Hoy escribe Antonio Piñero
Hace ya meses que detuvimos una serie sobre el método que utilizan los investigadores para enfrentarse con los textos del Nuevo Testamento y publicamos una serie de postales/notas sobre “Qué es eso de la Historia de las formas” y “¿Qué piensa la Historia de las formas sobre la formación y el valor de los Evangelios como fuente histórica.
Hoy -en unas dos o tres postales y antes de poner un ejemplo de crítica global de un pasaje del Nuevo Testamento- vamos a explicar brevemente (al menos tal como la entiendo yo) el método llamado de la “Historia de la redacción” que se aplica sobre todo a los Evangelios.
A mitad del siglo XX, y por obra de jóvenes investigadores alemanes que estaban preparando su cátedra de universidad en teología protestante o católica se abrió paso con rapidez un nuevo método de abordar la historia de los Evangelios, con la intención de entenderlos un punto más allá de lo que había aportado la Historia de las formas: la “Historia” o “Crítica de la redacción” (en alemán “Redaktionsgeschichte; en inglés “Redaction Criticism).
La crítica de la redacción –de la que ya hemos hablado alguna vez más, pero que ahora vamos a precisar mejor- sólo se entiende como un complemento de los métodos de la crítica literaria y de la Historia de las formas. Pero un complemente de algún modo revolucionario. Es imposible, desde el punto de vista de sus normas de trabajo y resultados, separarla de los sistemas de investigación de la crítica literaria y de la historia de las formas, aunque tenga métodos y finalidad propios. Todos los que empezaron a practica la Historia de la redacción eran ya “adictos” a la Historia de las Formas. Sólo querían complementar sus resultados.
La nueva perspectiva de la Historia de la redacción era considerar no ya la prehistoria de los Evangelios (tradición oral previa y sus leyes) o de otros textos del Nuevo Testamento, sino las obras de este corpus como un producto literario formado: tal como han llegado hasta nosotros. Es decir, como un producto literario terminado, completo y marcado por el sello de su autor.
Simultáneamente considera también que esas entidades ya puestas por escrito se hallan compuestas, a su vez, por unidades lingüísticas menores, ordenadas, configuradas y estructuradas por un verdadero autor, no sólo por un mero “recopilador” como había supuesto la Historia de las formas.
Así pues, la finalidad de la Historia de la redacción es, por una parte, seguir el trayecto de cada unidad lingüística desde el primer momento de su redacción hasta su última configuración literaria (en la obra del Nuevo Testamento en cuestión que se está examinando), tomando en consideración las fuerzas y factores que determinan la historia de tal desarrollo. Hasta aquí la Historia de la redacción se replantea los resultados de la Historia de las formas y los vuelve a examinar.
Por otra parte, y sobre todo, el propósito de la Historia de la redacción es considerar qué novedades aporta la unidad final ya elaborada sobre la base de la tradición oral previa. Con una formulación menos abstracta: cómo cada autor del Nuevo Testamento, especialmente los evangelistas, han manejado y conformado las fuentes escritas a su disposición, cómo las han manipulado dejando en ellas su impronta: su punto de vista particular, su teología, sus intereses, sus preocupaciones, e incluso sus sesgos.
Así considerada, la Historia de la redacción es, sin duda, la culminación del desarrollo de los métodos histórico-críticos. Simplificando mucho, el progreso del desarrollo de los métodos histórico-críticos en lo que concierne sobre todo a los evangelios puede verse del modo siguiente:
• A principios del siglo XX los críticos del Nuevo Testamento se habían preocupado sobre todo de las fuentes de los evangelios, especialmente de los evangelios sinópticos (crítica literaria).
• Después de la Primera Gran Guerra, desde 1919, la atención se centró en la investigación de los primeros estadios, orales, de la tradición evangélica (Historia de las formas)y qué leyes tiene a la hora de plasmarse por escrito.
• Tras la Segunda Guerra Mundial, el interés de la crítica se movió hacia el examen de lo que pudo ocurrir en el estadio final de la composición o redacción de los evangelios (Historia de la redacción).
Seguiremos.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com
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Pues seguiremos leyendo, gracias.
Pedro:
Yo creo (perdón, yo afirmo rotundamente) que es más patético y ridículo este comentario, redactado por usted:
"Siguiendo adelante comparando las dos diégesis hasta el fin del EVANGELIO DE MARCOS, se continúa observando los mismos paralelos: A Bitinia corresponde Betania, a Nicomedes NICODEMUS, a Mária
María, a Casio Longinos el centurión LONGINOS"
Este patético y ridículo párrafo esta firmado por Carotta, pero 12 de mayo de 2008 dijo en este blog que "la redacción final fue mía". ¿En qué lugar del Evangelio de Marcos aparecen Nicodemo y Longinos?
Un recorrido fascinante.
Creo que deberían recuperarse temas y métodos de la Historia de las Formas más a menudo, son la clave del estudio del Jesús histórico.
Antonio:
La más patética y ridícula historia o historieta de redacción es la que leemos en Eusebio. Y no hay ninguna más directa.
"Marcos, que había sido intérprete de Pedro, escribió con cuidado, aunque no con orden, cuanto recordaba de lo que el Señor había hecho o dicho. Porque él no había oído al Señor ni le había seguido, pero había seguido más tarde, como he dicho, a Pedro, que enseñaba por medio de chreias (anécdotas), pero sin hacer una exposición ordenada de los logia (dichos y hechos) del Señor. Marcos no ha cometido así ningún error al escribir algunas cosas tal como él las recordaba, pues no ha tenido más que una preocupación: no omitir nada de lo que había escuchado y no decir nada falso" (Hist. Ec!. 3,39, 15).
Antonio:
Primero, el problema es comprender cómo puede ocurrir que una persona histórica no tenga fuentes contrastadas. Segundo, el gran problema es saber cómo se le atribuye existencia histórica apelando a las fuentes orales. Tercero, lo que es inexplicable es que reuniendo todas estas fuentes orales se pueda hacer una redacción "coherente", una biografía que demuestre su existencia. La probabilidad de que esto haya ocurrido es 0%.
Sinceramente, Antonio, hoy nadie entra por este ojo de aguja.
Primero porque detrás de una redacción como ésta hay historias de un imperio acabado y otro afirmándose, segundo porque no hay ningún vestigio de tradición oral ni siquiera en las últimas redacciones o reescrituras y tercero, porque no se puede hacer una historia de la redacción si no se admite la infinidad de reescrituras hechas en el scriptorium. Y cuarto, porque cuando se redacta un libro se copia de otros y para que no se note se hacen ediciones distintas que tengan final co...
Sábado, 26 de mayo
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