Concluimos hoy esta serie dedicada a comentar el libro de Antonio Monclús, La eutanasia, una opción cristiana. El final del libro es una reflexión serena que tiene por finalidad poner de relieve que la idea de la eutanasia como opción cristiana debe considerarse seriamente a la vez que se revela con como un tema que se puede zanjar de un plumazo, puesto que es mucho más compleja de lo que en principio se podría suponer.
Comenta J. J. Tamayo en su “Prólogo” que no es tan fácil oponerse a la eutanasia, salvo si se parte de una postura dogmática e intransigente previa y vuelve a recordar que hay argumentos suficientes para mostrar que tal intransigencia no está avalada por lo que podemos saber de cierto sobre Jesús de Nazaret.
El mismo Tamayo plantea vívidamente la complicación del tema en cuanto se prescinde de su enfoque religioso que como ocurre en este caso es demasiado tajante. Hay problemas filosóficos, médicos, y puramente tecnológicos cuando alguien se enfrenta al hecho de la muerte humana, lo que impide toda postura dogmática al respecto.
Estas cuestiones están imbricadas las unas con las otras. Así: ¿Cuándo se considera –médicamente- que está muerta una persona? ¿A qué concepto de tiempo y de ley natural aludimos cuando establecemos la frontera entre la vida y la muerte? ¿Qué imagen de Dios se suele utilizar para referirse al dueño y señor de la vida? Es claro que si la muerte fuera un mero acabarse todo, si fuese algo tan simple no se explicaría de ningún modo la tajante oposición cristiana (por lo general) y de otras religiones a la eutanasia.
Monclús enumera cuatro cuestiones en concreto:
1 El concepto de tiempo. Analiza brevemente cómo a lo largo de la historia de la filosofía y de las religiones las concepciones sobre él son muy dispares. El concepto de tiempo es esencialmente relativo. Monclús insinúa que no se puede hablar de un Dios como “señor del tiempo” ya que esa es una imagen que queda al margen de concepciones filosófico religiosas budista, hindú, taoísta o azteca. La prohibición de la eutanasia en el cristianismo, un fenómeno occidental, está ligada a una concepción sólo occidental de un Dios como “señor del tiempo”.
2. El segundo es la “ley natural”. Aporta aquí Monclús una serie de testimonios de filósofos y estudiosos de ética y de antropología, etc., mostrando numerosos ejemplos, sobre la imposibilidad de definir tal “norma natural”. Es este tema bastante conocido y aceptado, por lo que no es ilógico que Monclús aprecie que no es procedente, como se suele hacer sobre todo en la Iglesia católica invocar la “ley natural” para prohibir la eutanasia.
3. El tercero es cómo definir la muerte o el momento clave, final, de la muerte física. Estudia aquí Monclús el tema de la mano de Juan Masiá (Bioética, 2006) o de Englaro y Nave sobre le caso Eluana, al joven italiana en coma irreversible durante años, más otros autores para plantear al menos que “no deja de ser una falacia interpretar el hecho de la muerte como lo acontecido en un instante determinado… la muerte en casos de determinadas enfermedades o situaciones límite no es propiamente un acto claro, un hecho definido, sino un ir muriendo…” (p. 366) y pregunta: “¿Qué juez humano, eclesiástico o político, podría juzgar sobre la muerte con la seguridad de que juzga bien? Y si no cabe esa seguridad, (por qué juzgar y pretender que Dios, en cuyo nombre se dice juzgar se quede preso de un posible fallo humano, de un error de cálculo?
4. El cuarto es el concepto mismo de Dios y el lugar que se le atribuye a la hora de la muerte. Esta pregunta es básica y el autor reproduce en plan de pregunta abierta algunos de los planteamientos del libro, que discurren todo a lo largo de él, acerca de la posibilidad de saber la voluntad de Dios, si acaso éste no es más que permisivo en tantísimos casos en los que la acción humana mala, injusta, destructiva es la que “decide” y ejecuta la muerte.
En este apartado la crítica radical está imbricada con las cuestiones anteriores:
“Estamos convencidos de la muerte tiene un momento determinado en función del concepto de tiempo terrenal nuestro (arbitrario, subjetivo) y decidimos que Dios está sujeto a ese concepto material y concreto de Tiempo. Decidimos que Dios es el juez de la vida y de la muerte, en función del concepto humano de juez…” (p. 370).
En una palabra, hay muchos problemas que impiden ofrecer una solución dogmática-tajante al problema del fin de la vida.
Por ello me parece que el mérito principal de este libro es ofrecer mil ideas y reflexiones que nos hacen cavilar y llegar a la formulación que expresábamos en notas anteriores: en la profundidad de la persona se halla el lugar de decisión sobre la conducta de uno mismo. En esa profundidad, que debe actuar con radical honestidad y sinceridad es donde se debe tomar decisiones tan trascendentales como decidir en casos tan dudosos e íntimos el final de la vida propia.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
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Posdtata
El autor del libro "La eutanasia una opción cristiana, Antonio Monclús, me envía la siguiente invitación que transmito a todos los lectores:
GEU Editorial se complace en invitarle a la presentación del libro
La eutanasia,una opción cristiana
de Antonio Monclús
Acompañarán al autor:
Juan José Tamayo, teólogo y profesor titular de la Universidad Carlos III.
Luis Montes, médico del HSO Leganés y presidente federal de DMD.
Antonio Piñero, escritor y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.
Miércoles, 2 de marzo a las 20:00 horas
Ateneo de Madrid
C/. Prado, 21
Me imagino que algún lector del Blog que viva en Madrid puede interesarle. Además puede ser la ocasión de plantear al autor, en el turno de preguntas, algunas de las cuestiones que se están suscitando en los comentarios a las diversas postales.
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Hi, check my plot huren , is completely intriguing
. Tanto en Eutanasia, como en Aborto.
Hice una pregunta al Dr, que quedó sin respuesta.
Quizá se fue por las ramas o directamente a los "limbos" jurídicos " que no me gustan".
A mí no me gustan esas leyes, que para lo que protegen, ¡maldita falta que hacen! Los que las hacen son Imputados (por eso) de lesa humanidad. Y no me gusta que las gentes estemos acunados por un cómodo y nebular limbo.
La sociedad está en el limbo y no protege esa vida ni a esa madre que la lleva, que incluso con 16, si aborta es porque "así lo desea" (supongamos).
Ciertamente estas leyes inicuas, (que no generan justicia), tienen muchas lagunas, la principal no es la de los "agentes ejecutores". La principal es la del desamparo, el abandono, el aislamiento , el limbo en el que encierra a la depositaria de la vida , que la lleva en sí, y nadie da la Ley protectora de estos animales condenados a la masacre y al contenedor de basura.
Hay demasiada propaganda liberticida, comodidad, cálculo económico y cinismo. Tant...
Todos salimos perjudicados cuando no se valora la vida, Alfonso. Todo suicidio es una inducción al suicidio para otros. Toda eutanasia ofrece un juicio de valor negativo sobre la vida que resulta dañino para otros seres humanos. Estamos conectados unos a otros y nos influimos mutuamente, lo queramos o no.
Xabier: creo que la respuesta está en la argumentación del prof. Monclús. Por lo que puedo deducir de las postales, al hablar del mensaje de Jesús, del "no matarás", etc. creo que puede interpretarse que matar a un ser humano que sufre, que así lo solicita y (esto lo añado yo, pero creo que es obvio) su situación es irreversible, sería un acto de amor, o de misericordia. Creo que desde el punto de vista ético lo consideraría así.
Pero como quería poner de relieve, el problema del médico puede no ser solo ético.
Manue: así es. No me gustan esos "limbos" que aparecen en las leyes y que luego hay que ir corrigiendo hasta arrastrar tres o cuatro disposiciones más, rectificaciones, desarrollos, etc., pero, mientras tanto, la ley principal está ya en vigor y aplicándose. Y estas no son leyes como para dejarlas abiertas a interpretación.
J.P.: de eso iba el tema: de reconocer el derecho individual y darle "forma" legal. No sólo de autorizar algo de lo que podemos discutir (como de otros derechos, como el de separación, divorcio, etc., que acaso entrañen una mayor conflictividad, al tener repercusiones familiares que van más allá de una decisión "individual"), sino de regularlo de modo que el derecho luzca y se asegure (se evite el abuso, la promoción y el asesinato encubierto, además de su imposibilitación moralista o paternalista). Claro que el médico puede aportar objeción de conciencia; opino que esta debiera regularse para otros los casos en que pueda plantearse. La ley debe (respondiendo a Ant.) regular de un modo garantista y preventivo de su propio abuso, evitando contrasentidos como los que (sin gritar contra nadie, ni, menos aún, hacer juicio de intenciones contra un colectivo!, considere que soy médico) enunciaba. Es la libertad (individual) de todos lo que se defiende, restringiendo abusos eventuales.
