El blog de Antonio Piñero

La resurrección de Jesús. Apostillas a la obra de G. Vermes (y V) (149-05)

11.07.10 | 07:02. Archivado en Jesús histórico, Judaísmo
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Hoy escribe Antonio Piñero

Concluimos esta miniserie con algunas apostillas a la obra de G. Vermes, La resurrección (“Ares y Mares” 2008).

En conjunto estoy de acuerdo con la argumentación de Geza Vermes en sus líneas generales. Sigo pensando que los judíos, expertos en cristianismo y que a la vez conocen desde pequeños todo el corpus, inmenso, de literatura rabínica o prerrabínica: apócrifos del Antiguo Testamento, Qumrán, targumim, midrahism, Misná más aledaños (Tosefta, Sifra, Sifre), junto con los dos Talmudes, tienen una inmensa ventaja sobre los cristianos, no formados convenientemente en ese inmenso corpus (como mínimo varios centenares de veces más amplio que el Nuevo Testamento) desde pequeñitos.

Esas lecturas, y su conocimiento a fondo del siglo I, hacen que tengan los eruditos judíos un “ojo” especial para interpretar el Nuevo Testamento, al fin y al cabo un producto netamente judío de la primera centuria, incluido Lucas (fuera o no converso… ni importa para el argumento). Quizá E. P. Sanders es el único entre los cristianos que puede igualarse a ellos hasta cierto punto en conocimiento, aparte del famoso Billerbeck (y su poco ético socio Strack, que sólo corrigió la obra y se puso el primero en el título), quien hizo un comentario al Nuevo Testamento en seis volúmenes aportando todos los textos paralelos del Talmud y de los midrasim .


Por ello, por ejemplo, jamás pueden despreciarse sus interpretaciones por aventuradas y demasiado judías, sino que hay que estudiarlas y estudiarlas una y otra vez. De ese modo, deben tenerse siempre en cuenta las interpretaciones de Jesús y del Nuevo Testamento de ilustres investigadores judíos como Klausner, D. Flusser, Ben Chorim, Hyam Maccoby, Paul Winter y tantos otros que me dejo en el tintero (el mismísimo R. Schnackenburg publicó un extenso artículo acerca de la investigación judía sobre Jesús en el siglo XX).

Y este es el caso del presente libro: Vermes es uno de esos estudiosos judíos a tener muy en cuenta. Sin embargo, tengo un “pero” fundamental respecto a él en esta obra: es un libro demasiado rápido y tajante. Con frecuencia, por el deseo de hacer un volumen popular, concentrado y breve, omite el análisis de textos claves, o indirectamente claves esparcidos por los evangelios, y emite juicios demasiado tajantes con pocas líneas de análisis.

Así, por ejemplo, Vermes no discute el importante pasaje de “No beberé de nuevo del fruto de la vid hasta que se cumpla en el reino de Dios” (Lc 22,16, sin paralelos). Es éste un dicho probablemente auténtico -por el criterio de semejanza con otros dichos de Jesús que parecen indudablemente auténticos- y que encaja muy bien en la escatología del Nazareno.

Pues bien, este dicho supone, previamente a 1 Tesalonicenses 4,13ss (que Vermes señala como inicio en el cristianismo de una conciencia plena de la resurrección de los cristianos muertos antes de la venida esperada del reino de Dios), que Jesús preveía su muerte y que participaba de una creencia, muy posiblemente común, no sólo en su grupo, de que los muertos fieles –él incluido- resucitarían antes de la venida del Reino, si se retrasase…, y resucitarían para participar en él corporalmente y gozar de sus bendiciones, tanto materiales como espirituales. Y esta noción, ciertamente popular –estimo- es la que soporta la creencia del milenio (es decir, en la tierra) en el Apocalipsis, el autor más judeocristiano del Nuevo Testamento.

Y Vermes, al no tratar este pasaje clave de Lucas, se olvida también del pasaje de IV Esdras 7,26ss que menciona la realidad de que el mesías morirá al final del reino mesiánico en la tierra, y luego resucitará para participar en el Juicio y en el reino mesiánico definitivo, probablemente ultramundano.

Aunque el paralelo de los textos (Lucas-IV Esdras) no sea totalmente exacto, sí apunta a la idea de que el concepto de mesías pudo albergar la idea de que había de morir antes de la instauración del reino de Dios y que, naturalmente había de resucitar… también corporalmente.

También considero demasiado arriesgado por parte de Vermes el rebajar el nivel a casi a nada de la extensión de la idea de la resurrección entre el pueblo judío en tiempos de Jesús, sólo porque lo albergaban únicamente los fariseos. Quizá Vermes minimiza (también con Sanders) el influjo de los fariseos entre el pueblo judío de la época.

Igualmente Vermes se inclina a pensar que los esenios no defendían la resurrección corporal. Pero hemos indicado cinco textos claros (de 1QS, de 1QH y 4Q521: véase la postal II de esta semana) –entre otros muchos silencios y oscuridades…-, que creo que bastan para no eliminar tajantemente a los esenios de la defensa de esta creencia. En mi opinión, hay que contarlos entre los que creían en la resurrección de la carne y no sólo pensaban en la inmortalidad del alma.

En otros casos también, los análisis me han parecido ultrarrápidos y carentes de la necesaria complejidad de matices. Son resueltos por Vermes de un “plumazo”, en dos frases o así, cuando se han escrito libros y libros sobre el tema que nos dejan entrever que la cuestión es más compleja.

Igualmente veo que la prisa editorial lleva a Vermes a no ser tan preciso como debiera, como cuando habla que el “Nuevo Testamento relaciona a Juan Bautista con Elías resucitado (sic)” (p. 138). En verdad, en la tradición judía Elías no resucita porque no muere nunca. Es un caso, entro otros pocos como el de Henoc, de la noción luego tradicional (citamos 2 Reyes 2,1. 11) de una asunción al cielo sin muerte alguna. Elías no resucita, sino que como sigue vivo, bajará a la tierra a fungir el cargo de precursor del mesías, o bien –como en el caso de Eliseo, su discípulo, en el mismo capítulo de 2 Reyes- hará que una porción de su espíritu baje a la tierra por obra de Dios, y se introduzca en el cuerpo de otro hombre, Juan Bautista o Jesús mismo, por ejemplo.

Pero aparte de imprecisiones, ciertas omisiones y prisas, el libro de Vermes es en extremo juicioso cuando juzga los textos neotestamentarios (la traductora del libro emplea el neologismo de “novotestamentarios” en múltiples ocasiones en vez del consagrado “neotestamentarios”) certeramente y deduce conclusiones tajantes y rápidas. Vermes se une a Reimarus, Strauss y Bruno Bauer cuando analiza concienzudamente los textos evangélicos y demás sobre la resurrección y apariciones y los considera confusos, mezcla de tradiciones inconciliables, y contradictorios.

Si no fuera porque se trata del caso nuclear cristiano, la metodología histórica firmemente asentada hoy día consideraría –de un plumazo también y sin necesidad de pensar mucho, porque es evidente- que los testimonios aducidos en los textos del Nuevo Testamento sobre la resurrección de Jesús no prueban nada. Son iguales a otros juzgados muy duramente por los historiadores profesionales. Estos historiadores -cuando abordan otros casos similares de la historia antigua de tradiciones contrarias-, rechazan su historicidad como poco probables y espurios, porque tales textos por los mismos argumentos, porque son notablemente confusos, inconciliables y contradictorios.

Creo que la solución a las cuestiones en torno a la resurrección apuntada por Vermes (experiencias místicas colectivas, reales, pero difíciles de explicar racionalmente), ciertamente no es original, pero es defendida por muchos investigadores.

Considerar que la creencia en la resurrección física del cuerpo de Jesús es deudora de una mentalidad de la época que creía firmemente en toda clase de fenómenos espirituales (raptos del alma, viajes celestes, etc.) y que expresaba con el concepto de resurrección la sensación íntima de que el difunto, quien fuera, vivía entre el grupo de un modo real, pero espiritualmente, es muy razonable. Dijimos que Vermes, con muchos otros, considera las apariciones –sin entrar en más honduras- fenómenos realmente místicos, en este caso individuales y colectivos, como tantos otros en la historia de la mística.

De hecho teólogos católicos como Torres Queiruga y R. Haight, y muchos otros más, caminan por estas vías, cuando destacan que, muy probablemente, las primeras ideas acerca de la resurrección de Jesús en sus primero seguidores no implicaban una resurrección del cuerpo de Jesús, sino una exaltación, elevación de su espíritu cabe el Padre de todos. Es decir, los primeros cristianos tenían una idea de la resurrección de Jesús más bien espiritual, no sensible.

La “noticia” de la tumba vacía es una leyenda apologética cristiana que nace posteriormente, para defenderse de los judíos, quienes ante las afirmaciones por parte de los judeocristianos de que Jesús había “resucitado” y vivía espiritualmente entre ellos, comenzaron a propalar la idea de que el cadáver de Jesús había sido en realidad robado por sus propios discípulos (posible explicación del nacimiento fraudulento de la creencia, luego adoptada por Reimarus; en general hoy no se sostiene).

Además, la idea de una resurrección con cuerpo “craso”, que aparece sólo en Lucas (Lc 24,30. 41) y en el Evangelio de Juan (cap. 21 sobre todo: Jesús como y bebe también) es muy tardía en el cristianismo, de finales del siglo I, y sirve sólo para fortalecer ante los increyentes la fe en la resurrección de Jesús. Antes, probablemente, de la aparición de los evangelios de Lucas y Juan (entre el 90-100 d.C.) no se había planteado así la resurrección entre los cristianos, como hemos sostenido.

Y la diversidad de tradiciones sobre las apariciones se aclara posiblemente de un modo parecido al que he escrito en la Guía para entender el Nuevo Testamento (32008, pp. 228-229):

"La disparidad e incluso contradicciones de los testimonios que nos hablan de la resurrección de Jesús (p. ) hace que muchos de los historiadores del cristianismo primitivo piensen que es imposible que la creencia en esta resurrección se generase en Jerusalén: un grupo cohesionado y pequeño no pudo dar lugar a tradiciones tan dispares y contradictorias. Pero este mismo argumento es válido para negar su nacimiento en cualquier otro lugar, Antioquía por ejemplo. A pesar de la disparidad de tradiciones textuales sobre este evento, no es imposible que tras un período de dudas se apoderara pronto del grupo apiñado en Jerusalén la idea de que el Maestro seguía vivo de algún modo: la vivencia era la misma en todos (la creencia en la resurrección), pero la expresión de esa vivencia (las tradiciones que hablan de ella) se realizó por personas diferentes y en lugares diferentes, allí donde se creía haber gozado de una aparición del Resucitado… en Emaús, en Jerusalén, más tarde en Galilea….

Esto “explica” más o menos que la vivencia de la resurrección fuera común a muchos, pero que se generaran tradiciones muy dispares: cada uno contaba su experiencia como le parecía. Ello dio origen a líneas diversas de tradiciones y leyendas complementarias; por ello los relatos de las apariciones son tan diferentes y contradictorios. Unos afirmaban que Jesús se había presentado ante sus discípulos como dotado de un cuerpo etéreo y casi transparente, que podía atravesar las paredes (Lc,24,36-37); otros que lo habían visto como un cuerpo real que podía comer (Jn 21,12) y ser palpado (Jn 20,17.25). Poco a poco a estos relatos de apariciones se unieron otras historias –también provenientes de diversas personas y por tanto diferentes— acerca de la tumba vacía de Jesús. Todo el conjunto se desarrolló durante decenios.

En síntesis, pues, y a pesar de las prisas, libro interesante, complejo, superficial y denso a la vez, rico en ideas y sintético, de Geza Vermes sobre la resurrección. Digno de leerse.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

18 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por J.P. 11.07.10 | 19:58

    Lucas: por supuesto, pero hay que atender primero a la naturaleza del libro que se trae a discusión. No se trata de una obra que pretenda ser definitiva, ni tampoco pretende traer todas las posibles citas que se puedan relacionar con la resurrección y discutirlas hasta la coma. Como dijo el profesor, ya existe por ejemplo el voluminoso trabajo de N. T. Wright. Los textos aportados por Vermes son suficientes para comprender el proceso que se da dentro del judaísmo, y como toda obra sintética supone un esfuerzo previo por parte de su autor que no siempre se aprecia. Y sobre el conflicto judaísmo-cristianismo, yo no lo he percibido cuando he leído a Vermes. Y, por supuesto, usted es muy libre de sostener una opinión contraria a la de Vermes o a la del profesor. 

  • Comentario por Lucas 11.07.10 | 19:26

    J.P.

    En cualquier diccionario Bíblico, por ej. el de León-Dufour, se pueden encontrar más citas sobe la resurrección o cualquier otro tema, que las que propne Vermes o el Profesor Piñero. La superficilidad o profundidad está en la exégsis o ingerpretación de las mismas. No es ninguna novedad decir que los Judíos h acen de ellas una lectura distinta de los cristianos. El viejo conflicto judeo-criwtiano sigue vivo. Como alguien dijo: nos une la Fe de Jesús, pero son separa la Fe en Jesús. En contra de lo que afirma el profesor de filología, sostengo que Jesús no era un judío piadoso, fiel cumplidor de la ley.
    Eso, me enseñaron.

  • Comentario por J.P. 11.07.10 | 18:20

    Lucas: sería ridículo discutir sobre ambas instituciones.

    Yo le puedo dar mi opinión de por qué me puede resultar el libro denso y superficial, aunque quizás no sean las palabras más justas. Denso, por la profundidad del tema tratado, por el trabajo que se intuye detrás de cada afirmación y por la apoyatura de fuentes y textos que acompaña al discurso. Superficial porque, como dice el profesor, muchas veces despacha algunos asuntos con un par de frases que le hacen parecer más categórico de lo que seguramente él es y que en alguna también hace que uno se quede falto de mayor explicación, y que podría haberse resuelto con notas al final del texto remitiendo a otros trabajos donde poder confrontar sus afirmaciones. Si se conoce la bibliografía básica o la escueta que proporciona el libro, o algunos trabajos previos del autor, se puede rastrear. Supongo que habrá sido una imposición editorial para no espantar a la "clientela".

    Y haya paz, señores. Saludos cordial...

  • Comentario por A. P. 11.07.10 | 14:37

    Como decía un comentarista, hay algunos que" tiran piedras y esconden" la mano, aunque se les vea colgando su mala baba.

  • Comentario por Xabier 11.07.10 | 14:15

    Lucas:

    Disculpa si te he ofendido. Mi comentario no era exclusivamente por ti. Hay varios comentaristas que siempre defienden a Hans Küng (nada que objetar, yo mismo le tengo mucho respeto) y critican de forma poco respetuosa a quién no piensa como él.

    No he pretendido esconder la mano. Lo que ocurre es que no me gusta citar nombres de comentaristas en una postal en la que no han intervenido. Ni siquiera lo hago con algún comentarista a quién, por varias razones, desprecio profundamente.

    Y, sobre Hans Küng: http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php/2009/11/03/p253679

  • Comentario por Manue 11.07.10 | 12:55

    Volviendo al sentido mesiánico, ese “No beberé de nuevo del fruto de la vid hasta que se cumpla en el reino de Dios” (Lc 22,16) bien pudiera ser, en efecto, algo dicho por Jesús. Pero ¿dónde está ahí, me refiero a la frase aislada, que es lo que podríamos considerar auténtico, la creencia en que morirá y resucitará? Cuando los judíos prometen no comer hasta haber acabado con la vida de Pablo, ciertamente no están prometiendo morir primero de hambre y luego disfrutar de una ejecución y una comida; creo que lo que Jesús espera es reinar pronto: promete volver a beber en cuanto se cumpla (la promesa de) el reino de Dios. Hasta que sea el rey.
    La Resurrección final es posterior. Aunque la duración del Reino es indeterminada, se le atribuye a menudo una duración de 1.000 años. Es entonces cuando el Mesías, junto al resto de los humanos que hayan sobrevivido hasta el último momento verán venir (bajar) a Dios que juzgará a los vivos y los muertos (resucitados) dando fin al (actual) mund...

  • Comentario por Manue 11.07.10 | 12:46

    La esperanza mesiánica de Pablo es la Venida del Segundo Adán, del Mesías Salvador que vendrá a presidir el Reino (terrenal) del final de los tiempos, en el que los miembros de su iglesia, los "los santos", tendrán un lugar privilegiado porque han tenido fe en Cristo, conocido y esperado su venida, para la que se han preparado y sufrido una gran tribulación.
    Pero la resurrección del Jesús de Pablo es una copia de otras tantas del mundo grecorromano, a su vez influido por tradiciones persas, sirias y egipcias.
    ¿Cómo, dónde y cuándo pasa a ser creencia que un personaje histórico, ejecutado por sedición por el poder romano, con Pilato como agente necesario, es el mismo que esa otra entidad a la que crucificaron "los poderes que rigen este mundo"?
    No creo que ningún judío del siglo I creyera que Jesús (me refiero a un hombre real, al galileo ejecutado por postularse Mesías) creyera en su resurrección. Cuando se funden tradiciones extrañas con sucesos reales es el tema que...

  • Comentario por Manue 11.07.10 | 12:37

    y buena parte de ese pueblo judío que esperaba la llegada del Reino mesiánico (querido o prometido por Dios, al que cabe llamar sólo en este sentido metafórico "Reino de Dios") cree que, una vez lograda la concordia y prosperidad fraternal prometidas para el Final de los Tiempos, vendrá la Resurrección y el disfrute eterno del Reino de Dios (esta vez postmortem, que tal es la promesa a la que aboca la creencia escatológica del siglo I y tal vez desde el siglo II aC.).
    No creo que esta resurrección final tenga nada que ver, ni como creencia, con la resurrección (nunca preconocida, ni esperada por esos judíos seguidores directos de Jesús) particular de Jesús, que acaece "al tercer día" y a la que se dota de un final harto extraño y un posterior significado salvífico (o redentor) que lleva a hacernos virtualmente indistinguibles el mito de Jesús de otros varios, de origen egipcio, persa, griego o sirio.
    Claro que la propuesta de Pablo es otra y parece desde un principio mítica...

  • Comentario por Manue 11.07.10 | 12:28

    Agradezco al profesor Piñero sus reseñas de libros y aportes personales. Sus análisis son siempre mesurados, cuidadosos en extremo (tal vez hasta en exceso, por no ofender a algún creyente proclive) y en especial acordes con la historia palestina y el universo judío. Pero detecto cierta tendencia no tan fundada a considerar precoces y genuinas ciertas tradiciones que no casan tanto con ese mundo judaico del siglo I.
    Una tradición que se úne al Jesús histórico para deformarlo hasta convertirlo en mítico es la divinización (que no compartían sus discípulos o seguidores directos); la consideración de Hijo de Dios en un sentido teológico directo, ni siquiera paulino; y aun la Resurrección como empresa salvífica al estilo helenístico.
    No imagino a judíos nacionalistas y ortodoxos del siglo I diciendo que están siguiendo a Dios o a un Hijo de su naturaleza (ningún autor judío como Vermes puede incurrir en atentar contra el "Dios es Uno").
    Y sin embargo... esenios, fariseos ...

  • Comentario por Manue 11.07.10 | 12:19

    Xabier: Para Vd. Doherty escribe "basura" y Conde Torrens no hace (pese a su teoría conspirativa, cuya parte supuestamente cifrada no comparto) ninguna crítica productiva en un sentido que pueda equiparse a las aportaciones de otros comentaristas citados. No sé por qué salva en cambio a Wells, aunque imagino que Cascioli (no sé quién es Carotta) tampoco le merece una simple lectura. Y, sin embargo, una y otra vez hallo comentarios que están muy por debajo de estos autores y (salvando la parte de Conde Torrens que no comparto, claro está) dan mucho más por supuesto. Otros autores que estimo serios son CB Carcenac Pujol y su mentor Llogarí Pujol; o sus precursores en la propuesta: Alvin Boyd Kuhn (1881 - 1963); Gerald Massey (1828 - 1908); Godfrey Higgins (1771-1834). Tal vez a otro nivel más divulgativo (y con alguna carencia como las denunciadas en alguno de los libros aquí comentados) no sea poco seria la primera mitad de la obra de Acharya.
    Al menos no menos que algunos comenta...

  • Comentario por Lucas 11.07.10 | 11:38

    J.P.
    No vamos a montar aquí una guerra entre Lovaina y el Bíblico de Roma. Yo conozco más a éste, y acepto las tesis que sobre temas tan discutibles, defiende. En este momento no sé si rechazo más aVermes por su "superficialidad o por su densidad", (Piñero dixit) Sigo esperando que el Profesor de Filología me lo aclare.
    También le seguiré pidiendo que exponga alguna vez las tesis que defiende el Profesor Hans Küng.
    Sigo considerando científicamente más honesto que en los temas opinables se expongan las tesis que defienden unos y otros. Y si se puede que se refuten aquellas con las que uno no está de acuerdo.

    Xabier: No tires la piedra y escondas la mano. te considero más valiente.

  • Comentario por Antón Pirulero 11.07.10 | 10:31

    ¿Realmente los guías y contraguías buscan el bien de los que parecen andar perdidos?

    ¿No sería mejor eliminar todas las direcciones en todas las encrucijadas vitales y religiosas de nuestros desiertos a las que nos tienen sometidos los "ciceronis-macarronis" de turno?

    ¿Por qué no nos dejan salvarnos solos y condenarnos solos... o e definitiva a solas con Dios... como en el desierto?

    Porque parece haber guías institucionales y contraguías institucionalizados... ¿No sería bueno un pacto de no agresión, o mejor de abstención, o de especialización, o de no intrusismo, o de "cada loco con su tema", o de "cada mochuelo a su olivo"?

    Si me hicierais caso, ¡ gracias!... Mañana se producirá un gran silencio, un vacío cósmico, que cada uno rellenará a su manera. ¡Qué bien!

  • Comentario por Xabier 11.07.10 | 10:30

    JP:

    Hay comentaristas que tienen fe en algún autor y desprecian a los autores que piensan distinto, aunque tengan un curriculum tan respetable como Vermes.

    Algunos tienen fe en Hans Küng y saltan en cuanto alguien dice algo diferente a él. Por lo menos tienen fe en alguien respetable. Algunos comentaristas fijos o esporádicos han expresado fe en autores de libros-basura como Carotta, Doherty o Conde Torréns, que han escrito porquerías pensando en gente crédula que se cree la teoría de la conspiración más inverosímil.

  • Comentario por Antón Pirulero 11.07.10 | 10:11

    ¿Puede tener esto solución?

    ¿No sigue siendo válido aquello de que "el mejor juicio y la sentencia más verdadera es la que aún no se ha dicho ni formulado"?

    ¿No sería preferible el nihilismo y el mutismo en toda relación humana específicamente en la faceta religiosa?

    La consecuencia inmediata sería el autismo...Pero ¡bendito autismo que nos libera de tanto intrusismo!.

    ¿No hubiera sido mejor, que como Jesús, nadie hubiera escrito ni una palabra de religión? Así no podríamos decir que tienen sesgo o que buscan sus intereses falsos o que se lo inventan , o que "se lo imaginan y creen"...pero que con toda evidencia es falso...

    ¡Qué lejos estamos de la Tierra Prometida, qué largos son estos (no 40, sino 4 millones de años de andar por el desierto...!

    ¿Realmente son necesarios estos guías y contraguías para no perderse por el desierto?

    ¿Realmente los guías y contraguías buscan el bien de los que pa...

  • Comentario por J.P. 11.07.10 | 10:10

    Muchas gracias al profesor por el análisis del libro. Coincido en ese sentimiento contradictorio, y en la valoración global. Aunque me sigue gustando más la primera parte, aunque sintética.

    Lucas: el Gran Sabio Judío es doctor en teología por la Universidad Católica de Lovaina (donde estudio teología e historia y lenguas orientales; nada que no pueda consultarse en internet) y fue profesor de estudios judíos de Oxford. Seguramente, nada de esto le capacita para escribir sobre este tema.

  • Comentario por Lucas 11.07.10 | 09:54

    Supongo que el Gran sabio Judío, Vermes, superficial y denso (sic) como lo califica el Sr. Piñero, podría mejorar sus interpretaciones, (algunas sejantes a ls del cura de mi pueblo), si cursase en el Bíblico que los Jesuitas tienen en Roma los cinco cusos que allí se imparten sobre el A. y el N. T.
    Aunque me consta que a Ud. no le gusta oir hablar de H.Küng, me atrevo a recomendarle la lectura que sobre Génesis de la Fe, hace el Insgne teólogo, en su obra SER CRISTIANO, En él encontrará respuestas a preguntas como estas: ¿Surgió la Fe de la reflexión de los discípulos? ¿Nació la fe de nuevas experiencias de los discípulos? ¿Qué significan las apariciones?
    Finalmente me gustaría leer algun comentario suyo a cerca de cómo se puede ser superficial y denso al mismo tiempo.

  • Comentario por Xabier 11.07.10 | 08:49

    En cuanto a las contradicciones sobre la resurrección, algunas pueden ser aparentes (p.e las de las mujeres que fueron a la tumba), otras irrelevantes (salvo que se dé credibilidad -yo no se la doy- a los ángeles) y otras, efectivamente, no hay por dónde agarrarlas.

    Ahora bien, yo me pregunto. ¿Pueden deberse algunas de estas contradicciones a la tendencia de los evangelistas? Un ejemplo. En Marcos, se dice que Jesús se aparecerá en Galilea (Mc. 14:28, 16:7), lo cual sigue también Mateo. Lucas, conociendo el Evangelio de Marcos, lo sitúa en Jerusalén, pero no creo que se deba a tradiciones diferentes. Su evangelio empieza en el Templo de Jerusalén y también acaba en el Templo: parece que quiere hacer un planteamiento circular de forma que su libro empiece y acabe en el Templo.

    Resumiendo y reiterano ¿No pueden deberse algunas -no todas- de estas contradiccinoes a cuestiones teológicas?

  • Comentario por Xabier 11.07.10 | 08:35

    Según Lucas, el cuerpo de Jesús resucitado, efectivamente, puede atravesar pareces, pero también puede comer (Lc. 24:39-43). El de Juan también puede atravesar puertas (los discípulos tenían cerradas las puertas...entonces se presentó Jesús en medio de ellos). No hay entre ambos ninguna contradicción.

    Esto encaja con lo que dice Pablo: Jesús resucitado tenía un cuerpo glorioso.

    Sobre lo de que Jesús comiese y pudiese ser tocado, uno que no se lo cree pregunta: teniendo en cuenta que Lucas escribió para una comunidad con muchos gentiles (muy probablemente en Éfeso) y Juan, probablemente también, ¿es posible que los griegos dijesen que vieron un espíritu y que los autores quisieran desmentirlo diciendo que ni vieron un espíritu y que tampoco fue la revivificación de un cadáver?

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