El blog de Antonio Piñero

La formación del Nuevo Testamento en sus tres dimensiones (433)

13.07.12 | 08:21. Archivado en , Libros, CRISTIANISMO
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Penna, Romano, El Nuevo Testamento en sus tres dimensiones. Seg
Hoy escribe Antonio Piñero

El libro que comento esta semana, cuyo título es el de esta posta, es de Romano Penna, profesor de Nuevo Testamento en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma.En España se han traducido algunas obras suyas como Un comentario a la carta a los romanos, en Verbo Divino, 2012, un estudio sobre S. Pablo: Pablo de Tarso, un cristianismo posible (Madrid 1992) y una edición de textos y comentarios sobre “ambiente histórico-cultural” de los orígenes del cristianismo, Bilbao, 2005.El libro que comentamos ha sido publicado también por Verbo Divino, Estella, 2012, 163 páginas, con ISBN 978-84-9945-275-3.

En la primera parte, el autor estudia muy brevemente la idea de “testamento” en el judaísmo y en el cristianismo antiguo y comenta, concisamente también, los sintagmas “testamento antiguo” y “testamento nuevo”, destacando convenientemente la aportación esencial de Pablo en la formación del concepto “nueva alianza”. El autor apunta que en el sustrato del uso del sintagma “nuevo testamento” se encuentra el “hecho” de que la matriz del cristianismo es, y sigue siendo, el judaísmo del que el cristianismo no es sino una variante.

Según el autor este aserto “se comprueba, por ejemplo, en la convicción, ya jesuánica y después cristiana, de que la identidad mesiánica de Jesús a pesar de su chocante originalidad no había sido una novedad absoluta sino que hunde sus raíces en la historia pasada”.

En la segunda parte del libro cuyo título es “El nuevo testamento como don-gracia de una alianza divina” se estudian, como breve prefacio, los textos de Jeremías 31,31-34; Ezequiel 36,26-27; I QBendiciones 5,21-33, así como algunos pasajes del Documento de Damasco y de la Regla de la comunidad que hablan de un “testamento/alianza eterna” que pare ellos era también “nuevo”. Penna señala las diferencias de concepto entre el uso neotestamentario y estos textos.

A continuación R. Penna estudia los textos cristianos que fundamentan o ponen los inicios para que en el futuro pueda llamarse a la colección de escritos propiamente cristianos “Nuevo Testamento”. Estos pasajes son 1 Cor 11,23-26 (la Cena del Señor); 2 Cor 3,6 (“Dios nos ha hecho ministros y dueños de una nueva alianza, no de la letra, sino del espíritu; la letra mata, el espíritu vivifica”); y la idea de nueva alianza / nuevo testamento, fundada en la mediación de Jesucristo, que se desarrolla ampliamente en la Carta a los hebreos, en realidad una homilía como es sabido.

La parte tercera aborda del libro un brevísimo --y diría que superficial y poco representativo-- estudio/presentación del Nuevo Testamento como “conjunto literario”. Este estudio ofrece de hecho una escueta síntesis de las características más notables de las 27 obras que componen el Nuevo Testamento.

Por último la parte cuarta, con el título “El Nuevo Testamento como conjunto canónico” estudia también brevemente cuáles son los apócrifos neotestamentarios y qué valor tienen históricamente los escritos, sobre todo evangelios, que se recogen dentro de esta rúbrica.

El segundo apartado de esta cuarta parte me parece quizás el más interesante del libro, puesto que estudia:

• Las primeras colecciones de textos cristianos y los analiza para averiguar por qué los cristianos se decidieron a utilizar el formato “códice”, y no el de volumen o rollo (que se cree tuvo su repercusión a la hora de formar un corpus transportable de escritos cristianos;

• Cómo pudo formarse (o mejor “editarse”) la primera colección de textos paulinos y finalmente

• Cuáles fueron los impulsos para la formación del canon neotestamentario.

