lejos de ser intrigantes.

No se trata con ello de negar aquí la especificidad del fenómeno cristiano, algo que ningún historiador en su sano juicio hace. Se trata de no mistificar la realidad falseando las características de un fenómeno al punto de hacerlo ininteligible y de incitar a la gente a quedarse boquiabierta y atónita, cuando no hay razón alguna para ello. Esa mistificación supone el abandono de la ciencia, el rigor y el raciocinio crítico, para incurrir en una penosa palabrería que no resulta muy esperanzadora en un libro sobre la esperanza y desde luego nada ejemplar, máxime en una obra que se vende como la coronación de una tetralogía sobre la ejemplaridad.

Tarea y responsabilidad del intelectual es iluminar el mundo y aclararlo en la medida de lo posible, haciéndolo más inteligible para uno mismo y para sus semejantes, muchos de los cuales no tienen la suerte (o la desgracia) de poder dedicar tanto tiempo como él/ella a la reflexión. De modo que allí donde lo que es comprensible es convertido por arte de birlibirloque en incomprensible, misterioso y enigmático, no solo se yerra y se mistifica, sino que el intelectual abdica de su responsabilidad y se convierte automáticamente en un patético charlatán, vendedor de humo, trilero del concepto y turiferario del mito. Como seguiremos viendo en próximas entregas, esta charlatanería –eso sí, con una apariencia muy civilizada y hasta poética– caracteriza el discurso de Necesario pero imposible.

En efecto, lo visto hasta ahora no es más que el comienzo de una sarta de disparates y falsedades de los que se alimenta el libro de Javier Gomá Lanzón, que hace que su bonita construcción sedicentemente filosófica carezca en realidad de todo rigor y –como seguiremos demostrando– no tenga más consistencia que la de un castillo de naipes.

Continuará. Saludos cordiales de Fernando Bermejo


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Comentarios
  • Comentario por galetel 17.06.15 | 09:14

    David Mo:
    No es que yo quiera apartarlo del debate, es Vd. el que se aparta de él. Y no por el resultado de un estudio, sino por una posición suya a-priori en contra de él. Vd. lo sabe perfectamente, pero no lo reconoce; eso es todo.

  • Comentario por David Mo 17.06.15 | 08:18

    Luis Enrique: Mateo 15, 4 sobre el honrar a los padres que es lo que Jesús no cumple al despreciar a su madre y al aconsejar dejar sin enterrar al padre. Todo por ponerse él delante contra todo. En el fondo es un antecedente de la misión monástica, pero llevado al extremo.
    La datación de la muerte de Jesús es meramente evangélica. Sabiendo que los evangelios se tomaron bastantes licencias con otras fechas (nacimiento, por ejemplo) esa datación es meramente conjetural.
    La racionalidad es un camino difícil. Pero a los cristianos les cuesta especialmente por los absurdos o locuras que se ven obligados a mantener. No lo digo yo, lo dijeron antes Tertuliano y Pablo de Tarso. Y es lugar común entre otros, cuyos ejemplos ya he citado.
    Que los cristianos tengan este problema no quiere decir que los racionalistas no tengan otros. El conocimiento infalible sólo funciona en lógica, y porque no habla de nada fuera de sí misma.

  • Comentario por David Mo 17.06.15 | 08:08

    Estrictamente hablando tiene razón, Fernando, no sabemos con absoluta certeza cuál fue la posición de los discípulos de Jesús ante su muerte. Pero creo que es de las pocas cosas que puede inferirse con probabilidad alta. Yo no soy mitista. Creo que se puede pensar que existió un líder religioso de una pequeña secta judáica que fue crucificado por los romanos y que su nombre probablemente fue Jesús. Si existió tal líder es necesario que tuviera discípulos y si los discípulos le seguían es porque creían en su liderazgo .ESto es de perogrullo. Los evangelios hablan de ese liderazgo como mesiánico. Creo que se puede conceder que hay una probabilidad alta de que así sea. Deducir cuál debió ser la situación mental de los discípulos ante el calamitoso fin de su líder no es más que aplicar lo que sabemos de circunstancias similares. Todo esto es lo más probable. Si me dice que me juegue el cuello por ello, pues no.

