Hoy escribe Antonio Piñero
Julius Wellhausen (1844-1918) añadió a su Historia israelita y judía (Berlín 1894) un capítulo suplementario sobre los Evangelios, ya que éstos son claramente un producto judío. En este trabajo presentaba a Jesús como un predicador del amor divino en un reino de Dios que ya había comenzado a manifestarse. Este Jesús tenía una relación con Dios de hijo a padre como hombre que era.
El título de “Hijo del hombre” que él se otorgaba significaba en arameo precisamente eso, un mero ser humano. Tras su muerte, sin embargo, este apelativo se cambió en título mesiánico por obra de la comunidad de creyentes, y ésta adscribió a Jesús una filiación divina real: lo consideró hijo real de Dios. Otros cristianos primitivos acabaron de transformar la imagen del Jesús terreno uniendo su persona a diversas concepciones escatológicas judías de la época (p. ej., el juez mesiánico que ha de venir, etc.).
Jueves, 16 de febrero
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