Según Romano Penna, los impulsos básicos fueron dos:

1. La formación previa de un canon judío de las escrituras;

2. La formación también previa de un primer canon cristianos de textos sagrados realizado por el heresiarca Marción.

El libro de Penna concluye con una breve consideración sobre cómo se fue concretando el canon del Nuevo Testamento. Para ello presenta al lector el texto de la famosa lista o “Canon de Muratori” (que fecha en torno al 200) y sus consecuencias. Añade unas consideraciones sobre los eventos que llevaron a la consolidación del canon del Nuevo Testamento especialmente en Occidente (por ejemplo, la publicación de la lista de escritos canónicos del Nuevo Testamento en una “Carta festal” del año 367 escrita por Atanasio de Alejandría y los decreto el concilio de Trento). De los vaivenes del canon en la zona oriental de la iglesia, donde el Apocalipsis, por ejemplo, no adquiere solidez canónica absoluta hasta el siglo X, no se dice en este trabajo de R. Penna ni una sola palabra.

Mi valoración de este libro es positiva, a pesar de su enorme brevedad en las partes I y IV sobre todo. Con ciertas dudas podría suscribir los análisis que hace el autor de 2 Cor 3,6 y la Carta a los hebreos y sus consecuencias para la formación del canon. De ningún modo puedo adherirme, como espero que sepan ya los lectores, a un análisis del texto paulino y evangélico (sobre todo de Marcos) de la “Cena del Señor” como si Pablo estuviere transmitiendo una tradición eclesial anterior a él. No amplifico porque he escrito ampliamente contra este supuesto en “La verdadera historia de la pasión”, Edad, Madrid, 2009 y también en el presente blog.

Tampoco puedo adherirme al juicio de que la personalidad de Jesús era de “chocante originalidad”. Hemos escrito en este Blog abundantemente sobre que la figura de Jesús es perfectamente discernible y situable en el panorama de los “maestros de la Ley del siglo I”, y entre los “profetas de signos” como para designarla como “chocante”

Considero que la parte III del libro de Penna, “El nuevo testamento como conjunto literario” dice muy poco al lector, en especial al que haya tenido ya, incluso, un mínimo interés sobre el contenido del Nuevo Testamento. Sin duda debería haber sido más amplio.

La parte IV me parece muy interesante, tanto por lo que se dice sobre el uso del códice por los cristianos, como por las consideraciones sobre la formación muy temprana, probablemente, a principios del siglo II, de un corpus de escritos paulinos; el autor no tiene espacio en este breve libro para hablar de ciertos modos --diría que estúpidos o incomprensibles-- del anónimo editor/redactor del corpus paulino y las consecuencias que su acción editora tiene para la comprensión cabal de la doctrina del Apóstol. Su manera de editar, fundiendo cartas, omitiendo pasajes, trastocando el orden de algunas cartas( en especial 2 Cor y Filipenses) nos vuelve literalmente perplejos y nos produce más de un dolor de cabeza.

Estoy totalmente de acuerdo con Penna en su indicación de que los impulsos para la formación de un canon del Nuevo Testamento hay que verlos en las dos formaciones previas: por parte de los judíos (el AT) y del heresiarca Marción cuy canon de “Escrituras cristianas” era muy peculiar: eliminaba totalmente el Antiguo Testamento; dejaba un solo evangelio, el de Lucas; y un solo apóstol, Pablo).

Solo al final del libro, en la página 156 se hace una mención demasiado breve y fugaz de otros dos impulsos que ayudaron a la formación del canon del Nuevo Testamento:

• El contenido de los escritos sacros debía atenerse a la “regla de la fe”, ya bastante firme a mediados del siglo II entre las iglesias paulinas que son las que forman y deciden el canon

• Las lecturas públicas en las iglesias paulinas y no paulinas de textos que se creían inspirados ayudaron también a la formación del canon.

Desgraciadamente, el autor, Romano Penna, ni siquiera menciona que el canon del Nuevo Testamento fue muy probablemente el producto de un pacto entre las principales iglesias paulinas, hecho sobre la base de realzar sus propias ideas, pero con la voluntad de acoger cuantos escritos judeocristianos fueran asimilables.

En este aspecto hubiera sido notable señalar que la epístola de Santiago solo a duras penas y tarde, entró, junto con la de Judas, en la lista de escritos sagrados cristianos.
Por último, los lectores agradecerán que el libro presente les transmita íntegro el fragmento conservado del “Canon de Muratori”; este texto se cita mucho pero casi nunca se reproduce.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

17 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por viances 03.08.12 | 09:46

    PAra Carlos Montaña: ¡Cómo se nota la profesión en los comentarios!, ¿eh?, ¡Gran profesión la de Tekton, antes y ahora!, ¡lástima de crisis!. Me gusta el enfoque que tu profesión insufla en los comentarios. por favor, nunca dejes de dar esa visión pues parece que Jesús, el histórico vivía del aire. (aire teológico naturalmente). Hoy en día no podrías viajar por el mundo con semejante grupo de gente sin oficio ni trabajo alimentándote de la caridad de la gente, dudo que en aquel tiempo fuera posible cuando nos dicen que el imperio y el templo exprimía con los impuestos hasta la última gota de sudor, lo que motivó las revueltas tan famosas y comentadas. ¿De donde quitaban los campesinos para alimentar a la troupe de Jesús?, o ¿quizás la vida pública duró menos de lo que creemos?.

  • Comentario por David RV 14.07.12 | 20:17

    "Blue", por de pronto no existe ningún original en hebreo, arameo, griego y mucho menos latino de esos textos. No nos ha llegado ningún original, y las copias recibidas contienen suficientes divergencias al detalle que hacen imposible reconstruir un supuesto original. Lo más es disponer de fuentes muy aproximadas, y existen diferentes ediciones. Por de pronto ninguno de esos textos estuvo en latín, eso es seguro, y arameo unos cuantos pasajes de Daniel y creo que nada más.

  • Comentario por Pedro 14.07.12 | 19:37

    Blue:
    Su Vd. conoce el inglés, lo que Vd. pide está en esta dirección. Debe bajarse el programa que es gratis y tiene Vd. todos los textos como Vd. los quiere.
    http://www.scripture4all.org/

  • Comentario por Blue 14.07.12 | 14:28

    ¿ Me podrían indicar Ustedes alguna edición del A.T y del N.T. que además de la lengua castellana contenga el texto original en griego, latín, hebreo, arameo... ? Sobre todo me interesa el Antiguo Testamento. Muchas gracias

  • Comentario por Carlos Sánchez-Montaña 13.07.12 | 22:06

    Yeshua para sus vecinos era "rabi" y "tekton". En castellano un "maestro" "constructor"

    Y lo demás es manipulación lisa y llama de los textos evangélicos.




  • Comentario por Yehuda Kyriakos 13.07.12 | 17:51


    ¿Era Jesús un "tana" o "rabí" fariseo?

    Sí, pero uno que subrayó tanto que la moral estaba por encima de la religión/identidad ... que le costó la vida

  • Comentario por Yehuda Kyriakos 13.07.12 | 17:32


    Los "tanaim" son los maestros que "repiten" lo que han aprendido

    Por un lado extraño maestro-repetidor es Jesús que ni repite los 10 mandamientos

    Por otro lado uno de los primeros "tanaim" afirma (Iebamot 46a) que el bautismo es más importante que la circuncisión

    Una y otra vez lo mismo: los zapadores revisionistas en su cruzada contra Saulo el Pablo arrasan toda la enrevesada historia del judaísmo del siglo I y II

  • Comentario por Xabier 13.07.12 | 17:24

    Pedro:

    Por enésima vez, le reto a plasmar sus extravagancias en una Tesis Doctoral o en revistas con evaluación por pares. Es la prueba del algodón sobre si las cosas que escribe aquí son patochadas o afirmaciones respetables.

  • Comentario por Yehuda Kyriakos 13.07.12 | 17:11


    "El masiá (el cristo) hijo de José que será ajusticiado" (Suká 52a) es una expresión de un "tanaim" de los años 135-150, de hecho estas expresiones (de esta época) son las únicas históricas sobre Jesús en el Talmud (pues el resto son ecos de ecos muy tardíos) y hay que tener en cuenta que en el Talmud no aparece ni el mismísimo "Yehudá el macabeo". De esta misma época y un poco anterior hay tanaim que por ejemplo no dan importancia a la circuncisión, de hecho Flavio Josefo cuando se hace eco (ca. 90) del judaísmo cristiano también le da por decir que hay un judaísmo sin circuncisión.

    Que Jesús era un "tanaim" influido por Jesús es una hipótesis interesante por decir algo

  • Comentario por David RV 13.07.12 | 16:01

    Y qué raro que Pedro no felicite al divino Julio por su 2112 cumpleaños...