  • Comentario por David Mo 17.06.15 | 08:01

    Le salió la vena inquisitorial y dogmática, Galetel. El análisis histórico es un método, no un resultado. Así que puede ser que de su aplicación salga un resultado que a Ud. no le guste. Pero la solución no está en que Ud. expulse del foro o la profesión a los que defienden posiciones contrarias a la suya. El mitismo y el minimalismo son parte de la historiografía en torno a Jesús y en los ambientes no dogmáticos se discuten con más o menos acritud, pero no se lanzan fatwas contra ellos. Es curioso que en otros foros he visto lanzar anatemas similares contra los historiadores cristianos. Los extremeños se tocan, que decía Muñoz Seca.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 16.06.15 | 15:00

    Por otra parte,un par de puntualizaciones más.Respecto a Sanders y su "....allá por el año 30".Todos los historiadores,creyentes,ateos ,agnósticos ydemás clasificaciones posibles coinciden en considerar que Jesús fue crucificado por orden del prefecto de Judea Poncio Pilato,el cual ostentó el cargo entre el año 26 y el 36;bien,al menos concederemos que ello ya nos establece una acotación temporal de la crucifixión si no exacta,sí bastante precisa.

    Segunda puntualización.Smplemente una cita de uno de los comentarios reproducida literalmente :Desde luego,si fuera cristiano y racionalista,cosas difíciles de compaginar...."Claro queda,el ejercicio de la razón no "compagina"conel ser cristiano,sóo compagina el estar dispuestos a comulgar con ruedas de molino,o seáse,incoherencias por doquier y disonancias cognitivas a tutiplén(menuda cacofonía cognitiva que debemos entonar a oídos de David Mo).

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 16.06.15 | 14:39

    En los Evangelios efectivamente se dan contradicciones pero me ha sorprendido el escoger como ejemplo de ellas la cuestión relativa a los padres,aa la familia.Los consejos o mandatos.Los consejos o mandatos acerca de los padres,la familia,la mujer bena,et..formn parte del corpusde las cartas paulinas,las auténticas o las no redactadas por él,y en el AT sobre todo delos llamados libros sapienciales,tipo Proverbios,pero en el Evangelio...

    Hablo de memoria y puedo equivocarme,pero excepo el pasaje negando el repudio(más apropiada esta palabra que la de divorcio)no recuerdoningun otro pasaje relativo específicamente a este tema.El Evangelio señala claramente la necesidad y exigenciadel Reino,situadas por encimade los lazos y las obligaciones familiares propiosde una sociedad tradicional y que hoy denominaríamos valores burgueses o algo así,pero no habla(repito,segun mi memoria pues no los acabo de repasar)de valores y obligciones familiares "strictu sensu".

  • Comentario por galetel 16.06.15 | 12:01

    David Mo:
    Usted no debiera participar en un blog como este, de análisis histórico-crítico del NT. Usted no cree en la posibilidad de ello; si participa, es sólo para negarlo. Siempre está Vd. "negando la mayor". Pero así no se puede debatir sobre los puntos de verdadero interés, como hacen Piñero y otros. Bermejo le viene mejor, pero aún así... no perdamos el tiempo con simples negaciones que no conducen a nada.

  • Comentario por FERNANDOP 16.06.15 | 11:59

    Los evangelios son un collage sin fundamento, pero David Mo sabe lo que los discípulos pensaban que era Jesús, y aun logra adentrarse en sus mentes y entender como se sintieron en la crucifixión ¿estuvo en alguna máquina del tiempo al estilo de El Caballo de Troya?¿conoce algún libro misterioso donde se recoge la verdad que nos niegan esas fabulaciones llamadas evangelios?¿es acaso telépata o mentalista?

    Vaya usted a saber....

  • Comentario por FERNANDOP 16.06.15 | 11:54

    Ejemplos no de disonancias cognitivas, sino de incongruencias y pensamiento erratico y sin mas hilo conductor que el de "arremeter" contra lo que, a priori, se estima "supersticiones sin fundamento"

    Por un lado David Mo dice "Los propios evangelios que están construidos como un collage de fragmentos, sin demasiada preocupación por que encajen o no. (Esto es muy típico de la narrativa mítica). El caso es que ellos creían que era un juez salvador"

    Por otro lado, el autor, como si hubiera sido testigo de excepción concluye sin ningún género de dudas:
    ellos creían que era un juez salvador y su creencia hubo de venirse abajo cuando lo vieron clavado en la cruz como un miserable delincuente.