Buenos días a todos.
Cada uno es dueño de su propio cuerpo, que es como decir de su vida. Si lo desea puede terminar con ella en cualquier momento: ponerse una inyección letal, pegarse un tiro o fumar. La cuestiòn es que nadie resulte directa y materialmente perjudicado por su acción.
Saludos.
Veo que mi comentario ha provocado un diálogo sobre la objeción de conciencia de los médicos.
Desde un punto de vista jurídico, si se regulase la eutanasia, lo dijese o no la ley, ese derecho estaría reconocido. La anterior legislación sobre el aborto no decía nada de la objeción de conciencia de los médicos, pero el Tribunal Constitucional dijo que formaba parte de su derecho a la libertad de conciencia y religión.
Dicho esto y aclarado que soy totalmente partidario del derecho a la objeción de conciencia de los médicos en el supuesto hipotético de que se regulase la eutanasia, matizo que mi comentario era desde un punto de vista única y exclusivamente ético. ¿Cual debería ser la actitud de un médico cristiano ante la eutanasia? ¿Lo trata Monclús en su libro o solo se centra en el enfermo? Eso es lo que quería decir.
2)
... Pues de estas personas, de su actuación no dice Vd. nada : únicamente se valora su actuación en libertad, cosa que hasta cierto punto se les restringe a los otros dos grupos.
Pretendiendo poner las cosas en su "justo punto", qué diría Vd. de una persona a la que se le encomienda una alta misión o responsabilidad, o se le confía un tesoro, como el mayor tesoro que Vd. pueda tener y valorar, (no me cabe ninguna duda de que Vd. tiene un tesoro semejante, ni de que Vd. lo valora en su grado más alto dicho tesoro)... ¿Qué diría Vd. de una persona así, si supiera que libremente, esa persona desprecia el tesoro del que es depositaria, e incluso lo quema o lo tira al río o lago más próximo?
Sr. Manué.
"poner las cosas en su justo punto", sospecho que es un tanto frívolo, atrevido y complicado... si se pretende ser...¿justo?... y más en temas que no son de un "quíteme Vd. allá esas pajas".
Observo sin embargo que Vd., como de pasada, lo hace en los cinco puntos que enuncia: De unos sospecha con o sin razón, no sea que la profesionalidad de unos médicos no lo sea al cien por cien en su trabajo.
A otros por contra se ve en la necesidad de disculparlos, ya que ni se puede dudar de su profesionalidad, ni de sus intenciones; además su actuación irremediable sólo puede ser consecuencia de un error invencible.
Queda otro grupo de personas de las que dice no estar obligadas por nadie, sino que actúan "porque así lo desean".
Curiosamente este grupo de personas no salen en los comentarios, porque sean ajenas al tema, ni están desvinculadas, ni sólo es que "pasaban por allí"...
Perdón, el 6)
Manue: a su punto 1), yo no he dicho nada parecido; creo que ningún otro.
Sobre el 2), me gustaría que en el futuro se evitase un texto como "Asimismo se recoge la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios directamente implicados en la interrupción voluntaria del embarazo, que será articulado en un desarrollo futuro de la Ley". En mi opinión, debería haber sido incluido y aprobado en la propia ley. Se pueden hacer mejor las cosas, creo yo. Tampoco me quedó muy claro el artículo 8, he leído interpretaciones contradictorias.
En el caso de la eutanasia, oí en una ocasión a algún profesional de la medicina (cuyo nombre no recuerdo) decir que debería ser un tratamiento más. Si fuere así, podría exceptuar un derecho a la objeción.
Sobre el 5), creo la cosa va más allá de reconocer un derecho a morir dignamente. Si se limitase a eso, no sería más que un brindis al sol. P.ej.: ¿cómo se ejerce ese derecho? ¿Cómo se garantiza? Etc.
Creo que la exageración del católicismo de que los seres humanos vivan a toda consta, me parece muy mezquiuina y médiocre. Vivivimos en en planeta con unas seguridades relativas de susbsitencia en el , cada vez que oimos hablar de Tsumanis o de torres gemelas o de inundaciones, ¿nos creemos unos privilegiados? ¿es más digno que yo de pedir limosna. el rumano, el norteafricano, el alcoholico del que no sabemos su história pero nos atrevamos a enjuiciarlo?
Cuando oimos hablar de suicidio, enseguida ejuiciamos.
Cuando oimos hablar de la pildora del día después o del aborto que se le práctico a la deñ 4, nos atrevemos a condenar, nos atrevemos a madar a la hoguera de la inquisición a la causante.
¿qué sabemos de las vidas de nádie, por qué han actuado de esta manera?
Detrás de los peinados de muchas señoras de alto copete, se econden vivoras demoniacas.
Pongamos algunas cosas en su justo punto:
1) No se obliga, ni induce a ninguna mujer a abortar: lo hace la que así lo desea.
2) Tampoco se obliga a ningún médico que ponga objeciones morales a practicar abortos. Por cierto que las objeciones morales no se valoran en otros casos (imagino unas cuantas situaciones en que un cirujano puede transferir a otros los casos más difíciles o desesperados, aumentando de paso su porcentaje de éxitos quirúrgicos).
4) No debiera permitirse que el mismo médico que tiene objeciones en la pública pueda realizar abortos en la privada.
5) La anestesia completa (dormir del todo, imposibilitando otra vida que la vegetal, exenta de consciencia, comunicación, percepción sensorial, etc.) y el encarnizamiento terapéutico tienen fronteras difusas que requieren valoraciones que realizan personas sujetas, inevitablemente, a error y subjetividad.
6) Hablamos únicamente de que se legalice sobre el derecho a morir dignamente de quien así...
Ant: puede parecer frívolo, es cierto, pero tal y como se acogió por algunos así lo parecía, que era una suerte; creo que la mayoría, partidarios y no partidarios, consideramos una desgracia que una mujer se vea en semejante trance.
Me cuesta creer que un ser humano pueda matar a otro, anque sea movido por la piedad y que el otro se lo suplique, sin que le marque irreversiblemente (lo hemos visto en alguna exabortista). Sinceramente, yo no podría hacerlo.
Y por supuesto, como dice JP, la objeción de conciencia del médico es algo fundamental.
Yo estaré siempre en contra de la pena de muerte, pero el colmo sería que en los países en los que se admite obligaran a ser verdugos a personas que están en contra.
Sin embargo algo así se empieza a intentar con el supuesto derecho al aborto. Y sin duda se intentará con la eutanasia. Normalizar el matar a conveniencia y exigir a médicos que deberían salvar vidas que las eliminen.
Lo humano ante el sufrimiento es aliviarlo, eliminarlo -hay medios de sobra. Incluso si de eso se deriva un acortamiento de la vida. Pero inducir a las personas a desear el suicidio, diciendo que es su derecho, xq efectivamente su vida es inútil y están estorbando, es 1 atrocidad, desde el pdv humanitario.
Habrá que diferenciar encarnizamiento terapéutico, eutanasia pasiva y eutanasia activa, y habrá que insistir en los cuidados paliativos del paciente terminal. Y en la objeción d conciencia.
Sigo estando en total desacuerdo con el tratamiento del libro que se va por los cerros de Ubeda. El que lo prologa también colabora en el desenfoque del tema. El único punto pertinente de los que trata es plantearse cuándo comienza la muerte. Y olvida otros puntos que también son pertinentes, producto d los avances científicos: ¿es lícito el encarnizamiento terapéutico? Ante hechos irreversibles ¿habrá casos en q la eutanasia no sea tal, sino simplemente la eliminación del encarnizamiento terapéutico?
La misión del médico es salvar vidas -Hipócrates no era cristiano y pensaba así- pero no lo es alargar artificialmente vidas robotizadas q de seguir su curso normal estarían muertas.
A Antón me temo q no le falta razón, pues la clave en todo este asunto es lo de "el muerto al hoyo y el vivo al bollo" No resulta rentable investigar e invertir en paliar el sufrimiento de vidas q consideran inútiles.
Y x supuesto, la objeción de conciencia del médico es 1 derecho fundamenta...
J.P.
No suelo frivolizar, como Vd. tampoco. Y creo haber entendido lo que Vd. decía, que no contradice lo que yo digo, ni al revés..
Lo que ocurre es que todo, el engranaje en sí, la situación experpéntica que vivimos de derechos para los de las clínicas abortistas y los de las clínicas eutanásicas es tremendamente cínico y frívolo, cuando de lo que estamos tratando y legislando es de matar a inocentes y desesperados... Ese detalle de los "verdugos", sí que es un cabo suelto que sería imperdonable que el Congreso de los Imputados no lo dejase atado y bien atado...
-Y claro, todo ello, "por suerte? para algunos y por desgracia para otros"... ¿No es esto un tanto frívolo?
¡Ah! David Mo, en eso estoy de acuerdo.
Y me alegro de que siga por aquí.
Por otro lado, viendo las cuestiones que me surgen alrededor del libro, pienso que debo leerlo. El profesor ha hecho un gran esfuerzo de síntesis, digno de elogio, pero es mejor leer a Monclús directamente, con todo el aparato argumentativo, para poder hacer una crítica correcta (aunque a priori no estoy de acuerdo con su tratamiento).
Saludos cordiales.
Ant: no frivolice. Por suerte para algunos y desgracia para otros, nuestra legislación permite el aborto, y seguramente acabará permitiendo la eutanasia más pronto o más tarde. Lo que tiene que hacer dicha legislación no debe ser únicamente reconocerlo como derecho sino proteger a aquellos profesionales que por razón de conciencia o de religión (no se oponen solo cristianos, sino también miembros de otras confesiones e incluso ateos y agnósticos) no estén dispuestos a participar en un aborto o en un "suicidio asistido". El derecho a la objeción de conciencia, en suma. Y eso es lo que digo en mi comentario.
JP: No me he ido. Sigo leyendo lo que puedo de este blog. Le aclaro: yo no remito las culpas del pasado a instituciones del presente. Me parece ridícula la manía de pedir al Papa que pida perdón por la Inquisición, a los comunistas españoles que pidan perdón por el Gulag, a los alemanes por el Holocausto y a los judíos por la Nakhba. Es otra cosa: Me da miedo que las instituciones del presente que se dicen herederas del pasado no hagan sino una autocrítica superficial. Signo de que algo, y no baladí, subsiste. ¿Que tal la Santa Intransigencia: sólo en Mi está la Salvación y el resto al Infierno, la hoguera, la cárcel o la picota? La veo bastante presente. Incluso en algún forista por aquí cerca. Por lo tanto, no está de más analizar los vicios del pasado y ver si algo de ellos subsiste en el presente. Y exigir rectificación. No perdones retóricos que luego permiten seguir con lo mismo bajo otra forma.
Ahora que dicen que se ha suprimido la pena de muerte (¡qué risa!), habrá que dar empleo a los antiguos verdugos... Unos cursillos a los Mir, y ¡problema solucionado!.
igualmente a como tenemos barrenderos que limpian las calles de porquería... Así conseguiremos unas ciudades más limpias, prósperas y una vida incontaminada. ¡Amén! (en sentido laico, por supuesto).
Xabier: ese es uno de los dilemas de la eutanasia. Como del aborto. Pero no es solo problema para un médico cristiano. El reconocimiento de estos como derechos, ¿se convierte para un médico en un deber el eliminar su propia moralidad y obligarle hacer algo que interiormente se recrimina y rechaza?
En mi opinión, no.
Deben ser profesionales formados y especializados en ese campo, es el único modo.
¿Aborto? ¿Eutanasia?... ¡Qué más da! Son dos cara de la misma moneda falsa.
La economía no anda lejos en las reflexiones de los sesudos pensadores...(gastos médicos a los que el enfermo tiene derecho; pensiones que se ahorra el Gobierno)... Ese es el motivo de tanto filosofúmeno... ¡Como si alguien necesitase que le reflexionen por fuera sus propias reflexiones y decisiones!...
¡Lástima de los abortados, a los que ni se les da tiempo a que les reflexionen por fuera, lo que ni ellos pueden reflexionar por dentro!... Por eso en este caso, son HOMICIDIOS... En la ¿EU?tanasia, pueden ser ambas cosas: SUICIDIOS voluntarios, o, simplemente, HOMICIDIOS.
Cada uno que elija para sí, (no sólo si es fumador o no), si le dejan, o que se atenga a lo que otros hayan elegido para ellos.
¡Qué romántico, qué mítico, qué transcendental... Bien lo merece la autonomía y dignidad del hombre frente a la Providente predeterminación de Dios...
