El blog de Antonio Piñero

162-02 El juicio final (II)

18.08.10 | 07:10. Archivado en Biblia/Evangelios
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Hoy escriben Antonio Piñero y Javier Alonso

En la postal de hoy ofrecemos el prólogo del libro, El juicio final:

Este libro es el segundo de una serie que tiene como origen un curso en la Universidad Popular de Logroño, celebrado en la Semana Santa del 2008. El curso anterior, plasmado también en forma de libro con el título La verdadera historia de la Pasión (Edaf 2008), fue la primera entrega de una serie que esperamos sea duradera.

En este volumen como en el anterior, la intención de los editores ha sido respetar escrupulosamente el pensamiento y la letra del autor de cada una de las conferencias originales y su posterior reelaboración en forma de capítulo. La tarea de edición apenas ha sido más que la unificación de criterios para la imprenta, sin retoques de fondo. Por tanto, cada autor es el responsable único de las ideas vertidas en cada uno de los capítulos. La continuidad con el volumen precedente radica en la misma idea directriz: un tema tan importante en el cristianismo antiguo como el del gran Juicio Final, y del posterior destinos de los mortales no podía ser entendido bien hoy día sin una exposición del contexto adecuado, mediato e inmediato en el que se sitúan las ideas cristianas: el del judaísmo de su tiempo.

Mas, por otro lado, la Historia de las Religiones nos ha enseñado que la religión del judaísmo de la época de Jesús, es decir, del primer siglo de nuestra era en plena época dorada del imperio Romano, es el resultado no sólo de la evolución natural de las ideas contenidas en lo que hoy llamamos el Antiguo Testamento hebreo, sin también de un previo ramillete de influencias de las religiones de su entorno, influencias no siempre confesadas pero claramente perceptibles. Por eso creemos que el lector de hoy entenderá mucho mejor el porqué de algunos detalles de las concepciones judeocristianas del gran Juicio Final, si tiene también presentes qué ideas al respecto albergaban las religiones de Egipto, de Persia y la de Grecia y Roma durante la época helenística y del Imperio romano que fueron los momentos en los que ideas teológicas de esas religiones tuvieron eco y acogida en el judaísmo y, consecuentemente como decimos, en el cristianismo posterior. Por ello este libro ofrece al lector los capítulos que hablan del Juicio en Grecia y Roma, en la Persia zoroástrica y en el Egipto de los faraones.

Una cuestión previa

Si, como acabamos de indicar y se refleja en el título del libro, nuestro objetivo es exponer los rasgos principales de las creencias sobre el Juicio Final dentro de varias religiones del mundo mediterráneo y oriental en el siglo I, antes de adentrarnos en la materia, quizás sería conveniente establecer una definición adecuada del concepto de Juicio Final. Siempre que queremos conocer el significado de un término, nuestro primer impulso nos conduce a buscar una definición “académica” en un diccionario o enciclopedia. La primera autoridad en lengua española, el Diccionario de la Real Academia, define el concepto de “Juicio Final” de este modo:

El que ha de hacer Jesucristo de todos los hombres en el fin del mundo, para dar a cada uno el premio o castigo de sus obras (DRAE).

Es evidente que esta definición de Juicio Final nos remite inmediatamente a un concepto cristiano, por mucho que éste sea heredero del judío. Si aceptásemos esta definición, deberíamos concluir que no hay Juicio Final fuera de los límites de la religión cristiana y que, por tanto, carece de sentido ocuparse sobre tal Juicio en otras religiones. Podríamos limitarnos a afirmar rotundamente “el Juicio Final no existe fuera del cristianismo” y poner punto final a nuestro esfuerzo en este punto. Por fortuna, no todas las definiciones que encontramos son tan restrictivas. Tomemos como modelo el de una de las enciclopedias con más solera dentro del ámbito cultural en lengua castellana:

El que hará Dios al fin de los tiempos, después de la resurrección general, en presencia de todos los hombres reunidos para proclamar la decisión sobre la suerte eterna de cada uno de ellos (Enciclopedia Espasa).

