Hoy escribe Antonio Piñero
Como se dijo en la nota anterior, se percibe en este grupo, luego “herejes”, de los montanistas, las llamas del fervor espiritual y la gobernanza por el Espíritu que era muy propio de los inicios de la Iglesia judeocristiana y paulina
En efecto, el Señor Jesús no había revelado todo a sus fieles durante su vida antes y después de la resurrección; quedaban muchas cosas por aprender y esas las enseñaría el Paráclito, el Espíritu enviado por el Salvador, por medio de sus bocas.
Montano sostenía que se cumplía con sus propios oráculos y el de las dos profetisas mencionadas lo afirmado por Jesús en el evangelio de Juan:
“Cuando llegue él, el Espíritu de la verdad, os irá guiando hacia toda la verdad, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará todo lo que oyere y os interpretará lo que habrá de venir. El manifestará mi gloria, porque, para daros la interpretación, tomará de lo mío” (Jn 16, 12-14).
Y también Jn 14,26 y 15,26:
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, aquel os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho”.
“Pero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí”.
De acuerdo con ello el nuevo movimiento, lo que hoy denominamos montanismo, se titulaba en verdad “Nueva Profecía” y “Nuevas Visiones”.
Como es natural, los montanistas sostenían que la profecía y las visiones del Espíritu eran superiores a la jerarquía eclesiástica. Consecuentemente al principio, los montanistas promocionaban grupos de fieles con poca o ninguna jerarquía, sólo gobernados por el Espíritu.
Expansión del montanismo
La comunidad fundada por Montano se expandió con cierta rapidez, y desde Frigia llegó, por un lado, hasta las Galias, y por otro hasta el norte de África, donde conquistó para sus filas nada menos que a Tertuliano, como hemos indicado ya alguna vez. Puede decirse, por lo general, que sus exigencias de renovación cristiana eran en principio bien recibidas por los fieles, pero que a la vez encontraban pronto la oposición de muchos obispos, sencillamente porque un cristianismo regido por el Espíritu es difícilmente gobernable y controlable por los cargos eclesiásticos.
Se conserva un oráculo de Maximila (en Eusebio, Historia Eclesiástica, V 16,17) que da testimonio de estos ataques:
“Seré perseguida como un lobo y alejada de las ovejas. Pero no soy un lobo, sino la Palabra, el Espíritu y la Fuerza”.
Los críticos antimontanistas no lograron al principio censurar al movimiento por desviaciones doctrinales: la estima por el ayuno y la incitación a practicarlo, la confesión de fe en circunstancias difíciles, la disposición para el martirio, la exhortación a una castidad extrema, no eran en sí criticables. Tampoco el aprecio por la profecía, ya que empalmaba con la tradición más venerable del Israel antiguo, con la de la iglesia primitiva en Palestina y con otros cristianismos también espirituales, como el representado por el Evangelio de Juan.
Otra cosa fue cuando los montanistas –de acuerdo con su tendencia rigorista- sostuvieron en sus predicaciones, de acuerdo por otra parte con cierta tradición antigua de la Iglesia (por ejemplo, Epístola a los hebreos y el Pastor de Hermas) que, tras la conversión al cristianismo con el bautismo correspondiente, no eran ya perdonables caídas ulteriores en el pecado, de modo que ciertas faltas graves como el asesinato o el adulterio no pedían ser redimidas por la penitencia y el perdón de la Iglesia. Como un segundo bautismo quedaba excluido, el pecador se condenaba irremisiblemente. Pero la gran mayoría no podía admitir que el que se comportara así tras el bautismo estuviera irremisiblemente destinado al infierno, según decían estos rigoristas.
También fueron criticados los montanistas cuando proclamaron que un segundo matrimonio, tras la muerte de un cónyuge, era igual al adulterio. Los renovadores afirmaban que “La ley de Jesús condenó el divorcio; las nuevas exhortaciones del Espíritu han proscrito el segundo matrimonio”, donde se ve cómo su doctrina –inspirada por el Paráclito- intentaba complementar la de Jesús. Así pues, la mayoría de la Gran Iglesia tampoco consideraba correcto que entre los profetas montanistas fueran mal vistas las relaciones sexuales porque alejaban la presencia del Espíritu.
También se tachó de heterodoxa la concepción de que la profecía verdadera fuera siempre acompañada del éxtasis, es decir, de fenómenos paranormales que reflejaban la posesión o inhabitación del Espíritu, y la idea de que Éste trastornaba la función normal de la mente. Los mayoritarios/ortodoxos afirmaban, por el contrario, que esos fenómenos asemejaban el profetismo cristiano al de ciertos vates paganos, por ejemplo los sacerdotes de Cibeles.
Seguiremos.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com
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Perdón:
Toda esta inconsistencia indica Mondigliano que hay herejías y personas excéntricas que sirven para rellenar una época, pero no hay datos, sino sólo relatos y escritos.
Antonio:
Pero lo que más rompe el sentido común es que el Espíritu Santo es incorporado en los concilios de Nicea (326), nada más su nombre y en el de Constantinopla (481)(Su función en relación con el nacimiento de Cristo). El Concilio de Calcedonia (451) ya cita el Espiritu y textualmente al Evangelista Juan...etc.;en fin, que no logro saber cómo el montanismo del siglo II, al que se convirtió según dice Eusebio, Tertuliano, no ha sido condenado en ningún concilio anterio, ni qué qué concilio o sínodo condenó a Montanus. Algunos (Basilio) dicen que el sínodo de Laodicea mandó rebautizar a los que eran bautizados en el nombre del padre y del Hijo, y de Prisca y Montanus. Toda esta inconsistencia indica Mondigliano que hay hergías y personas excéntricas que sirven para rellenar una época, pero no hay datos, sino sólo relatos y escritos.
Se ofrecen razones de peso contra el montanismo. Lo malo no es que su pretensión de poseer la verdad por el Espíritu impidiera que los controlara la jerarquía, lo malo es que a su vez pretendieran controlar las conciencias ajenas con esas nociones rigoristas que afortunadamente no se generalizaron en la Gran Iglesia.
Lo de que no se puedan perdonar los pecados graves, considerar el segundo matrimonio de un viudo un adulterio, tener en mala consideración las relaciones sexuales, la pamplina de considerar cierta una profecía según la parafernalia de extasis y demás "sobrenaturalidades" supuestas que la acompañaran, todo eso sería preocupante que hubiera triunfado, poniendo a la gente en manos de rigoristas iluminados.
Creo que hay razones de sobra contra el montanismo desde el evangelio, desde la racionalidad, desde el sentido común. Bien desaparecido está.
Antonio:
Quiero decir que no hay otra investigación que la última del australiano William Tabbernee y el alemán de la universidad de Heildelberg (¡!) Peter Lampe: "Pepouza And Tymion". Unas 60 personas de seis países distintos y muy distintas disciplinas. para demostrar desde el 2000 que han encontrado la ciudad de los Montanistas, . En este enlace se pueden leer diez páginas del 2003. Todavía en esa época se ve como un asentamiento en el cañón Uluby formado por el río Banaz, lo que queda de un monasterio excavado en roca... en un contexto de gran pobreza, por lo que Lamb deduce que la mística es expansiva... que alrededor del 550 Juan de Éfeso, el monofisita, mandó destruir para construir en ciudad bizantina... (en tanta pobreza)...
http://www.kulturvarliklari.gov.tr/sempozyum_pdf/arastirmalar/20_arastirma_2.pdf
Antonio:
Lo interesante es que Pepusa (La Nueva Jerusalén de los montanistas) no es citado por ningún arqueólogo más que por los cristianos.
This movement represented a revival, originating in Asia Minor around 170, both of prophecy and of millennialism. Montanus, the founder of the movement, with his companions Priscilla and Maximilla, spoke as under the control of the Paraclete whom Jesus had promised, that is, the Spirit who would ‘guide’ his disciples ‘into all the truth’ ( John 16:13); and he predicted that the New Jerusalem would descend at a site near the village of Pepusa in Phrygia.
http://www.unc.edu/awmc/
http://www.unc.edu/awmc/awmcmap16.html
En esta página se pueden bajar obras de arqueología antigua, pero no aparece nada de Pepusa.
http://www.ixoyc.net/Fathers2.aspx
Antonio:
Es interesante
The Cambridge History of Early Christian Literature
http://www.ixoyc.net/data/Fathers/630.pdf
He was referring to Maximilla and Prisca (or Priscilla), the associates of Montanus who, probably in the early ad 170s, had proclaimed a new dispensation and outpouring of the Spirit expressing itself in the form of a new and authoritative prophecy. Montanism, or ‘the (New) Prophecy’, soon spread beyond Phrygia, advocating greater enthusiasm and more rigorous disciplinary practices. The movement brought to a climax various unresolved tensions which had been simmering during the second century, and gave further occasion to consolidate the developing forms of church organization (p. 64) .... This movement represented a revival, originating in Asia Minor around 170, both of prophecy and of millennialism. Montanus, the founder of the movement, with his companions Priscilla and Maximilla, spoke as under the control of the Paraclete whom Jesus had pro...
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