
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Otras referencias a Juan en el Nuevo Testamento
Como era lógico suponer, Juan aparece en otras ocasiones con nuevos aspectos de su personalidad, que ayudan a conocer más a fondo su nueva identidad. Un detalle importante es el de la carta de Pablo a los fieles de Galacia, por la trascendencia de su contexto. El título de la carta tiene una intención deliberada de solemnidad. El escrito, dirigido a todas las iglesias de Galacia, delata claramente el deseo de Pablo de justificar o garantizar su categoría de apóstol. Una dignidad que no le ha venido de hombre ni por medio de hombre, sino por medio de Jesucristo y de Dios, el que lo resucitó de entre los muertos. Cristo se entregó a sí mismo por los pecados de los hombres. El prólogo termina con una no menos solemne doxología.
En el siguiente apartado del escrito, lo que en otras cartas del Apóstol es un canto de alabanza a Dios o de acción de gracias, en la carta a los gálatas es un reproche introducido por el verbo thaumázō (“me admiro”). Lo que causa admiración a Pablo es la rapidez con la que los gálatas se han apartado del evangelio que se les ha predicado y que ellos habían aceptado. Pronuncia incluso un anatema contra el ángel del cielo o contra sí mismo si se atrevieran a predicar otro evangelio distinto del predicado.
Aborda luego su autodefensa insistiendo en que su evangelio procede del mismo Cristo. Vuelve a recordar su pasado de perseguidor, del que lo ha salvado el que ya lo había predestinado para predicador del evangelio cuando todavía estaba en el vientre de su madre. Y cuenta un poco su historia de converso para demostrar que siempre buscó y tuvo la confirmación de parte de los principales de la Iglesia, particularmente de Cefas. Defendía su carácter de apóstol proclamando que el que había señalado a Pedro para apóstol de la circuncisión, lo había designado a él para apóstol de la gentilidad. Aportaba consigo ricos argumentos de experiencia de sus viajes apostólicos por Siria y por Cilicia en compañía de Bernabé y de Tito.
Es en ese contexto cuando menciona a las tres columnas de la Iglesia, que a la sazón eran Santiago el hermano del Señor, Cefas (Pedro) y Juan (Hch 2,9). Los tres le dieron la razón y la amistad aceptando en comunión (koinōnía) de ideas y sentimientos. Juan continuaba siendo personaje fundamental, ahora en la marcha de la Iglesia, al lado de Pedro y del hermano del Señor, el otro Santiago. Y Pablo lo usaba como argumento de autoridad en su enfrentamiento dialéctico con los insensatos (anóētoi) gálatas. En el desdichado incidente de Antioquía, narrado a continuación, Juan ha desaparecido de la escena. Pedro fue objeto de dura reprensión por parte de Pablo. Tampoco aparece ya Juan en todo el contexto y el debate del denominado Concilio de Jerusalén, en el que los protagonistas fueron Santiago y Pedro frente a Pablo y Bernabé.
Las tres cartas de Juan, el presbítero
Tres cartas atribuidas a Juan forman parte del epistolario canónico del Nuevo Testamento. Todas las obras de un autor reflejan de alguna manera su personalidad y su talante. Partiendo de la atribución de esas tres cartas a Juan, el hijo de Zebedeo, podemos conocer aspectos definitivos del apóstol Juan en su sentido etimológico. “Definitivo” es, en efecto, lo que define y perfila. Y tengo la impresión de que el autor de estas cartas queda finamente “definido” por el uso de su terminología lingüística.
La primera de las cartas (1 Jn) empieza sin los saludos habituales en la epistolografía griega. Al contrario, el inicio es una especie de ex abrupto, donde se afirma que la vida eterna es el mensaje que “hemos oído desde el principio, hemos visto con nuestros ojos, hemos contemplado y el que nuestras manos han palpado sobre la palabra de la vida” (1 Jn 1,1). Luego desarrolla su mensaje con toda una serie de oposiciones: Verdad/mentira, luz/tinieblas, vida/muerte, amor/odio y sus verbos correspondientes, hijos de Dios/hijos del diablo, palabras/obras y similares. Ideas y actitudes habituales en la mentalidad gnóstica.
Ciertas verdades constituyen una obsesión en el autor. Una de ellas, que Jesús es el Cristo (1 Jn 1,22), otra que “todo el que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios” (1 Jn 4,2). Su argumentación está sazonada con una terminología en la que destacan términos y conceptos como la verdad en su sentido de concepto totalizante que va expuesta como objeto del verbo “hacer”. Es decir, “hacer verdad” es sencillamente vivir de acuerdo con las exigencias de la verdad, que es algo que reside en los cristianos auténticos (1 Jn 1,6.8). Es un término, el de verdad (alētheia), usado nueve veces en la carta primera, a las que hay que añadir otras cinco veces en la segunda y otras seis en la tercera.
Pero si hay una palabra preferida por el autor en su primera carta es el sustantivo, el verbo correspondiente y el adjetivo derivado de “amor” (agápē, 17 veces), “amar” (agapáō, 28 veces), “amados” (agapētói, seis veces). El término “amor” está reiteradamente explicado en diversos contenidos semánticos. “Dios es amor, y todo el que ama ha nacido de Dios” (1 Jn 4,7). “Amar al hermano es permanecer en la luz” (1 Jn 2,10). “Amar a los hermanos es pasar de la muerte a la vida” (1 Jn 3,14). “El amor de Dios consiste en guardar sus mandamientos” (1 Jn 5,3) Otro detalle de carácter afectivo es el empleo de diminutivos, tales como “hijitos” (teknía), niñitos (paidía), éste ya convertido prácticamente en nombre positivo.
Un detalle identificativo del autor es el apelativo con que se autopresenta en las cartas segunda y tercera. En 2 Jn 1 el autor que se dirige a la “selecta señora” es el Presbítero, el mismo que aborda a su querido Gayo. En otro lugar hemos explicado las razones de la denominación de Juan como “presbítero”, que dio motivos para que algunos cristianos pensaran en su eventual inmortalidad. Pero Eusebio de Cesarea distinguía entre los Apóstoles a dos que tenían el nombre de Juan. Uno era el apóstol Juan, otro era Juan el presbítero. Informa Eusebio que en Éfeso existían dos sepulturas dedicadas a dos venerados difuntos del mismo nombre de Juan. También hemos explicado cómo existen dudas y vacilaciones sobre la identidad personal de Juan. Pero la importancia del personaje es causa de que se hayan concentrado en el hijo de Zebedeo posibles personalidades distintas, confundidas por la comunidad de nombres.
Saludos cordiales. Gonzalo del Cerro
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Dentro de esa relectura/reinterpretación de los sinópticos que parece ser Juan, tiene más sentido esta teoría que la de suponer un deseo de minimizar a María.
Por supuesto, quisiera aclarar que a mí no me crea ningún conflicto que se demostrase que María, o cualquier otra mujer, sea transmisora del mensaje cristiano. Desde mi punto de vista, atendiendo a su comportamiento durante la Pasión, quizás lo sean, verdaderamente.
Pero es solo la opinión de un lego en la materia como yo. Perdón por la extensión del comentario. Saludos cordiales.
Por ejemplo, la carrera entre Pedro y el discípulo amado al recibir las nuevas de María, para mí, no tiene sentido explicarla de esa forma. Si el redactor ya puso al discípulo al pie de la cruz, suponemos que acompañando a la Virgen, cuánto más sencillo habría sido poner al discípulo amado acompañando a María y a otras mujeres a la tumba. Al revés, si se acepta que el discípulo amado es una invención del evangelista y del redactor final, para mí tiene más sentido las teorías que defienden que se trataría de un discípulo ideal, de un espejo en el que se confronta a los discípulos de los sinópticos, quienes piensan siempre en Jesús al modo humano. Allí donde falla Pedro, el discípulo amado le gana por la mano. Si se me permite la digresión, es el discípulo que el Jesús de los sinópticos habría querido tener a su lado en sus momentos de "desesperación" ante la incomprensión de los suyos.
Los textos que, según Brown, han sido retocados, parece muy forzado atribuirla a un deseo de ocultar a María (¿y los sinópticos?). No sé, si alguien quiere, de repente, eliminar la tradición y el saber de la propia comunidad, ¿va a recurrir a una argucia de este estilo? La comunidad sabe, por tradición, quién es su fundadora, y eso no va a cambiar con esta reescritura. Tampoco creo que se deba atribuir al machismo del redactor: María puede ser la fundadora y la transmisora del mensaje de Jesús, pero es Jesús, y no María, el fundamento de la fe. No sé, no veo que sea tan importante para una comunidad que el transmisor del mensaje deba ser un hombre y que se recurra a algo tan pueril como inventarse una figura idealizada y creer que, de esta forma, se va a reprogramar su pensamiento, pero quizás mi visión está viciada. Además, si alguien quiere hacer eso, sustituir a María por un trasunto masculino, los pondría en pie de igualdad.
Galetel: he podido leer el artículo de Jusino. Parece argumentado, pero creo que descansa demasiado en los textos gnósticos. No hay nada ni en los sinópticos ni en Juan que permitan vislumbrar que María ocupase una posición de tanta relevancia como la del discípulo amado, salvo que se acepte a priori una tradición que llega hasta estos gnósticos, quienes habrían surgido de los "secesionistas" de la comunidad joánica original fundada por María. En realidad, da toda la impresión de que la tesis del autor parte de la idea transmitida en los gnósticos y parece buscar que case con Juan. No creo apropiado utilizar así estos textos. Nos ocurriría los mismo, pongo por caso, con Judas (salvando las objeciones a la lectura inicial de "su" evangelio hechas por Deconick, Bermejo y otros). En mi opinión, no se pueden poner en pie de igualdad los textos canónicos y los gnósticos, y al final es lo que Jusino acaba haciendo, aunque intenta que no sea así y declara que no es su intención.
Sofía: ¿la reseña va en serio? ¿Pero hay alguien que pueda escribir algo así? Y nada menos que una trilogía...
O su prima. A lo mejor María de Magdala era una prima, eso explicaría la distancia geográfica porque a Jesús no le llamaban el magdaleno, como a ella. Y si tu hermana es magdalena tú también eres magdaleno, normalmente.
Gracias por las aclaraciones a los aclaradores.
Sí, también estoy de acuerdo con lo que apunta Xabier, perdonad que no lo haya dicho todavía. De todas formas ese pasaje suele considerarse sin mucha historicidad (el que estuviesen tan cerca de los crucificados como para hablar con Jesús, pero sí que parece más histórico el que hubiese un grupo de familiares y/o discípulos - mujeres a todas luces - contemplando la triste escena).
En cualquier caso, salvo esa extrema posibilidad no hay fuentes que nos hablen de las hermanas de Jesús. ¿Cuántas serían? ¿Dos, tres o más...? ¿Cómo se llamaban? Bien pudo haber una María. Y sobre todo, ¿jugaron algún especial en su vida? Quien sabe si alguna de las mujeres de los evangelios es en realidad una hermana de Jesús (¿María, Salomé, Juana...?). Por cierto, tras tanta tontería con María Magdalena como esposa de Jesús, ¿a nadie se le ha ocurrido que fuera su hermana? Es igual de especulativo, pero al menos es más explicable que la tontería de "El enigma sagrado" y compañía.
La reseña que he leido es de antes de aparecer el tercer libro ¡qué cosas! Una muestra:
Decker, recibe sorprendido la visita de su amigo Tom al que creía muerto desde hacía décadas en Israel y lo conduce a presencia de Christopher sin imaginar, oh, ingenuidad, que repetía el escenario evangélico... Tom, sorpresivamente mata a Christopher, y el sodomita mata a Tom por haberle quitado el placer de matar a Christopher...
Naturalmente, y después de todo lo leído, es de esperarse que Christopher, como buen Cristo, va a resucitar, y así sucede, mientras lo velan. Salen lucecitas del ataúd, trepida, y por fin, sale de la caja, envuelto en el halo de santidad... Dios mío, qué originalidad. No quepo en mí de admiración. Entonces Cristo (permítanme que ya lo llame así) revela a Decker que él fue amigo suyo hace dos mil años (Judas, porque en realidad Judas solo fue una víctima de los manejos turbios de Juan, ayyy)...
David: en esto sí que estoy de acuerdo con usted.
También lo estoy con el comentario de Xabier al pasaje Jn 19:25 y con sus consideraciones sobre Juan, aunque haría la salvedad de que hay que identificar lo redaccional de cada evangelista. Por ejemplo, Mc 10,35-40; Mt 20,20-23 creo que son indicios contra la identificación tradicional, pero primero hay que discutir sobre su historicidad.
Antón: no conozco ni al autor ni a la obra que cita ni qué razones hay para hacer esa afirmación sobre Juan (supongo que el redactor del Spocalipsis). De verdad, creo que es la primera vez que oigo algo así.
Por supuesto que si somos tan críticos nada en Historia Antigua valdría... pero se puede graduar. Una cosa es que a Papías le hayan llegado unas cuantas tradiciones más o menos directas y otra que haya conocido personalmente a un redactor del NT. De todas, el tiempo de Papías es el más oscuro de todos, y por eso tradicionalmente nos hemos agarrado a ese testimonio. Pero si hubiese algún otro, quizá no le tendríamos el mismo aprecio.
Quizá el problema no esté en el testimonio de Papías, sino en los que lo han utilizado para probar sus propias tesis: por ejemplo que se diga que el original del Evangelio de Mateo estaba en hebreo... Hoy, excepto algún apologeta o algún desinformado, ya no se afirma eso... ¿Y Papías? Bien pudo conocer un evangelio atribuído a Mateo escrito en hebreo (alguno de los judeocristianos), pero que no tiene que ver con el que conocemos directamente. Pero citar a Papías para demostrar que los evangelios son las "memorias de los apóstoles" es otra cosa.
¿Alguien conoce la trilogía de James BeauSeigneur?
Ahí, en el tercer tomo aparece un Juan inusitado.
¿Hay alguna base para decir precisamente de Juan que era el Anticristo,
y el que más odiaba a Jesús?
Galetel: muchas gracias. He localizado el artículo pero solo me ha dado tiempo a dar un vistazo. Vei que usa los textos gnósticos, espero que no con valor probatorio definitivo. Lo leeré con calma. Saludos a todos.
David: estando de acuerdo con lo evolucionado de la teología joánica, Papías es poco fiable, pero yo no creo que del todo rechazable. En particular, este testimonio yo lo he visto aceptado sin problemas (Su Santidad, sin ir más lejos) y, permita que insista, objetivamente no veo razones para rechazarlo este en concreto, sobre todo cuando ni intenta reforzar la tradición existente, ni inventa una nueva: se limita a nombrar a algunos discípulos y apóstoles. A mi juicio, los reproches que se hacen a Papías se les puede hacer a muchos autores de historia antigua, incluso a los evangelios, de tal manera que, entonces, casi nada es fiable. La cuestión es que no tenemos más que estas fuentes. Igual ocurre con la Historia Augusta (paradigma de la fuente poco fiable) y el siglo III d.C.: poco fiable, sí, pero puede utilizarse como fuente histórica con las debidas precauciones. Por último, la aceptación del pasaje de Papías no crea problemas, sino que incluso aporta solución a alguno.
Sofía: el evangelio menciona a Juan, aunque no directamente. Lo tenemos en Jn 21,2 "estaban juntos Simón Pedro, Tomás, el llamado Dídimo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos". La cuestión es que Brown afirma que el material añadido por el redactor final es complementario al evangelio, por lo que de entrada me resulta algo difícil que él haya reconfigurado a Juan de Zebedeo como el discípulo amado. Para mí, lo más raro (o claro) es la relación con Pedro, el portavoz de los Doce, sobre todo en Jn 21,20-25. Aunque los redactores del evangelio lo hayan retocado, resultaría excesivo que hubiesen alterado tanto dicha relación, que ahora poco o nada tiene que ver con la relación que sugieren los pasajes de Hechos citados por Brown, hasta el punto de situar a Juan prácticamente fuera del grupo de los Doce. Lo que iría en detrimento suyo porque perderían nada menos que la autoridad apostólica, tan cara, por otro lado, a Pablo.
David RV:
En Jn. 19:25 muy bien pueden ser 4 mujeres.
Sofía:
Es casi imposible que Juan sea el discípulo amado. Hay escasísima evidencia externa: Ireneo dijo que el autor del 4º evangelio era Juan porque le sonaba habérselo escuchado a Policarpo cuando era niño. Un recuerdo infantil no es muy fiable, con todos los respetos para Ireneo.
Además, si Juan es el discípulo amado, entonces tenía dos madres (la madre de Jesús y su madre biológica que, según Mateo, estaba también en la cruz) y ningunea a su madre biológica. También es extraño que no cite las escenas en las que sólo fueron testigos Pedro, Juan y Santiago. Podrían ponerse muchas más razones en contra de Juan.
Galetel, yo leí hace tiempo esa teoría de Jusino, y de confesar que me pareció inteligente y bien planteada, aunque obviamente se trata de un aficionado. Pero me hizo pensar, tiene mucha lógica. Situar a una mujer como el fundador mítico de la comunidad y en especial a la Magdalena en el evangelio que más importancia le da explica bastante alguna de sus singularidades. Aunque es tan especulativa como cualquier otra.
De todas formas hace llamar la atención sobre pasajes de redacción confusa, sin duda tocados por una segunda mano, como es el de la resurrección y sus idas y venidas, y la lista de nombres de quienes acompañan a Jesús en la cruz. Quizá quien conozca el texto griego lo pueda aclarar (Jn 19,25): ¿dice que la hermana de la madre de Jesús se llama María de Cleofás? No puede ser que se llame como ella. ¿O es que esa María es otra? O incluso que fuese "María, hermana"... de Jesús, algo bastante coherente también.
J. P., lo cierto es que Papías (que además es recogido tardíamente por Eusebio de Cesaréa) no es una fuente muy fiable. Para mí el problema radica en que hay una ruptura, una distancia muy grande e insalvable, entre el cristianismo redactor de la mayoría del Nuevo testamento y el comienzo de la Iglesia, el cristianismo protoortodoxo. Ese tiempo (90-180) fue de multiplicación exponencial de los cristianismos y de diferentes corrientes. Sería demasiada "casualidad" que exista una linea directa entre los redactores y la corriente triunfante. Tampoco, por supuesto, con gnósticos, docetas y demás. Simplemente el hilo que las une es muy débil e indirecto, los grandes centros del cristianismo del año 180 no son los mismos que los centros donde se escribió el NT, probablemente secundarios.
Gracias por los apuntes de Brown, me parecen interesantísimos, he estado buscando el libro pero por ahora no tengo acceso a él, a ver si el profesor Piñero nos proporciona una serie sobre él.
Gracias otra vez, JP.
Tampoco sé yo mucho, por eso pregunto.
Sólo he leído un artículo divulgativo que puede encontrarse, en inglés y en español) buscando "Ramon K Jusino" por Google. (La máquina no me admite el enlace). Recomiendo leerlo en inglés, porque la traducción es pésima.
No es que yo suscriba su teoría, pero no tendría prejuicios en aceptarla si descubro suficientes razones para hacerlo. Por eso pido más información.
Saludos cordiales.
Sin embargo el discípulo amado se pone a sí mismo en situaciones y lugares donde podríamos suponer a Juan, y si no nombra a Juan, es un dato a favor de que Juan es él, que prefiere quedar en el anonimato. Por otra parte como hay varias etapas, podría ser Juan el autor de la primera. Los detalles que no cuadran con Juan, podrían ser producto de esa segunda o tercera mano.
Galetel: de nada. La verdad es que no tengo el placer de conocer dicha teoría, aunque algo he oído. Creo que lo mismo que descarta a Juan el de Zebedeo descartaría a cualquier otro apóstol, o cualquier otra persona muy cercana a Jesús, como autor del cuarto evangelio. En cuanto a la identidad del discípulo amado, no creo que estemos en condiciones de decir que es tal o cual persona, sabemos muy poco de él. Además, en el evangelio siempre es nombrado en masculino y en alguna escena simultanean presencia. Por otra parte, si como se ha sugerido se puede identificar al discípulo amado con aquel que conduce a Pedro a casa de Anás y es bien recibido en ella, creo que casa más con un hombre que una mujer. Si, como dice el Papa, habitaba en o cerca del barrio de los esenios, como me parece recordar, creo que es más plausible que fuese un hombre. Pero ya digo que no conozco los argumentos, por lo que mi opinión puede considerarse sesgada.
Gracias J.P.
¿Qué le parecen a Ud. las teorías de Ramón Jusino acerca de que el Discípulo Amado y el primer autor del Cuarto Evangelio hayan sido María Magdalena?
Acaba el profesor diciendo que no es improbable que detrás del discípulo amado se esconda algún personaje desconocido del cristianismo primitivo que pudo estar en el origen de la línea joánica de pensamiento. Para Brown, no solo sería un testigo ocular sino que sugiere que podría ser el discípulo de 1,35 (hace unas semanas escribí que no era consciente de que alguien hubiese hecho esta identificación, pero me olvidé de Brown). Además, da crédito a la teoría de Cullmann de que el discípulo amado pudo ser discípulo del Bautista. Así, Brown identifica hasta cuatro figuras en la comunidad joánica: el discípulo amado, el evangelista, el presbítero (al que, junto con otros autores, atribuye la primera carta aunque esta no tenga formato epistolar) y un cuarto que es quien acaba de dar forma al Evangelio, al que llama el redactor del evangelio.
Con estos mimbres, Michel Benoît escribió su best-seller...
madre de Jesús; la teología del evangelio es muy avanzada. Brown y Schnakenburg, que también creían que la evidencia interna y externa apuntaban a la identificación, cambiaron de opinión según cuenta el primero en La comunidad del discípulo amado. Dice Brown: "al destacar al discípulo amado frente a Pedro, el cuarto evangelio parece indicar que era uno que estaba fuera del grupo de los discípulos mejor conocidos, grupo que incluiría a Juan el hijo de Zebedeo, si tenemos presentes los relatos de Hch 3,1; 4,13;8,14. La evidencia externa (a finales del siglo II) que identifica al discípulo amado como Juan es un paso más en la dirección, ya visible en el mismo NT, de simplificar los origenes cristianos reduciéndolos a los doce apóstoles".
Efectivamente, las tres cartas de Juan muestran notables parecidos con el evangelio, pero aparecen diferencias teológicas y de vocabulario con el evangelio, y entre estos escritos y el Apocalipsis, por lo que se descarta que tengan la misma autoría. Pero la cuestión era si el presbítero es Juan el de Zebedeo o no. Y Papías, al parecer, conoció personalmente al presbítero y lo diferencia del apóstol. No hay razones objetivas para dudar de su testimonio.
En cuanto a la autoría del Evangelio, atribuido al discípulo amado, según el profesor Piñero las razones que apoyan el rechazo de la identificación apóstol Juan-discípulo amado son tres: el autor no parece ser un testigo ocular de los hechos sino alguien que utiliza fuentes escritas (además, se aleja demasiado de los sinópticos, considerados como los más cercanos al Jesús histórico); que nunca se le cita por su nombre, aunque este argumento tiene el punto débil de que en este evangelio tampoco se cita nominalmente a la madr...
En cualquier caso, los autores del evangelio y del Apocalipsis bien se pueden llamar Juan... ¿pero eso hace que tengan que ser Juan el de Zebedeo? En el caso del Apocalipsis está en el cuerpo del texto, en el evangelio no, la atribución puede ser más tardía. Y una pequeña teoría mía: el evangelio de Juan comienza con la obsesiva insistencia de una segunda mano (en muchas ediciones convenientemente señalada entre paréntesis) con que Juan (el Bautista) no era el Mesías. Se ha explicado muchas veces que en la comunidad johánica había una pugna con seguidores de el Bautista, que afirmaban eso. Pero, ¿no sería posible que la atribución a Juan se debe a esas líneas, el "evangelio que habla sobre Juan"? O incluso que parte de ese evangelio naciera de un escrito o incluso evangelio juanista, del que no quedan más referencias doctrinales que las del nuevo testamento. ¿Tuvo el movimiento juanista escritos? Recuerdo que hay juanistas... hoy en día. Los mandeos, supervivientes a duras penas.
El principal argumento es que es bastante evidente. Sus teologías son radicalmente distintas dentro del cristianismo del siglo I, del judeocristiano más puro de todo el Nuevo Testamento del Apocalipsis hasta el protognosticismo del Evangelio de Juan. Por no hablar del uso del griego, más tosco y con rasgos muy semitas en el Apocalipsis (los únicos claros de NT), hasta el más refinado del Evangelio. Eso fue evidente desde el primer momento, sólo la manía de sintetizar del cristianismo medieval (que por ejemplo, todas las Marías que no eran la madre de Jesús eran la Magdalena, incluso los personajes anónimo de la pecadora de Lucas o la adúltera de Juan) dijo lo contrario. Actualmente se cree que los autores de los textos de la comunidad johánica pueden haber sido tres: uno para el evangelio, otro para la primera carta y otro para las otras dos (que parecen una divida).
Gracias, JP.
Sofía: creo que el principal argumento para diferenciarlos es Eusebio de Cesárea siguiendo el testimonio de Papías, quien a su vez ya los distingue. Vea por ejemplo:
http://www.mindspring.com/~scarlson/
synopt/ext/papias.htm
He partido el enlace.
Me gustaría saber qué argumentos hay a favor y en contra de que los dos Juan fueran un mismo Juan. Si alguien puede aportar algo resumidamente.
Sábado, 26 de mayo
Juan Jáuregui Castelo
Josemari Lorenzo Amelibia
Jose Gallardo Alberni
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis