El blog de Antonio Piñero

La resurrección de Jesús, según Geza Vermes (III) (149-03)

09.07.10 | 07:03. Archivado en Jesús histórico, Judaísmo
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Hoy escribe Antonio Piñero

Como decíamos en la nota de ayer, Vermes sostiene que el peso, en número de personas, de los que creían en la “resurrección de la carne” era escaso en el Israel del siglo I.

En efecto, afirma, si tenemos en consideración que a los saduceos, negadores de la resurrección, hay que añadirle la mayoría de los sacerdotes de Jerusalén= más de 20.000; si se duda de que los esenios abrazaron todos la creencia en la resurrección (véase la nota anterior); si se piensa que sólo los fariseos sostenían esta doctrina con toda seguridad, pero que eran poco más de seis o siete mil en toda Judea, y que había muy pocos en Galilea; si se piensa también que los judíos de la Diáspora sólo aceptaban la inmortalidad del alma –al modo griego- y no la resurrección del cuerpo, se llega claramente a la conclusión de que no eran muchos en Israel (que contaba en el siglo I con unas 600.000 personas) los que creían en la resurrección de la carne en tiempos de Jesús.

Los testimonios de la arqueología (inscripciones en tumbas claramente judías) muestra un panorama similar. Normalmente para el siglo I aparece dibujada la menorá, candelabro judío de siete brazos del Templo) en los monumentos sepulcrales, o una rama de palmera o una cidra (fruto del cidro, árbol semejante al limón, pero cuyo fruto es muchas veces más grande y esférico), tenemos que confesar que tales representaciones suelen significar una creencia en la vida futura = inmortalidad del alma espiritual, pero no necesariamente en la resurrección de la carne; bastaba con esa idea de la inmortalidad del alma.

Igualmente las palabras de despedida escritas en las tumbas (epígrafes o inscripciones sepulcrales) en catacumbas judías, en el cementerio de Beth Shearim y en otros lugares, pocas veces afirman claramente la resurrección de la carne, y se contentan también con expresar la inmortalidad (del alma) o un sentimiento aún muy judío de que con la vida aquí abajo se acaba todo. Además, en los textos rabínicos (Misná y similares) sólo parece claramente la creencia en la resurrección como bien común de la religión judía desde el siglo III d.C., cuando los sucesores de los fariseos y de los escribas dominaban ya completamente el pensamiento religioso judío.

Total que –según Vermes- extraña un poco el que Jesús creyese tan firmemente en la resurrección de la carne y que los cristianos hicieran de la resurrección de Jesús uno de los centros de sus creencias. En esto eran especialmente de tendencia farisea.

En su libro, Vermes estudia además la conexión de la idea de la resurrección con la de “vida eterna”, tanto en Jesús como en el pensamiento propio de los evangelistas (pasajes redaccionales), distinguiendo claramente lo que le parece más histórico -lo transmitido por los Evangelios Sinópticos acerca de Jesús- de la teología del evangelista “Juan”, que escribe a finales del siglo I y expresa más su teología que el pensamiento o las palabras de Jesús.

Constata Vermes que tratamientos explícitos y expresos de la resurrección según el pensamiento seguro de Jesús (es decir, diferenciándolo de las predicciones de su propia resurrección, que son dudosas históricamente pro ser demasiado concordantes con lo que luego ocurrió) sólo hay dos textos. Uno muy general: Lc 14, 13-14:

“13 Antes bien, cuando ofrezcas un banquete, llama a pobres, mancos, cojos, ciegos, 14 y serás bienaventurado, ya que ellos no tienen para recompensarte; pues tú serás recompensado en la resurrección de los justos”;

y la disputa con los saduceos en Mc 12,18-25 (y su copia por Mt y Lc: La mujer que muere después de haber tenido siete maridos…).

Vermes opina que este último pasaje no es auténticamente histórico, pues refleja un ambiente ficticio, más bien propio de las disputas de la iglesia primitiva judeocristiana con los saduceos, pero que la idea en sí de la resurrección encaja bien con lo que podría haber pensado Jesús. De todos modos, si se lee la versión de Lucas sobre todo, 20,27-36, se observará que Jesús insiste en que los que resuciten, los “hijos de la resurrección”, no se casarán, ni serán dados en matrimonio; serán como ángeles. Por tanto, concluye Vermes, en estricto sentido, cuando Jesús habla de la “resurrección”, no tiene estrictamente en cuenta el cuerpo; los hijos de la resurrección habrían de tener una realidad angélica, no corpórea. Al menos de este texto, pues, no se puede deducir que Jesús creyera en algo más que la inmortalidad del alma.

El único texto que habla con toda claridad de la realidad de la resurrección universal, con cuerpo, y de premios y castigos, es la descripción del Juicio final según Mateo, 25,31-46 (ovejas y cabritos; unos van al cielo, otros, al infierno). Pero este texto no es atribuible al Jesús histórico, sino que refleja la creencia postpascual de un “Jesús como Hijo del Hombre celeste”, casi Dios, que juzga como lugarteniente de éste. Esta idea no pudo albergarla para sí mismo el Jesús histórico.

Aquí –en este momento del razonamiento de Vermes que trato de resumir-añadiría yo: los evangelios sinópticos hablan por lo menos seis veces del infierno eterno. Normalmente habría que pensar que las llamas y el crujir de dientes hacen clara alusión a sufrimientos corpóreos; por tanto, Jesús pensaba en la resurrección de la carne. Sin embargo, hay que decir que esta deducción no es segura, ni mucho menos.

En efecto, si se leen los textos grecorromanos, de época anterior al cristianismo, o más o menos coetáneos), textos que son sin duda influyentes en las creencias judías y cristianas –el texto más “cristiano” sobre el infierno se halla en el Canto VI de la Eneida, ¡escrita por Virgilio unos cincuenta años antes de la vida pública de Jesús! (el poeta latino muere en el 19 a.C.)- se observará que aunque los autores hablan de penas corporales, no piensan en verdad en un cuerpo resucitado, sin sólo en el alma, pero en un alma que tiene “facultadas” para padecer, con penas que sólo pueden expresarse poéticamente como castigos corporales, pero que son en realidad espirituales. Pues lo mismo pudo pasar con el infierno de Jesús: castigos “corporales” para sólo el alma.

Respecto al concepto de la resurrección según el Jesús del Evangelio de Juan, Vermes acepta –no puede menos- que ese Jesús del IV Evangelio promete la resurrección de la carne, indudablemente (Jn 6,38-40.44.54; 11,25: “Yo soy la resurrección y la vida”); 5,26-29 (quizás del redactor final; no del autor).

Pero luego se espanta y se horroriza Vermes, como buen judío, de la fundamentación para esa resurrección prometida por el Jesús johánico: “comer su cuerpo y su sangre” aunque sea simbólicamente (Jn 6,35. 51 especialmente). Pero tal idea no puede atribuirse al Jesús histórico. Escribe Vermes:

“Difícilmente puede atribuirse esta alegoría canibalística a Jesús cuando hablaba a su público de Galilea. Si hubiera escuchado estas palabras, la mayoría de los judíos de Palestina del siglo I habrían sentido náuseas” (p. 115).

Recuerden, por favor, los lectores mi argumentación acerca de la eucaristía y su sentido, sentido recibido por Pablo –dice él en 1 Cor 11,23-16- por revelación directa de Jesús: es absolutamente imposible que el Jesús histórico y los judeocristianos de Jerusalén hubiesen interpretado así la Última Cena y la “fracción del pan”, como transmite Marcos también y sus sucesores Mateo y Lucas. Lo creo sinceramente imposible.

Esa interpretación simbólico-realista de comer carne y beber sangre –humanas- es sólo propia y posible de comunidades paulinas, compuestas de gentiles sobre todo, y con una mentalidad de unión mística con la divinidad o semidivinidad (Jesús) de carácter propio de las religiones de misterios, imposible de postular en el judeocristianismo primitivo, en el transmitido por los primero capítulos de Hechos y los evangelios (sus restos) judeocristianos.

Respecto a la noción de “vida eterna” -argumenta Vermes con los textos en la mano- que en la inmensa mayoría de los casos en el Jesús de los Evangelios sinópticos, “vida eterna” es equivalente a “entrar en el reino de Dios y vivir en él la vida”. Le resulta evidente a nuestro autor que “Jesús parecía menos interesado en los detalles de la vida futura que en los requisitos generales que permiten la entrada en reino de Dios” (p. 119). Incluso –como hemos indicado antes al hablar de los castigos del infierno- el pasaje de Mt 25,31-46 la vida eterna prometida a los justos por el Jesús mateano puede entenderse como inmortalidad del alma, no como resurrección.

El Evangelio de Juan habla unas 25 veces de la vida eterna y para él este concepto significa ciertamente la “remuneración última de la fe en Jesús, Hijo de Dios” (p. 210). Pero ya hemos dicho que todo ello es teología del Evangelista, no de Jesús.

Seguiremos con estas interesantes discusiones y perspectivas.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

18 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por J.P. 09.07.10 | 17:37

    Meier creo que respondía diciendo que que sí pudo dar su opinión si le preguntaron los saduceos, que eran quienes negaban la resurrección. Y que la situación social de los judeocristianos no podría llevarles a discutir con la aristocracia saducea; pero yo no sé si este argumento que usa Meier también podría ser aplicable a Jesús: Santiago era de su misma extracción social. Bultmann señala que no es increíble si vemos a los saduceos no como un partido sacerdotal aristocrático sino como una escuela más de interpretación de la escritura, aunque parece algo rebuscado. De todas formas, creo que como minimo es el eco de una tradición de la comunidad judeocristiana que confrontaba sus creencias (que seguramente pueden retrotraerse hasta Jesús) con las de los saduceos; no necesariamente tiene por qué reflejar un conflicto real con ellos. Saludos cordiales.

  • Comentario por J.P. 09.07.10 | 17:35

    que hacia Jesús, a quien temían. Vermes señala en The authentic Gospel… que las referencias a las escrituras de Jesús difícilmente podrían aceptarse por los saduceos ya que estaba haciendo midrash.
    Es decir, lo que cuestiona es la historicidad de la discusión, que en sí misma, como hecho histórico, no es relevante. Si no recuerdo mal, en el libro que cita Galetel más abajo, Meier hizo una exégesis profunda de este pasaje. Cuando se ha puesto en cuestión esta discusión, creo que desde antes de Bultmann, suele ser o bien porque delata un carácter fuertemente rabínico (el propio Bultmann) o porque la resurrección de los muertos no fue nuclear en la prédica de Jesús, o bien porque serviría de anuncio a la propia resurrección de Jesús (esto último me parece algo forzado).

  • Comentario por J.P. 09.07.10 | 17:33

    Sofía, Xabier: Vermes indica que la mayoría de los comentaristas consideran que Mc 12, 18-27 no es histórico, apostillando que con razón (aquí mi crítica a la falta de notas de hace unos días). Pero afirma a la vez que no hay ningún motivo para dudar de que las ideas expresadas se correspondan con el pensamiento escatológico de Jesús. Quizás haya aquí algún caso de la traducción, porque en The authentic Gospel of Jesus, Vermes no era tan categórico: “probably fictitious”, “makes better sense in the context of a latter debate between Jewish-Christians and Saducees”, ya continuación dice “todo el relato parece ficticio”. Argumenta que piensa así porque ante la postura que Jesús adopta en otras polémicas (cita a Mc, 11:27-33; Mt, 21:23-27; Lc, 20:1- 8,) en este caso “resulta difícil imaginarle soportando ingenuamente lo que parece ser una cínica tomadura de pelo”, ya que, dice, el relato tiene las trazas de ser más bien una broma de los aristócratas saduceos hacia los apóstoles que hacia

  • Comentario por galetel 09.07.10 | 16:14

    Se puede comprender por qué los saduceos en particular y la clase dirigente jerosolimitana en general encontraban difícil de aceptar o tolerar a ese advenedizo galileo.”
    (J.P. Meier, "Un judío marginal", Tomo III cap. 29 págs. 455-457)

  • Comentario por galetel 09.07.10 | 16:12

    En cualquier caso, el testimonio múltiple de fuentes y formas hace sumamente probable que el Jesús histórico se refiriese de manera incidental a la resurrección general de los muertos en el día último, aunque habitualmente no hiciera de ella el tema directo de su predicación. (...)
    El Jesús histórico creía que, en cierto punto del drama escatológico, las generaciones pasadas resucitarían de entre los muertos y que los israelitas fieles participarían de un tipo de vida similar al de los ángeles (...) por tanto, el estadio final del reino entrañaría una trascendencia del presente mundo, no simplemente una mejora.(...) Al final, Jesús define su particular concepto del modo de la resurrección y de su prueba escriturística no apelando a alguna tradición venerada, sino simplemente basándose en su propia autoridad. Sabe que eso es así, enseña que es así, y se acabó. Tenemos aquí el perentorio y autoritario ‘esto es asó porque lo digo yo’ típico del líder carismático. (...) Se puede comp...

  • Comentario por galetel 09.07.10 | 16:11

    pues se te recompensará en la resurrección de los justos”
    (Lucas 14, 13-14).

    “En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta ese día en que lo beba de nuevo en el reino de Dios” (Marcos 14,25)

    Según Meier, estos textos ( y otros) “nos proporcionan un argumento, procedente del testimonio múltiple de fuentes y formas, donde apoyar la afirmación básica de que, en diversos momentos, de diversos modos y con diversas imágenes, Jesús anunció un juicio final para el día último y que a veces abiertamente, pero más a menudo de forma indirecta, se refirió a la resurrección general de los muertos como parte de ese acontecimiento escatológico. De un modo u otro, esta idea aparece formulada o implícita en dichos contenidos en Marcos, Q, L y, posiblemente, M. (...) La tradición prejoánica, pese a todas sus diferencias con los sinópticos,coincide con otras fuentes evangélicas en atribuir a Jesús referencias a la resurrección general. En cualquier caso, el...

  • Comentario por galetel 09.07.10 | 16:10

    Algunos textos considerados auténticos del Jesús histórico (al menos por Meier) sobre la resurrección:

    “Jesús les contestó [a los saduceos, esos que niegan que haya resurrección]: ‘¿No erráis precisamente por esto, por no entender las Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos [los varones] tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: ‘Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Andáis muy equivocados.” (Marcos 12, 18-27)

    “Vendrán muchos de oriente y occidente a sentarse [a la mesa] con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de Dios” (Mateo 8,11-12 // Lucas 13,28-29)

    “Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues...

  • Comentario por David RV 09.07.10 | 14:11

    Lo que está claro es que la resurrección era una idea ajena al judaísmo antiguo, y que muy posiblemente entrara por influencia foránea, ya sea helénica o mazdeísta. Era una idea que flotaba en el ambiente, que gustaba a muchos, pero nunca sería rotundamente afirmada.

    Posiblemente fue la idea de la resurrección la que supuso el germen de la fricción de lo que sería el grupo cristiano (judeocristianos y helenistas) de los grupos judíos de la época.

    Es difícil ser rotundo sobre si el Jesús histórico asumió o no la resurrección de los cuerpos, pero Vermes creo que tiene razón en que no pareció importarle, o bien no lo dejó claro, de ahí las décadas de discusión posterior sobre el tema. En cualquier caso lo que sí es atribuíble al Jesús histórico es que tal proceso no sucedería en los "Cielos" en sí, en un "Paraíso", ajenos a la realidad humana, sino en la propia tierra, en un Israel divinizado pero terrestre. Es difícil intuir qué consideraba Jesús "alma".

  • Comentario por galetel 09.07.10 | 13:17

    del Reino Escatológico en el que Jesús confiaba participar con sus seguidores y antecesores más allá de la muerte.
    Fue esa tan estrecha y misteriosa relación espiritual lo que los discípulos acabaron comprendiendo, tras su experiencia pascual, paulatinamente, hasta culminar en Pablo, como Unión en el Cuerpo Místico de Cristo, significada por la comida en común del pan, y la bebida en común del vino, en sus comidas en recuerdo de la despedida de Jesús y de anticipo de su futura venida (¡Marana tha!).

  • Comentario por galetel 09.07.10 | 13:16

    Algo más quiero añadir, ahora respecto de “comer el cuerpo” y “beber la sangre” de Jesús.
    Si se toman estas expresiones en su sentido literal, como incitación al canibalismo, entonces me parece obvio que son repugnantes y horrendas para cualquiera, no sólo para los antiguos judíos. Por supuesto que se usaron en un sentido simbólico, metafórico, para significar una participación estrecha, íntima y real del cuerpo RESUCITADO de Jesús, como bien señala Sofía. Esto quiere decir que son palabras pos-pascuales, no del Jesús histórico. Sin embargo, aluden ciertamente al significado profético que Jesús diera a sus comidas y banquetes de confraternización, con sus discípulos-as y no-discípulos, incluso con “pecadores y publicanos”. Aluden también, con seguridad, al gesto histórico de Jesús de relacionar el pan y el vino de su cena de despedida –que él bendijo, ofreció y repartió, al presidirla- con su entrega voluntaria a una muerte anunciada, y al banquete/alianza del Reino Escatológic...

  • Comentario por Crisanto 09.07.10 | 13:12

    El Prof. Piñero dice: "...se llega claramente a la conclusión de que no eran muchos en Israel (que contaba en el siglo I con unas 600.000 personas) los que creían en la resurrección de la carne en tiempos de Jesús..."

    Nuestra contertulia Sofía dice:

    "...Formar parte de un mismo "cuerpo" no se puede considerar un acto de "canibalismo" en ese contexto..."

    Imagino que los 600.000 homo sapiens que formaban parte de ese minúsculo rincón del Mediterráneo oriental hace 2000 años no practicaban el canibalismo (=otras comunidades del planeta por esas fechas parece ser que sí lo hacían). En todo caso, la búsqueda diaria del sustento era su actividad principal y en la que gastaban el mayor número de calorías (=el salario el libras de trigo por trabajador en el Egipto romano era de 8. En la Inglaterra de 1780 era de 13...)

    Saludos,

  • Comentario por galetel 09.07.10 | 12:20

    En los tiempos veterotestamentarios y en el judaísmo primitivo se concebía a los ángeles con unos cuerpos muy sutiles o refinados (...) Jesús no está diciendo que unos humanos serán transformados en ángeles, pasarán a ser incorpóreos o se volverán asexuados, sino que en la resurrección experimentarán una transformación radical de su existencia en virtud del poder de Dios; recibirán cuerpos refinados como los ángeles. También COMO los ángeles, esos humanos resucitados serán dotados de inmortalidad por el poder de Dios.” (págs. 435, 436).

    Perdón por la longitud de la cita, pero debiera ser mucho más larga para hacer justicia a todo lo que afirma Meier en contraste con Vermes. Creo que este contraste es útil. Saludos cordiales.

  • Comentario por galetel 09.07.10 | 12:19

    Pero la opinión que más nos interesa, naturalmente, era la de Jesús.
    Veamos algo de lo que dice Meier respecto del “debate entre Jesús y los saduceos sobre la resurrección”. En primer lugar que, como concluye Meier después de un detallado análisis exegético, “el debate con los saduceos sobre la resurrección en Mc 12,18-27 refleja un episodio real del ministerio del Jesús histórico” (pág.456). Y en segundo lugar, destaco lo siguiente: “él [Jesús] está hablando de un resurrección real de personas antes muertas; implícitamente afirma la coincidencia de identidad entre los ex-difuntos y los resucitados. Pero la continuidad personal no significa continuidad completa entre el anterior modo de existencia terrena y el modo en que existirán los resucitados de entre los muertos (...) sino que –dice Jesús utilizando un símil...- ellos y ellas serán “COMO los ángeles en el cielo”. Ahora bien, la perspectiva para entender esta declaración debe ser la del judaísmo del siglo I (...) En los tie...

  • Comentario por galetel 09.07.10 | 12:17

    Es muy interesante y valioso conocer las opiniones de Vermes, por lo que agradecemos al Prof. Piñero. Por supuesto, estas opiniones no deben tomarse como conclusiones definitivamente establecidas. Supongo que luego habrá una discusión de ellas en comparación con las opiniones de otros destacados exegetas, particularmente las del propio Sr. Piñero. Pero ya se adelantan a discutirlas varios comentaristas, con acertadas observaciones: Sofía, Juan, Xabier (gracias); yo no me resisto a hacer lo mismo. No quiero poner extensas citas; pido considerar todo el capítulo 29, sobre los saduceos, del tomo III de Meier. Allí habla de que “el único movimiento judío que negaba explícitamente toda resurrección futura” era el de los saduceos. (Por supuesto, no todos los sacerdotes eran saduceos, ni mucho menos. El grupo de los saduceos era aristocrático, relativamente exiguo). Sobre si la resurrección que afirmaban los demás grupos era corporal o sólo “del alma”, afirma que hubo variedad de matices. Pe...

  • Comentario por Xabier 09.07.10 | 10:35

    Sobre la concepción judía del más allá, hay alguien que escribe algo parecido a Vermes: Ratzinger. Hace poco, en una librería, ojeé un libro de Ratzinger (antes de ser Papa) titulado Escatología en el que decía que, en el Judaísmo, no existía ningún dogma relativo a la vida (o no) después de la muerte.

    En cuanto a lo que dice Vermes de una "realidad angélica", tal y como dice Jesús en su disputa con los saduceos, coincide con Pablo de Tarso, que dice que Jesús está dotado de un cuerpo glorioso y que, tras la muerte, los cuerpos materiales se transformarán en cuerpos espirituales.

  • Comentario por Xabier 09.07.10 | 10:27

    Sobre lo de los siete maridos, el texto dice en negrita que es opinión de Vermes. No he leído el libro, pero me imagino que lo fundamentará y, en una crítica a un libro, entiendo razonable que no se den demasiados detalles.

    En cuanto a Juan, me parece que ha leído muy rápido y se le ha escapado algo (a veces también me ocurre, nadie es perfecto), aparte de que se trata de un comentario de un libro y atribuye al profesor Piñero las opiniones de Vermes. En su comentario ha dicho: "La resurreción no es la reanimación de un cadaver. La resurrección es una metamorfosis de la existencia"

    Esta postal no dice lo contrario: "cuando Jesús habla de la “resurrección”, no tiene estrictamente en cuenta el cuerpo; los hijos de la resurrección habrían de tener una realidad angélica, no corpórea."

  • Comentario por Juan 09.07.10 | 08:59

    Sofía a mí no sólo me da la impresión de que las afirmaciones de Piñero son gratuitas; yo afirmo que lo son.
    Me extraña que el Profesor de filolología no sepa-o si lo sabe se lo calle- que mientras en el AT se designa a la carne y al cuerpo con un término único (Basar) en el griego del NT pueden dsistinguirse ambos con dos palabras: sarx y söma. Con la palabra Söma se designa algo más que un conjunto de huesos y carne; la palabra söma designa a la persona. (El concepto de persona y personalidad son mucho más tardías) ¿Quien resucita? La resurreción no es la reanimación de un cadaver. La resurrección es una metamorfosis de la existencia; es decir,otra forma de vida de la persona. Piñero no cits el texto más antiguo que existe sobre la resucitación, palabra más adeucada a pesar deque lo niegue Piñer5o, para expresar esa nueva vida de la que habló Jesús. PoruqeJesús no hablo nunca del alma, concepto platónico. Jesús no predicó ni judaismo ni mucho menos platonismo.

  • Comentario por sofía 09.07.10 | 08:31

    Creo que hay demasiadas ideas que son sólo suposiciones y no está debidamente explicado por qué no pudo ser de Jesús el episodio de los siete maridos. Creo que cuando se descarta un pasaje como auténtico de Jesús, al menos se debería decir por qué -ningún problema con eso, pero sí con la falta de explicaciones que hacen que las afirmaciones parezcan gratuitas.
    Y respecto al otro tema, por mucho que a la mayor parte de los judíos les pareciera un símbolo horroroso, judío del siglo I era Pablo, como Jesús, y lo mismo que se le pudo ocurrir hablar de carne y de sangre a uno, se le pudo ocurrir al otro. Ni el cuerpo resucitado lo consideraban como el actual, ni la vida eterna como esta misma vida vivida eternamente. Formar parte de un mismo "cuerpo" no se puede considerar un acto de "canibalismo" en ese contexto.

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