El blog de Antonio Piñero

El apóstol Juan en los textos canónicos

24.05.10 | 07:03. Archivado en Hechos Apócrifos de los Apóstoles
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro

Nuevas menciones de Juan en los evangelios

En la relación de la lista de los Doce, cuenta Marcos que “a Santiago, el de Zebedeo, y a Juan, hermano de Santiago les dio Jesús el hombre de Boanergues, esto es, hijos del trueno” (Mc 3,17). La denominación parece significar de alguna manera el carácter impetuoso de los aludidos. Lo que cuenta el evangelio de Juan acerca del discípulo a quien amaba Jesús, del que se recostó amorosamente sobre el pecho del Maestro durante la cena de Pascua, no parece compadecerse con el apelativo de “hijo del trueno”.

Pero los evangelistas Marcos y Lucas refieren una anécdota, en la que Juan es el único protagonista, un Juan que no puede ser otro que el hijo de Zebedeo y hermano de Santiago. Escribe Marcos: “Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que arrojaba demonios en tu nombre, que no viene con nosotros, y se lo hemos prohibido, porque no está con nosotros». Jesús dijo: «No se lo prohibáis… Pues el que no está contra nosotros está a nuestro favor»” (Mc 9,38 par.). El Juan de la anécdota es el único Juan mencionado entre el número de los Doce. Y su reacción, tan maximalista como exclusivista, puede tener sentido contextual en una persona calificada con hijo del trueno.

Mateo y Marcos recogen una escena que demuestra la ambición de los hijos de Zebedeo y la reacción negativa de sus condiscípulos. En el texto de Marcos son los dos hermanos los que solicitaron personalmente los primeros puestos en el reino de Jesús. Según el relato de Mateo fue la madre de los hijos de Zebedeo la que se acercó a Jesús para solicitarle los lugares de honor. “No sabéis lo que pedís”, les dijo Jesús. “¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber y bautizaros con el bautismo con que yo soy bautizado? Ellos contestaron: «Podemos»” (Mc 10,39 par.). Jesús les respondió que, en efecto, beberían de su cáliz, pero que el privilegio que solicitaban estaba reservado para los elegidos por el Padre.

La actitud de los dos hermanos fue motivo de escándalo para los otros discípulos, a quienes tuvo que tranquilizar el mismo Jesús. A la vez, añadió una clara recomendación acorde con el espíritu evangélico: El que quiera ser grande, que se haga servidor de los demás; el que aspire a ser el primero, debe hacerse esclavo de todos. Y ello, como Jesús, que siendo el que es no ha venido a ser servido sino a servir.

El evangelio de Lucas tiene una sección denominada del camino, la sectio itineris en el lenguaje de los técnicos, porque de pronto, interrumpe el relato para proclamar que Jesús afirmó ssu rostro para ir a Jerusalén (Lc 9,51). La expresión hebrea “afirmar el rostro para ir a Jerusalén” es equivalente a “tomar la firme decisión de dirigirse a Jerusalén”. Y a partir del pasaje, Jesús se orienta hacia Jerusalén y sigue la ruta con frecuentes referencias a esa actitud de “subida”, pues así era denominado el viaje a Jerusalén.

Desde Galilea, la primera etapa lógica era Samaría, la región rival de los judíos. Envió, pues, mensajeros a una aldea samaritana para que prepararan el albergue. Pero los samaritanos no quisieron recibirlos porque ”su rostro era de dirigirse a Jerusalén”. La reacción de los hermanos Santiago y Juan fue digna de unos hijos del trueno. Indignados por el rechazo, dijeron a Jesús: “Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?” (Lc 9.54). Su actitud mereció un claro reproche del Maestro. Pero Jesús y los suyos tuvieron que encaminarse a otra aldea. Santiago y Juan dieron una vez más pruebas de su talante extremista, confiados en el poder omnímodo de Jesús. El que sanaba las enfermedades, el que dominaba la muerte y daba órdenes a los vientos y al mar, no tendría problemas para hacer bajar fuego del cielo.

Jesús mostraba su especial confianza en algunos de sus discípulos cuando les encargaba misiones delicadas. Lo era la tarea de preparar la celebración de la Pascua, que requería un lugar idóneo y los preparativos necesarios para el cumplimiento de los ritos. Donde Marcos cuenta que Jesús envió a dos de sus discípulos con el encargo, el texto de Lucas especifica que los dos discípulos eran Pedro y Juan. Encontraron las señales dadas por Jesús, el hombre que portaba un cántaro de agua, a quien siguieron hasta entrar en la casa donde ultimaron los detalles para la cena.

En medio de los sucesos de la pasión de Jesús, aparece un misterioso discípulo, que era conocido del pontífice Anás y que introdujo a Pedro en el atrio del palacio donde Jesús era juzgado (Jn 18,15-16). Muchos han pensado que pudiera tratarse del apóstol Juan; Antonio Piñero supone incluso que podría ser el discípulo amado. Pero ya hemos expresado la dificultad de que un pescador del lago de Galilea pudiera tener alguna clase de amistad con Anás. Recordamos, no obstante, que el apóstol Juan no aparece nunca mencionado en el cuarto evangelio. Por lo que no podemos sacar ninguna conclusión que pueda llevarnos a identificar a ese “otro discípulo” como si fuera el hijo de Zebedeo y hermano de Santiago.

Distinto es el caso del discípulo amado que estaba con Pedro cuando María Magdalena vino del sepulcro para anunciar a los apóstoles las novedades de la tumba vacía. El anuncio era alarmante: “Se han llevado al Señor del monumento y no sabemos dónde lo han puesto” (Jn 20,2). Al punto salieron Pedro y el discípulo amado y marcharon al monumento. Dice el texto del relato con minuciosos detalles: “Echaron los dos a correr a la vez, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al monumento. Se inclinó y vio colocados los lienzos, pero no entró. Llegó también luego Simón Pedro detrás de él y entró en el monumento. Vio los lienzos colocados, y el sudario que había estado sobre su cabeza, no colocado con los otros lienzos, sin envuelto aparte en otro lugar. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado primero al monumento, y vio y creyó” (Jn 20,4-8). Los discípulos regresaron a su casa mientras María Magdalena se quedaba junto al monumento llorando. Como es fácil observar, Pedro y Juan forman una pareja destacada en la historia documental de Jesús ya desde la vida pública del Maestro.

Saludos cordiales, Gonzalo del Cerro

6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por eduardo 28.05.10 | 15:59

    Si quiere le envío mi opinión edkantoria correo yahoo españa
    En [1 Corintios 15,3-7] se nos dice por boca de Pablo, que Jesús se le apareció por separado a Pedro y a Santiago ( Santiago el Menor).

    La presencia por tanto de Juan Zebedeo pierde cualquier consistencia. Como el discípulo amado acompañante de Pedro en el camino al sepulcro.

    Santiago el Menor hijo de Cleofás era primo-hermano de Jesús y cuidaría de María.Santiago fue el único apóstol que no salió de Jerusalén en misión evangélica y vivió alli hasta su martirio sobre el 62-63 D.C

  • Comentario por eduardo 27.05.10 | 20:50

    Juan el Presbítero, oyente de Felipe Apóstol refundador de la Iglesia de Hierápolis tras el terremoto de 60 D.C
    Juan Zebedeo no es el discípulo amado, es una tradición sin ninguna base.Santiago y Juan Zebedeo no aparecen en el Evangelio de Juan.
    La miopía paulina inexacta sólo se centra en 4 Apóstoles : Pedro, Juan y Santiago Zebedeo y Santiago el Menor.Parece todo tiene respuesta en ellos
    Salvo una pequeña referencia de Andrés y la figura de Mateo por ser autor de los logia o Q que utilizó Lucas.
    El Evangelio de Juan : Habla además de Andrés,Felipe,Natanel, Tomás , Judas Tadeo hermano de Jesús,
    Ese Juan es Juan el Presbítero, quién recogió la tradición comentada por Felipe Apóstol .Os hablo de la comunidad alrededor de la Iglesia de Hierápolis



  • Comentario por sofía 26.05.10 | 00:20

    Me choca este razonamiento:
    "Recordamos, no obstante, que el apóstol Juan no aparece nunca mencionado en el cuarto evangelio. Por lo que no podemos sacar ninguna conclusión que pueda llevarnos a identificar a ese “otro discípulo” como si fuera el hijo de Zebedeo y hermano de Santiago"
    Precisamente ese es el único motivo que tengo para creer que "el discípulo amado" es Juan Zebedeo. Si no, lo normal sería que le nombrara como otra persona en el escenario de los hechos, pero no lo hace, mientras que sí habla del discípulo amado. Da la impresión de que es el mismo Juan el que habla y se llama a sí mismo el discípulo amado.
    En cuanto a personas que proponen quemar aldeas, mientras que son tiernos y cariñosos con los suyos, los hay a patadas.

  • Comentario por Crisanto 24.05.10 | 12:28

    La cuestión estriba en conocer los textos del AT que subyacen en la mentalidad de Jesús de Nazaret. Según Sean Freyne, Jesús, un galileo judío, Madrid, Estella, Verbo Divino, 2007, fundamentalmente dos: el Libro de Daniel e Isaís. El Prof. Piñero está de acuerdo con esta tesis, aunque disiente de Freyne en algún aspecto (=en concreto en si su llegada a Jerusalén sabía de antemano o no que iba a morir. Cfr. http://www.tendencias21.net/crist/Critica-a-Jesus,-un-galileo-judio-de-Sean-Freyne-y-II-130-02_a400.html)

    Estas ideas resultan fundamentales para comprender la figura del Jesús histórico...

  • Comentario por Crisanto 24.05.10 | 11:16

    Aunque sólo sea como complemento al relato, conviene recordar que el pasaje de Lc 52-56 haya su paralelo en 2 Re 1, en el que Ocozías, rey de Samaria, envía a dos mensajeros a consultar aזבוב בעל(=Ba'al Zevûv), la divinidad adorada en la ciudad filistea de Ekron, sobre su enfermedad. La lectura del pasaje del fuego es (=Nestle-Aland, NTG): "...πῦρ καταβῆναι ἀπὸ τοῦ οὐρανοῦ καὶ ἀναλῶσαι αὐτούς...". Esta perícopa es una argumento clarísimo para fundamentar -por parte del evangelista- la sectio itineris en las Escrituras

  • Comentario por Baluma 24.05.10 | 08:44

    Ese "discípulo amado" es mencionado varias veces, sin especificar su nombre, en el evangelio de Juan, siendo presumible que se tratara de una persona conocida y respetada en el mundillo religioso de Jerusalén, cuya amistad con altos cargos religiosos le permitieran acceder a la mansión del sumo sacerdote, junto con Pedro, y siendo muy probable que su casa fuera la del cenáculo de la última cena. Los relatos de este Juan, que no se trata del hermano de Santiago, pudieron servir de base para que otro Juan escribiera el cuarto evangelio. Si ese Juan "el sacerdote" era joven en época de jesús (corrió más rápido que Pedro a la tumba) y le relató los hechos a ese otro Juan el evangelista, este evangelio se pudo escribir un siglo después de los hechos narrados, y todo encaja.

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