El blog de Antonio Piñero

Historia crítica de Jesucristo. Análisis razonado de los Evangelios (y II) (498)

16.05.14 | 10:33. Archivado en Biblia/Evangelios,

Holbach. Historia crítica de JC

Hoy escribe Antonio Piñero

Finalizamos el comentario el libro del Barón de Holbach que iniciamos la semana pasada.

El autor, pertrechado con las ideas básicas expuestas anteriormente, emprende la tarea de escribir una “vida de Jesucristo”. Para ello no hace previamente una crítica de la historicidad del IV Evangelio, cuyo texto y contenido criticará solo cuando sus escenas vayan apareciendo en esta “Vida” y al mismo tenor que la crítica a los evangelios sinópticos, sino que admitirá como base una “armonía” o mezcla de los cuatro evangelios tal como debían circular por la época, a imitación de lo que ya había hecho Taciano, el sirio, en el siglo II y que tanto éxito tuvo en las iglesias siríacas en la Antigüedad. Hoy día tal armonía se consideraría empresa imposible.

A la “Vida de Jesús” como tal hace preceder Holbach una breve crítica de las denominadas profecías sobre el mesías, Jesús de Nazaret, que se hallan en el Nuevo Testamento. Intenta demostrar con una lectura literal que tales profecías nada tiene que ver con Jesús (pp. 27-33;107). Sigue luego una crítica de los relatos de la infancia (Mt 1 y 2; Lc 1 y 2) y de sus numerosas inverosimilitudes y contradicciones, que tiene un tono más bien irónico y racionalista. Es decir, intenta explicar de un modo natural algunos hecho sobrenaturales, como la anunciación angélica que se aclara como una muestra de que la concepción y el nacimiento de Jesús fue normal, pero un tanto sospechoso en cuanto a su legalidad. De la matanza de los inocentes opina: “Puestos a hacer milagros, ¿no pudo Dios salvar a su hijo de un modo más suave que mediante la matanza inútil de tantos inocentes? (p. 43).

Curiosamente Holbach sitúa al principio de la vida pública de Jesús la escena de la purificación del Templo, lo cual es críticamente muy poco probable en este momento, pues fue seguramente una de las causas de su condena a muerte. Adopta, por tanto, Holbach el esquema del Cuarto Evangelio (tres Pascuas durante el ministerio de Jesús y no una Pascua = Sinópticos). Este supuesto es razonable. Sigue luego, entre otros relatos, la conversación con Nicodemo y el episodio de la samaritana. Respecto al primero critica nuestro autor la oportunidad perdida por Jesús de hablar claramente, no en enigmas y declarar su divinidad (p. 69). Respecto a la samaritana critica la historicidad del hecho: no es probables de ningún modo. Analiza también críticamente también los presupuestos de la conversación Jesús-samaritana que le parecen impropios de un judío del siglo I (p. 75).

Respecto a los milagros de Jesús, hemos indicamos ya que Holbach adopta una postura racionalista y, en lo que le es posible los explica por causas naturales y por mera obra psicológica de una actitud de fe (por ejemplo, pp. 103; 143). Otros los cree un mero invento de los evangelistas, pues de lo contrario no se explicaría la falta de fe de los judíos en Jesús (p. 95; 107). Abre así camino a las explicaciones racionalistas de otros autores del siglo XIX, como D. F. Strauss, en su famosísima “Vida de Jesús” de 1835-1837. En este apartado formula Holbach una de las diversas reglas de interpretación por él usadas:

“Cuando un mismo hecho es contado de manera muy diversa por diferentes autores iguales en autoridad, hay motivos para dudar de él o, al menos, tenemos derecho a dudar de que haya sucedido del modo que supone” (p. 89).

Sobre María Magdalena, a la que identifica con María de Betania (p. 160) y la pecadora innominada de Lc 7, piensa ya Holbach algo parecido a lo que algunos autores de hoy:

“Parece ser que Jesús, a pesar de toda su seriedad, tenía debilidad por las mujeres, a las que los melancólicos no son los menos inclinados. María Magdalena lo amó con pasión y parece haber sido el modelo de las devotas afectuosas, mujeres libertinas a las que su temperamento empuja habitualmente a entregarse a la religión con tanto ardor como se habían entregado antes al mundo y sus amantes” (p. 91; 128).

Igualmente comparte teorías con ellos (al igual que el Talmud) sobre la relación de Jesús con Egipto, en donde habría aprendido medicina y magia, lo que explica sus curaciones (p. 94). Opina también –aunque lo justifica por la condición de galileo de Jesús, alejado del Templo de Jerusalén-- que este quebrantó las leyes de la pureza y del sábado (p. 98). Pero el Jesús del Cuarto Evangelio es para Holbach tan enigmático, sobre todo en sus discursos, que llega a calificarlo de charlatán (p. 93-94).

La ética de Jesús antes de la venida del Reino, expresada sobre todo en el Sermón de la Montaña, al que somete a un análisis concienzudo (pp. 111-124) le parece imposible de cumplir, y sostiene que sus preceptos (como poner la otra mejilla o desligarse del todo de los bienes y de la familia) llevarían a cualquier sociedad a la ruina. Aquí no llega que entender Holbach que muy probablemente Jesús pensaba que estas normas sólo eran válidas para los momentos inmediatamente anteriores a al venida del Reino, en los que se debía sacrificar todo para obtener la entrada en él. Nuestro autor, sin embargo, tiene el mérito de haber caído en la cuenta, antes que W. Wrede, del artificio que supone el “secreto mesiánico” (aunque Jesús era el mesías y hace milagros, ordena que se mantenga en secreto su condición), que Jesús contradice al enviar a sus discípulos en viaje misionero (Mc 6,7 y paralelos; pp. 135ss).

El resto de los capítulos hasta los relatos hasta la muerte y resurrección de Jesús sigue en el mismo tenor. Las críticas de Holbach van dirigidas a resaltar ciertas contradicciones en las obras y el mensaje de Jesús (por ejemplo, pp. 137-140) utilizando un tono cargado de ironía pero sin ser normalmente cruel; por ejemplo a los discípulos de Jesús los denomina muchas veces “su tropa”. Quizás intente provocar nuestro autor la impresión de un cierto ridículo que a sus ojos de ilustrado ofrecía la lectura de los Evangelios, conforme a su principio, expresado al inicio del Prólogo, que la lectura del Nuevo Testamento causa una sensación de “desorden, oscuridad y tosquedad estilística muy capaces de desconcertar a los ignorantes y ahuyentar a las personas ilustradas” (p. 7).

La crítica de las narraciones de la pasión y muerte es muy severa, incluida la interpretación substancialista de la eucaristía (p. 167), pero más aún de los relatos de la resurrección y apariciones. Junto con Herrmann Samuel Reimarus (no sabemos si llegó a Francia a tiempo su obra editada por Lessing en 1768, sobre todo las páginas dedicadas al “Propósito de Jesús y de sus discípulos”) cree que la tumba vacía y la resurrección son un producto del “robo” del cadáver por sus discípulos (pp. 183-184) y las apariciones, incluidas las que relata Pablo en 1 Corintios 15 son más bien inventos o alucinaciones. En este apartado merece la pena citar otro texto que formula sanos principios de crítica histórica:

“Es necesario examinar seriamente un hecho (la resurrección) sobre el cual se basa exclusivamente la fe de cualquier cristiano. En primer lugar debemos estar seguros de la calidad de las personas que atestiguan el suceso. Se debe averiguar si esos testigos eran perspicaces y desinteresados; hay que examinar si concuerdan entre sí los relatos que nos ofrecen o las circunstancias que nos señalan. Estas precauciones se toman habitualmente para descubrir el grado de probabilidad o certeza de los hechos que nos cuentan. Así, estas preocupaciones son infinitamente más necesarias cuando se trata de examinar suceso sobrenaturales, que para ser creídos demandan pruebas más fuertes que los hechos ordinarios.

“Según el testimonio unánime de los historiadores, creo sin dificultad que César se apoderó de las Galias, pero los detalles de su conquista me resultan menos probados cuando los veo relatados solo por él mismo o por sus partidarios. Estos detalles me parecerían increíbles si encontrara en ellos milagros o hechos contrarios al orden de la naturaleza, y entonces sospecharía que han pretendido engañarme, o si juzgara más favorablemente a los autores que transmiten esos hechos, los tomaría por fanáticos o locos” (p. 185). Naturalmente, en esta línea sostiene Holbach que para ser creído Jesús debería haber resucitado en público (p. 195) y cree que las apariciones fueron inútiles e innecesarias dada que ocurrieron totalmente en privado y sin modo de ser investigadas (p. 197).

Como muestra de una crítica deletérea transcribo el texto siguiente:

"El abandono y el rechazo de Cristo (al final de su vida pública) llenó a los apóstoles de consternación. Para reanimar su confianza, hizo que se sacase una higuera en 24 horas para castigarla por no tener higos en una estación en la que era imposible que los tuviese, es decir, hacia el mes de marzo (Mc 11,12-14). Como todas la acciones del Mesías, hasta las que parecen tonterías a los ojos de los hombres comunes (1 Cor 2,6), tienen un sentido sublime oara los devotos iluminados por la fe, podemos ver en el milagro de esta higuera la representación simbólica de uno de los dogmas de la religión cristiana. Según esta punto de vista, la higuera maldita representa a la mayoría de los hombres, a quienes, según nuestros teólogos, el Dios de la misericordia maldice y condena al fuego eterno por no haber tenido la fe ni la gracia que no pudieron adquirir por sí mismos, y que este Dios bondadoso no quiso concederles. Así resulta que el ridículo pasaje de la higuera está destinado a representar uno de los dogmas más profundos de la teología cristiana” (pp. 164-165).

Podríamos seguir , pero creo que está claro cuál es el sistema de la crítica evangélica de nuestro autor. ¡Nada nuevo bajo el sol! Sin embargo, la lectura de este libro me ha resultado muy interesante y me ha enseñado mucho. Insisto también en que el Epílogo merece la pena ser leído dada su caudal de información. Vale también su lectura para comprobar nuestras deudas respecto al pasado y lo que hemos avanzado sobre ellos. Ayuda esto a confirmar la idea de que la “verdad” histórica resultante de la interpretación de textos del pasado es cuestión de consenso entre los investigadores. Cuando a lo largo de siglos de crítica se repiten ciertas observaciones e interpretaciones entre los estudiosos, o bien podemos estar seguros de su verdad o que se camina por un camino que va a conducir a ella.

En síntesis me parece loable que se editen de nuevo y se lean estas memorables páginas de nuestro pasado.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
Www.antoniopinero.com


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Comentarios
  • Comentario por Yehuda 20.05.14 | 18:31


    Itgadal veitkadash shemé rabá

    Alzaremos la espada del espíritu que rompe las cadenas del destino, mantendremos un corazón puro, entregaremos a la siguiente generación la palabra humana compartida, y seremos leales al señor de los cielos, Amen

    "Me he reservados siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Ba'al"

  • Comentario por FERNANDOP 19.05.14 | 21:21

    Lo cierto es que la historia de Jesús es la de un hombre que (con o sin intervención divina inminente) aposto todo por una utopía, por un sueño irrealizable apoteosis de la religiosidad judia. Una historia, como dice Yehuda recurrente y con un final conocido, final que es un éxito pues triunfa aquel que vive y muere con dignidad y respeto hacia el mismo y los demás.

    Lo demás es cuestión de fé.

  • Comentario por Gustavo 19.05.14 | 19:13

    Aunque espero poder leer la obra aquí en Latino América no puedo dejar de comparar las no tan originales afirmaciones de Holbach (1723-1789) que trasluce el artículo de Piñero, con las mucho más divertidas de Voltaire (1694-1778) sobre los mismos temas y, antes aún, con las de Baruch Espinoza (1632-1677), tanto más respetuosas e inteligentes.
    De todos modos, hemos de decir, no he encontrado nada estrictamente bíblico en todos estos autores que hoy no sea aceptado por la gran mayoría de los biblistas e incluso digerido y asimilado por muchos teólogos católicos perfectamente ortodoxos, aunque no fundamentalistas.

  • Comentario por Yehuda 19.05.14 | 10:54

    "Es que esto no es un ataque a la institución; al contrario, es un acto de amor a la institución porque me estoy jugando mi carrera, que me van a insultar, a difamar y a meter en la cárcel porque quiero que cambien las Fuerzas Armadas"

    Claro, un teniente tenía que ser ...

    "Voy a cantar un canto de amor a su viña" (Isaías 5: Marcos 12)

    ¿Y qué harán "los principales varones" ("ton proton andron", Flavio Josefo) y "príncipes de los sacerdotes" (Marcos)?

    ¿Qué harán los Jefes saduceos?

    Esta película la han echado ya demasiadas veces

  • Comentario por FERNANDOP 17.05.14 | 21:47

    En lo que estoy de acuerdo con Holbach es que Jesús tenía debilidad por las mujeres, y por los tullidos y enfermos, y por los niños, y por los extranjeros, y por los pobres.....un tipo curioso ese galileo de hace 2000 años.

  • Comentario por FERNANDOP 17.05.14 | 21:44

    Respecto al mensaje ético de Jesús, ridiculizado por Holbach, recibe de Piñero una cariñosa y leve crítica: muy probablemente Jesús pensaba que estas normas sólo eran válidas para los momentos inmediatamente anteriores a al venida del Reino !Ahhhh que era eso!, yo pensaba que tenía alguna relación con la idea que Jesús tenía del prójimo y del ser humano ( parábola del samaritano, la mujer pecadora, los enfermos, la sirofenicia, la viuda, los pobres...) yo pensaba que tenía algo que ver con el mandamiento nuevo, pero resulta que no, que todo es fruto de la "casualidad". Por cierto, lo que si se puede asegurar es que si todos cumplieramos con las normas del evangelio la vida no solo no resultaría imposible, sería una balsa de aceite, sería la humanidad superada, quizá en un futuro el ser humano llegue a asomarse a una sociedad sin clanes (el familiar lleva a los demás), sin apego al dinero, donde todos seamos hermanos, que se perdone con generosidad...

  • Comentario por J.P. 17.05.14 | 13:56

    Elifaz: D . Antonio sencillamente menciona la teoría del Talmud. Esa que Jesús volvió con las fórmulas mágicas tatuadad en su piel y demás. Pero siempre la ha rechazado como no histórica, como falta de fundamento.

    Ppr otro lado, D. Antonio organizó un curso tgj y editó las actas sobre curanderos en el s. I.

  • Comentario por Elifaz 17.05.14 | 12:16

    Solo expresar mi sorpresa por lo poco aprovechada que fue la escuela de Egipto en la que Jesús aprendió a realizar curaciones mágicas.
    Quizá Piñero, que se hace eco de tales ingenuidades, nos pueda explicar a qué se debió que en vez de aparecer una generación de curanderos y sanadores hubiera que desarrollar una ciencia médica siglos despues basada en métodos totalmennte diferentes..
    ¿A esto hay que llamar racionalismo? Si es así habrá que hablar sobre la devaluación de las facultades humanas.

  • Comentario por galetel 17.05.14 | 09:06

    A Holbach le habría venido bien leer a Piñero, aunque Piñero debe estar agradecido a Holbach. Son eslabones de una cadena que lleva al encuentro de la razón y la fe, en el ámbito de la interpretación del NT. Esta es la cadena por parte de la razón, como hay otra cadena por parte de la fe. Ambas convergen y se complementan mutuamente. Al final, si hay final, habrá un Autor al que todos los anteriores les convendría haber leído, y que deberá estar agradecido a todos esos autores anteriores.

  • Comentario por AntonioL 17.05.14 | 06:55

    El eclipse de la tradición cristiana durante el avance racionalista del siglo XVIII, es interesante. Primero debe darse cuenta de que fue un episodio y de que ahora es histórico. Será algo demasiado fuerte decir que en la actualidad está muerto; quizá sea suficiente que se encuentra distante y, sin embargo, distinto.

    Debe de ser tenido en cuenta que no es cierto, en contra de los que muchos suponen, que el ataque racionalista contra el cristianismo procediera de los descubrimientos modernos en el campo de la ciencia material. Llego y, en cierto modo, se había marchado ya después de llegar, antes de que semejantes descubrimientos hubieran empezado de verdad. Habían sido perseguidos persistentemente en parte, a través de una tradición que ya existía. Pero los hombres no fueron racionalistas porque eran hombres de ciencia; más bien se dedicaron a la ciencia por ser racionalistas. Aquí fue donde se manifestó primero el alma del hombre, y donde incluso se negó a si misma.

  • Comentario por Luis Enrique Antolin 16.05.14 | 13:50

    Advertencia previa,la maquina tiene en estos momentos el capricho de reduplicar los acentos indoendientes y separados d la letra,o sea,que no puedoi sino renunciar a ellos.

    Memorables paginas de nuestro pasado,si ,y útiles para la reflexión en nuestro presente.En época de lectura literal de loa pasajes bíblicos,utill y necesario es el uso de la razón para señalar sus incongruencias,que con posterioridad los propios creyentes se ven obligados a admitir y asimilar,asi como para plantear determinadas cuestiones que un creyente "en serio"no puede obviar.

    Memorables y útiles también para comprobar en su primigenia y pristina pureza la evidente ingenuidad y el no ver mas alla de las narices de la pura e inmaculada razón.En aquel sueño de todo entender y explcar, esta lleva en no pocas ocasiones a confundir el árbol con el bosque o a tomar el rabano por las hojas.Si,repito,memorabes ,útiles e ilustrativs estas ilustrads lecturas.

  • Comentario por Yehuda 16.05.14 | 11:14


    Veo desde mi punto de vista un sesgo cristiano que parece inevitable: intentar acceder al Estrato_0, el Estrato anterior a Jesús muerto y vindicado por un grupo de nazarenos, chavales fariseos del barrio alto de Jerusalem y un "montón de sacerdotes" del segundo templo

    El sesgo me parece inevitable porque para los cristianos "Jesús" es el personaje principal de esta historia

    El colmo es buscar una concordancia, cuando lo interesante desde un punto de vista técnico en esta historia son los Cuatro Estratos Arqueo-Lógicos tan bien marcados

Martes, 20 de noviembre

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