Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con la materia de la nota de ayer.
4. La especie de trinidad de la que hablamos en la nota anterior (nº 3) emana o genera (“emanación” o “generación” se contrapone a “creación”: es como si de un ser a modo de fuente, como fluye el agua se generaran otros seres, es decir, al igual que el agua brota espontáneamente) otras entidades divinas: su deseo de comunicarse engendra por emanación una serie de “eones” que forman una proyección más completa aún de la divinidad hacia fuera.
¿Por qué genera? Recordemos lo que dijimos ya. Simplemente porque todo lo perfecto tiende tarde o temprano a difundirse. Pero por ley natural lo emanado o generado será siempre algo inferior a sí mismo. En el proceso de emanación se produce una especie de movimiento descendente de calidad. Esta noción es importante, porque explicará al final del proceso emanativo el surgimiento del universo como procedente en último término de la divinidad, pero como algo inferior a ella.
Esta proyección de la divinidad hacia fuera de sí misma se llama “Pleroma”, Plenitud, o conjunto total de la divinidad, y estos eones van siempre en parejas (¡fuera de la pareja nada es perfecto!).
Hoy escribe Antonio Piñero
He aquí las principales ideas de la gnosis que son necesarias para comprender el transfondo de lo que hemos explicado de la situación de la mujer en los textos gnósticos. Tomo material de mi libro Los cristianismos derrotados, que resumiré o ampliaré donde convenga. Los que lo hayan leído discúlpenme si se aburren un poco porque ya conocen bien lo que ahora intento explicar.
1. Dios existe y no es necesario probarlo.
2. La divinidad no es simple, sino compleja: está acompañada por una como proyección de sí mismo. Este “ser” -que en el mundo divino recibe la denominación técnica de ‘eón’- se puede denominar su “Pensamiento”, también llamado “Silencio”.
Este Pensamiento, aunque sea la proyección del sí mismo de la Divinidad, actúa a la vez como si fuera su “Pareja”.
Para los gnósticos sólo la pareja es lo perfecto. Esto se deduce por mera observación de lo que pasa acá abajo, en el mundo, donde prácticamente todo actúa por parejas. Luego en la divinidad la pareja existirá en grado excelso.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hay otros textos de los siglos II y III que presentan un cristianismo que concede una gran importancia a las mujeres, como hemos mencionado ya al hablar del encratismo: son los ya mencionados Hechos apócrifos de los apóstoles (véase la edición Piñero-del Cerro mencionada en notas anteriores: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2004-2005).
Aunque nacidos en el seno de la Gran Iglesia, presentan estas obras una novedad respecto a lo que era la tendencia dominante en el grupo cristiano, tendencia que conducirá –como hemos apuntado- a una eliminación casi absoluta de la “visibilidad” de la mujer en cualquier ámbito público o de poder sobre todo desde el siglo III en adelante.
En un ambiente dominado por las culturas hebrea y griega, poco propicias al reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres, los Hechos Apócrifos de los Apóstoles representan un fuerte golpe de timón en contra de la corriente dominante. La mujer no es ya la “artesana del mal”, como decía el griego Eurípides; ni es “inferior en todo al varón”, como creía Flavio Josefo (Contra Apión II 4), ni es sólo la responsable –al ceder a la tentación de la Serpiente- del pecado y de la muerte (Eclesiástico 25, 33), sino que es en muchos casos encarnación del tipo paradigmático de mujer fuerte alabada en el libro bíblico de los Proverbios.
Hoy escribe Fernando Bermejo
La cuestión planteada en el post anterior –la de la relación de la doctrina y la predicación de las Iglesias cristianas con el virtual exterminio de los judíos europeos a mediados del s. XX – es manifiestamente compleja y requiere una respuesta no menos compleja (aunque, ciertamente, no menos clara). Una manera esperable de abordarla sería limitarse a analizar las manifestaciones (o ausencia de ellas) de las autoridades eclesiásticas en relación con el Tercer Reich durante unos pocos años.
No obstante, una respuesta consistente a la pregunta exige, nos tememos, remontarse mucho más atrás. De hecho, es menester aclarar ya que la cuestión que planteábamos como posibilidad –“el cuasi-bimilenario antijudaísmo cristiano sentó realmente las bases de un antisemitismo racial y genocida, al estigmatizar no solo al judaísmo sino a los propios judíos, haciéndolos objeto de oprobio y de desprecio, y abonando con ello el terreno para el genocidio nazi” no proviene de ningún oscuro libelo anticristiano, sino que está tomada literalmente –donde aparece en sentido afirmativo– de un documento tan poco sospechoso de anticlericalismo como “Catholic Teaching on the Shoah: Implementing the Holy See’s We Remember” (2001), escrito proveniente de la Conferencia de obispos católicos de Estados Unidos.