"Todos, según la parte inferior que es nuestro cuerpo, somos mortales y de materia caduca y corruptible; pero el alma, que es la parte superior, es siempre inmortal, y una partecilla divina puesta y encerrada en nuestros cuerpos. Quienquiera, pues, que maltratare o quitare lo que ha sido encomendado al hombre, luego es tenido por malo y por quebrantador de la fe. Pues si alguno quiere echar de su cuerpo lo que le ha sido encomendado por Dios, ¿pensará, por ventura, que aquel a quien se hace la ofensa lo ha de ignorar o serle escondido?"
Alguna vez he hablado del discurso de Josefo (fariseo y educado por los esenios), y con el que quizás Jesús podría haberse alineado, pero ¡quién sabe! Este es (De Bell.Iud. III, 361ss.; Whiston: III, VIII, 5. Tomo la traducción española de J. Martín Cordero por simplicidad):
"También matarse hombre a sí mismo, ya sabéis que es cosa muy ajena de la naturaleza de todos los animales, además de ser maldad muy grande contra Dios, creador nuestro; ningún animal hay que se dé él mismo la muerte, o que quiera morir por su voluntad. La ley natural de todos es desear la vida; por tanto, tenemos por enemigos a los que nos la quieren quitar, y perseguimos con mucha pena a los que tal nos van acechando. ¿No tenéis por cierto que Dios se enoja mucho cuando ve que el hombre menosprecia su casa y edificio? De su mano tenemos el ser y la vida; debemos, pues, también dejar en su mano quitárnosla y darnos la muerte".
Después de leer la serie completa, hay algo que no sé si trata o no Monclús en su obra.
Me ha dado la sensación de que ha escrito desde el punto de vista del derecho a decidir de la persona que está muriendo. Pero, ¿qué ocurre con el médico? ¿Es una opción cristiana que un médico practique un "homicidio por compasión"? Con las comillas, espero que quede claro que no estoy condenando a los médicos que practican la eutanasia, pero creo que sería interesante -no sé si Monclús lo hace o no- plantearse la cuestión del médico cristiano ante la eutanasia, no solo el enfermo
Al menos mi crítica, y creo que la de muchos, se basa en que no se ve qué relación puede haber entre que la Iglesia católica (entendida en sentido amplio, no solo la jerarquía) y otros cristianismos de hoy consideren la vida como algo sagrado y que Torquemada anduviese quemando judeoconversos; y se entiende menos aún que la eutanasia pudiese fundamentarse en el propio Jesús y que este la aprobase.
Hay estilos y estilos en la crítica, pero el núcleo ha sido este.
David Mo: hacía mucho tiempo, saludos.
Es que no es el caso. Que en nombre de Cristo se han cometido mil y un desmanes, es cierto. Que debe conocerse, también. Pero será porque no hay multitud de libros que lo recuerden.
Ahora, ni hay que culpar a la jerarquía actual de lo que hizo un Borgia o un Inocencio III (no creo en eso de "caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos"; yo no me considero culpable de lo que hiciesen los conquistadores por las Américas. Creo poco o nada en pecados originales o en culpas históricas de los pueblos), sino por sus propios disparates (que los comete, claro, y no hay día que no se denuncien), ni la crítica va por arremeter contra el mensajero.
El libro no es una "historia criminal del cristianismo" (desde ese punto de vista, nada habría que objetar; verá que nadie ha dicho que diga mentiras) sino sobre la eutanasia. Al menos mi crítica, y creo que la de muchos, se basa en que no se ve qué relación puede ha...
La responsabilidad de los fundadores de una teoría sobre los desmanes de los que, incluso en siglos futuros, los cometen en su nombre, debe ser puesta en claro por los seguidores que, a su vez, condenan los desmanes de los primeros. Los marxistas deben aclarar y denunciar los elementos teóricos que, dentro del propio Marx, dieron pie al estalinismo. Su incapacidad de defender algún tipo de democracia, siquiera obrera, por ej. Los cristianos deben aclarar y denunciar los elementos doctrinales que, desde los evangelios mismos, dieron lugar a la persecución rabiosa e inmisericorde de sus enemigos. Que los hay. Por ejemplo, la furia exterminadora que se predica desde algunos pasajes apocalípticos y sobre el infierno. No digamos ya en los Santos Padres de la Iglesia. Mientras tanto, da muy mala espina que se cargue siempre contra el mensajero. La autocrítica no sirve de nada si se limita a vagas lamentaciones. Saludos a todos y todas.
Sábado, 26 de mayo
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Jose Gallardo Alberni
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza