El blog de Antonio Piñero

El núcleo de las ideas de Pablo, un hombre de dos mundos (III) (150-03)

16.07.10 | 06:59. Archivado en Pablo de Tarso
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Hoy escribe Antonio Piñero

Seguimos comentando el libro de C. J. den Heyer, Pablo, un hombre de dos mundos (El Almendro 2003).

Nuestro autor se pregunta qué pensaba Pablo de la ley de Moisés en sus “años obscuros”, es decir, de “formación”, a la vez que hacía algunos escarceos misioneros, como predicador dependiente de la iglesia de Antioquía. Probablemente, nada –responde- ya que mientras se dedicó Pablo a predicar a los judíos no debió de tocar el tema de la Ley, y ni era necesario.

Pero cuando se decidió a predicar plenamente a los gentiles, y esto fue más tarde, el judío helenístico que era Pablo, un hombre pragmático y más flexible que sus colegas fariseos de Palestina/Israel, debió de caer en la cuenta de que Dios tenía otros planes acerca de la salvación de los seres humanos: no podía llegar el fin del mundo y que al menos ciertos paganos buenos no participaran del mundo futuro. No se podían condenar en masa los paganos.

Por ello, poco a poco, llegó al convencimiento de que la Ley –gran obstáculo para la conversión de los gentiles- sólo podía tener una validez temporal, hasta la venida de Cristo- y que sólo y en todo caso podría ser válida para los judíos. De hecho incluso llega a postular para ellos Pablo que podrían salvarse sólo con la fe en Jesús aunque dejaran de cumplir una Ley obsoleta (posición de Gálatas).

Pero en la Epístola a los Romanos, echa Pablo marcha atrás. Volvió a resurgir el judío Pablo e hizo una encendida defensa de la Ley, aunque con toda claridad admitiendo su validez sólo para los judíos. Heyer insiste en que la teología de Pablo era “contextual”: se pronunciaba, avanzaba y precisaba según las circunstancias de sus lectores y según las ocasiones.

Heyer no obtiene aquí más consecuencias. Yo añadiría por mi cuenta que algunos investigadores (recuerdo de memoria un libro de H. Räisänen, aunque no me acuerdo del título exacto, en el que defiende que Pablo es un teólogo inconsecuente; casi lo tilda de un tanto inconstante y de opinión volátil, de cambiar de opinión según la audiencia que tenía ante sus ojos conforme a su dicho “Me hago todo a todos; con los judíos me muestro judío y con los griegos, griego”.

También dentro de la etapa de Pablo en Antioquía, como es natural, discute Heyer la posición de Pedro y la de Pablo a propósito de la famosa disputa relatada en Gál 2,11-14:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, me opuse a él cara a cara, porque era de condenar. 12 Porque antes de venir algunos de parte de Jacobo, él comía con los gentiles, pero cuando vinieron, empezó a retraerse y apartarse, porque temía a los de la circuncisión. 13 Y el resto de los judíos se le unió en su hipocresía, de tal manera que aun Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos. 14 Pero cuando vi que no andaban con rectitud en cuanto a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos”

Pienso que al leer los comentarios de Heyer a esta disputa se le nota un tanto la fobia antipetrina protestante (= iglesia romana) y su disposición interna positiva respecto a Pablo, pues destaca con rotundidad y nitidez la inconsecuencia de la posición de Pedro.

En efecto, la negativa de éste a comer con los gentiles, convertidos ya en seguidores plenos de Cristo, no casa, en primer lugar, con lo que transmite Mt 16,16-17: si Jesús fundó su iglesia sobre esa roca (= Pedro), éste debería comportarse como el jefe de todos los creyentes, no sólo de la facción judeocristiana más estricta.

Segundo, el presunto espíritu universal de Pedro tampoco casa con el desprecio que mostró hacia los pobres “helenistas” que huyeron de Jerusalén tras la muerte de su jefe, Esteban (Hch 8). Pedro se quedó en la capital…, tan tranquilo, con lo que demostró que nada quería saber con esos “aperturistas” iniciales hacia los paganos.

Tercero: el espíritu de Pedro, reflejado en la disputa antioquena, que hemos transcrito arriba, tampoco casa con la escena que pinta Lucas en Hch 10, 1-48: Pedro recibe en visión divina la revelación de que todos los alimentos son puros (cf especialmente Hch 10, 15 “De nuevo, por segunda vez, llegó a él una voz: Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro”. ¿Cómo es posible que este mismo Pedro que había recibido tal orden del cielo, y que llegó a bautizar al centurión Cornelio, ¡un pagano!, luego se retirara de comer con los paganocristianos, obedeciendo las órdenes de la gente de Santiago, venidas de Jerusalén, porque éstos comían “cosas impuras”?

Heyer muestra en estas páginas de su libro que el autor de Hechos dulcifica o distorsiona la historia, pretendiendo en este caso mostrar una unidad imposible en la iglesia primitiva, haciendo que el verdadero “inventor” de la misión a los paganos fuera Pedro (¡y por revelación divina!) y no Pablo. En estos puntos estoy de acuerdo con nuestro autor.

El tema del "decreto" en el Concilio de Jerusalén

Heyer apenas discute en profundidad el problema de cómo los Hechos de los apóstoles (cap. 15: “Concilio de Jerusalén”) afirman que Santiago, jefe de la iglesia jerusalemita, emitió un documento de consenso, compuesto de dos secciones Pablo ideas principales (más una tercera, de carácter práctico: dar limosna a los pobres de la comunidad madre, como muestra de unidad eclesial):

a) podía continuarse la misión a los gentiles;

b) éstos, sin embargo, debían cumplir ciertas normas de la Ley, las llamadas “leyes noáquicas” de Génesis 9,3ss, cuyo precepto más llamativo para un ex pagano era no ingerir carne con su sangre.

Heyer afirma que Pablo aceptó y “firmó” ese convenio, pero que luego no lo nombra y no lo cumple asqueado como estaba por el incumplimiento de la cláusula a) del mismo decreto por parte de los judeocristianos de Jerusalén,al oponerse en la práctica a su misión a los paganos

VALORACIÓN:

hemos indicado en notas anteriores, de hace ya tiempo, cómo la solución para el absoluto silencio de Pablo (tanto en Gálatas, como en resto de su correspondencia) respecto a este famoso decreto con tres prescripciones, y su falta de cumplimiento por su parte se explica mucho mejor si se supone que el autor de Hechos está confundiendo las fechas y mezclando las cosas. Ese decreto se produjo más tarde, no en el Concilio de Jerusalén.

En efecto, Pablo afirma rotundamente –y parece que tiene razón- en Gálatas 2, que en tal asamblea “Nada me impusieron”, es decir, que no hubo decreto alguno.

En mi opinión, y en la de otros muchos, este decreto nació después de la Asamblea o Concilio de Jerusalén, y en la propia y sola iglesia jerusalemita, por su cuenta, cuando vieron que se disparaban las conversiones de gentiles que no guardaban la Ley. Fue entonces cuando enviaron emisarios a Antioquía a urgir ciertas normas que ellos habían pensado que debían cumplir los conversos del paganismo, es decir las "leyes de Noé".

Y fue entonces cuando Pedro les hizo tanto caso, tanto que desde ese momento desistió de participar en la mesa común con los paganocristianos. Y además, otros “pesos pesados” de la iglesia de Antioquía, como el antiguo compañero de Pablo Bernabé, se unieron a Pedro en el cumplimiento de ese decreto, que en el fondo consagraba la división entre paganocristianos y judeocristianos.

Y entonces fue cuando Pablo se enfadó…, y pasado muy poco tiempo, dejó a Bernabé, a la comunidad de Antioquia, y con el refuerzo de Silas y Timoteo, inició su etapa de misionero independiente.

Esta me parece ser la mejor hipótesis y no la de Heyer que sitúa el conflicto entre Pedro y Pablo antes del Concilio de Jerusalén y como causa inmediata de que éste se celebrara…, en contra de los datos proporcionados por la Epístola a los Gálatas.

Concluiremos pronto.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

11 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por sofía 18.07.10 | 00:59

    Gracias por la aclaración.

  • Comentario por Xabier 17.07.10 | 09:57

    Sofía:

    No soy experto, pero creo que puedes tener razón. De hecho, en Apocalipsis 2 se habla de los ídolos y de la fornicación, pero no de la sangre.

  • Comentario por Xabier 17.07.10 | 09:48

    Estimado profesor:

    Muchas gracias por responderme.

    Sobre el choque de Pedro y Pablo, éste le dijo a Pedro que siendo judío vivía como un gentil. Quizás Pedro no era tan judaizante sino un bienqueda, como Pablo.

    Sobre la reconciliación de Pedro con el autor de Juan 21, tengo una hipótesis basada en los datos que nos da el cuarto evangelio, pero me da algo de miedo exponerla. No gustaría a los cristianos porque supone que la rivalidad entre la comunidad del discípulo amado y Pedro era más profunda de lo que se supone (p.e. Brown) y tampoco gustaría a los críticos porque supone que un proto-Juan tendría una fecha bastante temprana, antes de la muerte de Pedro (la edición definitiva es otra historia, sí que me convence la opinión mayoritaria de que es de fecha tardía)

    P.D. Si se duplica el mensaje, como me ha pasado dos veces, sugiero que se elimine el segundo

  • Comentario por Xabier 17.07.10 | 09:48

    Estimado profesor:

    Muchas gracias por responderme.

    Sobre el choque de Pedro y Pablo, éste le dijo a Pedro que siendo judío vivía como un gentil. Quizás Pedro no era tan judaizante sino un bienqueda, como Pablo.

    Sobre la reconciliación de Pedro con el autor de Juan 21, tengo una hipótesis basada en los datos que nos da el cuarto evangelio, pero me da algo de miedo exponerla. No gustaría a los cristianos porque supone que la rivalidad entre la comunidad del discípulo amado y Pedro era más profunda de lo que se supone (p.e. Brown) y tampoco gustaría a los críticos porque supone que un proto-Juan tendría una fecha bastante temprana, antes de la muerte de Pedro (la edición definitiva es otra historia, sí que me convence la opinión mayoritaria de que es de fecha tardía)

    P.D. Si se duplica el mensaje, como me ha pasado dos veces, sugiero que se elimine el segundo

  • Comentario por sofía 17.07.10 | 02:05

    Estimado Xabier,
    Siempre he supuesto que el problema de la carne sacrificada a los ídolos no era que tuviera sangre (aunque la tuviera), sino que había sido sacrificada a ídolos, por lo que parecería que se estaba comulgando con la idolatría al participar de esa comida.
    Por eso no lo relacionaba con las leyes noéticas sino con la idolatría.
    ¿El problema era realmente la sangre en esta carne, o la aparente aceptación de dioses extraños a Israel?

  • Comentario por galetel 17.07.10 | 00:27

    Desde mi punto de vista, Pablo fue sacando conclusiones universalistas muy acertadas a partir de lo recibido, sobre la escandalosa resurrección de un “maldito” (según la Ley judía) para ser nada menos que exaltado “a la diestra de Yahvé” (salmo 110).

    También le ayudó su condición de “judío helenístico”, sin duda; pero... ¿significaba esto ser poco judío? ¿o más bien era serlo de una manera más plena? ¿el judaísmo puede ser universalista sin dejar de serlo?

  • Comentario por Xabier 16.07.10 | 16:38

    ...a flor de piel.

    Sobre el origen del "decreto", me atrevo a formular una hipótesis, aunque reconozco que es especulativa.

    Si no estuviese donde está, Hch. 15:1 parece describir la crisis de Galacia. Cuando tiene lugar esta crisis, Pablo escribe Gálatas y, cuando va a Jerusalén con la colecta, se queja a Santiago. Allí pactan el contenido del decreto y la purificación de Pablo en el Templo.

    Como, al escribirse Hechos, la cuestión de los nicolaítas estaba vigente -no creo que éstos fuesen paulinos porque Pablo predicó duramente contra la fornicación-, Lucas teatraliza lo acordado, lo repite tres veces para combatirlos y lo antedata para legitimar a Pablo (típico de Lucas: el orden de los factores altera el producto, como ocurre con el bautismo de Jesús, etc.).

    ¿Y como justifica ante sus lectores efesios que Pablo no predicase acerca de los ídolos? Limitando el "decreto" a las iglesias de Antioquía, Siria y Cilicia (Hch. 15:23)

  • Comentario por Xabier 16.07.10 | 16:22

    Estimada Sofía:

    Estoy de acuerdo con la primera parte de tu mensaje (algo tuvo que ocurrir para que Agripa matase a Santiago -y algunos suponen que a Juan- y Pedro saliese por pies) pero no del todo en la segunda.

    Si se habló de las leyes noéticas, Pablo incumplió el acuerdo. Los corintios preguntaron a Pablo acerca de la comida sacrificada a los ídolos (1 Cor. 8), lo cual es señal de que Pablo no les había hablado de eso, pues, de haberles hablado, no le hubiesen preguntado.

    Sobre la cuestión del "Decreto", la posibilidad de que lo promulgase Santiago antes del encontronazo de Pedro y Pablo en Antioquía, es plausible, pero creo que hay más posibilidades. En cualquier caso, el "decreto" lo menciona Lucas ¡tres veces! ¿Por qué? Porque los lectores de Lucas-Hechos estaban en Éfeso (algunos expertos así lo creen y yo, que no lo soy, me adhiero a ellos) y, a juzgar por Apocalipsis 2, algunas de las cuestiones que trata el "decreto" estaban en Asia a f...

  • Comentario por Xabier 16.07.10 | 15:31

    Estimado profesor:

    Aunque sé que su agenda es apretada, quisiera hacerle algunas preguntas en público porque creo que su opinión puede interesar a todos los lectores:

    1. En Jerusalén, las columnas piden a Pablo que recuerde a los pobres y, los teólogos, suelen interpretar que se refieren a los pobres de "la comunidad madre", como dice Heyer. ¿No podrían querer decir que Pablo recuerde a los pobres por donde quiera que pase? Puesto que Gálatas no nombra a "los pobres de Jerusalén", me parece que es la interpretación más lógica, máxime teniendo en cuenta que no fue Pablo quién tomo la iniciativa de la gran colecta.

    2. En Corinto había un partido petrino y, al parecer, conocían a Bernabé, pues Pablo se refiere a él como un trabajador que no descansa, dando por supuesto que sus lectores saben de quién habla. Igualmente, se refiere implícitamente a Pedro como colaborador de Dios. ¿Cree que es indicio de reconciliación? A mí me lo parece claramente.

    Respuesta de Antonio Piñero:

    1. Es posible, desde luego su sugerencia. Pero si es verdad lo que dicewn los Hechos sobre la vida en común, la venta de bienes de los miembros de la comunidad en los caps. 4 y 5 (por supuesto, a la baja) y el retraso de la parusía, es de esperar que la comunidad de Jerusalén estuviera en la más absoluta indigencia.

    2. No me queda claro. Y veo difícil una reconciliación si Pedro y Pablo fuieron consecuentes con sus ideas. Para mí, sin embargo, es una suerte de enigma explicar cómo el mismo Pablo acepta la primacía de Pedro (1 Cor 15: 1ª aparición de Jesús); cómo la acepta también el último redactor del Evangelio de Juan (cap. 21), cuya teología esencial es paulina, y cómo luego la Gran Iglesia se afirma "apostólica", refiriéndose no sólo a Pablo, sino a los Doce y a Pedro, siendo así que esa misma "Gran Iglesia" a finales del siglo II es fundamentalmente paulina, como creo que lo demuestra la constitución del canon del Nuevo Testamento.

    Todo ello apunta a una cierta reconciliación de las dos tendencias..., pero una reconciliación que no tuvo lugar en vida de los dos -opino-, sino muertos ya los dos "apóstoles", Pedro y Pablo, cuando cambian las ideas profundamente en la mente de sus discípulos. Muestra de ellos es que las dos cartas "petrinas" del NT, 1 2 Pedro, son paulinas en su teologia fundamental. La que vence es la teologia paulina.

    En síntesis, pienso que la reconciliación fue obra de la generación siguiente, no en vida de Pablo.

  • Comentario por sofía 16.07.10 | 09:55

    Y la actitud de "hacerse todo a todos" de Pablo no tiene nada que ver con la consistencia o inconsistencia teológica. Es una norma psicológica que resulta muy adecuada y no va contra los principios de alguien que piensa que se pueden relativizar las normas en tanto en cuanto lo que importa es que puedan estar al servicio del espíritu. Lo secundario no debe ocupar el lugar de lo esencial llegando a convertirse en un obstáculo en vez de en un medio adecuado. Tiene consistencia lógica, al menos.

  • Comentario por sofía 16.07.10 | 09:48

    Tiene razón en que Heyer es injustificadamente antipetrino.
    No tengo la sensación de que Pedro se quedara tranquilamente en Jerusalén. De hecho también fue perseguido así que su "tranquilidad" no la veo por ninguna parte.
    Sí creo que intentó mantenerse con unos y con otros, y por eso Pablo le acusa de hipocresía, como a Bernabé, pero no se deduce que se enemistara con ninguno de los dos definitivamente. El problema no creo que consistiera en ese precepto de la carne y la sangre. Pablo no dice nada de eso.
    Lo de las leyes noéticas en el concilio de Jerusalén anterior a Galatas, es perfectamente posible. En el concilio no se habló más que de las leyes noéticas y el conflicto de Pablo y los judaizantes que rechazaban a los gentiles estaba centrado ante todo en la circuncisión y después en las comidas comunitarias de judíos con gentiles, no en el hecho de que la carne que comían los gentiles tuviera sangre o no la tuviera. De eso no habla para nada.


    Apostilla simple de Antonio Piñero:

    Distinguimos entrre "noético" y "noáquico". El primer adjetivo procede del griego noûs, mnente inteleigencia; leyes noéticas serían leyes de la inteligencia. "Noáquico", procede del hebreo y latín Noah, españolizado Noé; leyes "noáquicas" serían las que dio Dios a Noé tras el Diluvio, según Gen 9: que son más o menos un resumen del Decálogo con la insistencia en no cometer fornicación, no caer en idolatría y no mezclar la carne con la sangre por respeto al poder de Dios manifestado en esta última: la sangre es la vida y la vida sólo es de Dios (Gn 9,4ss y Lv 7,26).

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