Hoy escribe Antonio Piñero
El dicho 114 del Evangelio de Tomás reza así:
“Simón Pedro les dijo: “Que María salga de entre nosotros, pues las mujeres no son dignas de la vida”.
Jesús dijo: “He aquí que yo la empujaré a que se haga varón, para que llegue a ser también un espíritu viviente semejante a nosotros, los varones; pues toda mujer que se haga varón entrará en el Reino de los cielos” (Trad. De Fernando Bermejo, Todos los Evangelios).
La primera parte del dicho puede reflejar un ambiente parecido al del Evangelio de María que comentábamos en notas anteriores: una lucha por el poder dentro de la Iglesia. Pero también algo más profundo: la idea de que el espíritu de la mujer es incapaz de alcanzar la plenitud de la revelación porque no es tan “espiritual” como el de los varones.
A ello responde el Jesús de este logion aceptando en principio esta distinción. A saber, los espíritus de los pneumáticos, gnósticos o “espirituales” –como quieran llamarse-, mientras estén la tierra son “deficientes”, incluso aunque hayan alcanzado el grado máximo de conocimiento procedente de la revelación.
Hoy escribe Antonio Piñero
La interpretación de los dos pasajes claves del Evangelio de Felipe respecto a María Magdalena ha de hacerse a la luz de un contraste con Mc 3, 35 + Mt 12, 50. He aquí los textos:
“…Jesús respondió: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí a mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios ése es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mc 3, 33-35).
“Pero respondiendo El al que se lo decía, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: ¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mt 12,48-50).
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Continúa el ministerio de Juan en Patmos
Dos jóvenes resucitados
Cuenta después Prócoro un suceso que tiene ya un paralelo en estos mismos Hechos. A saber, había unos baños a los que entró un hijo de un sacerdote de Zeus para bañarse. Y sucedió que un demonio malvado lo ahogó. Se trataba del mismo demonio que había ahogado en Éfeso a Domno, el hijo de Dioscórides. El padre del ahogado, enterado de la triste noticia, corrió al lugar donde yacía muerto su hijo.
Hoy escribe Antonio Piñero
El Evangelio de Felipe es el más explícito en el tema del afecto de Jesús por María Magdalena y por tanto –en nuestra perspectiva actual- el que más impulsa el valor de las discípulas perfectas de Jesús que son Jesús mujeres.
Naturalmente, como saben los lectores de Jesús y las mujeres, es el texto que más ha sido manipulado por Dan Brown (El Código Da Vinci) y sus seguidores en pro del matrimonio de Jesús y en defensa de las curiosísimas deducciones –por no calificarlas de otro modo- que el autor obtiene en su novela presentándolas dentro de la trama novelesca como si fueran verdades reales de la tradición cristiana.
Hoy escribe Antonio Piñero
De todos los textos gnósticos que mencionamos en la nota de ayer, sobre todo el Evangelio de María, puede entresacarse una enseñanza común respecto a la independencia y valía de las mujeres en la Iglesia: éstas tienen tanto derecho como los varones a enseñar dentro de la comunidad. La capacidad de predicar el evangelio no depende de cuestiones de sexo, sino de lealtad a Jesús, de la atención atenta a sus doctrinas, y de la potencialidad de recibir de Él revelaciones especiales.
Para valorar esta posibilidad de las mujeres de enseñar a varones en el siglo II, piénsese que hasta el siglo XX (y me imagino que también en el XXI) dentro del judaísmo ortodoxo está prohibida a las mujeres la participación activa en las escuelas (Bet-ha-Midrash) donde se enseña la Torá y se preparan los futuros rabinos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Diversos textos apócrifos, gnósticos en líneas generales, enfatizan la sabiduría de la Magdalena, en ocasiones junto con otras mujeres.
1. En el denominado Diálogo del Salvador, aparece María mencionada doce veces como interlocutora de Jesús, formulándole preguntas diversas. La más interesante es la cuestión 60:
“Dime, Señor, ¿para qué he venido a este lugar?… Dijo el Señor: Tú manifiestas la abundancia del Revelador” (A. Piñero Biblioteca de Nag Hammadi, II 183).
La respuesta es enigmática, pero se refiere sin duda a la excelencia de la discípula perfecta, María, que todo lo entiende bien, y que se encarga de transmitir la doctrina.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Los intentos recientes de Joseph Ratzinger de dar a entender la existencia de una conexión directa entre el laicismo y el ateísmo y la Shoah ("Holocausto"), y de ese modo negar o minimizar la posible conexión entre las Iglesias cristianas y el virtual exterminio de los judíos europeos en la cristiana Europa (y quizás también alejar momentáneamente la atención de los delitos y escándalos de que son protagonistas constantes sus colegas y subordinados eclesiásticos, y -en calidad de encubridor- quizás hasta él mismo) no son algo nuevo.
En 1987, el papa Juan Pablo II pidió a la Comisión Vaticana para las Relaciones Religiosas con los judíos determinar qué responsabilidad tenía la Iglesia –si alguna– en el asesinato de millones de judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Un cuarto de siglo antes (1963), la obra de Rolf Hochhuth, Der Stellvertreter (El vicario), había planteado públicamente la acusación de la complicidad papal en el Holocausto, suscitando el malestar católico por doquier.
Hoy escribe Antonio Piñero
Este escrito, El Evangelio de los egipcios, judeocristiano -perdido como obra completa, es citado fragmentariamente por Clemente de Alejandría antes del 215 d.C. (más un texto posterior, de Epifanio de Salamina)- es también importante, a mi parecer, para aclarar la función de la mujer en los grupos gnósticos. Por lo que nos ha transmitido Clemente citando este Evangelio, la actuación de Jesús es, cuanto poco, absolutamente chocante respecto al sexo y la generación de hijos.
Atención no se confunda este “Evangelio de los egipcios” con otro titulado igual de la Biblioteca copto-gnóstica de Nag Hammadi, editado tanto en la edición de Trotta, vol. II, como en Todos los evangelios, de EDAF.
Hoy escribe Antonio Piñero
Después de publicar mi nota, numerada como 164-23, sobre “Un cristianismo que promocionaba una cierta independencia de las mujeres”, recibí una nota personal de mi amigo Ariel, a quien muchos de los lectores conocen, discrepando cortésmente del fondo de algunos aspectos de mi nota.
Al parecer di a entender que para el autor del Cuarto Evangelio María Magdalena ocupaba un papel muy importante. En verdad no es exactamente esa la idea que yo quería poner de relieve, sino –como indicaba la continuación del título de mi postal- que del Evangelio de Juan y su actitud con Magdalena podía deducirse la existencia de un rama del cristianismo que concedía una cierta importancia e independencia a las mujeres.
Ariel argumenta del modo siguiente:
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El ministerio de Juan en Patmos
El Apóstol continuaba su ministerio en la isla de Patmos predicando, catequizando y administrando el bautismo a los conversos. “Al día siguiente” después de los sucesos relacionados con Cínope, Juan salió de la casa de Mirón. Iba acompañado por Prócoro y por los treinta iluminados; con ellos se dirigió al hipódromo. Un judío, llamado Filón, experto en el conocimiento de la Ley, se puso a discutir con Juan acerca de los libros de Moisés y de los Profetas. Juan y Filón disentían en amplios espacios, ya que Filón insistía en la letra mientras que Juan interpretaba la Escritura según el espíritu. De acuerdo con sus criterios, Juan recordaba a Filón que la interpretación de la Biblia no tenía necesidad de vana palabrería, sino de un corazón puro.
Hoy escribe Antonio Piñero
Vamos a tratar en primer lugar casos difíciles en los que se alude a un discipulado perfecto de Jesús de las mujeres con metáforas sexuales.
1. El Evangelio de Tomás
Este escrito apócrifo fue compuesto en griego probablemente a mediados del siglo II; su autor es desconocido puesto que en su forma actual, gnóstica, no pudo haber sido redactado por (Judas) Tomás, “el mellizo” mencionado en Jn 11,16 y 20,24 que debió morir quizá un centenar de años antes de esta obra viera la luz.
Este evangelio tan bien considerado entre los investigadores presenta al lector, al menos aparentemente, como esposa de Jesús no a María Magdalena, sino a Salomé. Este personaje nos es conocido por el texto de Lc 8,1-3 que conviene citar de nuevo (es el único texto evangélico que habla de acompañantes femeninos de Jesús durante su ministerio público en Israel, es decir, fuera de la pasión:
Hoy escribe Antonio Piñero
Dijimos en la nota anterior que el fundamento de la apreciación de la mujer dentro de la Iglesia cristiana comienza sobre todo con el Evangelio de Juan. No niego aquí el valor del Evangelio de Lucas, que se ocupa de la mujer más que cualquier otro (quizás la perícopa de la mujer adúltera perteneciera a una de las excrecencias primeras de este evangelio y no al de Juan; la unción en casa de Simón el leproso y la alabanza de Jesús, cap. 7, etc.), pero que no destaca de modo tan especial el papel de Magdalena.
La primera noticia importante sobre María aparece en Jn 19, 25, en el ámbito de la Pasión:
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Clopás, y María Magdalena”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Poco a poco se impuso la reacción de las autoridades eclesiásticas, es decir, fundamentalmente los obispos, contra el exceso de disciplina y contra sus doctrinas afiladas y exigentes. También era notable que el fundador Montano se apoyara sobre todo en profecías concedidas por Dios a mujeres precisamente.
Así, los montanistas fueron condenados en Lyon antes de finalizar el siglo II, por promover la “división interna” en la Iglesia. En Asia Menor, los obispos, por ejemplo en el Sínodo de Hierápolis, cerca de la patria de Montano, tacharon de heterodoxos a los montanistas, de modo que hacia el 200 comenzó a expandirse por la Gran Iglesia la idea de que este movimiento era la “herejía de los frigios”.
Hoy escribe Fernando Bermejo
En un Postscriptum a la serie de textos dedicados a la “Plegaria de las Emanaciones”, la oración griega encontrada en las excavaciones de Kellis en 1992 (P. Kell. Gr. 98), hace ya algunos meses comuniqué a los lectores que el año pasado Iain Gardner señaló la existencia de paralelos entre esa Plegaria (escrita en una tablilla escrita en Egipto y proveniente del siglo IV), una fuente en árabe (transmitida en el Fihrist o “Catálogo” del bagdadí an-Nadim) del siglo X, y varios textos fragmentarios en lenguas iranias encontrados en Turfán (Asia Central) provenientes de época medieval.
Este año, dos iranistas especialistas en maniqueísmo, el alemán Desmond Durkin-Meisterernst y el italiano Enrico Morano, han publicado finalmente el esperado volumen que contiene, entre otras muchas fuentes, el texto –transcrito– de los fragmentos partos (y un pequeño fragmento sogdiano) a los que se refirió Gardner: D. Durkin-Meisterernst – E. Morano (eds.), Mani’s Psalms. Middle Persian, Parthian and Sogdian Texts in the Turfan Collection ("Salmos de Mani. Textos en persa medio, parto y sogdiano de la Colección Turfan"), Brepols, Turnhout, 2010 (Berliner Turfantexte XXVII). Los fragmentos partos han sido catalogados como M 194, M 790, M 7352, M 8050 y M 8531.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como se dijo en la nota anterior, se percibe en este grupo, luego “herejes”, de los montanistas, las llamas del fervor espiritual y la gobernanza por el Espíritu que era muy propio de los inicios de la Iglesia judeocristiana y paulina
En efecto, el Señor Jesús no había revelado todo a sus fieles durante su vida antes y después de la resurrección; quedaban muchas cosas por aprender y esas las enseñaría el Paráclito, el Espíritu enviado por el Salvador, por medio de sus bocas.
Montano sostenía que se cumplía con sus propios oráculos y el de las dos profetisas mencionadas lo afirmado por Jesús en el evangelio de Juan:
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestra tema acerca de la posición de la mujer en la Iglesia primitiva. Concluyo con un pequeño párrafo acerca de las viudas que complementa lo dicho anteriormente sobre estas matronas, como una especie de “cargo” dentro de la organización de la Iglesia primitiva.
En líneas generales el estatus de las viudas con cambia en la “época postapostólica” y sigue las líneas de actuación que señalábamos anteriormente en la nota 164-16. Resta sólo indicar que el estatuto de las viudas queda separado expresamente del orden menor del diaconado tanto en la Didaskalía siríaca como en las Constituciones apostólicas. Tenían cometidos especiales en las iglesias, como orar y recibir avisos divinos (¿revelaciones?) y hacer visitas domiciliarias a compañeras de fe necesitadas de consuelo u orientación espiritual.
A los miembros del estamento de las viudas no se les otorgaba una ordenación clerical expresa (por imposición de manos), como sí tenían la diaconisas.
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Enfrentamiento con Cínope, el mago
Sigue a continuación un largo apartado consagrado al enfrentamiento de Juan con Cínope, mago que gozaba en Patmos de una alta consideración. Algunos lo consideraban nada menos que como a un dios. Vivía en una gruta solitaria a cuarenta millas de la ciudad, donde practicaba su magia con el apoyo de los demonios. A él recurrieron los sacerdotes de Apolo solicitando su ayuda en el contencioso con Juan, a quien había dejado libre el gobernador por la mediación de Mirón y Apolónidas, a pesar de haber causado la ruina del templo del dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Aunque el ámbito público y externo, el de los cargos eclesiásticos, no era precisamente el más propicio para la práctica de la virtud especialmente femenina, el pudor, y para el ejercicio de las cualidades propias de las mujeres, el control de lo doméstico, persistió en la Iglesia el rango del diaconado femenino. Tal institución no se perdió nunca, sobre todo en Oriente, mientras que en Occidente languideció, a tenor de la falta de fuentes durante mucho tiempo para acabar por resurgir con cierta pujanza en el siglo V.
Con toda claridad tenemos algunos textos de la Iglesia Oriental que vuelven a hablar del diaconado femenino a principios del siglo III (¿?) y a recordar las normas por las que debía regirse que son –como adelantamos- prácticamente las mismas que las que aparecen en las Epístolas Pastorales.
Hoy escribe Antonio Piñero
Es absolutamente necesario señalar en el momento en el que estamos en esta miniserie que lo que algunos comentaristas llaman hoy la Gran Iglesia es ni más ni menos que la iglesia fundamentalmente paulina que va poco a poco aglutinando en torno a sus ideas a otros grupos que en principio podían tener afinidades, fuertes en algunos casos, con otras corrientes, como el judeocristianismo: el Evangelio de Mateo; Epístolas de Judas y de Santiago; Apocalipsis, o con un cierto protognosticismo como el Evangelio de Juan.
De este modo, cuando en la segunda mitad del siglo II se llegue a un consenso entre las diversas iglesias de cuño paulino y se determine la lista de libros sagrados propios del cristianismo, ya separado del judaísmo, es decir el Nuevo Testamento, entonces y sólo entonces es cuando puede decirse que comienza la andadura del cristianismo como movimiento plenamente separado y autónomo respecto al judaísmo.
Hoy escribe Antonio Piñero
En el haber de lo positivo dentro de los seguidores de Pablo han de señalarse dos logros respecto a la consideración de la mujer.
A. En primer lugar -y dentro de la tendencia antes indicada de una Iglesia que va acomodando su ética a un fin del mundo ya no inminente sino cada vez más lejano-, el que el autor de 1ª Timoteo diga ya de modo expreso:
“Quiero que las jóvenes se casen, que tengan hijos y que gobiernen la propia casa, no dando al Adversario ningún motivo para hablar mal” (5,14)
y que el autor de Hebreos honre la institución marital (13,4):
Hoy escribe Fernando Bermejo
Desde un punto de vista ético, tal vez no sea lo más preocupante el que diversas investigaciones recientes hayan mostrado que existen pruebas de que varios altos dignatarios vaticanos (según algunas, también Joseph Ratzinger en su época como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe) han sido cómplices de numerosos casos de pederastia, al menos en la modalidad de encubridores, y que deberían comparecer por ello ante los tribunales de justicia. Al fin y al cabo, el corporativismo eclesiástico ha existido siempre y va a seguir existiendo.
Tal vez no sea lo más preocupante que las actuales alharacas del Vaticano y de las jerarquías eclesiásticas sobre la “intolerancia” con la pederastia no estén, por tanto, obviamente expresando una profunda convicción moral ni la sensibilidad moral de muchos (no todos, por supuesto, pero sí muchos) dignatarios eclesiásticos –cómplices (cuando no algo peor), junto con el pontífice, del encubrimiento de sus colegas pederastas–, sino solo el intento hipócrita y cínico de lavar la cara a una institución en un momento en el que resulta ya imposible ocultar la existencia de múltiples escándalos a la opinión pública. Al fin y al cabo, el cinismo de tantos dignatarios eclesiásticos no es nada nuevo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Preguntábamos: ¿de dónde se obtenía el dinero para pagar las prestaciones a diáconos, presbíteros y para las ayudas sociales?
Para una época unos cien años posterior a la que estamos considerando, Tertuliano (hacia el 210) nos informa del cómo…, y podemos suponer que cien años antes existía algo parecido, pues el sistema era ya usual en el judaísmo del que procedían en último término los cristianos. Éstos, una vez al mes, daban lo que podían de sus emolumentos o salarios al tesoro de la Iglesia:
Hoy escribe Antonio Piñero
En estas comunidades postpaulinas, cuya atmósfera social hemos intentado dibujar en las notas que han antecedido, sigue existiendo el diaconado en el que participan las mujeres, al parecer en pie de igualdad con los varones. Leemos en 1 Tim 3,8-13:
De la misma manera (griego hosaútos; se sobreentiende que los “obispos”: vv. 1ss), también los diáconos deben ser dignos, deben tener una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas, 9 sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia. 10 Que también éstos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diáconos. 11 De igual manera (griego hosaútos), las mujeres (diáconos) deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. 12 Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas. 13 Pues los que han servido bien como diáconos obtienen para sí una posición honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Nuevos prodigios de Juan en Patmos
Había otro hombre rico en la ciudad de Forá que se llamaba Basilio y era el tribuno. Tenía una pena particular porque su esposa, Caris de nombre, era estéril por lo que no podría nunca dar a luz un hijo. Basilio tuvo noticia de que algo importante sucedía en casa de Mirón. Se dirigió a un sobrino de Mirón para informarse. Y supo de Juan, hombre que nunca se equivocaba cuando hacía alguna afirmación y que era capaz de hacer todo cuanto quería. El tribuno se acordó de su problema y se encaminó a casa de Mirón para encontrarse con Juan.
Hoy escribe Antonio Piñero
Los sucesores de Pablo (los autores de las Epístolas falsamente atribuidas a Pablo= 2 Tes; 1 2 Tim Tito Col Ef) enmarcan su parenesis, es decir, su exhortación ética, acerca de la posición de las mujeres (e indirectamente sobre su función meramente doméstica en relación con su sexo, el amor y el matrimonio) en dos coordenadas:
1. En la doble realidad –ya señalada- de la imperiosa necesidad de acomodación de la estructura organizativa y de gobierno de las comunidades cristiana dentro del Imperio a las estructuras de éste, y a la realidad de la salvación en una iglesia más asentada en este mundo, puesto que el fin y la esperada venida del Mesías Jesús (parusía) no tenía lugar. En época postapostólica lo carismático, tan paulino (1 Cor 12 y 13) va perdiendo terreno. Por ello la actuación libre de la mujer en el nuevo ámbito o desaparece; o pierde terreno (una profetisa como Jezabel, antes mencionada, puede ser declarada ya hereje o “hija de Satánas”); o bien se acomoda a una comunidad ya regulada de otro modo no carismático ni doméstico.
2. En el orden de la creación, según las pautas de Gn 2,18:
Hoy escribe Antonio Piñero
Como decíamos en la postal anterior hay probablemente un aspecto positivo en todo ellos en lo que respecta a la consideración de la mujer. Ocurriría con Pablo en este ámbito lo que pasa también cuando se considera la Epístola a Filemón. En ella el Apóstol no discute la situación y estado de la esclavitud, y la acepta sin más como existente en su propio sistema socio-económico implícito. Pero, en su comportamiento real con el esclavo Onésimo, es Pablo de una cordialidad y humanismo de tal calibre, que puso para el futuro las semillas en el suelo del cristianismo para que otros, con el tiempo, pudieran superar sus propias posturas, condicionadas por su época.
No puede afirmarse ni siquiera –de acuerdo con los textos conservados- que el hecho de que las comunidades paulinas estuvieran de facto regidas por mujeres garantizara que esas mismas féminas fueran conscientes de unas posibles exigencias sociales de emancipación, ni tampoco de la revolución que podría suponer en el mundo grecorromano su liderazgo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Naturalmente el cuadro paulino parcialmente igualitario en la intimidad del matrimonio no lo es, ni mucho menos, en la valoración social de la mujer, por el hecho de que Pablo postula como norma de convivencia social el que la mujer quede subordinada al varón. En este misma Primera carta a los Corintios escribe el Apóstol (11,3-10):
Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios. 4 Todo hombre que cubre su cabeza mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza. 5 Pero toda mujer que tiene la cabeza descubierta mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza; porque se hace una con la que está rapada. 6 Porque si la mujer no se cubre la cabeza, que también se corte el cabello; pero si es deshonroso para la mujer cortarse el cabello, o raparse, que se cubra.
Sábado, 26 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Jose Gallardo Alberni
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn