Hoy escribe Fernando Bermejo
El nombre de Diarmaid MacCulloch no es muy conocido en España. A los especialistas en historia del cristianismo les resultará familiar como el coeditor de la imprescindible revista Journal of Ecclesiastical History. Los interesados en la historia de la Reforma reconocerán en él al autor de obras como la biografía del arzobispo de Canterbury Thomas Cranmer (Thomas Cranmer: A Life) o varias monografías relevantes: Reformation: Europe’s House Divided (1490-1700), o The Later Reformation in England: 1547-1603. Es posible, sin embargo, que desde hace algunos meses ese nombre les suene como el del autor de una obra ambiciosa sobre la historia del cristianismo.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Hecho IX (cc. 102-106): Muerte de un dragón
El Hecho IX refiere la muerte de un gran dragón que surgió de las sombras y se dirigió amenazante hacia los siervos de Dios, Felipe, Bartolomé y Mariamne, que caminaban acompañados por el leopardo y el cabrito. Su dorso era negro y su vientre como de bronce con chispas de fuego. Tenía más de cien codos de largo y estaba acompañado por una multitud de serpientes con sus crías. El desierto se estremecía a su paso.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como prometí la semana pasada, expondré y comentaré brevemente la crítica de Bermejo a la tesis de Crossan de que “Juan Bautista es exactamente lo opuesto a Jesús”. Por mor de la brevedad Bermejo ha escogido los pasajes fundamentales de los Evangelios, citados por Crossan como base de su apreciación, en sus obras fundamentales: “El Jesús histórico. Vida de campesino judío mediterráneo” y “Jesús. Una biografía revolucionaria” (Bermejo utiliza, para mayor rigor, la edición inglesa y en las notas prueba sus apreciaciones con citas del texto inglés).
Crossan “admite… que Jesús fue bautizado por Juan, y que esto y otros textos (Lc 7, 24-27 con paralelo en Mt 11, 7-11) indican que Jesús aceptó la expectación apocalíptica de Juan y lo consideró un profeta. Sin embargo, Crossan opone de inmediato el contenido de Lc 7, 24-27 al de Lc 7, 28 (Mt 11, 11), y afirma que, si se acepta que ambos pasajes se remontan a Jesús, la única conclusión que puede extraerse es que este cambió de opinión acerca de Juan y de su mensaje”. He aquí los textos:
Hoy escribe Fernando Bermejo
¿Cuáles fueron los argumentos iconoclastas del obispo español Claudio de Turín en el s. IX, las razones esgrimidas para sus comportamientos estauroclastas tan contrarios a la tradición?
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Hecho VII (cc. 87-93): Actividades de Felipe en Nicatera
El Hecho VII se desarrolla también en Nicatera. Ireo, Nercela, Artemila y hasta la portera de su casa vivían alegres en compañía de Felipe, a quien pidieron que los bendijese. Recibida la bendición, Ireo propuso al apóstol la construcción de una iglesia y una residencia episcopal. Nereo, padre del joven resucitado, se ofreció para ser él quien corriera con los gastos de la construcción. Pero puestos de acuerdo sobre el modo y el lugar, gastaron gran cantidad de dinero. Los judíos fueron testigos de la obra con cierta envidia y resignación. Todos los creyentes acudían al nuevo edificio para recibir las enseñanzas del apóstol.
Hoy escribe Antonio Piñero
Quiero llamar hoy la atención acerca del último número de “BANDUE. Revista de la Sociedad española de ciencias de las religiones”, V (2011); Editorial Trotta, Madrid 2011, en el que aparece un artículo del profesor Fernando Bermejo: “La relación de Juan el Bautista y Jesús de Nazaret en la historiografía contemporánea: la persistencia del mito de la singularidad de Jesús”, pp. 5-19.
No insisto en este artículo por el deseo de ser un pesadito o por amistad con F. Bermejo, sino porque creo que el análisis de la obras, traducidas al español, que circulan entre los estudiosos o aficionados hispanos al tema de Jesús de Nazaret así lo exige. A pesar de nuestra insistencia, el peso de la autoridad de los autores señalados en el título de esta postal entre los estudiosos españoles es evidente. Y eso peso, en el tema de la singularidad de Jesús lleva, opino, a una visión de Jesús que no me parece correcta.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Los episodios principales de la crisis iconoclasta que tuvo lugar en el Imperio bizantino entre los ss. VIII y IX son lo bastante bien conocidos como para que no haya necesidad alguna de insistir en ellos. Menos manido es el fenómeno de la iconoclastia occidental en el Imperio carolingio, que –aunque no tuvo el alcance ni la repercusión que en la Iglesia Ortodoxa– se manifestó de varios modos. Dado que hemos tenido ocasión de referirnos a Pedro de Bruys y los petrobrusianos en una época posterior, el s. XII, vale la pena hoy llamar la atención de los lectores sobre un fenómeno de iconoclastia -y, más específicamente, de estauroclastia- que tuvo lugar en época carolingia, máxime teniendo en cuenta el hecho de que quienes estuvieron implicados en él fueron esta vez eclesiásticos, y de origen español.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Hecho VI (cc. 64-86): Debate con los judíos en Nicatera
El Hecho VI tiene lugar en la ciudad griega de Nicatera. El judío Ireo es también aquí el centro del relato. Como Felipe residía en la casa de Ireo, era éste el blanco de la hostilidad de los ciudadanos, movidos por los judíos de la ciudad. Se sentían ofendidos no solamente porque Ireo había creído en Cristo, sino porque además alojaba a Felipe en su casa. Llegaron, pues siete hombres, calificados por la criada de la entrada como “llenos de maldad y de injusticia”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Estando yo de viaje en la pasadas semanas, escribió mi colega, amigo y coautor del vol. III esta obra, Gonzalo del Cerro, unos párrafos a modo de presentación. Después de leerlos se me ocurrió que lo mejor que podía hacer para colaborar con Gonzalo en la presentación era presentar el índice de la obra, puesto que ese contenido habla más que mil palabras. De paso también copio las líneas que a modo de perspectiva general de cómo es el libro publicó la propia editorial(Biblioteca de autores cristianos = B.A.C., Madrid, 2011) en la contracubierta del libro. Va ese texto lo primero:
Hoy escribe Fernando Bermejo
El núcleo del pensamiento de Bultmann sobre Jesús es que el supuesto “espíritu de Jesús” (?), que sería el grano tras la paja (esta sería el judaísmo palestino), aporta la esencia del cristianismo. Esto significa que Jesús es des-historizado y resulta ser más una idea que un judío real. Tal estrategia hace posible que Bultmann reconozca el "pedigree" de Jesús, pero al mismo tiempo le prive de la única savia religiosa que conoció: el judaísmo. En el mundo simbólico de Bultmann, los judíos y el judaísmo (magnitudes descritas en términos de legalismo y pseudoespiritualidad) nunca tienen un lugar positivo por derecho propio; Jesús lo tiene, pero entonces es reinterpretado y desconectado de su savia judía.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Hecho IV (cc. 37-44): Felipe en Azoto de Palestina
El Hecho IV (cc. 37-44) se desarrolla en Azoto, población de la costa de Palesina, y lleva como título “Curación de la hija de Nicoclides”. Los prodigios de Felipe atraían a muchos que eran curados de sus enfermedades. Pero siempre había diversidad de opiniones. Para unos era el apóstol un hombre de Dios; para otros, un mago. Algunos acusaban a Felipe de pretender separar los matrimonios y de hablar negativamente de la procreación.
Hoy escribe Antonio Piñero
Mi reflexión y valoración personal es que estoy muy de acuerdo con esta sinopsis sobre el cristianismo y la reencarnación en el cristianismo primitivo hasta el siglo IV, pues me parece muy correcta e ilustrativa. Añadiría que la crítica oriental y occidental a la idea de la reencarnación fue tan demoledora que prácticamente esta noción no ha vuelto a defenderse en libros técnicos hasta hoy día. E insisto en que creo que el volumen en general que presentamos merece convertirse en punto de referencia, por la amplitud de sus tratamiento en muy diversas religiones.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Para Ramiro Moar,
perseverante lector, perseverante amigo
Entre las muchas historias inolvidables que el estudio de ese período de oro y hierro que fue la denominada Edad Media nos depara, una de mis favoritas es la que tiene como protagonista a Pierre de Bruys (o Bruis, o Bruix, o Bruyns, que al menos de todas estas formas es conocido).
Este personaje, que la fértil imaginación de un Jorge Luis Borges habría podido inventar, fue un cristiano y sacerdote idiosincrásico, de esos que los atentos pastores de la grey califican de heréticos. Había nacido en Bruys, una pequeña villa de la región de los Altos Alpes, allá donde Francia linda con el Piamonte. Su persona y su figura nos son conocidas a través de dos tocayos suyos, ellos mismos conocidos iconos del Medievo: Pedro Abelardo, que lo menciona en su Introducción a la teología, y sobre todo Pedro el Venerable, que dedicó un tratado entero a refutar sus doctrinas.
Bruys fue –por desgracia para él– lo bastante sensato como para percatarse del fenomenal tinglado en que consistía el cristianismo que le rodeaba, aunque –también por desgracia para él– no lo bastante como para dejar a los demás al albur de sus locuras e intentar pasar inadvertido en las tierras del Delfinado. Creyente vehemente, imbuido de un tan bienintencionado como vano espíritu de reforma, se puso a predicar a sus contemporáneos unas cuantas ideas que acaso no fueran del todo nuevas, pero sí un tanto subversivas.
Sábado, 26 de mayo
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Jose Gallardo Alberni
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza