Hoy escribe Antonio Piñero
Un capítulo para reflexionar en la obra de A. Monclús es el dedicado a Agustín de Hipona y su teología y su influencia indirecta, pero muy potente, en una posible reelaboración del tema “defensa de la eutanasia”.
En síntesis opina Monclús, en la Ciudad de Dios, como en otras obras suyas expondrá la fundamentación explicativa de la auténtica opción cristiana por el sufrimiento, y su aceptación de él sin discusión hasta el momento mismo de la muerte.
El sustento se halla en la concepción totalmente pesimista del ser humano, ahogado en el mundo del pecado y la culpa, puesto que el pecado original que será su marca toda la vida se transmite por el acto sexual (carnal y maligno) en el momento de la concepción. El hombre en pecado es enemigo absoluto de Dios hasta que vino la plenitud de los tiempos y Jesús, como hijo de Dios, se sacrificó vicariamente por todos los hombres en el sacrificio de la cruz. Este sacrificio aplacó la ira de Dios.
El destino del ser humano, según Agustín/Monclús, radica en repetir en su vida este sacrificio que le hará ganar el cielo. Ha de imitar el sufrimiento de Jesús para liberarse de la pulsión infernal de su propio cuerpo/pecado, que es una ocasión constante de tentación y de prueba, en oposición a la acción espiritual del alma. Por ello, en la ciudad terrena y para ganar la celeste, el ser humano mortificará las obras de la carne y vivirá para Dios, sometiendo y reduciendo a servidumbre su cuerpo y crucificándolo.
Según Monclús, de la inmensa influencia de las obras de Agustín proviene que hasta hoy día, sobre todo en la Iglesia católica, se haya creado una conciencia identitaria una de cuyas bases principales es el pesimismo existencial, la idea –y consecuente sensación abrumadora continua- de la culpa original y permanente, que lleva a no “sólo a la aceptación, sino a la búsqueda decidida del sufrimiento para acercarse más a Jesucristo sufriente hasta el límite de las fuerzas” (p. 167).
Cualquier lector establecerá fácilmente el vínculo de lo transcrito ahora con la doctrina cristiana sobre la eutanasia que hemos expuesto en notas anteriores: a la idea de que l vida sólo es de Dios, y que el ser humano es sólo el administrador de ella, se unirá la noción de que los sufrimientos finales de la vida, queridos o permitidos por Dios, deberán ser asumidos como parte de la participación del cristiano en el sufrimiento redentor de Cristo. Cuando Dios quiera, se acabará ese sufrimiento; pero mientras no quiera, deberá ser bienvenido, y llevarse con la mejor paciencia posible, ya que así el sufrimiento colabora e imita a Cristo en su sacrificio doloroso redentor.
Monclús concluye que la iglesia postaugustiniana difundirá un cristianismo platonizado (pero un Platón no plenamente entendido) que tenderá a lo largo de su historia a un “angelismo espiritualista” enemigo del cuerpo material. Esta dicotomía no era la de Jesús de Nazaret, cuyas alusiones al espíritu y a la carne tenían que ver más con la ambigüedad semítica que concibe al ser humano como una “almicuerpo” cuyas “partes” no son en sí verdaderamente distinguibles, y que se opone a una confrontación lógica de dos opuestos: el cuerpo y el alma; el mal y el bien. Para un Jesús judío, si sufre el cuerpo, también lo hace el alma en igual medida –son indisociables-, y eso no puede ser bueno y apetecible por Dios.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
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De acuerdo con Galetel, con Juan, con Chinto con curioso, con JP y con DavidRV, a cada uno lo suyo.
Un tema extentísimo de discutir, pero me gustaría apuntar sólo un elemento: que Agustín de Hipona más modernamente es una influencia mayor en el luteranismo (y calvinismo) que el el catolicismo. Está claro que es una piedra angular del cristianismo medieval, pero a mi juicio tras la Reforma ha sido más exprimido por cristianos protestantes, sobre todo por esa revaloración de Pablo y la polémica fe/obras.
“Por tanto, los infieles que no engendran los hijos con esta intención, con esta voluntad y con este fin, a saber, que de miembros del primer hombre se transformen en miembros de Cristo, sino que, por el contrario, se enorgullecen de su descendencia infiel, éstos no poseen la verdadera pureza conyugal por más que su respeto por el contrato matrimonial sea grande, hasta el punto de no tener relaciones sino con el fin de procrear hijos.”
(S. Agustín)
“Por ejemplo, si alguien con un pie en malas condiciones alcanza un bien aunque sea cojeando, ni es mala la conquista por el mal de la cojera ni buena la cojera por el bien de la conquista. Igualmente, por el mal de la libido no debemos condenar el matrimonio, ni por el bien del matrimonio alabar la libido.”
(S. Agustín)
“Así, pues, la intención de este libro es ésta: distinguir, en cuanto Dios se digne ayudarnos, la bondad del matrimonio del mal de la concupiscencia carnal, por el cual el hombre, que nace por ella, arrastra el pecado original. Esta vergonzosa concupiscencia, de hecho, ¡tan desvergonzadamente alabada por los desvergonzados!, no existiría jamás si el hombre no hubiera pecado antes; pero el matrimonio existiría igualmente aunque nadie hubiera pecado”
(S. Agustín)
El peso del pensamiento de San Agustín sobre el sexo ha calado profundamente en la conciencia de la Iglesia Católica, que ha anatemizado la sexualidad cuando no se vincula a la reproducción. Voy a dejaros en el siguiente comentario tres fragmentos del libro de San Agustín "El Matrimonio y la concupiscencia" donde se reflejan algunas de las ideas insoportablemente ultraconservadoras de este Padre de la Iglesia.
En el primer texto, S. Agustín defiende que el sexo es un mal por naturaleza, y es la vía de transmisión del pecado original (como si el pecado original fuese una especie de enfermedad venérea).
En el segundo fragmento, S. Agustín dice que incluso el sexo dentro del matrimonio es malo. Lo explica con el ejemplo de la cojera.
En el tercer fragmento, S. Agustín se atreve a decir que sólo el matrimonio cristiano es el bueno. Así, una pareja de infieles, por más que se amen y se respeten en el matrimonio, si no tienen hijos cristianos mantienen una relación impura...
El peso del pensamiento de San Agustín sobre el sexo ha calado profundamente en la conciencia de la Iglesia Católica, que ha anatemizado la sexualidad cuando no se vincula a la reproducción. Voy a dejaros en el siguiente comentario tres fragmentos del libro de San Agustín "El Matrimonio y la concupiscencia" donde se reflejan algunas de las ideas insoportablemente ultraconservadoras de este Padre de la Iglesia.
En el primer texto, S. Agustín defiende que el sexo es un mal por naturaleza, y es la vía de transmisión del pecado original (como si el pecado original fuese una especie de enfermedad venérea).
En el segundo fragmento, S. Agustín dice que incluso el sexo dentro del matrimonio es malo. Lo explica con el ejemplo de la cojera.
En el tercer fragmento, S. Agustín se atreve a decir que sólo el matrimonio cristiano es el bueno. Así, una pareja de infieles, por más que se amen y se respeten en el matrimonio, si no tienen hijos cristianos mantienen una relación impura...
Relacionar el contenido de la gran obra de S. Agustín, La ciudad de Dios, escrita a raíz de la conquista de Roma ( 28 de agosto del 410) por Alarico, con la Eutanasia, es lo más peregrino que he leido en mis ya largos años de existencia.
Me atrevo a aconsejar a Monclús que antes de volver a escribir sobre el tema lea despacio lo que sobre "Sacrificio" y "Sufrimiento" ha escrito Hnas Küng en su libro SER CRSTIANO, pág 452-465.
Si lo hubiese hecho hubiese divagado menos sobre tema hoy por hoy, tan polémico.
No termino de ver la última frase de la postal. ¿Qué sentido tendría para un judío del s. I el libro de Job?
Además, no todo debería centrarse en el sufrimiento. El discurso de Josefo a sus compañeros del pozo de Jotapata incide en otro tipo de argumentos desde una óptica judía.
con todas sus fuerzas; de hecho, esa lucha es motor del desarrollo creativo impulsado y querido por Dios.
Hay que cuidar solamente que la eliminación del sufrimiento no sea a costa de acabar con el empeño de la vida, cuando ésta tenga sentido creativo (no hay un sentido solo expiatorio).
Los cuidados paliativos a un enfermo terminal nos parecen aceptables, sin embargo, aun cuando acorten la vida, para evitar un sufrimiento inútil.
Agustín estaba equivocado en esto, actualmente muchos católicos lo vemos claro.
No hay tal culpa original hereditaria, deducida de una interpretación errónea del mito del Génesis y de las ideas de Pablo. Tampoco el espíritu humano se construye en contra de la materialidad corporal, sino a favor de ella.
Pues el “espíritu humano” no es otra cosa que la conciencia reflexiva emergente de la compleja organización corporal humana. Y el “pecado original” no es otra cosa que la precariedad o limitación natural de la que el ser humano participa conscientemente en el proceso creativo.
Lograr finalmente la vida definitiva, plena y feliz de la humanidad, justifica que Dios haya permitido la autonomía y la libertad, con el consiguiente inevitable sufrimiento como circunstancia provisional del proceso creativo.
Lo que no significa en modo alguno que el ser humano, en cada momento de ese proceso, haya de aceptar o soportar el sufrimiento sin luchar contra él con to...
Preguntas a quien corresponda: Piñero, Monclús...
-¿Me pueden decir dónde habla Jesús de alma?
- ¿Es lo mismo "doctrina cristiana" que "doctrina católica"
-¿Podrían empezar por explicar con cierta claridad el origen del mal en el mundo y la actitud cristiana ante el sufrimiento que éste produce?
Sábado, 26 de mayo
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