El blog de Antonio Piñero

El caso de María Magdalena: un cristianismo que promocionaba una cierta independencia de las mujeres (164-23)

16.10.10 | 07:34. Archivado en CRISTIANISMO
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Hoy escribe Antonio Piñero

Dijimos en la nota anterior que el fundamento de la apreciación de la mujer dentro de la Iglesia cristiana comienza sobre todo con el Evangelio de Juan. No niego aquí el valor del Evangelio de Lucas, que se ocupa de la mujer más que cualquier otro (quizás la perícopa de la mujer adúltera perteneciera a una de las excrecencias primeras de este evangelio y no al de Juan; la unción en casa de Simón el leproso y la alabanza de Jesús, cap. 7, etc.), pero que no destaca de modo tan especial el papel de Magdalena.

La primera noticia importante sobre María aparece en Jn 19, 25, en el ámbito de la Pasión:

“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Clopás, y María Magdalena”.


La escena, tal como la pinta el Evangelista, no puede ser –a mi entender- plenamente histórica. Es inverosímil que los romanos, en una ejecución pública y nada menos que de tres personas peligrosas políticamente, permitieran a los familiares de los ajusticiados estar al pie de la cruz. Los amigos y parientes sólo podrían permanecer a lo sumo en la lejanía, tras un fuerte cordón de soldados, a mucha distancia de los ajusticiados. Pero lo importante es lo que el autor desea resaltar teológicamente con la escena, aunque sea más bien una imagen ideal.

¿Qué quiere significar, pues, el Evangelista poniendo a las mujeres al lado mismo de la cruz? Claramente, dar cuerpo a la idea de que mientras los discípulos huyen, las mujeres cercanas a Jesús, entre ellas María Magdalena, son fieles al Maestro aún a riesgo de muerte. Este dato puede ser histórico, a saber la Magdalena, como seguidora de Jesús, fue especialmente leal a su Maestro mientras los demás discípulos, varones, huían a la desbandada.

Diríamos de paso que la Magdalena seguía a Jesús más en función de “diaconisa” que de discípula estricta, o de amiga íntima, como sostienen algunos, según Lc 8,2-3: “Jesús caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el Evangelio del Reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido curadas por él de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios, y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas”.

El capítulo 20 del Evangelio de Juan, que trata del día de la resurrección de Jesús, es sorprendente. La historia es bien conocida: Magdalena corre al sepulcro para ungir el cadáver del Maestro; lo halla vacío; se lo comunica a Pedro; vuelve al sepulcro y allí cuando está dispuesta a todo por recuperar el cadáver, se le aparece Jesús a ella sola. No lo reconoce a la primera, pero cuando escucha su voz, sí. Quiere tocar a Jesús, pero este no se lo permite con misteriosas palabras: “No me toques porque aún no he subido al Padre”. Esta escena es bella, pero ¿es real?

Hoy día la inmensa mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que este relato es probablemente una escena ideal, es decir no histórica, compuesta por el Evangelista más con intención de transmitir teología que historia.

Esta escena es parecida a otras como la “conversación con Nicodemo” (cap. 3,1-11) cuyo significado es: no basta ser judío para salvarse; hay que prestar atención a las revelaciones del Salvador-, y el “Diálogo con la mujer samaritana” del capítulo 4: el Salvador/revelador se revela al mundo no judío representado en esa samaritana. La fémina simboliza también, y especialmente, el paso de la fe imperfecta a la perfecta gracias a las palabras reveladoras de Jesús.

En mi opinión también el encuentro del Resucitado con María de Magdala tiene un significado simbólico parecido al del diálogo con la samaritana: poner de relieve que esa mujer pasa de un estado de fe imperfecta -no piensa que Jesús ha resucitado, sino que han robado su cadáver; confunde a Jesús con un hortelano- a otro de fe perfecta gracias a las palabras del Revelador. Entonces lo proclama “Maestro mío”, es decir, su salvador por medio de la enseñanza reveladora. En Jn 20, 15 Magdalena llama a Jesús “Señor” (aunque lo confunda con el hortelano).

Es muy probable que en la teología del evangelista sea ésta una alusión críptica a la divinidad de Jesús, que ahora resplandece en la resurrección, pero proclamada antes en el Prólogo del Evangelio. María pasa también del deseo imperfecto de querer retener al Revelador en el mundo terrenal -simbolizado por su deseo de tocarlo- a aceptar la enseñanza de que él ya no pertenece al mundo de la materia. Mientras está aquí, en el mundo, tras la resurrección, Jesús se presentará a los discípulos y les enseñará. Pero luego subirá al Padre.

No veo aquí ninguna alusión -como se ha pretendido- a que la Magdalena se refiera a Jesús como su marido real y físico. Estas fantasías no encajan con una interpretación simbólica de la escena como creo que debe hacerse.

Aunque la escena del cap. 20 del Evangelio de Juan no sea histórica, o al menos sea dudosa ya que contradice al testimonio de Pablo (1 Cor 15,5) y el indirecto del Evangelio de Marcos genuino (16, 7) sobre a quién se apareció Jesús en primer lugar (a Pedro), queda, sin embargo, en pie que el Evangelista Juan escoge a María Magdalena (como “apóstola” de los apóstoles) para transmitir la tremenda noticia de la resurrección, lo que en el fondo significa conceder una función especial a las mujeres.

Otros comentaristas piensan exactamente lo contrario: lo “histórico” (o tradicional) es que la primera aparición del Resucitado fue a una mujer (= EvJn es lo histórico) y que el testimonio de Pablo y de los otros evangelistas lo cambian por la idea general judía –que anteriormente, al principio de la serie, expusimos- de que la mujer no es válida como testigo por sí sola. De cualquier modo que el autor del texto resalta la importancia de una mujer como apóstol de los apóstoles es evidente.

La posible rectificación del IV Evangelio presentando a María como la primera mujer que ve al Resucitado y que transmite la noticia a los apóstoles tuvo un éxito grande, lo que implica que había un público receptivo a la idea: existía una rama del cristianismo en la que la mujer era mejor considerada que en otras. La escena dio pie también para que los autores de los evangelios apócrifos gnósticos, que apreciaban mucho al IV Evangelio (El primer comentario conocido del Evangelio de Juan es gnóstico, de Heracleón, en el siglo II), cultivaran este ambiente más favorable a las mujeres.

Seguiremos
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

7 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por eduar 18.10.10 | 13:36

    El caso de Natanael, es que era hijo de Tolmai Bar-Tolmay= Bartolomé, Tolmay es un nombre. Tolomeo es un nombre griego. Por lo que es plausible que fueran sus padres de la díáspora. De ahí viene que se refuerze la idea de "verdadero israelita", a pesar de que sus padres eran procedentes de la Diáspora

  • Comentario por Xabier 17.10.10 | 21:41

    Excelente postal, aunque quiero hacer un pequeño matiz: según Mateo, también es María Magdalena la primera en ver a Jesús, aunque en su versión no iba sola sino acompañada por otra María.

    Sobre las escenas simbólicas acerca del paso de una fe imperfecta a perfecta como las de Nicodemo o la mujer samaritana, creo que es también clarísimo el caso de Natanael en el capítulo 1 (por cierto, ¿es ese el origen de la expresión "estar en la higuera"?) y, sobre todo, la famosa duda de Tomás.

  • Comentario por sofía 16.10.10 | 22:20

    Dijo el profesor Piñero:
    "...Cuando Pablo habla de la creación de la mujer por la divinidad en el inicio de los tiempos no cita el texto, más bien igualitario, de Gn 1,27 + 5,2 (“Y dijo Dios: hagamos al hombre a imagen nuestra… Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó”), como sí lo hizo Jesús sintéticamente según Mt 19,4-6 = Gn 1,27 + 2,24.

    Al citar Jesús no sólo el capítulo 2 del Génesis sino también el primero, mostraba al parecer una mayor sensibilidad hacia las féminas, del mismo modo que de facto la prohibición jesuánica absoluta del divorcio (Mc 10,2-12) era favorecer realmente a las mujeres en su situación vital. Pablo, por el contrario, se olvida del capítulo 1 del Génesis y carga las tintas en la larga narración de Gn 2 en la que la mujer sale muy mal parada, como un ser de segunda clase, creado secundariamente y para el varón ..."
    (Está en el post del 25 de septiembre, el primero sobre Pablo y las mujeres)...

  • Comentario por sofía 16.10.10 | 22:10

    No, David RV. Recuerdo perfectamente que el profesor Piñero, aun diciendo que Pablo tenía una mentalidad más abierta a la mujer que la mayoría de los judíos, comentó que aun así había basado la relación de varón y mujer en el pasaje del capítulo 2 del Génesis, y no como Jesús en el capítulo 1 del Génesis que es más igualitario.
    Yo añado que por muy machista que fuera el judaísmo había judíos como Pablo menos machistas que otros, y judíos como Jesús más igualitario que Pablo. Así que no se puede generalizar para negar las excepciones. Los griegos serían machistas, pero Platón bastante menos que Aristóteles. Las personas no quedan definidas por su pertenencia a un grupo. Y eso es válido para todas las culturas en todas las épocas. Cada cual es cada cual.

  • Comentario por David RV 16.10.10 | 15:54

    Excelente post.

    De la estratificación de fuentes queda claro que la importancia de María Magdalena es posterior a las fuentes más antiguas, y además relacionada con segmentos más "amplios" de los cristianismos primitivos, el paulinismo (Lucas) y el proto-gnosticismo (Juan), lejos de la mentalidad judía de Jesús y sus seguidores.

    Precisamente en esta serie se nos ha dejado claro que Pablo de Tarso tenía una visión más abierta a la mujer, y si no menciona a mujeres en su famoso testimonio no es porque peque de "machismo" precisamente. Aunque personalmente creo que hay que dudar de Pablo respecto a la realidad de lo que describe sobre Jesús, su testimonio está muy mediatizado por sus visiones (ese pasaje me parece cuando menos algo fantaseado, como los "500").

    Sobre si fueron mujeres o no quienes por primera vez hablaron de resurrección algo nos dicen las fuentes. En cualquier caso ese momento es tan contradictorio ahí que poco se nos dice.

  • Comentario por Carlos Sánchez-Montaña 16.10.10 | 10:46

    D. Antonio.
    Para interpretar a las mujeres al lado del "stauros" en monte "Calavera" debemos de estudiar la "gemma augustea" y las mujeres que en ella se representan.

    Es el modelo historico de la "representacion" de los evangelios.

  • Comentario por sofía 16.10.10 | 09:31

    Yo creo más esa segunda versión de que Pablo y compañía pasaban del testimonio de las mujeres.
    Al menos queda claro que según ese evangelio María Magdalena sí es apóstol de apóstoles.
    En cuanto a que María Magdalena sólo fuera una "Marta" según el evangelio de Lucas y no una discípula, creo que en el pasaje de Marta y María queda claro que María es una mujer discípula que escucha y aprende, eligiendo la mejor parte -que no sea María Magdalena es lo de menos, el caso es que se pone a una mujer como discípula. No se puede negar que había discípulas mujeres que aparte de "servirle" o no, escuchan sus enseñanzas, ante la reprobación de otros que sólo quieren que sirvan, hacienda incluida.

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