  • Comentario por David RV 13.07.12 | 15:46

    Si se me permite, existen varias erratas en el post, sin importancia, pero creo creo que la del título ("es" por "en") debería corregirse para no dificultar futuras búsquedas. Gracias.

  • Comentario por Yehuda Kyriakos 13.07.12 | 15:26


    Pues supongo que esa lista la tiene el profesor Piñero

  • Comentario por sofía 13.07.12 | 15:13

    Yehuda Kyriakos, hace tiempo que no venía por aquí y me alegro de "verle". Pero la verdad es que no todos sabemos eso. En realidad no tenía ni idea de que la lista de maestros de la ley perseguidos por el consejo de Jerusalén fuera interminable. ¿En dónde puedo encontrar esa información sobre los maestros de la ley perseguidos?

  • Comentario por Yehuda Kyriakos 13.07.12 | 15:04


    José el Bernabé escribe (ca. 39-50): "y el velo del Templo se partió en dos partes de arriba abajo" [pues como todos sabemos la lista de maestros de la Ley que hablaban contra los Jefes del Templo es interminable]

    Saulo el Pablo (cansado de perseguir con saña nazarenos [pues como todos sabemos el Consejo Supremo de Jerusalem no paró de perseguir discípulos de maestros de la Ley del siglo I]) escribe (ca. 55): "y hasta hoy existe el mismo velo en la lectura del Antiguo Testamento, porque sólo con Cristo desaparece" (2 Cor 3,14)

    Cegados por Pablo unos y otros, las melonadas de los revisionistas se explican por las melonadas de los ortodoxos

  • Comentario por Yehuda Kyriakos 13.07.12 | 14:47


    José el Bernabé escribe (ca. 39-50): "esta es mi sangre de la alianza" (Marcos 14,24)
    Saulo el Pablo escribe (ca. 55): "este es el cáliz de la Nueva Alianza en mi sangre" (1 Cor 11,25)

    José el Beranbé escribe (ca. 39-50): "tomad, éste es mi cuerpo"
    Saulo el Pablo escribe (ca. 55): "esto es mi cuerpo que se da por vosotros, haced esto en memoria mía"

    El texto de Pablo es el texto moderno; el texto de Bernabé es el texto arcaico

  • Comentario por sofía 13.07.12 | 11:40

    Es decir, que ante el "paulinismo" de Marción reaccionan las iglesias, paulinas o no, con un rechazo absoluto del canon de Marción e incluyendo en cambio en su propio canon los textos que más se leían en todas las Iglesias -paulinas o no- ¿pero por qué demonios esto sugiere que hubiera ningún pacto entre iglesias exclusivamente paulinas? Más bien sugiere que las iglesias buscaron para formar su canon los textos más antiguos y los más utilizados en las iglesias cristianas. Que había más iglesias paulinas que no paulinas sí es un hecho que provoca un mayor peso del paulinismo, pero la buena fe de intentar guardar todo lo que les parece auténtico es también evidente.
    El tiempo y las circunstancias pueden hacer que el peso de las ideas se incline más hacia una tendencia que hacia otra, pero ese es el único canon cristiano que se opone al canon marcionita que es el que se pone en plan "seudopaulinista" eliminando lo que le parece sin más criterio que el marcionita.

  • Comentario por Pedro 13.07.12 | 11:02

    Antonio:
    El que creó el Codex, como bien sabes,fue Julio César. El que lo empleó para la difusión de la religión de su Imperio fue Constantino. Sólo pudieron hacer eso los emperadores y no los llamados "cristianos". Y el anónimo editor/redactor del corpus paulino, pagado por el emperador, en el siglo IV reescribe antiguas cartas de emperadores y las pone en una coctelera religiosa indescifrable para nadie entienda nada y así sea más misteriosa, pero no puede evitar que todo suene a reescritura. Las nuevas generaciones de hoy se preguntan por qué tienen que tragarse estas retóricas inbéciles que algunos dicen que son la doctrina del cristianismo, como aquella que dice "si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe". Y ni siquieran se responden. Se van. Tienen razón, porque intuyen que ese Cristo es un personaje más de los que han leído en los libros o han visto en películas, que se le ha resucitado para que la novela o película acabara bien.

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