El blog de Antonio Piñero

Qué se sabe de… Pablo en el naciente cristianismo (577)

08.05.15 | 13:49. Archivado en

Gil Arbiol  Pablo_NEW

Escribe Antonio Piñero

Como es natural, después de tanto tiempo dedicado al estudio de Pablo de Tarso, este libro me ha interesado muchísimo. Aunque este libro tiene una clara limitación de espacio, 283 pp., el autor, Carlos Gil Arbiol, ha procurado tocar todos los temas importantes, aunque con distinta intensidad. El conjunto del libro denota sin duda una gran madurez en el autor, pues no es en nada fácil componer un libro como este. Este volumen no es de divulgación en el sentido normal del término (resúmenes y estados de la cuestión), sino de exposición madura de una materia bien digerida, que se expone al lector ordenada y sintéticamente junto con un juicio crítico y una somera alusión a la bibliografía que cree pertinente. Celebro la aparición del libro y siento de veras que no hay podido entrar en un diálogo con mi obra “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino” de Editorial Trotta,

El libro tiene la siguiente estructura:

En primer lugar “Cómo leer a Pablo hoy”, pregunta que se esclarece con el siguiente epígrafe “Perspectivas actuales en los escritos paulinos” en los que contrapone: la interpretación tradicional, la que ha surgido desde 1970, más o menos, propulsada por estudiosos judíos o cercanos al judaísmo, ante todo y otros acercamientos al pensamiento de Pablo como el de las ciencia sociales.

Sigue luego la vocación de Pablo, como aspecto central en su pensamiento, el carácter de su judaísmo, el contacto del Apóstol con los judíos helenizados y un breve esbozo de la cronología paulina. La segunda cuestión, o segunda parte, la cosmovisión paulina, no incide en explicar el mundo ideológico en el que se mueve Pablo, sino dándolo por supuesto, cómo resulta modificado el judaísmo tradicional por el pensamiento personal paulino. La novedad que aporta a ese pensamiento la muerte del mesías y su interpretación, y las consecuencias de la nueva visión teológica para la identidad del propio Pablo y la de sus conversos a la fe en Jesús Mesías.

Luego se centra el autor en la exposición de cómo debe entenderse el término “iglesia” (griego ekklesía) en Pablo que es muy distinto en su significado a lo que el vocablo nos sugiere hoy día. Tiene lugar aquí la exposición de los inicios de los grupos cristianos (muy bien escogido el término por Pablo porque además del sentido de “asamblea”, congregada está el de “elegidos por Dios en este caso” = en griego ek-lego), los retos a los que se enfrenta a medida que crece y el proyecto universal de Pablo. Aunque se trata con detención el sentido de la muerte del Mesías, ya desde los judíos helenistas de los primeros tiempos que fue interpretada como la muerte del siervo sufriente de Isaías con las grandes consecuencias que conllevó la amalgama –no intentada seriamente en el judaísmo antes de Pablo y sus predecesores de “mesías” y “siervo sufriente”

La tercera parte aborda algo que podría ser fundamental hoy, como consecuencia de la nueva interpretación paulina, moderada o radical, que domina el debate en estos tiempos, puesto que se titula “Cuestiones abiertas en el debate actual”. Yo esperaba aquí un diálogo sobre todo con intérpretes muy modernos de Pablo en temas cruciales como la “justificación por la fe”; la escatología y reino de Dios en Pablo; ley de Moisés y Pablo; ¿cambia la ley de Moisés en época mesiánica?; La misteriosofía de Pablo; monoteísmo, binitarismo y la naturaleza del mesías Jesús; justicia de Dios; adopción/filiación y la teología política de Pablo.

En vez de profundizar en estos temas –que no están del todo ausentes en este volumen; sin duda son abordados, aunque con gran rapidez, o de pasada, en otras partes del libro-- el autor prefiere concentrarse en la “pseudoepigrafía y el corpus paulino, es decir, cómo y por qué de las catorce cartas de esta colección solo siete son auténticas (1 Tes Gál 1 2 Cor Flp Flm Rom) y otras siete, de sus discípulos y el modo como se recopiló y nació el corpus paulino.

Sí toca el autor con profundidad, en la tercera parte, la cuestión de “Pablo y la memoria de Jesús”, que incide directamente en el tema, tan traído y llevado, de si fue el Apóstol, o no, el verdadero fundador del cristianismo. También se aborda con cierta detención la imagen de Pablo formada por Lucas en sus Hechos de los apóstoles y cómo de esta reinterpretación surge la figura de Pablo como modelo de la Iglesia a inicios del siglo II.

Y finalmente en la parte cuarta, “Para profundizar”, se abordan temas muy importantes, a saber, la “relevancia actual de Pablo y su tradición” y la relación de Pablo y su proyecto con el Imperio y el mundo que recoge algo de los cuestionamiento modernos acerca de la teología de Pablo. Este tema se toca no solo aquí, sino también al principio del libro cuando se expone la aproximación “postcolonial” moderna al pensamiento paulino y donde se pone de relieve que “algunos conceptos paulinos, estudiados desde el punto de vista exclusivamente teológico, resultan ser préstamos culturales que tienen su origen en la teología imperial generada en torno al culto al emperador” (p. 31); por tanto aquí, en este apartado, puede generarse materia de discusión sobre la existencia o no (o bien si es de importancia primaria o muy secundaria) de la teología política paulina.

En conjunto es ese un libro bueno, escrito con claridad y ánimo pedagógico (que se nota mucho, y se agradece, en la repetición de los temas que han resultado prominentes de la exposición anterior, para que el lector los fije en la memoria, y redactado como quien no hace meros resúmenos de pensamientos de otros investigadores, sino que ofrece su opinión, su propio panorama sintético sobre las cuestiones actuales que aborda el análisis de pensamiento paulino. Por lo tanto, merece la pena leerse y con atención. Dije es un libro maduro y lo reitero.

En alguna que otra “postal” futura discutiré algunos temas que o bien me parecen que se podrían perfilar o que están insuficientemente abordados. Del mismo modo, me gustaría poner en cuestión, como “aperitivo” a una futura discusión, en la sección donde extrae “los criterios que le permitan al lector situarse críticamente ante a tarea de comprender el proyecto de Pablo y de interpretar mejor sus textos” (pp. 25-26). En el punto 3. se dice: “Hay que aceptar la ambigüedad y la incoherencia de Pablo”. “Uno de los errores más comunes es querer hacer que su pensamiento y proyecto sea lógico y coherente de acuerdo con los parámetros del investigador”. Opino que ningún investigador pretende hacer esto conscientemente…, pero podría ocurrir; no lo niego.

Segundo que Pablo es ambiguo es claro (las carta han sido manipuladas; faltan algunas de ellas; faltan también las misivas enviadas por sus corresponsales, no sabemos en las semanas o meses que pasó Pablo adoctrinando a sus conversos, etc.). Pero lo que se me hace totalmente imposible de digerir es que Pablo, en su pensamiento y proyecto pudiera ser incoherente”. Me parece imposible, porque de lo contrario toda a legión de seguidores que tuvo en vida y tras su muerte. Un pensamiento incoherente jamás lo habría conseguido. En mi libro, mencionado arriba, la coherencia de Pablo, cuando se da con la claves de su pensamiento que a veces aparecen entre líneas, es total. Otra cosa es que no obtuviera todas las conclusiones de su pensamiento teniendo en cuenta que el fin del mundo estaba a “la vuelta de la esquina”

Se pueden discutir otros temas que faltan, como indiqué más arriba, y además las consideraciones que desde el punto de vista del autor se hacen sobre las tres perspectivas dominantes (la tradicional, con Bultmann a la cabeza en tiempos modernos); la nueva perspectiva: (Sanders, Dunn, Wright); y la nueva perspectiva radical (en español representada aún muy pobremente porque solo hay en nuestra lengua dos libros, uno traducido, el de Pamela Eisenbaum, “Pablo no fue cristiano. El mensaje original de un apóstol ml entendido, de la Editorial Verbo Divino, y el pequeño, pero denso, libro introductorio de Carlos Segovia (en papel en Editorial Atanor, Madrid, pero no sé si será fácilmente conseguible) y en Internet, libros de Amazon: http://www.amazon.es/Tienda-Kindle/s?ie=UTF8&field-author=Carlos%20A.%20Segovia&page=1&rh=n%3A818936031%2Cp_27%3ACarlos%20A.%20Segovia.

La ficha completa de este libro es: Carlos Gil Arbiol: Qué se sabe de… Pablo en el naciente cristianismo. Editorial Verbo Divino, 283 pp. Colección: “Qué se sabe d…” coordinada por el autor ISBN: 978-84-9073-102-4, con una breve bibliografía comentada al final y con alguna imagen para ver mejor una glosa o interpolación dentro de 1 Corintios.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


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Comentarios
  • Comentario por galetel 08.05.15 | 14:12

    Muy interesante. Pero perdone que insista en mi pregunta: "¿Por qué citó Pablo, al final de su primera carta a los corintios, la expresión aramea "maranatha", sin traducirla ni explicarla? ¿Dice algo Carlos Gil al respecto?

  • Comentario por J.P. 08.05.15 | 14:07

    “Uno de los errores más comunes es querer hacer que su pensamiento y proyecto sea lógico y coherente de acuerdo con los parámetros del investigador”.

    En realidad, la frase, así, resulta algo ambigua, a su vez.

    La verdad es que Pablo, a la vez que ambiguo, da alguna vez la sensación de corregirse. Así entiendo yo algunos pasajes de Rm.

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