Hoy escribe Antonio Piñero
La línea radical de pensamiento sobre el Jesús de la historia que vimos en la postal de ayer es la que llevó a Wilhem Wrede, consecuentemente, a pedir la supresión en las facultades alemanas de teología de la disciplina denominada “Teología bíblica del Nuevo Testamento”. Postulaba que, en vez de una teología neotestamentaria, había que practicar y enseñar una “historia religiosa del cristianismo primitivo” que considerara el conjunto de todos los escritos cristianos de los primeros momentos, que renunciara expresamente a la idea de canon de libros sagrados y prescindiera en absoluto del concepto de revelación.
Todo ello lo defendió con energía en su obra Sobre la tarea y método de la denominada Teología del Nuevo Testamento, Gotinga 1897. Como se ve estamos aquí ante ideas modernas que luego han defendido Helmut Koester y Jean Dominic Crossan, entre otros (piénsese en el Jesus Seminar) para reconstruir la vida de Jesús. Si se estudia la obra del segundo sobre todo e observará cómo concede gran importancia, por ejemplo, a obras que hoy se catalogan entre los apócrifos del Nuevo Testamento, como el Papiro Egerton, el Evangelio de Pedro, y sobre todo el Evangelio copto-gnóstico de Tomás. Al aceptar estas fuentes como primarias, al mismo nivel que los otros evangelios del Nuevo Testamento, es lógico que cambie radicalmente la presentación de la figura del Jesús histórico. Que ello sea aceptable o no es otra cuestión. Pero la base ideológica de Crossan está ya en Wilhem Wrede cien años antes.
Sábado, 26 de mayo
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