  • Comentario por David Mo 16.06.15 | 09:29

    AVISO:después del comentario de las 9;14 falta éste:
    Ocurre que todos los exégetas historiadores que tienen un mínimo de sensibilidad racionalista, que los hay, suelen empezar por recordar lo que estoy diciendo, de forma más o menos explícita, estableciendo cautelas epistemológicas que yo firmaría sin dificultad. Y se las saltan en cuanto empiezan a fabular. Por ejemplo, Sanders, “La figura histórica de Jesús”, al que estoy leyendo ahora mismo, afirma en su prefacio: “…las diferencias entre nuestras fuentes demuestran que sus palabras y obras no fueron conservadas perfectamente. Poseemos muy poca información sobre él, aparte de las obras escritas para glorificarlo”. Y luego empieza el libro con esto: “Una mañana de primavera, allá por el año 30, las autoridades romanas de Judea ejecutaron a tres hombres”. Tengo que confesar que faltó poco para que me partiera de risa.Clos onfiesa la poca fiabilidad de los testimonios evangélicos y luego se toma al pie de la letra

  • Comentario por David Mo 16.06.15 | 09:23

    ...O la contradicción está en los propios evangelios que están construidos como un collage de fragmentos, sin demasiada preocupación por que encajen o no. (Esto es muy típico de la narrativa mítica). Sinceramente no tengo manera de resolver este conflicto. No tengo ninguna teoría sobre el tema, Galetel. Por eso digo que la posición de la familia de Jesús ante su prédica y su muerte me parece incognoscible. Desde luego, si fuera cristiano y racionalista, cosas difíciles de compaginar, preferiría reconocer que los evangelios son fuentes inseguras para conocer casi ningún DATO y me encomendaría a la fe, que es en donde todos y todas las cristianas acaban recalando. Pero, claro, yo no soy creyente y me atengo a lo que me dice mi pobre inteligencia.

    (No sé si he acabado, pero me he quedado sin tiempo. Creo que lo principal de lo que quería decir está dicho).

  • Comentario por David Mo 16.06.15 | 09:21

    ..., la imagen de amor excelso del Cristo y la mera constatación racional de que el deber de amar al Cristo sobre todas las cosas no impide el de querer a nuestra madre más que a nosotros mismos y respetarla debidamente. Para solucionar estas contradicciones, el historiador confesional o el hermeneuta elaborarán una larga serie de escritos teóricos para negar que los textos tengan un sentido primario, que es el que debe prevalecer por encima de todas las sutilezas que no hacen sino marear la perdiz.

    Como yo no soy creyente en el Cristo y no tengo que buscar racionalizaciones para resolver este tipo de disonancias cognitivas (bastante tengo con las mías propias), me parece que para resolver las contradicciones de estos textos hay una alternativa evidente: o la contradicción entre las buenas palabras acerca de los padres y los hechos de frialdad terrible estaba en el propio Jesús de Galilea (pecado de soberbia)...

  • Comentario por David Mo 16.06.15 | 09:19

    Desde San Agustín hasta Meier, pasando por otros santos laicos como Eliade o respetados filósofos-teólogos como Ricoeur. Que a todos me los he leído.

    Un caso típico y evidente de lo que estoy diciendo es la actitud de Jesús ante la familia. Aquí se producen dos disonancias cognitivas: por un lado, la contradicción entre partes de los evangelios. Por otro lado, la contradicción entre lo que allí se dice y la fe de los creyentes actuales. La primera se produce porque entre determinados pasajes evangélicos. Jesús proclama uno de los primeros deberes de su credo el respeto a los padres y después se pone por encima de la familia de manera que supone un desprecio hacia esta. Así ordena que se abandone el entierro del padre para seguirle o rechaza a su madre y hermanos que han venido a verle de una manera brutal. Este rechazo, indigno de un buen hijo, crea una nueva contradicción entre el acto relatado...

  • Comentario por David Mo 16.06.15 | 09:17

    Esto no ocurre porque Sanders sea un mal historiador, sino por la famosa “disonancia cognitiva”, que antes se llamaba “incoherencia” o “contradicción”. Ocurre que Sanders ve perfectamente que los evangelios no son fiables, pero esto contradice su necesidad de exaltar al Cristo como personaje realmente existente (Sanders es protestante). Se produce una contradicción entre lo que le dice la razón y lo que le dice su fe, que, obviamente, como ocurre en casi todos los casos, se resolverá a favor de la segunda. Pero como no quiere dejar de ser racional se construye su racionalización, que no es lo mismo. Es decir, la “hermenéutica”, una serie de técnicas de interpretación que consisten en relegar los significados evidentes de los textos sustituyéndolos por sentidos ocultos, esotéricos, alegóricos o decididos por “criterios de historicidad”, cuya finalidad y uso están dirigidos a salvar la fe a toda costa.

  • Comentario por David Mo 16.06.15 | 09:14

    A ver Galetel, Ud. no va a convertir las narraciones legendarias de un ser divino, llenas de contradicciones y errores históricos y geográficos, en datos por mucho que pegue gritos en forma de mayúsculas. Lo que se entiende habitualmente por datos son hechos que pueden ser corroborados por la experiencia o que se reflejan en documentos que son fiables a la luz de la crítica racional e independiente. Cuando un texto narra acontecimientos fabulosos (“excepcionales”, dicen los exégetas que son muy finos en lo de los eufemismos) realizados por el Maestro más o menos divino de los que escriben, que ni siquiera lo conocieron ni se ponen de acuerdo en puntos importantes, no podemos hablar de datos ni con minúscula. Y eso será así por mucho que Ud. recurra a la autoridad de los exégetas confesionales (Hurtado) o historiadores no confesionales (Piñero).

    (Sigo y aviso que voy para largo)-

  • Comentario por galetel 16.06.15 | 00:34

    Muy acertado e interesante lo que dice mi estimado Antolín. Pero pienso que hay que partir de un punto previo concreto para tratar acerca de la "divinización de Jesús"; este punto es el "maranatha" citado por Pablo. Antes de nada, y de todo, respóndase por qué lo citó Pablo sin traducirlo ni explicarlo. Después hablamos.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 15.06.15 | 19:17

    Pensaba terminar los comentarios anteriores con una sugerencia pero se me olvidó.La señalo ahora,informarse,Internet proporciona una información básica pero bastante adecuada,sobre un personaje no muy definido con exactitud histórica pero parece que en efecto real, coetáneo de Jesús y al que a veces se le ha considerado paralelo o identificable a él,Apolonio de Tiana.

    No siempre las comparaciones son odiosas,a veces ayudan mucho a clarificar las cosas.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 15.06.15 | 18:56

    .....¿resulta "normal",ciñéndonos ya al supuesto binitarismo judío,asociar a un "agente divino"con la muerte como "maldito de la Ley" que dice Pablo?.

    Son muchos siglos de escucharlo y de ahí el que determinadas afirmaciones o narraciones nos resulten normales y no insólitas,pero,si hacemos un intento de situarnos en los tiempos aquellos,lo lógico y coherente sería esperar,me parece indudable, otro tipo de presentación y narración....¿Dónde diantres la "normalidad"que tan ardorosamente y con tanto bagaje de nombres,otorgando patentes de autoridad y credibilidad o no a su conveniencia, defiende Bermejo y tan furiosamente ataca cuando se la cuestiona?.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 15.06.15 | 18:42

    .....Habría de establecerse un riguroso metódo analítico y comparativo,no quedarse en una tal afirmación generalista y generalizada.

    Repito,no cabe hacerlo aquí,sólo apuntar brevemente aspectos que tener en cuenta.Ámbito grecorromano,ámbito politeísta en cuya mitología religiosa los inmortales,nombre el auténticamente indicado para los dioses,tienen relación sexual y engendradora con humanos;divinizaciones como la de Alejandro Magno,"hijo" de Zeus,o la tan imprecisa y en cierto modo nebulosa cual la de los Emperadores romanos,¿cabe en rigor asimilarlas a la divinización del Nazareno?.Sin duda es cuestión que exigiría muchas,muchas precisiones.

