El blog de Antonio Piñero

Literatura Pseudo Clementina. Homilías Griegas

08.06.15 | 00:21. Archivado en Hechos Apócrifos de los Apóstoles

Gonzalo Segunda foto

Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía XII

Importancia de esta Homilía

Entre las distintas Homilías, destaca la número XII por su contenido esencialmente novelístico. El aspecto dialéctico pierde valor en ella a favor de los sucesos que forman parte de la estructura de la novela inserta en el texto de toda la obra. Recordamos la teoría de Aristóteles sobre la Obra Literaria con sus tres partes constitutivas: 1) El “pathos” o serie de sucesos patéticos que han de sufrir los protagonistas de la obra. En este caso, los avatares que sufren los familiares de Clemente, dispersos por el furor del mar y la actividad de los piratas.- 2) La “peripéteia” (peripecia) o cambio de un estado de desdicha a felicidad. Los perdidos y extraviados, lejos de sus naturales comodidades, vuelven a su anterior vida feliz.- 3) El reconocimiento de los familiares dispersos.

Salida de Trípolis y llegada a Antárados

Pedro y los suyos descienden de Trípolis hacia el sur para dirigirse a Antioquía. En tierras todavía de Fenicia, se detienen en Antárados, ciudad frente a la cual se halla la isla de Árados, (la moderna Arwad) que resultará un lugar importante en el desarrollo de los sucesos de la novela del Pseudo Clemente. Debía de ser numerosa la multitud de los viajeros para que Pedro, temeroso de las eventuales envidias de la gente, ordenara a Nicetas y Aquila que dividieran a los viajeros en dos grupos y organizaran la marcha con discreción. Pedro explicaba las razones de su estrategia diciendo: “Por esta razón, quiero que vosotros, Nicetas y Aquila, vayáis delante de mí en dos grupos aparte, y entréis en secreto en las ciudades de los gentiles” (Hom XII 1,3).

Id, decía Pedro, delante de mí a Laodicea, la ciudad más cercana, y dentro de dos o tres días, según dependa de mi agenda, me uniré con vosotros. Recibidme a las puertas vosotros solos para evitar el escándalo, a fin de que así podamos entrar con vosotros sin tumulto. E igualmente desde allí, después de que permanezcamos algunos días, otros en vuestro lugar irán delante de vosotros por turno para preparar el hospedaje. Era la estrategia del apóstol para evitar tumultos innecesarios y celotipias inútiles. Quería desempeñar su ministerio en un ambiente de paz y armonía, sin eventuales tropiezos o malentendidos.

El autor del texto subraya el problema de tal conducta, que no era otro sino la precisión de la inevitable ausencia del apóstol, que deberían sufrir unos y otros según lo exigiera el orden de la marcha. Siguieron adelante con la orden de dirigir la palabra en la primera posada a la multitud que los acompañaba, para que entraran en las ciudades al margen unos de otros. El relator refleja fielmente esta obsesión de Pedro, que todos aceptan y reconocen como expresión de la voluntad de la Providencia.

Gozo especial de Clemente

El autor del relato, el “yo Clemente”, manifiesta su gozo especial por no verse privado de la presencia de su querido maestro, ya que nunca tendrá que alejarse con los grupos organizados por Nicetas y Aquila, sus hermanos aún sin reconocer. Mantiene un breve debate con Pedro cuando le dice con evidente exageración que moriría de pena si tuviera que separarse del maestro que le ha puesto en el camino de la verdad. Pedro le razona los motivos de su actitud a partir del concepto de amistad: “¿O no sabes que siempre están los amigos en la memoria, aunque estén separados corporalmente? Como algunos, estando presentes corporalmente, están espiritualmente lejos de sus amigos por el olvido” (Hom XII 4,3).

Bases del cariño de Clemente

Clemente respondió explicando los verdaderos motivos de su cariño: “No pienses, señor, que yo iba a sufrir la tristeza de forma irracional, sino con un razonamiento totalmente correcto. Ya que te tengo a ti, señor mío, en el lugar de todos, de mi padre, mi madre, mis hermanos, mis parientes, pues has sido para mí por mediación de Dios la causa de mi verdadera salvación. Al tenerte en el lugar de todos, consigo el mayor consuelo”. Además de estas importantes razones, Clemente confiesa que lejos de su maestro no estaba seguro de que podría dominar el ímpetu de la concupiscencia que acecha su juventud, protegida ahora con la mera presencia del apóstol preferido de Jesús. Clemente termina su alegato con unas palabras definitivas: “Por eso deseo estar contigo siempre”.

Pero Clemente desea ser comprendido por Pedro y ver aceptadas sus razones: “De ahí que yo soy en todo tu favorable compañero de camino, y si me concedes los mayores favores, permíteme que te sirva como esclavo” (Hom XII 6,8). Estas últimas palabras de Clemente promovieron un nuevo, aunque cariñoso debate con Pedro.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro


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