Ciertamente, esta definición nos abre una ventana al estudio del concepto fuera del ámbito meramente cristiano, aunque sigue resultando limitada. Puesto que la idea de este libro es el resultado de un curso en el que se pretendía estudiar el Juicio Final desde la historia de las religiones, en concreto de las perspectivas de diferentes culturas del mundo mediterráneo antiguo, nos planteamos establecer nuestra propia definición basada en una serie de rasgos mínimos que debe cumplir un hecho determinado para que podamos considerarlo un Juicio Final.

1. Debemos afirmar en primer lugar es que el Juicio Final no es un hecho aislado, sino un episodio dentro de una serie de acontecimientos que, según cualquier creencia religiosa que lo contemple, tendrá lugar en un momento determinado de la historia de la humanidad y que podemos denominar fin del mundo. Es decir, el Juicio Final forma parte de la escatología, o conjunto de creencias de un sistema religioso que se ocupa del destino del mundo y el ser humano al final de los tiempos.

2. Si nos fijamos en el término juicio, el acto descrito nos remite a un contexto jurídico en el que un personaje investido teóricamente de imparcialidad, sentido de la justicia y rigor (el juez) decide si los hechos atribuidos a una persona han vulnerado o no el código legal por el que se rige una comunidad (la ley). Si la persona ha vulnerado el código, es culpable, y si no lo ha hecho, será declarada inocente. Traducido a categorías religiosas, esto significa que:

a) En un Juicio Final debe haber un personaje de rasgos divinos que juzgue y represente el papel de juez.

b) Debe haber también una ley o norma divina que sirva de vara de medir sobre la justicia o injusticia del juzgado.

c) La posibilidad de condena o absolución supone la existencia de una teología que contempla el principio de retribución divina, según el cual la divinidad premia al devoto y cumplidor su buen comportamiento mientras que castiga al pecador por el suyo.

d) La existencia de condena y absolución exige la existencia de dos lugares o procedimientos destinados al ejercicio de aquellas: un espacio o estado de castigo eterno y otro de disfrute eterno. Es decir, debe darse una creencia en un cielo y en un infierno (o cualquier otro nombre que cada religión en concreto quiera dar a estos lugares).

3. El mero hecho de que al final de los tiempos se produzca un juicio significa que, posteriormente, habrá una época en la que se pueda cumplir la pena o absolución que cada uno merezca. De lo contrario no tendría sentido. En otras palabras, no se trata del final del tiempo, sino del final de este tiempo y el comienzo de una nueva era posterior al juicio.

4. Además, el hecho de que se sitúe al final de una época significa que este juicio es un acto único e irrepetible por el que toda la humanidad pasará en un mismo momento.

5. Por último, es obvio el agravio comparativo que supondría el hecho de que sólo pasasen por el Juicio Final aquellos seres humanos a los que les hubiera tocado vivir en ese momento, de manera que se asume que todos pasarán por el Juicio, independientemente del momento en el que haya vivido cada uno. ¿Cómo será esto posible? Porque para una correcta realización de un Juicio Final es imprescindible que se dé una creencia en la resurrección o en una cierta forma de vida más allá de la muerte.

Una vez establecidos estos “principios mínimos” que debe cumplir cualquier Juicio Final, podemos ofrecer nuestra propia definición y explicar el concepto como:

Un acto único e irrepetible que tendrá lugar al final de los tiempos en el que un ser (o más de uno) de rasgos divinos juzgará a todos los seres humanos, de acuerdo a la norma o ley que ella misma les haya entregado. En este juicio, la divinidad establecerá la bondad o maldad de los actos de éstos, y dictará una sentencia que supondrá el castigo o premio por su conducta en la nueva era que comenzará tras el juicio.

Esta definición es suficientemente amplia como para permitir la búsqueda y análisis de “juicios finales” dentro de cualquier sistema religioso. Basándonos en ella, dedicaremos las páginas de este estudio a rastrear este fenómeno dentro de religiones aparentemente tan dispares como la griega, la egipcia, la judía e, incluso, la persa o zoroástrica. Como complemento de hoy día nos detendremos en la visión moderna que el cine nos ofrece sobre estas creencias.

Como ocurrió con el volumen anterior, la obra presente es un esfuerzo de alta divulgación científica en el sentido de presentar al lector, con espíritu riguroso pero claro y didáctico, el material comparativo de la historia de las religiones acumulado durante decenios en los libros de investigación. Por otro lado, supone también un enfoque novedoso del tema que esperamos contribuya notablemente a su mejor comprensión. Esperemos encontrar en el lector un veredicto favorable que no condene esta obra al fuego eterno del rechazo.

Saludos cordiales de Antonio Piñero – Javier Alonso

www.antoniopinero.com

29 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por David Mo 19.08.10 | 15:38

    Pero, además, hay una diferencia esencial cuando Orígenes habla de una alegoría y cuando autores contemporáneos "alegorizan" o toman "como símbolo" tal o cual pasaje. Orígenes ("Contra Celso"): "Lo que se escribe haber acontecido a Jesús no agota su verdad entera en la mera letra e historia. Más hay que contemplar. Y es así que se puede demostrar cómo cada uno de esos acontecimientos es símbolo de otra cosa para los que con mayor inteligencia leen la Escritura". Es decir: existió el hecho que tiene un añadido simbólico que revela su significado transcendental. Pero el hecho existió. Meier: "la maldición de la higuera no se remonta a ningún suceso de la Vida del Jesús histórico". Es simbólico.
    Muy, pero muy diferente. Al menos en los casos citados.

  • Comentario por Manue 19.08.10 | 14:33

    Pues Xabier, no me parece que utilice un ejemplo más favorable para su tesis que a la de David Mo. Veamos por qué: No existió la estaca pero si un abuelo llamado Siset del cual lo único que sabíamos es que estaba atado (junto a otros) a una estaca de la que quería liberarse (con la ayuda de esos otros) pero al final no lo logra y muere atado a ella, ¿qué nos queda de la historia? Sin estaca, no hay Siset ni historia de Siset. Ahora pasemos al simbolismo, por esforzarnos en salvar a Siset como personaje real. La estaca es metafórica de la dictadura, no existe como tal; ¿existe por ello Siset? Bueno... imaginemos que (ya que no un abuelo atado a estaca alguna) se trata de un abuelo abstracto que sintetiza (como abstracción) el largo sufrimiento y atadura de una dictadura real, reciente y española (y a partir de una vivencia que se quisiera catalana en el relato). ¿Acabamos de salvar a Siset? No. Si Jesús fuera un mesías-comodín y ejemplar y no como alguien histórico concreto, no existió

  • Comentario por Xabier 19.08.10 | 12:49

    David:

    Llach no pretende que existió una estaca. Cierto. Pero es posible -no me consta, pero no me parece inverosímil- que sí existiese realmente el abuelo Siset

  • Comentario por David Mo 19.08.10 | 11:22

    Aquí hay dos cuestiones:
    1. Creo que el cristiano entiende como literal los evangelios porque no hay antecedentes de una interpretación alegórica hasta bien entrada la polémica con paganos y en círculos reducidos.
    2. Entiendo que si abrimos la posibilidad de una lectura alegórica (actual) sin criterios claros -que yo no he visto por ningún lado-, destrozamos la historicidad del personaje Jesús. Meier utiliza un criterio super peligroso (para él): si el discurso es teológico es alegórico. Pero olvida que todo el discurso evangélico, incluso en sus detalles, es teológico. Hasta en la cruz Jesús tiene que recitar salmos.
    PD: por supuesto que las parábolas son alegorías. Se deduce claramente del estilo narrativo. No es el mismo estilo narrativo de la resurrección de Lázaro. Es lo que estoy diciendo: cuando aparece una alegoría en las escrituras está bien claro que lo es.
    Otra cosa es que Ud. quiera defender que hay símbolos inconscientes. Este es otro debate.

  • Comentario por David Mo 19.08.10 | 11:11

    Xabier: Llach no pretende que existió una estaca, etc. El cristiano pretende que existió Cristo. Llach está haciendo una obra de ficción. Los evangelistas pretenden contar la historia verdadera de Jesús. La patrística del siglo II (exceptuando algunos pasajes de Orígenes y alguno más que se me puede escapar) afirma que lo que está escrito en los evangelios es la verdadera historia de Jesús. Y así se ha creído siempre -excepciones cultas-místicas. Orígenes pretende que algunos pasajes son alegóricos. ¿Cuál es el criterio para distinguir lo que es y no que no es dentro de la misma obra evangélica? No existen señales de paso de lo literal a lo alegórico. El recurso al alegorismo, ya utilizado por los paganos, es un expediente para salvar lo que resulta inverosímil. Se utiliza subjetivamente y, con los mismos supuestos, lo que dice Orígenes que es alegórico y lo que dice Meier no tiene nada que ver. Depende de criterios relativos al momento histórico del comentarista y su ideología.

  • Comentario por Xabier 19.08.10 | 10:12

    David Mo:

    Si hay alegorías y otras obras simbólicas en tiempos recientes (p.e. L'estaca de Lluis Llach, Las crónicas de Narnia, Avatar, etc.) y en siglos atrás, ¿qué obstáculo hay a que los haya en los evangelios?

    Dice que debe haber "criterios de interpretación y un sistema simbólico". Probablemente lo haya, aunque soy lego en el tema porque no soy filólogo, aunque algunos relatos simbólicos del Nuevo Testamento son fáciles de detectar porque, como usted dice, una alegoría es detectable.

    Ha puesto el ejemplo de Lázaro, pero, ¿qué le lleva a pensar que, por ejemplo, un lector del siglo I no interpretaba como simbólico la visita de Jesús a casa de Marta y María, que trata sobre la división de funciones en la comunidad? Si dispone de pruebas, las leeré con mucho gusto y atención.

    Si Jesús predicaba utilizando parábolas, ¿hay algún motivo para que los evangelistas no hiciesen lo mismo?

  • Comentario por David Mo 19.08.10 | 08:43

    Quien abre la caja de la interpretación simbólica (metáforas, alegorías) se arriesga a que la realidad evangélica se le vaya esfumando como esas pelis de ciencia ficción en el que el soñador va despertando poco a poco y ve desaparecer el coche, la tienda, la calle entera y al final se queda sin la chica de sus sueños. Primero desaparece el Juicio Final, luego Lázaro, luego la Virgen, ... ¿Y cuándo paramos? Todos los evangelios pueden ser interpretados simbólicamente pero para eso hace falta: criterios de interpretación y un sistema simbólico. Y no perder de vista una distinción fundamental: una cosa es la interpretación simbólica que hacemos a posteriori (Freud, por ej.) y otra la construcción in situ de una alegoría, que sigue reglas precisas y es detectable. En este sentido es absurdo identificar como alegorías lo que los evangelistas escribían como hechos. Nadie que leyera el evangelio en el siglo II pensaba que Lázaro no resucitó realmente. Quizás Orígenes y dos más.

  • Comentario por jhon talbot 19.08.10 | 06:55

    Saludos a Todos:

    Mi rechazo a los que tildan de cualquier forma, a alguien por sus ideas. El mundo ya debería estar harto de esto.

    Agnosticus:

    Si eliminas todo de tu vida, familia, estudios, amigos, pertenencias, tu mismo, que queda?

    No sabemos a ciencia cierta cual es el plan divino, pero somos parte y privilegiada del mismo.

    Saludos

  • Comentario por Agnosticus 19.08.10 | 05:33

    Si la idea de pecado cambia y los instrumentos de la justicia también... La eternidad clásica puede llegar a ser muy aburrida, salvo que tenga supuestas sorpresas, pero al ciudadano actual no se le engaña tan fácilmente.

  • Comentario por Agnosticus 19.08.10 | 05:24

    controlar mejor a sus súbditos, adquirir preeminencia social como jerarcas y educadores, etc. Se podía achacar un resultado adverso al supuesto pecado de fulano o de mengano. Hoy, salvo puntualizaciones doctrinales ambiguas, el concepto de pecado pasa antes por los ámbitos de la justicia civil. Fuera de ella las doctrinas pueden señalar como pecado lo que deseen y como pecador a quien les interese, como ha sucedido en la historia (herejías, Galileo, Servet, inquisición). El pecado y sus grados también ha variado con las épocas por lo que la vara o cordel de medir de esa supuesta divinidad también sería de lo más ambiguo (apartado 2b del post).
    Otra idea, sugerencia o plan alternativo para quienes no creemos en el cielo ni en el infierno (si encontramos el cielo, será por añadidura, pero sin importar el riesgo del infierno, como ciudadanos normales): ¿no podría en último lugar haber un plan de reinserción para los del infierno? Es lo que se estila ahora para los condenados... Si l...

  • Comentario por Agnosticus 19.08.10 | 05:20

    no quedará ni un metro cuadrado que se pudiese rejuntar; volveríamos al punto 2, pero en sentido contrario, microdimensionándolo.
    4.- Lo anterior sería pecata minuta al lado de otro nuevo inconveniente: si se supone -y así se predica- que tras la muerte ya hay una disección o discriminación formal de cielo o infierno,... ¿para qué repetir el resultado de dicho reparto en un juicio final...? La nueva pregunta sería elemental: ¿es que pudo haber errores de equidad en el primero...? La aporía vuelve a florecer con su correspondiente esperpento y es posible que alguno se atreva a pasarla haciendo acopio de la correspondiente retórica teológica al uso, ya consabida.
    El quid de la cuestión de todo esto puede estar arraigado tras el concepto de pecado, para ir a un lado o al otro, al supuesto cielo o al supuesto infierno. El pecado se instrumentalizó cuando las leyes civiles no existían o eran exiguas, para que los representantes de la divinidad pudiesen controlar mejor a sus súbd...

  • Comentario por Agnosticus 19.08.10 | 05:18

    1.- Si al cabo de varios años de morir cada cuerpo se convierte en parte de la materia de nuestro entorno, ¿por qué procedimiento se va a regenerar...? Difícil o imposible.
    2.- Si el paso anterior fuese cierto, ¿en qué terreno se iban a situar los miles de millones de personas habidas y por haber hasta ese supuesto juicio...? Inconvenientes: unas sobre otras; las que saben nadar, al mar; se buscaría el lugar y modo adecuado. Posible solución: hacer presentes sólo sus almas, si las tienen (en la edad media la mujer carecía de alma); pueden ocupar menos espacio. Posible contradicción: si se usasen sólo las almas, ¿por qué predicar la resurrección de los cuerpos o de los muertos...? Un deseo también puede ser una ilusión, no una realidad, y menos siendo futura y sin comprobar.
    3.- Se calcula que dentro de unos 8000 mil millones de años el Sol colapsará sobre sí y arrastrará a su sistema planetario. Si el juicio fuese en esos momentos (por qué no), no quedará ni un metro cuadra...

  • Comentario por Agnosticus 19.08.10 | 05:16

    Demasiado complicado, por no decir fantasioso, como otros recursos que nacen y prosperan de creencias antiguas donde algunos recrean sus presuntas o presuntuosas ideas para tratar de imponerlas a los demás sin el requisito imprescindible de lo básico: la demostración. Dado que la idea de juicio final se expone como un futurible,... sencillamente no requiere demostración; pero por ello mismo no se pueden exponer elementos ambiguos para engañar a la gente. De ahí a generar aporías cuyo único recurso de salida es la fantasía antes mencionada, sólo hay un paso. Otro sería esperar a que ocurra, pero para entonces... todos calvos. Otro tanto ocurre con la supuesta parusía, tal y como nos la imaginamos gráficamente, aunque eso sí se puede producir... sencillamente “de otra manera” parabólica.
    Como a toda aporía se la pueden objetar multitud de condiciones y de inconvenientes circunstanciales, al juicio final se le podría impugnar (alguno pensará que de forma infantil):
    1.- Si al c...

  • Comentario por Antón Pirulero 18.08.10 | 21:28

    ¿Jueces Togados sin Abogados Defensores?

    "Tengo otras muchas cosas que deciros, pero vuestras cabezas no están para tanto"...

    Pues eso: "Hijo no tenemos y nombre le pondremos"..., o si no, hacemos una película... más.

  • Comentario por Manue 18.08.10 | 20:26

    y la muerte (destrucción, pérdida de la vida ultramundana del pecador) como máximo castigo final.
    Gracias por su ingente obra, profesor.

  • Comentario por Manue 18.08.10 | 20:25

    Estimado profesor: todo tiene muy buena pinta, aunque pongo en duda su presunción de que la totalidad de "rasgos mínimos" que Vd cita deberá cumplir todo Juicio Final la cumplan, de hecho, todos los aludidos, "dentro de cualquier sistema religioso", en la obra que comenta.
    En primer lugar (en referencia a 1, 3 y 4), la idea de un Final de los Tiempos es zoroástrica, no egipcia. La Resurrección egipcia es, entiendo, postmortem y el juicio un asunto individual (persona a persona) al poco de acaecida la muerte (paso a la vida de "allá"). Los zoroástricos sí que prefigurarían Cielo e Infierno, ángeles y demonios, fuerzas del bien y del mal en lucha hasta el Fin de los Tiempos o del Mundo y el Juicio Final.
    En segundo lugar (respecto a 2c y 2d), no todas las religiones citadas incluían una resurrección y vida postmortem eterna en un lugar de premio o castigo. Tenemos: la creencia (AT) en el castigo en vida terrena (persona y descendientes); la Sheol o inframundo (vida sombría) y...

  • Comentario por carmen 18.08.10 | 20:20

    Me compré el libro en cuanto salió, como todos los del prof.Piñero y ya lo he acabado. Me han gustado mucho los capítulos sobre Egipto y Grecia, aunque no me han aportado nada nuevo. El que me ha gustado más es el último del cine, y el epílogo. Sobre el Juicio, el Gran Juicio, la visión del cristianismo, la de Jesús, el Reino y demás... me ha resultado un lío que intentaré desliar en la próxima relectura...
    Saludos

  • Comentario por jose 18.08.10 | 19:29

    El juicio final es a Juan Bautista como el Reino de Dios es a Jesús de Nararet. Un saludo afectuoso Antonio Piñero de un antiguo alumno.

  • Comentario por Lucas 18.08.10 | 18:04

    No todos entienden el juicio final tan pedestremente como lo hacen Piñero y sus compinches. Me convence más la reflexión que de él mismo hace Hans Küng, en el cap. VI,- Resurrección de los muertos y Vida eterna- de su libro (196 pgs.) El Credo publicado por Trotta.

  • Comentario por sofía 18.08.10 | 17:48

    Y ¿cómo es posible asegurar que no se utilizan metáforas sobre el premio y el castigo? ¿Por qué iba a haber que interpretarlo literalmente? ¿Cómo saber en qué sentido exacto interpretar la palabra gehena? Puede no ser un lugar, puede no ser eterno, puede no ser más que el No-Ser.
    Si el premio fuera la Vida en Dios, en el Ser, su opuesto -el castigo- sería la no Vida, la muerte, no ser. Pero quien no existe no puede estar en ningún lugar sufriendo ningún castigo. Eso suponiendo que a alguien se le negara la Vida más allá de la teoría de no verse obligado a aceptarla y por tanto la posibilidad teórica de elegir la muerte.
    Que esto son "chorradas sofistas", de acuerdo, pero es una posibilidad real que al hablar del juicio final se utilizaran metáforas ya en el siglo I. ¿O no?

  • Comentario por David RV 18.08.10 | 16:12

    Y la idea de que el juicio es inmediato pertenece al Jesús histórico desde que comenzó la búsqueda (Albert Schweitzer). Cuando el tiempo pasaba y ese suceso no ocurría (aunque el Apocalipsis prometía que era para pasado mañana) hubo que adaptar esas profecías, ignorándolas o creando "otro mundo". Nada que ver con lo que el Jesús histórico predicó.

  • Comentario por David RV 18.08.10 | 16:10

    OK, pero yo también te adelanto que esa distinción parte del pre-jucio de que todo el NT es válido y si hay diferentes conceptos, hay que arreglarlos como sea. En la crítica textual se estratifica y se separa fases e ideologías de comunidades. Los que esperaban que el juicio de Dios era inmediato no creían en "otro mundo". En el Apocalipsis el paraíso está en la tierra, el "otro mundo", el de Dios, no es para los hombres excepto para algunos a los que Dios exaltó como Jesús. La resurrección es física. En 1 Tesalonicenses tienes a Pablo respondiendo que qué pasaba, porque el juicio no había llegado y ya muchos habían muerto. Entonces introduce la idea de que la resurrección es con un cuerpo divino, y que en el Juicio se les llevará Dios al paraíso con ese cuerpo. No dice como en el evangelio de Juan que ese juicio se produce post-mortem. En Pablo o en el Apocalipsis los muertos tienen que esperar, pero no mucho. En el Ev. de Juan no.

  • Comentario por galetel 18.08.10 | 16:01

    David RV:
    Muy bien. Pero prefiero esperar a que se plantee durante la exposición del libro.
    Sólo te adelantaré -sin entrar a discutirlo- que estoy de acuerdo en que hubo una evolución entre dos concepciones cristianas del “fin del mundo”.
    Espacialmente, una lo concebía “en este mundo”, la otra “en otro mundo”.
    Temporalmente, una lo concebía “inminente”, la otra “al fin de los tiempos”.
    Sin embargo, no había verdadera discrepancia entre ellas; sólo eran (y son) puntos de vista diferentes de la misma cosa, y esto puede comprenderse claramente en la actualidad (aunque no antes). El “otro mundo” está en “este mundo”, y “el fin de los tiempos” es “inminente”, si se los entiende bien.
    Pero, como dije, no entraré a discutirlo ahora, si no te importa, sino cuando se plantee siguiendo los temas del libro.
    Gracias.

  • Comentario por David RV 18.08.10 | 15:28

    Pues me temo que en esto coincidirán "mis" ideas con las del libro... Al fin y al cabo no son las "mías", sino las de la crítica textual desde Schweitzer.

  • Comentario por galetel 18.08.10 | 15:04

    David RV:
    Disculpa, pero me reservaré para comentar las ideas del libro, no las tuyas.
    Gracias, de todas maneras.

  • Comentario por David RV 18.08.10 | 14:27

    Unos puntos en común excelentemente observados.

    Galetel, lógicamente el texto se va a referir al Jesús histórico y los primeros cristianismos, no a la teología actual.

    La idea tradicional de la salvación ha tenido que combinar dos ideas antagónica e incompatibles en el NT: una la prédica del Jesús histórico, que conservaron tanto los judeocristianos (Apocalipsis) como el Pablo de las cartas no pseudónimas: el juicio es inminente, y habrá resurrección de los muertos. Los fieles vivirán eternamente, en la Tierra para el Jesús histórico y el judeocristianismo, en el Paraíso para Pablo.

    La otra es la del postpaulismo, Juan, Lucas en parte: no hay final del mundo, o al menos está muy lejos. El juicio se hace postmortem, y es espiritual. Las almas van al paraíso o all infierno directamente, no tienen que esperar. Esta idea es tardía y de origen pagano (y del judaísmo místico y especulativo).

    El cristianismo posterior combinó ambas salvaci...

  • Comentario por sofía 18.08.10 | 11:37

    Es decir, no veo que nadie se pueda arrogar el derecho a establecer "unos “principios mínimos” que debe cumplir cualquier Juicio Final".
    Es posible un juicio final con otras características, en primer lugar, porque se puede investigar y descubrir que existe ya un "juicio final" que escapa a esos principios, y en segundo lugar porque se puede proponer un "juicio final" que no reúna esas características.

  • Comentario por sofía 18.08.10 | 11:30

    No veo la necesidad lógica de esas características que se asignan a todo "juicio final". Igual podría ser de otro modo.

  • Comentario por galetel 18.08.10 | 11:13

    Un tema sumamente importante e interesante, que estoy seguro será abordado inmejorablemente por los autores del libro. Gracias por presentarlo en este blog, Prof. Piñero.
    Sin embargo, tengo que expresar una prevención: me parece que el “Juicio Final” cristiano, tal como es planteado por diversas teologías actuales (p.ej. la de Jürgen Moltmann en “La venida de Dios”), NO corresponde a la definición que aquí se da. No obstante, acepto que para entender bien el uno sea muy conveniente entender el otro, como antecedente y contraste.
    Gracias, nuevamente.

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