    ¿Binitarismo judío?.Cuestión bastante,bastante nebulosa tambiéN,dijeráse que esotérica,no en vano la figura de Metatrón ocupará lugar relevante en el desarrollo posterior de la Cábala.En todo caso,y en pura lógica y coherencia,¿resulta "normal"asumir la divinización de un crucificado,no del César o Alejandro?,¿resulta......

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 15.06.15 | 18:20

    Dejandonaparte,para no alargarnos,a Jn y su explícita declaración de identidad entre el Hijo y el Padre,centrarse en los primeros escritos cristianos,las cartas paulinas.Pablo tildado de protognósico y mistérico-helenista(curiosamente ahora parece que era requetejudío,bandazos que dan la vida y la Academia),de visionario(compárense sus escritos con un libro visionario como Apocalipsis),de inminentista escatológico(lo es en 1Tes,no en el resto de sus cartas),cuyos escritos se sitúan entre veinte y treinta y pocos años después de los hechos,habla ya del Cristo exaltado a la diestra de Dios y al que todo le será sometido,recoge en el tan citado Himno de Filipenses,parece que anterior a su labor apostólica,la condición divina del Cristo(curiosas las interpretaciones no muy "consonantes" que intentan negar tal afirmación).

    Que este digamos esquema de divinización se incardina con otros habidos en el ámbito grecorromano o en el supuesto binitarismo judío...Habría de...

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 15.06.15 | 17:53

    Bermejo nos advierte de una serie de postales,no sé si todas de la longitud de ésta,longitud que necesitaríamos para explicarnos con mayor propiedad pero que por razones obvias no podemos permitirnos.Todo el empeño de Bermejo,y de ahí su airada reacción contra Gomá,es el de normalizar a Cristo,normalizarlo como sedicioso romano,normalizar su divinización posterior.

    Lo que se sale de los cauces normalizados y normalizables no puede ser cuadriculado,manejado y digerido una mentalidad cientifista(no digo científica,reservo lo de cientifista para lo que denominé fetichismo,que mucho hay,de la ciencia), ello atenta contra su pretensión de omnicomprensividad y,diré,de un cierto totalitarismo del pensamiento,no tan diferente,más allá de disimilitudes de forma,del totalitarismo religioso de otros tiempos.

    El quid ´de la postal se halla en el tema de la perfecta explicabilidad de la divinización de Jesús.¿De veras,de veras es así?.Apelar al "sapere aude".

  • Comentario por sofía 15.06.15 | 16:07

    Me parece a mí que lo de DavidMo pasa de disonancia cognitiva a malsonancia cognitiva o asonancia cognitiva, según los casos -aquí se ven un par de ejmplos, uno de cada.

  • Comentario por galetel 15.06.15 | 13:32

    ¡Ah! pero Vd., David Mo, se niega a considerar los datos. Afirma que "sobre lo que creía o dejaba de creer la familia de Jesús no sabemos más que lo que dicen los evangelistas, que es tan sesgado y contradictorio como todo lo demás." Entonces pasa Vd. a basarse en sus propias teorías y afirmarlas como sabias, racionales e imparciales, acusando de crédulos a los que se basen en los datos, incluso a quienes lo hagan con método histórico-crítico y con buenos argumentos (como p.e. Hurtado y Piñero). Impresentable e irracional por parte de Vd. ¿Qué hace Vd. participando en este blog sobre el estudio histórico-crítico del NT?

  • Comentario por galetel 15.06.15 | 13:17

    David Mo:
    ¿Cuál era la expectativa de los discípulos y los familiares de Jesús antes de la muerte de este, SEGÚN LOS DATOS? ¿No dudaron de él antes de verlo crucificado, SEGÚN LOS DATOS?
    ¿Se puede contradecir a los datos con otras suposiciones?

  • Comentario por David Mo 15.06.15 | 13:09

    Pero nadie le ha acusado a Ud. de padecer disonancia cognitiva. Eso era los primeros discípulos ante el shock de ver a su profeta (mesías o lo que fuera) subido a una cruz.
    Si Ud. no tiene problemas será porque no es crédulo ni erudito. NO se dé por aludido y santas pascuas.
    La disonancia cognitiva aplicada a eruditos o historiadores no es más que lo que antes se llamaba tener prejuicios de base o dogmas intocables y también está relacionada con hacer hipótesis ad hoc cuando fallan nuestros supuestos. Es algo que he encontrado de manera casi constante entre los historiadores confesionales. En algunos casos de manera escandalosa y en otros subrepticiamente.
    Pero ahora estábamos hablando de los discípulos.

  • Comentario por galetel 15.06.15 | 13:06

    De lo que se trata es de la supuesta “huida hacia adelante” por “disonancia cognitiva” de los discípulos y familiares de Jesús que creyeron y proclamaron la Resurrección. Para eso hay que tener claro, a partir de los datos disponibles, cuál era la expectativa de estos discípulos y estos familiares antes de la Crucifixión, y cuál fue su expectativa posterior. Los datos aseguran que la expectativa posterior NO fue la misma que la anterior. Antes esperaban que Jesús fuese un mesías davídico, y después esperaban que fuese el “Hijo del hombre” de Daniel (maranatha). Esto último NO corresponde a la reacción por disonancia cognitiva. Por su mentalidad judía, podrían haber esperado la resurrección de Jesús junto con la de los justos al último día, pero NO como resucitado ahora “a la diestra de Dios” para venir a completar la Redención. Esta reacción psicológica de estos sujetos concretos, judíos galileos sencillos que conocieron personalmente a Jesús, NO puede explicarse por ese mecanismo.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 15.06.15 | 12:56

    ....de superioridad intelectual respecto a esos creyentes capaces de aceptar acríticamente supercherías y paparruchas.

    Sin duda la falta de espíritu crítico se da en creyentes,bien he comprobado que no falta en el otro bando,pero,¿piensa usted que es siempre y necesariamente así,que no podemos afrontar en serio y RACIONALMENTE nuestras propia creencias?.

    De mí diré que justo por ejercer la crítica,la reflexión,respecto a ellas,me es factibleejercerla acerca de los planteamientos de quienes las niegan de plano.De hecho, tampoco resultan tan sólidas e incuestionables, dejan muchos cabos sueltos y flancos al descubierto sólo con triquiñuelas intelectuales cubiertos( a lo mejor cabe hablar también en este caso de la susodicha disonancia).

    Esta postal, en general el conjunto de postales de Bermejo,sin olvidar a Piñero,repreenta un claro ejemplo de ello.Sus generalizaciones e imprecisiones faltas de rigor,sin ir más lejos.En fin,esperaremos las siguien...

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 15.06.15 | 12:36

    "Este es el trauma y no imaginarias apariciones que sólo caben en la cabeza de crédulos y eruditos creyentes".así termina usted su último comentario previoal de esta mañana.¿Estoy afectado de disonancia(todo un acierto el término, cierto,mucho más sutil y eficaz que distorsión,p.ej.)cognitiva si considero esto no ya una crítica(le aseguro que ni las rechazo en los demás ni yo mismo me privo de plantearmelas a fondo)sino una descalificación en toda regla,un menosprecio intelectual sin paliativos?.

    Por mi propio "cojear"hacia la izquierda y un desarrollo determinado de mis relaciones personles,el caso es que me he visto y me veo"metido"en muchos ambientes de digamos izquierda.No me desenvuelvo mal ni con dificultades en ellos,sí he podido percibir,no diré sufrir quesi se ha presentado la ocasón me he defendido bien,el rechazo,tampoco general debo aclarar, más o menos visceral a cuanto huela a religión y una indudable convicción de superioridad intelectual....

  • Comentario por David Mo 15.06.15 | 11:11

    Muy poético, pero la disonancia cognitiva no es "el color con que se mira", aunque esté relacionado.
    La disonancia cognitiva, si no entiendo mal, no es más que un efecto de pretender mantener a toda costa nuestras creencias aunque no casen con lo que vemos. Mantenerse en la contradicción o resolerla falsamente. Es un ejemplo. Y claro que sí, esto es uno de los defectos de pretender ser científico y creyente a la vez. NO siempre se da, pero es frecuente.
    Por lo demás, los positivistas también tienen sus vicios. Pero no éste.
    Y es que a Uds. los creyentes se les hace una crítica y se ponen jeremiacos y a acusar a todo el mundo de lo mismo. Si no les gusta la crítica, respondan y abran debate. Pero con lloriqueos e "ironías" no afrontamos el problema.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 15.06.15 | 02:47

    En primer lugar,gracias a Moisés.Simplemente escribo para dejar constancia,a modo de fe de erratas,de una equivocación,quizá las prisas con que escribí la propició.He dicho Lustinger cuando debiera haber dicho Festinger.

  • Comentario por Moisés 14.06.15 | 19:30

    Muy adecuado, clarificador y exacto el comentario de LUIS ENRIQUE ANTOLÍN (17:11), especialmente su último párrafo.

    Es clave tener en cuenta lo que dice cuando se relaciona uno con esos "fetichistas de la razón y la ciencia"... autoproclamados.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 14.06.15 | 17:11

    Dispongo de muy poco tiempo,solamente,pues,un breve comentario.Humorísticamente,irónicamimte ,diría que el insigne poeta decimonónico,Campoamor,el de "todo es segun el color delcristal con que se mira",ha de ser considerado un precedented la disonancia cognitiva de Lustinger,por otra pare sometida a crítica en sus planteamientos.

    Es una de esas expresiones,términos de referencia,comodín que suena muy culto,enterado y racional y que se aplica como una especie de expresión fetiche o talismán a partir de la que supuestamente todo se encuadra,se esquematiza y explica.Desengáñese,Galetel,para fetichistas(conste todo mi respeto,considseración y proclamación de la necesidad de la racionalidad y la ciencia)de la razón y la ciencia por definición una persona creyente está afectado de disonancia cognitiva,somos personas incapaces e incapacitadas para ser aceptadas como interlocutores razonables,pues que ni podemos ni queremos razonar "comme il faut".Pobres de nosotros.

  • Comentario por galetel 14.06.15 | 14:01

    para no tener que reconocer que fue OTRA COSA lo que TUVO que ocurrir. Dése cuenta de que Vd. lleva gafas coloreadas, antes de acusar de ello a los demás. Tenga un poco de coherencia.

  • Comentario por galetel 14.06.15 | 13:59

    David Mo:
    Es a Vd. a quien hay que pedirle un poco de coherencia. Porque Vd. se cree que puede ver los datos sin gafas coloreadas, y sacar conclusiones acerca de lo que creían y no creían los discípulos y familiares de Jesús. Vd., tan racional e imparcial, puede hacerlo –se cree Vd.- pero los demás no. Toma Vd. lo que le conviene de los datos disponibles, para afirmar, en este caso, que lo que decían los evangelistas sobre el tema es del todo inaceptable, SALVO que los discípulos se vieron decepcionados en el momento de la cruz. No lo habían malentendido antes, sus familiares no lo habían considerado trastornado, sus discípulos no le habían solicitado cargos, no lo había traicionado uno, no lo había negado otro, no lo habían abandonado todos. Su lectura de Vd. es la típica antojadiza de un ateo sesgado que pretende dar cuenta del innegable cambio de actitud de los discípulos y familiares de Jesús con el recurso a la ”huida hacia adelante” por disonancia cognitiva, para no tener q...

  • Comentario por Manuel 14.06.15 | 10:52

    Estimado Fernando:
    Le agradezco que se haya detenido en analizar libro de Javier Gomá. Nos resultará muy ilustrativo y de seguro esclarecedor. Cuando lo leí, me resultó desconcertante el objetivo que el libro de Gomá pretendía: No quería dar fe de la resurrección de Jesús, quería demostrar su veracidad con conocimiento, y si se me apura, con conocimiento casi científico.
    Con fecha 02/10/13 10:35, y en el mismo espacio en el que tan fantásticamente hizo su valoración Piñero le vine a plantear, que su libro no era una reflexión filosófica sobre Jesús, la ejemplaridad y la resurrección, sino un libro exclusivamente teológico aunque distanciado, eso sí, de la teología comprometida con los círculos eclesiásticos.
    Gracias de nuevo, por su trabajo

  • Comentario por David Mo 14.06.15 | 08:58

    Galetel: en el NT no hay más que un par de “datos que indiquen claramente” algo. El resto es una mezcla inextricable de datos y fantasías que resulta muy difícil de separar y fechar con claridad. Sobre lo que creía o dejaba de creer la familia de Jesús no sabemos más que lo que dicen los evangelistas, que es tan sesgado y contradictorio como todo lo demás.

    Ya conocemos claramente sus teologías, Galatel, así que no hay mucho que discutir sobre ellas. (Siempre acabaremos en su himno de Filipenses, claro). Pero lo que hay que pedirle es un poco de coherencia. Si los discípulos creían en Jesús como Hijo del hombre daniélico o cómo mesías tradicional no viene a cuento. El caso es que ellos creían que era un juez salvador y su creencia hubo de venirse abajo cuando lo vieron clavado en la cruz como un miserable delincuente. Ese es el trauma y no imaginarias apariciones que sólo caben en la cabeza de crédulos y eruditos creyentes.

  • Comentario por David Mo 14.06.15 | 08:44

    Hablando de clichés…
    “Cuando una reseña, o un post, solo despierta aplauso entre los previamente convencidos...”
    Esa era la novedad que me parecía una perogrullada. ¿Que a Ud. no le pasa lo mismo? Anda ya.
    En cuanto que lo que escribí sea “clichés”, es su opinión de creyente. Y claro que hay que estar prevenidos contra los historiadores creyentes porque suelen ser apasionados defensores de su creencia (que no dije cuál, JP) y tratan de demostrarla aunque sea con argumentos que se quiebran de puro sutiles, que decía el Quijote o el trujamán, que ahora no recuerdo. Es lo que pasa con los arqueólogos judíos que andan con la Biblia en la mano y la pala en la otra. O los musulmanes que creen que lo que está escrito en el Corán son “datos”, como el amigo Galatel. O los soviéticos, que no veían la cara de Trotsky cuando no había que verla. No es que sean malos, que pueden ser muy buenos, sino que van con gafas coloreadas. Y peor cuanto más intenso es el color.

  • Comentario por galetel 13.06.15 | 15:14

    Los datos indican claramente que ni los discípulos ni los familiares de Jesús esperaban, antes de la crucifixión, que Jesús fuese el "Hijo del hombre" de Daniel. En absoluto. Lo que los discípulos esperaron fue que Jesús fuese un mesías davídico exitoso, que liberara y restaurara a Israel; por eso lo siguieron. Y los familiares pensaron que Jesús estaba "fuera de sí" porque sus métodos no conseguirían ese mesianismo exitoso, sino un fracaso rotundo. Cuando vieron que Jesús fue derrotado y condenado, se destrozaron sus esperanzas y se confirmaron sus temores. No tenían por qué preguntarse por qué Jesús no había tenido éxito; ya lo sabían. No hubo motivo para una "huida hacia adelante" por disonancia cognitiva. Si cambiaron radicalmente de opinión, hasta un extremo insospechado en contra de su marco mental, fue por otro motivo muy distinto: ALGO TUVO QUE OCURRIR, que PARA ELLOS fue una acción directa de Dios en refrendo de Jesús.

  • Comentario por J.P. 13.06.15 | 12:17

    Pues vaya novedad, David Mo.

    Después de todos los clichés que ha disparado (división del mundo incluida, historiadores creyentes=malos historiadores), ya me dirá qué novedad estaba relatando o afirmando yo, porque repaso mis comentarios o lo que he reproducido o enlazado de Hurtado (que matiza y hasta corrige lo que se afirma en el post sobre él) no veo que yo hable de novedad alguna.

    Lee usted de más, as usual.

  • Comentario por David Mo 13.06.15 | 11:59

    Y claro que hay un hecho dramático (“eruptivo”) en la breve historia de los seguidores de Jesús, pero no remite a las supuestas apariciones, que es algo literario y muy corriente en religiones en la misma tesitura. Lo traumático es ver al maestro que había de ser colocado a la diestra del padre ejecutado como un vulgar bandido. Y a partir de ahí la huida hacia delante para resolver la disonancia cognitiva, de la que el único testimonio que nos queda antes de las leyendas evangélicas es el de Pablo, uno que, para más INRI, viene de fuera alegando visiones y místicas. ¿Qué decían los otros en esos momentos? ¿De dónde venían los otros? Pues vaya Ud. a saber. Porque si hemos de fiarnos de un exaltado como Pablo o de las biografías hagiográficas que son los evangelios, vamos dados. Arenas movedizas.

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