El blog de Antonio Piñero

El apóstol Juan en la literatura apócrifa

13.09.10 | 06:59. Archivado en Hechos Apócrifos de los Apóstoles
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Patmos"

Hoy escribe Gonzalo del Cerro

El apóstol Juan de Zebedeo en los Hechos de Juan de Prócoro

Travesía de Éfeso a Patmos

Cuenta luego el autor el viaje marino camino del destierro en la isla de Patmos. Y da detalles nimios sobre los alimentos de que disponían. A saber, seis onzas de pan para los dos, medio litro de agua y un vaso de vinagre. Juan tomaba dos onzas de pan y la octava parte del agua; el resto se lo dejaba a Prócoro. A los tres días de navegación, se entretenían los soldados y los pasajeros después de comer cuando un joven cayó al mar.

Se produjo una gran consternación en el pasaje, tanto más cuanto que en la nave se encontraba el padre del náufrago que quería arrojarse al mar. Los guardias se dirigieron a Juan, que estaba atado junto a Prócoro y le echaron en cara su tranquilidad, porque mientras todos estaban consternados, él permanecía impasible ante el dolor ajeno. Le pidieron ayuda. Juan les preguntó si sus dioses no tenían poder para resolver la tragedia. “Será porque no somos puros”, replicaron los guardianes. Entonces Juan sacudió sus cadenas e imprecó al mar diciendo: “Devuélvenos sano y salvo al joven” (HchJnPr 15,4). Se produjo una gran sacudida del mar, un fuerte estruendo y una ola gigante que arrojó al joven vivo a los pies de Juan. Los guardianes, admirados y espantados, quitaron las cadenas que sujetaban a Juan y trataron a los dos prisioneros con deferente familiaridad.

Después de un desembarco en Katoikía y una parada en la que todos bajaron a tierra menos Juan, Prócoro y los guardianes, levaron anclas cuando el sol se ponía y zarparon de nuevo. Pero hacia las diez de la noche se levantó una fortísima tempestad que amenazaba la estabilidad de la nave. Los guardianes abordaron a Juan para pedirle que resolviera el problema él que había rescatado al joven náufrago de las profundidades del abismo. Juan ordenó al mar y se hizo una gran bonanza. Pudieron, pues, navegar otros tres días y tres noches hasta arribar a la ciudad (tópos) de Epicuro. Si aceptamos los datos cronológicos del texto, el viaje había durado ya seis días. El lugar denominado es desconocido, pero podría tener alguna relación con la isla de Samos, patria del filósofo Epicuro, que estaba situada en la línea recta que va desde Éfeso a Patmos. La distancia de este viaje a vuelo de pájaro no llegaba a los cien kilómetros.

La travesía marítima desde Éfeso a Patmos, de unos noventa kilómetros de distancia, podía realizarse prácticamente en línea recta a través del estrecho que separa la isla de Samos del promontorio de Micala.
En Epicuro residía una amplia colonia judía, uno de cuyos dirigentes era el Mareón que ya había causado molestias a Juan y Prócoro en Éfeso. Mareón disponía de abundantes recursos y seguidores, a los que pretendió indisponer contra los dos desterrados. La firmeza y la honradez de los funcionarios regios impidieron cualquier operación que pusiera en peligro el cumplimiento de las órdenes imperiales. Mareón y los suyos no se conformaban con menos que con la muerte de Juan y Prócoro. Pero los guardianes argumentaron partiendo del mandato del emperador, que les había encomendado la tarea de conducirlos al destierro en Patmos. Mareón les objetaba que la situación de libertad en que vivían los prisioneros no era la más apropiada para unos magos y delincuentes. Y fue tanta su insistencia que acabaron confraternizando con Mareón, y después de participar de su mesa en tierra, regresaron a la nave y volvieron a sujetar con cadenas a los prisioneros y a someterlos a las mismas privaciones que al principio del viaje.

Zarparon de nuevo y después de dos días de navegación arribaron a Mireón, donde lanzaron el ancla (c. 18). Pero surgió un incidente que retrasó el viaje hasta siete días. La causa fue la grave enfermedad que atacó a uno de los guardianes hasta ponerlo en peligro de muerte. El códice P3 la define con el término técnico de “disentería”. Sus colegas discutían sobre la conveniencia de cumplir el mandato del emperador y abandonar al enfermo o retrasar la gestión encomendada hasta que su compañero mejorara. Conoció Juan la situación y con la colaboración de Prócoro aportó la solución curando al funcionario de sus dolencias. El enfermo, que no podía ponerse en pie ni había probado bocado en siete días, se presentó a los suyos para anunciarles que ya podían todos continuar el viaje.

La nueva singladura condujo la expedición hasta un lugar llamado Lofos. El relato define el lugar como carente de agua potable, húmedo y sometido al encuentro de dos corrientes contrarias (c. 19,1). La situación en la nave volvió a ser nuevamente desesperada. Juan tenía una vez más la solución. Ordenó a Prócoro que tomara un ánfora, la llenara repetidas veces con agua del mar y de ella vertiera en las vasijas de los pasajeros. Juan remató el lance a su manera: “En el nombre del crucificado, tomad, bebed y viviréis”. Los guardianes, agradecidos otra vez, le quitaron las cadenas y se excusaron de no darle la libertad para no contravenir a las órdenes recibidas. Juan aprovechó la ocasión para instruir a los guardianes, a quienes acabó administrando el bautismo que ellos mismos espontáneamente habían solicitado. Pretendían incluso continuar con Juan, que consideró más conveniente que regresaran a sus casas. El texto de la narración parece dar a entender que el trayecto de Lofos a la isla de Patmos debía de ser corto, porque lo refiere de la forma más concisa: “Levamos anclas en Lofos y llegamos a la isla de Patmos” (c. 19,5).

Saludos cordiales. Gonzalo del Cerro

5 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Eduar 16.09.10 | 19:52

    Disculpas respondo a usted casi un mes y medio tarde mediante cuatro post, como aquí se registran ascendentemente por el más reciente, váyase al más antiguo. ¿Qué opina ?

    Gracias Gonzalo del Cerro por su post del pasado 2 de Agosto " Felipe y su enfrentamiento con la víbora según HchFlp".


    Un Saludo Cordial de un lector de este Blog que despierta el espíritu crítico

  • Comentario por eduar 16.09.10 | 19:44

    En cuánto al relato que Felipe era acompañado por Mariamme ( María de Magdala) y Bartolomé. La compañía de Mariamme es la más pausible, a Bartolomé lo veo más en la tradición que los sitúa en Persia, dirigiéndose a los medos. Mariamme era originaria de Magdala y Felipe de Betsaida, por lo que el vínculo de hermanos carnales, pierde fuerza y en cambio el parentesco de primo hermanos parece más apropiado.

    En cuánto al martirio de Felipe, yo me inclino por otra tradición, de la que se hace eco el Breviario romano , donde todos los documentos colocan su martirio en Hierápolis bajo el inicio del César Domiciano, crucificados cabeza abajo y rematado luego a pedradas. Sobre el 81 D.C . No como el Apócrifo antes de la muerte de Pablo.

    Concluyendo "La maldición de Felipe " es una reinterpretación sacada de contexto del Terremoto que ensalza los podores ultraterrenos como azote en contra de los gentiles que persiguen a los cristianos

  • Comentario por eduar 16.09.10 | 19:19

    En cuánto a Juan Apóstol yo creo que llegó a Éfeso tras el martirio de Pablo en Roma 64 D.C. Tal vez avisado por una misiva de Pedro. Debido a la inestabilidad creciente en Jerusalén, tras la lapidación de Jacobo primo hermano de Jesús y que su lugar lo ocupara Simón el otro primo hermano de Jesús. Juan no vio ninguna atadura para marchar a Éfeso.

    En cuánto a la confusión de Felipe Diácono y Felipe Apóstol que me habla, que la tradición comenta ligados a Hierápolis. Eusebio dice que el Felipe Apóstol tuvo tres hijas y en cambio Felipe Diácono en(Hch 21,8) se le nombran cuatro.
    Felipe Apóstol fue obispo de Hierápolis .

    Felipe Diácono fue obispo de Trales, según unos murió allí de muerte natural vea la (Acta Sanct. Junio, 1, París 1862, 608-610). Los martirologios recientes le hacen morir en Cesarea. San Jerónimo dice que en su tiempo se mostraba allí la habitación donde recibió a San Pablo y los sepulcros de las hijas, pero no alude a su sepu...

  • Comentario por eduar 16.09.10 | 18:53

    El Apóstol Felipe debido al ambiente de destrucción, decidió asentarte y retomar la comunidad de Hierápolis. Ya que según se sobreentiende (Col 4,12-17) : Epafrás estaba de encargado de Colosas y Arquipo de Laodicea, quedando vacante Hierápolis.

    En la siguiente dirección web encontrará un artículo escrito por expertos geólogos que hablan con respecto al citado terremoto. Le recomiendo de entre (95-105 pág) la página 95, 96 mapa, 98 y 103:

    (http://books.google.es/books?id=F7pZfLUoHJIC&pg=PA95&lpg=PA95&dq=apocryphal+account+of+the+arrival+of+St+Philip+Hierapolis&source=bl&ots=vMdOdkBbEJ&sig=-_7Wd9IagAGbHKzOH6ajCQlUv7U&hl=es&ei=v8eGS8uINtTd-Qbkg_XjDQ&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=3&ved=0CBMQ6AEwAg#v=onepage&q=apocryphal%20account%20of%20the%20arrival%20of%20St%20Philip%20Hierapolis&f=false )


  • Comentario por eduar 16.09.10 | 18:26

    Disculpas respondo a usted casi un mes y medio tarde

    Gracias Gonzalo del Cerro por su post del pasado 2 de Agosto " Felipe y su enfrentamiento con la víbora según HchFlp".

    He de comentarle que yo estoy trabajando sobre la hipótesis que Felipe fundó la Comunidad de Hierápolis tras el terremoto que se produjo allí sobre el 60 D.C, que también afectó también a la vecina Laodicea y a Colosas donde fue el epicentro.

    Felipe estaría ejerciendo su actividad misionera por libre, recorriendo Asia Menor, ya que el juicio final que habló Jesús era inminente . Felipe al oir este suceso castastrófico acudió a socorrer a las comunidades paulinas ya asentadas allí, que habla la Epístola de Colonenses datada sobre 58 DC ( Colosas, Hierápolis y Laodicea

    El Historiador latino Tácito así lo sitúa en su libro "Anales" libro XIV capítulo 27, en el séptimo año de reinado de Neron (54-68)

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