Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Vespasiano destruye Jerusalén y el templo
Bonnet, en su edición de los Acta Apostolorum Apocrypha ofrece el texto de los capítulos 1-14, considerados como posteriores a los primitivos, y ajenos, en principio, al resto de los Hechos. Se remontan, al parecer, estos capítulos al siglo V, pues sus datos son conocidos por Eusebio de Cesarea, que los recoge en el libro III de su Historia de la Iglesia. Llevan como título un epígrafe, donde se habla de Hechos del santo apóstol y evangelista Juan el Teólogo en la ciudad de Roma, y se anuncia su contenido que abarcaría su destierro y su metástasis o tránsito.
El Apocalipsis y el “marco vital” de la Escuela johánica (169-04) (y II)
Hoy escribe Antonio Piñero
Sostiene Domingo Muñoz (“Cartas de Juan”, proemio, p. 17) sobre la conveniencia de aducir el Apocalipsis como concomitante a la teología de las Cartas. Escribe:
“El conjunto del libro del Apocalipsis es una invitación a la conversión y una proclamación de la soberanía de Jesucristo. El Apocalipsis concede un valor central a concepciones propias del Cuarto Evangelio y las Cartas de Juan: la idea del testimonio (Ap 1,2), la autopresentación de Jesús como mesías e Hijo de Dios (Ap 2-3), la figura del Cordero (cap. 5), el mesías nacido de mujer (Ap 12), el Esposo y la Esposa (Ap 19,1-10), el título Verbo de Dios (Ap 19,13), la concepción de ‘Dios con nosotros’ (Ap 21,3), la visión del rostro de Dios (Ap 22,4) y del río de agua viva (Ap 22,1-2), la visión de los doce apóstoles del Cordero como asiento de la muralla de la ciudad (Ap 21,4). Todo ello son señales inequívocas de que el autor del Apocalipsis vivió en el grupo de la tradición johánica. Finalmente queremos destacar un lugar en el que esta pertenencia al círculo johánico nos parece decisiva: la visión del Traspasado por el que hacen duelo todas las gentes (Ap 1,7 = Jn 19,34-37: “Y también otra Escritura (se cumplió en la muerte de Jesús que) dice: Verán a aquel al cual traspasaron”). Coincidencia como éstas sólo tienen explicación si respetamos el dato de la tradición de que el Apocalipsis nació en e círculo johánico” (p. 17).
Hoy escribe Antonio Piñero
Aunque estoy de acuerdo con Domingo Muñoz en diversos rasgos con los que él -en su comentario a las Cartas de Juan que estamos reseñando- caracteriza el ambiente teológico de estos textos (una comunidad que cree en Jesús Hijo de Dios, que se esfuerza en vivir el mandamiento de la caridad fraterna; una comunidad, tardía que vive de la Palabra y del sacramento, un grupo que proclama la verdad de cómo es Jesús a base del IV Evangelio y que cree en la revelación que transite el Jesús de este escrito…, etc.), no veo nada claro algunas cuestiones básicas de autoría y ambiente vital de las Cartas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos comentando el libro “Cartas de Juan”, de Domingo Muñoz. Sostiene el autor que para diseñar el “marco vital” de la comunidad johánica es preciso también emplear el Apocalipsis, porque el “parentesco johánico de este libro le parece indiscutible, sea quien fuere el autor de esta obra apocalíptica” (p. 16). Para probarlo acude Domigo Muñoz a un argumento expositivo: alude a la estructura del Apocalipsis y luego compara la teología básica de esta obra con la de la comunidad johánica.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Dicen que el honorable Muamar el Gadafi ayuna los martes y los jueves (¿por razones religiosas…?). Quizás debería ayunar el resto de sus días, cada uno de los días. A pan y agua.
http://www.es.amnesty.org/actua/acciones/libia-la-represion-debe-cesar/?origen=libia_feb11mail
http://www.avaaz.org/es/libya_stop_the_crackdown_eu/?copy
Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos comentando el libro de Domingo Muñoz sobre las “Cartas de Juan” del Nuevo Testamento.
Una tradición centenaria atribuye la composición de los cinco escritos (Evangelio + Apocalipsis + Cartas) a Juan, hijo de Zebedeo, uno de los Doce. En los últimos 150 años la crítica literaria e histórica ha puesto en duda reciamente esta atribución. La discusión al respecto se suele denominar la “cuestión johánica”. Avanzo ya que -a mi entender y como he expuesto en la “Guía para entender el Nuevo Testamento”, pp. 475ss-, me parece que tiene razón la opinión hoy casi común que distingue al menos tres autores en este corpus johánico de cinco escritos. Son distintos los que compusieron el Evangelio, desde luego el Apocalipsis y muy probablemente el autor de la Primera Carta. Es también discutible, a pesar de la atmósfera común, que el autor único de la Segunda y tercera Carta sea el mismo que la primera.
Hoy escribe Antonio Piñero
No son muy abundantes los comentarios científicos a las Cartas del corpus johánico, por lo que este libro que presento hoy es bienvenido. El más conocido es el de Raymond E. Brown, The Epistles of John, Doubleday, Garden City/New York, 1982, que es básico. En castellano, que yo sepa, hay otros, por ejemplo de F. J. Rodríguez Molero, de la B.A.C. (nº 214) de 1967, y otros traducidos, como el de R. Schnackenburg y el de J. Michl, en el “Comentario de Ratisbona al Nuevo Testamento” (serie católica: Regensburger Kommentar zum Neuen Testament, de 1977; creo que los dos son de Herder).
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Apéndices a los HchJn. 3) Fragmentos de la carta del Pseudo Tito. Canto a la castidad
En 1908 publicó el benedictino Dom Donatien De Bruyne la noticia del descubrimiento de una carta escrita presuntamente por Tito, el discípulo del apóstol Pablo. Es un canto entusiasta a la vida de castidad, conservado en un único testigo en la biblioteca de la Universidad de Würzburgo. La verdad es que de carta no tiene nada. Ni siquiera los más elementales aspectos del género epistolar. Sin embargo, tanto en el título como en la conclusión, el códice utiliza la palabra epistola.
Concluimos hoy esta serie dedicada a comentar el libro de Antonio Monclús, La eutanasia, una opción cristiana. El final del libro es una reflexión serena que tiene por finalidad poner de relieve que la idea de la eutanasia como opción cristiana debe considerarse seriamente a la vez que se revela con como un tema que se puede zanjar de un plumazo, puesto que es mucho más compleja de lo que en principio se podría suponer.
Comenta J. J. Tamayo en su “Prólogo” que no es tan fácil oponerse a la eutanasia, salvo si se parte de una postura dogmática e intransigente previa y vuelve a recordar que hay argumentos suficientes para mostrar que tal intransigencia no está avalada por lo que podemos saber de cierto sobre Jesús de Nazaret.
Hoy escribe Antonio Piñero
Monclús en su última sección antes de concluir su libro “La eutanasia, una opción cristiana” con un anexo abierto trata de la realidad histórica, dentro del cristianismo, de las guerras de conquista, cruzadas, inquisición, guerra justa y pena de muerte.
Señala Monclús que la realidad de tanto quebrantamiento del quinto/sexto mandamiento –según se cuente- por parte de la Iglesia supone una debilitación moral muy importante que resquebraja en gran parte los argumentos eclesiásticos en contra de la eutanasia.
El autor argumenta que a lo largo de la historia, una vez que el cristianismo primitivo dejó de ser perseguido y pasó a ser religión lícita, primero (Edicto de Milán, Constantino, 312, y luego a religión oficial del Imperio (Edictos de Teodosio, 389 aprox.) sufre una intermitente y creciente obsesión por convertir al enemigo, y si no a destruirlo.
Hoy escribe Antonio Piñero
La cuestión de la eutanasia como hoy se plantea no suele tratarse en la historia del cristianismo oficial. La razón es ya sabida: la doctrina es que se debe respetar la vida humana en cualquier circunstancia y condición. Y ello como consecuencia de un mandato divino “No matarás”.
Sin embargo, argumenta Monclús en el libro que estamos comentando, que “recorriendo la historia del cristianismo nos encontramos con la realidad desconcertante de una serie de hechos que resultan ser casos aceptados, a veces predicados enardecidamente por la Iglesia, de una búsqueda práctica (y positiva) de la muerte, no sólo ajena, sino también propia” (p. 238). Por ello la defensa de la vida sobre la muerte queda negada en la práctica o tiene muchas excepciones que debilitan su fuerza.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Entre las muchas inverosimilitudes que contienen los relatos evangélicos de la pasión de Jesús, hallamos la doble mención, en el Evangelio de Marcos, de una conjunción de herodianos y fariseos, confabulados contra el predicador galileo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Un capítulo para reflexionar en la obra de A. Monclús es el dedicado a Agustín de Hipona y su teología y su influencia indirecta, pero muy potente, en una posible reelaboración del tema “defensa de la eutanasia”.
En síntesis opina Monclús, en la Ciudad de Dios, como en otras obras suyas expondrá la fundamentación explicativa de la auténtica opción cristiana por el sufrimiento, y su aceptación de él sin discusión hasta el momento mismo de la muerte.
El sustento se halla en la concepción totalmente pesimista del ser humano, ahogado en el mundo del pecado y la culpa, puesto que el pecado original que será su marca toda la vida se transmite por el acto sexual (carnal y maligno) en el momento de la concepción. El hombre en pecado es enemigo absoluto de Dios hasta que vino la plenitud de los tiempos y Jesús, como hijo de Dios, se sacrificó vicariamente por todos los hombres en el sacrificio de la cruz. Este sacrificio aplacó la ira de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos comentando el libro de A. Monclús, “La eutanasia, una opción cristiana”. Naturalmente, nos referimos en esta reseña sólo a las ideas básicas y casi desnudas, desprovistas de su aparato argumentativo. Para discutir más a fondo, es evidente que habrá que referirse al libro directamente.
Sobre la influencia de otros pensadores de los inicios de la Iglesia y en especial Orígenes, como filósofo y teólogo, en el tema concreto de la eutanasia, el libro de Monclús no puede hacer otra cosa que observar -y esto me parece importante- cómo la evolución de la Iglesia, bien asentada en el ámbito del Imperio, lleva a elegir un sistema de conocimiento del universo y del ser humano, aceptado en su base por las mayoría de la intelectualidad del Imperio, en el que asentar la teología y la moral cristiana. Y naturalmente esta base no podía ser otra en el mundo mediterráneo que la filosofía griega.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Papiro de Oxyrrinco 850 (Juan ahuyenta a un demonio)
En una página del códice publicado por Grenfell-Hunt entre los papiros de Oxyrrinco (Oxyrhynchus Papyri, Londres 1908, VI 12-18.), se encuentra este folio, considerado por la mayoría de los investigadores como un fragmento de los primitivos HchJn. El estado del papiro no permite comprender con exactitud los detalles del relato. En una de las páginas del folio aparece Juan frente a un tal Zeuxis.
Hoy escribe Antonio Piñero
Comento hoy parte del capítulo 3 del libro de A. Monclús, “La eutanasia una opción cristiana”. Seguimos con la idea de cómo el pensamiento del Jesús histórico se ve transformado por la interpretación que de él hacen sus seguidores.
Hoy nos ocupamos de Tertuliano no en cuanto –en el libro de Monclús- este personaje contribuyera expresamente a formular una doctrina sobre la eutanasia vigente hasta hoy, sino como fautor, o impulsor de un movimiento intraeclesial que transforma lo que al principio fue una suerte de “teología vivida” en un corpus de doctrina regida por la ley y el derecho, es decir rígido y carente de la vitalidad que tenía en sus orígenes.
Con otras palabras, para A. Monclús, la figura de Tertuliano es indirectamente importante en la historia de la doctrina cristiana sobre la eutanasia –cuya base su libro pretende poner en cuestión- en el sentido de que la interpretación sacrificial de la vida y muerte de Jesús se convierte en norma, ley y parte del sistema jurídico eclesiástico que regirá en adelante en la Iglesia.
Hoy escribe Antonio Piñero
Un apartado muy importante del libro de A. Monclús, “La eutanasia, una opción cristiana”, es el dedicado al tema cómo el pensamiento genuino de Jesús es luego transformado radicalmente por sus seguidores.
Según Monclús, en el campo de la consideración de la eutanasia, hay desviaciones notables respecto al ideario posible del Nazareno en pensadores cristianos que han influido notablemente en la doctrina posterior de la Iglesia sobre la eutanasia. Los principales son Pablo de Tarso, Tertuliano, Orígenes y de un modo especial en lo que se refiere al tema “eutanasia”, Agustín de Hipona. Lo veremos en varias entregas,
Hoy escribe Antonio Piñero
La postura de Monclús en su análisis de la posible, naturalmente indirecta, postura de Jesús de Nazaret ante la eutanasia, parte de los presupuestos que la crítica histórica y literaria considera hoy suficientemente fundados en un notable consenso entre los estudiosos en cuanto al método científico de abordar el estudio de los Evangelios y de obtener de ese estudio los rasgos generales atribuibles al Jesús histórico, tanto en sus hechos como en sus dichos.
Monclús considera que la ciencia filológico-histórica sobre Jesús sigue en ebullición y que, por tanto,
“Acercarse a las palabras auténticas del Nazareno no deja de ser un tanto pretencioso” (p. 58).
Hoy escribe Fernando Bermejo
Con el objeto de compensar la miseria argumentativa y ética de las obras panfletarias que están proliferando sobre el tema de la pederastia eclesiástica, vale la pena prestar atención a obras informadas y veraces escritas por individuos reflexivos. Este es el caso, como señalé en un post anterior, del libro del mejicano Fernando M. González, Marcial Maciel. Los legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos. La primera edición de este libro fue publicada por Tusquets en Méjico en 2006. La primera edición en Tusquets Editores España es de junio de 2010.
Hoy escribe Antonio Piñero
El libro de Antonio Monclús abre su primera parte exponiendo muy honesta y documentadamente la posición eclesiástica sobre la eutanasia, muy contraria a la suya. Argumenta que en el
“Contexto occidental… resulta difícil, cuando no inviable separar los argumentos ideológicos, políticos y morales del enfoque religioso cristiano sobre la eutanasia. Lo que es claro el rechazo radical a ella por parte, en concreto, de la Iglesia católica. Los argumentos básicos son:
• El principio de la inviolabilidad del don divino de la vida. Ésta es un bien “no disponible” personalmente. La vida es un don de Dios del que el individuo no puede disponer. Con Tomás de Aquino se afirma:
Iniciamos hoy, y durante unos días, un breve comentario al libro del Profesor Antonio Monclús, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid (Ciencia de las Religiones), sobre este tema, que me parece apasionante y digno de ser discutido. La ficha del libro es:
cg[Antonio Monclús Estella, La eutanasia, una opción cristiana. Editorial GEU, Granada, 381 pp. ISBN: 978-84-9915-263-9. Prólogo de Juan José Tamayo.]cg
En primer lugar, informo del contenido. El prólogo, de un bien conocido teólogo seglar, J.J. Tamayo, agil, denso e informativo, se concentra en exponer la dificultad del tema en sí y el problema social de tratarlo con libertad, dada la mentalidad beligerante de algunos que defienden lo contrario. Luego se concentra en destacar lo que cree ideas maestras del libro, que son tres, en su opinión:
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Hoy, en nuestra serie El apóstol Juan en los evangelios asuncionistas, tratamos de otro interesante evangelio asuncionista.
El tercero de estos escritos es el que lleva como título Tránsito de la virgen María, del que se presenta como autor José de Arimatea. Al ser una obra del siglo XIII, prefiero hablar del Pseudo José de Arimatea, por razones evidentes. Fue publicado por C. Tischendorf en 1866 como uno de la colección de sus apocalipsis (Apocalypses Apocryphae, Leipzig, 1866.). Aunque coincide en los datos importantes con los otros evangelios asuncionistas, tiene algunos episodios interesantes que le procuraron una atención destacada durante la Edad Media.
El último apartado de la comparación cristianismo/Rollos en el libro de Vanderkam y Flint está dedicado al Apocalipsis. Se quejan nuestros autores (p. 372), y con razón, de que la mayoría de los estudios sobre la relación entre los Rollos y el Nuevo Testamento se centra en motivos particulares –como mesianismo, escatología e interpretación de las Escrituras, o bien en Juan Bautista, Jesús de Nazareno, o en todo caso en Pablo…- y se olvidan de que El “Rollo de la Guerra” y la amalgama de textos fragmentarios que formaban parte de un texto más amplio sobre la “Nueva Jerusalén” sirven muy bien para aclarar aspectos del Apocalipsis del Nuevo Testamento
1. El “Rollo de la Guerra” no está aislado dentro de la apocalíptica judía (= 1 Henoc 56; 1 Hen 90; 99,4; Jub 23; 4 Esd 13; Oráculos Sibilinos 3, 663-668; para los textos, estos y otros, puede consultarse mi Antología de Apócrifos del Antiguo y Nuevo Testamento, de Alianza Editorial, Madrid, 2010), pero es el escrito que con más detalles describe la guerra santa –con sus batallas- contra Satanás y sus huestes, al final de los días.
Hoy escribe Antonio Piñero
Vanderkam y Flint recogen algunas concomitancias entre la teología del grupo subesenio de Qumrán y la del desconocido autor de la Epístola a los Hebreos que, por cierto, recuerden los lectores, se agregó durante la posible negociación entre iglesias paulinas que dio origen al canon del Nuevo Testamento. Opino que al número 13, que formaban el corpus de cartas paulinas (para nosotros hoy 7 genuinas + 6 de discípulos; para ellos, todas genuinas) se añadió Hebreos de modo que se alcanzara un número perfecto = 7 + 7: 14.
Lo que destacan ante todo Vanderkam y Flint es que el autor de Hebreos –en contra de toda perspectiva historicista, y haciendo uso de la alegoría o de la imaginación- hace de Jesús un “sacerdote”, celestial…, ¡y un sacerdote que no era ni siquiera de la tribu de Leví (condición indispensable para ejercer como sacerdote en el judaísmo), sino la de la tribu de Judá!
Hoy escribe Antonio Piñero
Vanderkam y Flint, cuya obra estamos comentando largamente, traen a colación el famoso pasaje de 2 Corintios 6,14-7,1 para tratar de la relación entre creyentes y no creyentes en Jesús en las cartas de Pablo. El pasaje reza así:
14 “No os juntéis en yugo con los incrédulos; porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunicación la luz con las tinieblas? 15 ¿Y qué concordia tiene Cristo con Belial? ¿O qué parte el fiel con el infiel? 16 ¿Y qué consentimiento el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios Viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo. 17 Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis cosa inmunda; y yo os recibiré, 18 y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. 7:1 Así que, amados, pues teniendo tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios”.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Como los lectores recordarán, comenzamos esta serie –en rigor, inacabable– sobre el cinismo eclesiástico exponiendo una tesis que hoy en día está cuajando como versión oficial acerca de lo sucedido en los casos de pederastia eclesiástica: un asuntillo del pasado que el papa actual ha atajado con admirable moralidad y contundencia, en una “cruzada” de “tolerancia cero” contra todo tipo de corrupción en sus filas. Como veíamos, algunos ponen de “caso paradigmático” de esta “cruzada” lo ocurrido con Marcial Maciel.
Hoy escribe Antonio Piñero
Los textos cuyo sentido se discute - a propósito de lo que enunciamos en esta nota = "fe y justicia en Pablo y en Qumrán- pertenecen al Comentario, pesher, a Habacuc de Qumrán (1QpHab) , por una parte, y a Gálatas y Romanos, por otra, los siguientes:
Porque en él la justicia de Dios es revelada de fe en fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá (Romanos 1,17, que cita a Hab 2,4b)
Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente; porque: El justo por la fe vivirá: Gálatas 3,11, que cita igualmente a Hab 2,4b)
Hoy escribe Antonio Piñero
La tesis central de VanderKam y Flint –en este apartado de su obra- es obvia, y todo el mundo está de acuerdo con ella: A pesar de desencuentros profundos entre la teología paulina y la teología esenia (en concreto la del subgrupo esenio de Qumrán) es:
“Hay mucho en las epístolas paulinas, dirigidas todas a grupos de individuos de fuera de Judea, que resulta más claro después de leer los Rollos” (p. 359).
1. La manera que Pablo interpreta la Escritura es parecida a la de los qumranitas. Es cosa sabida, y lo confirman nuestros autores, que la frase paulina “hacer las obras de la Ley” no se encuentra más que en Pablo (8 veces, por ejemplo, Rom 3, 20-28; Gál 2,26, etc.) y en Qumrán, en concreto en 4QMMT (MMM= miqsat ma‘ase ha-torah = “Algunas obras de la Ley”.
Jueves, 16 de febrero
José Arregi
Juan Fernandez Krohn
Francisco Margallo
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital