El blog de Antonio Piñero

La formación del canon y “Los cuatro Evangelios” (IV) (151-04)

23.07.10 | 07:30. Archivado en Jesús histórico, Biblia/Evangelios
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Hoy escribe Antonio Piñero

Sigo explicando lo que creo que fue el inicio formal del proceso de formación del canon del Nuevo Testamento en lo que se ha denominado la Gran Iglesia o grupo mayoritario de cristianos del siglo II y III, proceso que terminó de cristalizar mucho más tarde. En el caso de alguna obra, como el Apocalipsis, tardó siglos. Hubo de ser un pacto expreso porque:

• Se escogieron 4 evangelios, ni más ni menos, porque representaban los cuatro puntos cardinales de la tierra, la representación de toda la humanidad. Y Adám/n, en griego, es un acróstico –pretendido por Dios según los creyentes en la época- de los cuatro puntos cardinales:

- Arkton: “Osa”; mayor, = norte;
- Dýsis: poniente, occidente, oeste;
- Anatolé: naciente, oriente, este;
- Mesembría: mediodía, sur

= A-D-A-M.

El evangelio tetramorfo debía estar compuesto de 4 y no de más evangelios. Esto implica una decisión expresa.

Segundo, porque representaba también lo que debía afirmarse como sagrado del segundo y nuevo Adán que es Jesús, que representa también a la humanidad entera.

• Se hizo, del conjunto de las cartas de “Pablo” que se tenían en la época (unas 13 o 14 que hoy consideramos auténticas, conservadas fragmentarias o completas) un grupo compacto de 7 + 7.

Hubo dudas al principio, hasta el siglo IV acerca de cuál completaba el número 14. Sabemos que circularon al menos: una carta complementaria a los Corintios (conservada en el corpus de los Hechos apócrifos de Pablo); una carta a los cristianos de Laodicea; una carta a los cristianos “hebreos” (la “Epístola a los hebreos”). La que “ganó” fue esta última.

• Del resto de los apóstoles se formó otro grupo de 7: 3 de Juan; 2 de Pedro; 1 de Santiago; 1 de Judas.

• De entre los apocalipsis existentes se escogió sólo uno (el que hoy llamamos “Apocalipsis de Juan”, entre otras razones porque contenía en su seno 7 cartas a 7 iglesias de Asia Menor (cf. 1,20: “Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros son las siete iglesias”; y las siete cartas en los capítulos 2 y 3).

Insisto en estos hechos desde otra perspectiva levemente distinta para recalcar que este proceso, que no pudo suceder por casualidad ni por un dejarse llevar por las circunstancias de que esas obras se leían ya como “sagradas” en las iglesias principales de la cristiandad, puede verse también desde el punto de vista de que hubo ciertos actos de "fuerza" o "imposición" (para ello tomo ahora material de la “Guía para entender el Nuevo Testamento, Trotta, Madrid, 3ª ed., 2008, pp. 51-52. Así pues, la formación del canon en su resultado deja entrever varios “actos explícitos de elección y de fuerza”:

Se forzó un canon complicado de cuatro Evangelios en vez de uno solo; se eliminaron otros muchos evangelios que podían tener a priori fundamentos para ser aceptados como el Evangelio de Pedro, el de Tomás o el los Nazarenos (no en su estado actual, manipulado después de la formación del canon, sino en el que suponemos primitivo); se dividió en dos partes una obra única: Evangelio de Lucas y Hechos de los apóstoles; quedaron barridos todos los escritos de talante claramente gnóstico.

• La formación de la lista deja entrever también un proceso de negociación eclesiástico para admitir en ella obras de tendencias muy diversas dentro de la Gran Iglesia: cartas de Pablo y sus discípulos; escritos judeocristianos de tendencias muy opuestas al Apóstol como el Evangelio de Mateo, la Epístola de Santiago o el Apocalipsis; un Evangelio, el de Juan, que pretende positivamente superar a los otros tres. Fue, por tanto, una obra de consenso y una aceptación explícita de la pluralidad dentro de la Gran iglesia.

• Además se intentó con el canon un cierto equilibrio entre las tendencias: frente al gran bloque de cartas paulinas se admitieron otros bloques de cartas que compensaran su influencia (tres cartas “católicas” atribuidas a las tres columnas de la Iglesia de Jerusalén: Santiago, Pedro y Juan, y un cierto número de cartas johánicas [tres de Juan más las siete del Apocalipsis] en contrapeso a las cartas paulinas); frente al bloque de los Evangelios Sinópticos se admitió el Evangelio espiritual o místico de Juan.

¿Dónde se dio este paso tan trascendental de política eclesiástica? Tampoco se sabe. Se sospecha que pudo ser en la misma Roma, donde ejerció Marción su ministerio y en donde todas las corrientes confluían. Si había algún sitio donde pudieran guardarse copias de los textos que las iglesias principales de la cristiandad leían los domingos, en sus oficios litúrgicos, como sagrados… ¡era Roma!

Roma era ya la iglesia principal de la cristiandad y su lengua oficial era el griego, no el latín, a pesar de ser la capital del Imperio; por tanto estaba abierta a otras iglesias. Es verosímil que, debido a los múltiples contactos de los miembros de otras iglesias con la capital del Imperio, en las alacenas de la iglesia de Roma se hubieran almacenado esas copias aludidas de los principales escritos que circulaban sobre el Señor y sus apóstoles. Roma estaba en la mejor disposición para saber cuál podría ser el consenso común con otras iglesias y escoger entre los escritos cuáles le ofrecían la mejor confianza. Por tanto, es verosímil también que este proceso positivo –si se dio, como creemos— lo emprendiera la iglesia de Roma.

Las circunstancias históricas de mediados del siglo II hasta el comienzo del III vinieron a ayudar en la toma de esta decisión por parte de la Gran Iglesia: durante sus primeros decenios de vida los grupos cristianos, sobre todo los de procedencia judía, se habían amparado bajo el manto legal del judaísmo para gozar libremente de los derechos de reunión y asociación que no tenían otros grupos religiosos en el Imperio. A partir de las revueltas de los judíos contra Roma en Chipre, Libia y Egipto, en época de Trajano (117 d.C.), estos privilegios fueron recortados. Con el triste final de la segunda revolución contra Roma en tiempos de Adriano (130-135 d.C.) tales privilegios fueron prácticamente anulados.

A la vez fue una época en la los judíos se estaban replegando en sí mismos y no querían ya tener nada que ver con los que consideraban ya herejes redomados, los cristianos (minim: ¡que consideraban divino a Jesús!). En esos momentos los grupos cristianos no necesitaban seguir amparándose bajo el manto legal del judaísmo porque les reportaba más molestias que beneficios. Se siguió unido a Israel porque se tenía el mismo libro, la Biblia hebrea; pero la separación definitiva del judaísmo era ya un hecho.

La circunstancia histórica estaba madura para que los cristianos, que tenían ya gran cantidad de literatura propia y que estaba en la práctica al mismo nivel de “sacralidad” que el Antiguo Testamento, hicieran que esta literatura se añadiera definitiva y legalmente a los textos del pasado de Israel con la misma consideración y respeto.

Al adjuntarse al Antiguo Testamento los escritos cristianos considerados de igual valor como inspirados y como normativos se formó un nuevo canon de Escrituras y con ello pudo decirse también que la secta judía que fue en un principio los “nazarenos” y luego "cristianos" se convirtió plenamente en una nueva religión: el cristianismo.

Para terminar una breve nota bibliográfica:

Opino –y es mera opinión y debe ser modesta porque estoy implicado en lo que voy a decir- que nuestro autor, Santiago Guijarro, debería de haber tenido en cuenta más la bibliografía española, producto de la historiografía universitaria, en principio no confesional. Toda la historia del canon cristiano está expuesta con bastante detalle en dos libros de colaboración (aparte de la “Guía para entender el Nuevo Testamento”, por supuesto, donde está tratado con suficiente amplitud), ambos publicados por El Almendro, Córdoba, que el autor, S. Guijarro, no ha tenido en cuenta, pero que han tenido amplia difusión en España:

Orígenes del cristianismo, con múltiples reediciones desde 1991 hasta el presente, capítulo: “Cómo y por qué se formó el Nuevo Testamento, pp. 339-400”;

Libros sagrados en las grandes religiones: judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo y budismo. Los fundamentalismos del 2007, capítulo “Cómo y porqué se formó el canon del Nuevo Testamento”, pp. 177-210.

El tema de los “evangelios apócrifos” y otros como el uso del vocablo evangelio y la cuestión del genero literario de los evangelios cristianos fue tratado ampliamente y al día en su momento en largos capítulos de la obra colectiva, también editada por El Almendro:

Fuentes del cristianismo. Tradiciones primitivas sobre Jesús, de 1995. Cap. II: "Evangelio y Evangelios. Observaciones sobre el término y el género literario"; cap. 8: "El evangelio paulino y los restantes 'evangelios' del Nuevo Testamento"; cap. 9: "Los Evangelios apócrifos" (de cerca de 100 pp.).

Al haber en este país tan poco bibliografía científica sobre estos temas, pienso que debían haber sido citadas estas aportaciones, al menos la del 2007, por parte de Guijarro.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

15 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Xabier 24.07.10 | 08:14

    Estoy de acuerdo con Sofía en que la hipótesis científica del profesor Piñero no pega ni con cola con el esoterismo de CSM.

    ¿Qué tiene que ver que el canon se forme en Roma con que Pablo fuese un espía de Claudio y uno de sus contactos Narciso (uno de los saludados en Romanos 16)? ¡Parece mentira que alguien que ha hecho una Tesis Doctoral le guste el esoterismo!

  • Comentario por David RV 23.07.10 | 20:32

    Excelentes conclusiones.

  • Comentario por Crisanto 23.07.10 | 18:33

    Apreciada Sofía,

    Se sorprendería si supiese de lo que son capaces en Las Vegas... ;-))


  • Comentario por sofía 23.07.10 | 17:50

    Crisanto,
    La tesis del profesor Piñero no casa con la de Sanchez-Montaña ni siquiera en las Vegas y con un juez disfrazado de Pilato "traspuesto" en Elvis.
    Claro que es probable que se llegara al acuerdo en Roma ¿y? Puestos a romanizarse se quedaban mejor con Marción y su odio a Yahveh, en vez de buscar un canon más acorde con la tradición recibida.

    Antonio Pérez,
    Yo desde luego no me lo pienso fumar.
    Fumar mata: no se empeñe en convertir los libros en humo. Lea y después opine. O no. Usted mismo. Desde luego poco puede aportar ese libro para quien quiera autoinciensarse con él. Necesita usted más madera de su misma veta.-

  • Comentario por Crisanto 23.07.10 | 16:52

    El Prof. Piñero dice: "..¿Dónde se dio este paso tan trascendental de política eclesiástica? Tampoco se sabe. Se sospecha que pudo ser en la misma Roma, donde ejerció Marción su ministerio y en donde todas las corrientes confluían. Si había algún sitio donde pudieran guardarse copias de los textos que las iglesias principales de la cristiandad leían los domingos, en sus oficios litúrgicos, como sagrados… ¡era Roma!..."

    Sin lugar a dudas, esta hipótesis casa a la perfección con la tesis que una y otra vez nos presenta nuestro contertulio -y a la sazón, paisano mío- Carlos Sánchez-Montaña. Aguardemos su participación en la postal de hoy...

    Saludos,

  • Comentario por Antonio Pérez 23.07.10 | 16:44

    Este libro del Sr. Guijarro me parece "infumable" es el clásico producto tipo BAC, aunque no publicado por esa editorial. No se cuando se enterearan de que las cosas han cambiado, que ese tipo de libros sólo se publican para convencidos, pero aportar lo que se dice aportar, aporta poco y confunde aviesamente mucho.

    Un saludo.


  • Comentario por sofía 23.07.10 | 11:15

    Estimado Xabier,
    Gracias por las indicaciones. Es decir que se eligieron esos evangelios porque creían que eran apostólicos.
    Curioso el argumento de Ireneo sobre el número 4, pero irrelevante para decidir qué 4, y sobre todo, si el canon, como dice Piñero, fue producto de un consenso y no una imposición de Ireneo, su opinión no creo que tenga mayor trascendencia que la de cualquiera.
    Igual habrían podido elegir siete o cinco o doce e Ireneo lo "justificaría" numéricamente con el mismo poco fundamento, sin problemas. Hay números "mágicos" para todos los gustos y con mucho mejor fundamento que el 4 para convertirse en un motivo de elección.
    Creo que esto es evidente para cualquier persona con el mínimo sentido común. La irrelevancia de lo que pueda decir Ireneo sobre el número 4 para que se eligieran precisamente estos evangelios en el canon.

  • Comentario por Xabier 23.07.10 | 10:58

    Estimada Sofía:

    Puedo responderte un poquito sobre los números, pero no todo. Lo de que los evangelios no podían ser ni más ni menos que cuatro lo escribió Ireneo de Lyon. Ahí sí que hay una prueba.

    Lo del número siete es una hipótesis y no hay pruebas, aunque sí puedo dar fe de que el profesor Piñero no es el único que lo propone. Por ejemplo, curioseando en Google he encontrado un libro titulado "Akal historia de la literatura: El mundo medieval, 600-1400" que, a propósito de las 7 epístolas católicas dice que "el número siete es el resultado de una larga evolución que hay que contemplar a la luz de la formación del canon del Nuevo Testamento"

    ¿Por qué eligieron precisamente esos 4 evangelios? Porque se creía que eran apostólicos. ¿Y cómo se sabe que el contenido de un texto actual es diferente al primitivo? No lo sé, porque no soy filólogo, aunque a veces no hace falta ser filólogo para darse cuenta, como ocurre con Juan 21, que se nota a la le...

  • Comentario por Xabier 23.07.10 | 10:48

    Estimado profesor:

    Ha escrito -y no es la primera vez- que se dividió en dos partes una obra única: Lucas-Hechos, alineándose así con muchos autores, quizás la mayoría.

    Desde mi punto de vista de un simple lector analfabeto en Filología, tengo la sensación de que, si fue una obra única, los tres primeros versículos de Hechos sobran y estorban. ¿Cree que puede ser una interpolación?

    Cordialmente,

  • Comentario por Carmen P. 23.07.10 | 10:27

    Sofía: Como aclara la postal de hoy en su apéndice final, de los libros mencionados, algunos son en colaboración (Orígenes del cristianismo, Fuentes del Cristianismo, etc...). El libro "Guía para entender el Nuevo Testamento" es exclusivo del Pr. Piñero. Se lo recomiendo si no lo conoce. Como su nombre indica, no trata de los Apócrifos, que no es el único tema al que Piñero se ha dedicado. Que yo sepa, los Apócrifos no forman parte del NT.
    Saludos

  • Comentario por sofía 23.07.10 | 10:19

    O quizás se pretende que todo el mundo escriba los mismos libros, hablando exactamente de lo mismo y con el mismo enfoque, sostengan las mismas ideas y den las mismas bibliografías. No me parece muy lógico.
    Seguimos queriendo pluralidad, no pensamiento único.

  • Comentario por sofía 23.07.10 | 10:13

    Dice el Profesor Piñero:
    "Fue, por tanto, una obra de consenso y una aceptación explícita de la pluralidad dentro de la Gran iglesia."
    Que yo sepa eso es exactamente lo que dice el profesor Guijarro. Es más no creo que esa idea sea propiedad de nadie, porque es algo que el sentido común de cualquier persona puede detectar a simple vista.
    Pues eso. Eso dice Guijarro, al parecer, según las pocas citas de su obra que nos ha brindado un amable comentarista. Habrá que leer el libro para poderlo juzgar con justicia, porque no creo que se le esté haciendo. Prefiero no sacar conclusiones para no acabar totalmente decepcionada respecto a la "objetividad" que se autoproclama "no confesional"

  • Comentario por sofía 23.07.10 | 10:03

    ...plantea el Sr Guijarro. (faltaba el final de mi comentario anterior)

    El comentario de Carmen no estaba cuando he escrito el mío ¿Son esos libros del P. Piñero?
    Bien, seguro que son muy interesantes pero sigo pensando que si no se citan es porque el libro no trata sobre los apócrifos sino sobre los canónicos.
    No veo motivos para sentirse ofendido de que no le citen, a menos que hubieran utilizado ideas suyas sin decirlo.
    Saludos cordiales

  • Comentario por sofía 23.07.10 | 09:58

    Me parece normal que Santiago Guijarro no se dedique a escribir capítulos enteros sobre otros evangelios, si su libro trata precisamente sobre los cuatro q se consideraron canónicos.
    Pero si, como deduzco de las pocas citas que se ha dado de su obra considera que efectivamente el canon se debió a un acuerdo, teniendo en cuenta las características internas de esos evangelios que se incluyeron en el Canon, me parece q tiene todas las probabilidades de hacer el enfoque justo.

    Todo eso de los números es muy curioso (¿pruebas?), pero no nos explica por qué decidieron elegir esos 4 evangelios precisamente, casualmente con tanto acierto.
    No cabe duda d q los apócrifos deben ser muy interesantes y me gustaría saber cómo se puede deducir q en esos tiempos su contenido no era el de hoy y cuál era.

    Faltan los nombres de los autores, en esa bibliografía q nos sugiere el Sr Piñero. Sin duda es muy interesante para el estudio de otros temas distintos al q plante...

  • Comentario por Carmen P. 23.07.10 | 09:55

    Sr. Piñero: He leído y tengo en mi biblioteca los libros que menciona en el apéndice bibliográfico de hoy. Especialmente, su "Guía para entender el NT", me parece de una gran claridad expositiva y absolutamente didáctico. Me es muy útil. Y, aunque entiendo la modestia, por su implicación y autoría, creo que hace bien en recordarlos. Si el Sr. Guijarro no los recoge en la bibliografía de su libro puede deberse a desconocimiento -mal en un investigador-, o a aquello de que apreciamos más lo foráneo que lo propio, costumbre muy nuestra. En cualquier caso, mi pregunta sería: Respecto a la formación del Canon, ¿aporta este libro algo distinto o algún punto de vista novedoso? Muchas gracias por el blog. Es muy interesante y aprendo mucho. Saludos
    Carmen

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