El blog de Antonio Piñero

Año 312. Constantino: emperador, no cristiano (135)

16.03.10 | 06:55. Archivado en Libros, CRISTIANISMO
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Hoy escribe Antonio Piñero

El título de este libro es provocativo, pues trata de enmendar el contenido de uno de los grandes mitos del cristianismo desde el siglo IV: la conversión del emperador Constantino, el efecto fulminante de este giro imperial en la conversión de las masas paganas que acudían en tropel a recibir las aguas bautismales y termina con un capítulo sobre su madre, Elena de Drepanum, convertida más tarde en santa. He aquí la ficha completa:

Pepa Castillo, Año 312. Constantino: emperador, no cristiano, Madrid, Ediciones del Laberinto, 253 pp. Ilustraciones, un mapa de la organización del Imperio en tiempos de Diocleciano y Constantino, y 2 esquemas genealógicos de los emperadores de Oriente y Occidente y de la política matrimonial en el entorno de Constantino. ISBN: 978-84-8483-408-3. Precio 18 euros.


El 25 de julio del año 306, los ejércitos imperiales de Britania, victoriosos sobre pueblos díscolos, los pictos y los escotos, eligieron a Constantino, hijo mayor del emperador de Occidente Constancio Cloro, emperador (augusto) en Eburaco (actual York). Este libro narra la historia de una ambiciosa ascensión –según la autora, gobernadas por la astucia y la mentira sistemática-, que duró 18 años, en la que no faltaron elementos de una trama novelesca: pactos para repartirse el poder, intrigas palaciegas adyacentes, ejecuciones de familiares muy directos difíciles de justificar, dos guerras civiles, batallas cruentas y luego la fundación de Constantinopla, que llevó posteriormente a la consolidación del Imperio oriental.

Constantino ha pasado a la historia como “El grande”, aunque tal título, según argumenta la autora, no le convenía demasiado, pues su figura distó mucho de la de Octaviano Augusto y Trajano, por ejemplo, verdaderamente grandes. Por otro lado su ambición puso en peligro la estabilidad del estado, cuando –primero- se enfrentó a Majencio (famosa batalla del Puente Milvio: 312). Desde el 313, Constantino fue augusto/emperador de Occidente y nombró “césar” a su hijo Crispo. En el 324 –segunda guerra civil- se enfrentó al augusto/emperador de Oriente, Licinio, y lo derrotó en el campo de batalla. Desde el 324 hasta el 334 fue emperador único de Oriente y Occidente.

Estos años, a partir del 312, fueron importantísimos para la Iglesia, porque Constantino publicó el Edicto de Milán, unos meses después, ya de hecho en 313, en donde declaraba lícitos todos los cultos, y por tanto también el cristianismo. Un edicto que tuvo el efecto fulminante de detener la persecución de la Iglesia en Oriente al año siguiente, 313. En efecto, Licinio derrotaba al enérgico perseguidor de los cristianos, Maximino Daya, hasta el momento augusto de Oriente, y de acuerdo con Constantino cesó la persecución.

Vendrían entonces ya los momentos de tranquilidad para la Iglesia, sólo interrumpidos por el breve intento de restauración del paganismo por parte de Juliano el Apóstata (361-363), que no tuvo éxito ninguno. A partir sobre todo del 341, la Iglesia se convierte de perseguida en perseguidora, pues el hijo de Constantino, Constancio II, comenzó a promulgar leyes (muchas de ellas recogidas en el Código de Justiniano) que iban privando, poco a poco, de sus derechos religiosos y civiles a los paganos.

Para llegar a que el lector comprenda bien estos momentos la autora ha decidido comenzar la historia aguas arriba, en los turbulentos años en los que vivieron los padres de Constantino y nació éste, un período en el que era muy difícil que un emperador se mantuviera en el trono más de siete años y consiguiera morir de muerte natural.

El estilo de la autora, que escribe bien a mi parecer, es de notable claridad y precisión. La lectura se hace interesante y amena, a pesar de que ofrece abundantes datos históricos. Por ello me parece que está bien conseguida la exposición del transfondo histórico: los tiempos difíciles para Roma desde los inicios del siglo III hasta llegar a la “nueva edad de oro del Imperio con el invento de una nueva forma de gobierno: la tetrarquía: división entre Oriente y Occidente; dos emperadores (“augustos”) a la vez; cada uno de ellos con un “cesar”, que se fuera entrenando y actuando en el gobierno para cuando el augusto falleciera. Así el libro explica también la nueva organización de las provincias, del ejército y de las finanzas.

El libro aterriza pronto en Constantino y describe las ambiciones de éste que como legítimo “césar” de occidente se opone al usurpador Majencio. El lector asiste a la marcha sobre Roma de Constantino y a la batalla del Puente Milvio. Y aquí comienza lo que interesa más a un blog de cristianismo. La famosa aparición de Dios a Constantino, la orden de grabar el lábaro (monograma de Cristo: una suerte de cruz formada con las letras griegas mayúsculas X (ji) y P (ro)) en los escudos y la voz divina que le dice “Con este signo vencerás”. ¿Fue un sueño, una visión un fraude? Lo cierto es que la propaganda imperial logró presentar esta batalla como una “guerra justa de inspiración divina”…, lo que muchos creen hasta hoy día. El libro que comentamos lo discute con seriedad.

Luego viene una descripción de las circunstancias que llevaron a la decisión de alumbrar el Edicto de Milán y sus consecuencias para la Iglesia, como señalamos más arriba, más la descripción histórica de cómo Constantino liquida el legado político de Diocleciano, acabando con la “diarquía”, o gobierno de dos. Constantino queda como un único emperador que intentará que haya también un único Dios. Tiene razón la autora, en mi opinión, cuando señala que el Edicto y la búsqueda de la unidad de la Iglesia y de lo mejor del paganismo fue un producto de cálculo político; no fue generado por un amor hacia el cristianismo en sí.

Finalmente este volumen aborda en dos capítulos conclusivos dos temas importantes. El primero, que Pepa Castillo titula “Antes que cristiano” aborda la respuesta a la cuestión: ¿fue el resto de la actuación de Constantino la propia de un emperador movido por ideales cristianos? La respuesta es negativa, tanto por los crímenes de estado que perpetró contra sus más íntimos, mujer e hijo primogénito, como en su legislación, y en sus deseos presuntos de reforma. En realidad no lo fue tampoco, porque salvo el asunto de la división del Imperio en dos, Constantino no hizo otra cosa que poner en práctica las reformas, refinadas, de Diocleciano.

El último capítulo me parece de lo más interesante para los lectores de hoy: Elena, la madre del emperador, “de ramera a santa”. Se trata de un breve esbozo de la vida de esta mujer, nacida en Drépanum, hoy Herkes, en la actual Turquía, cerca del Mar Negro, en la antigua provincia de Bitinia, que paso de ser una joven posadera (stabularia) a amante de Constancio Cloro y que, al parecer, aunque desdeñada finalmente por su amante, estuvo siempre junto a su hijo en la sombra.

Este capítulo es muy interesante, y da para un comentario en sí, pues ilumina sobre el origen de la leyenda de la Vera Cruz, el asunto de las reliquias en general, las primeras visitas, luego peregrinaciones, a Tierra Santa, las excavaciones en el Gólgota, la conclusión de la Iglesia del Santo Sepulcro, que dura hasta hoy y de la pugna de los obispados del Oriente por alcanzar poderío. A mí me ha interesado especialmente la motivación política de Elena y Constantino al diseñar este viaje a Palestina. Muy iluminador sobre cómo se escribe la historia.

Mi opinión general sobre este libro es muy positiva, tanto en lo que ofrece sobre cómo lo ofrece. No tengo pegas, pues me parece que la autora maneja las fuentes antiguas a su disposición con gran sentido común y crítico. Y el resultado es interesante, aunque ciertas construcciones mentales se derrumben. Pero se iluminan otros aspectos de la Antigüedad tardía y de los primeros pasos del cristianismo verdaderamente triunfante. Habría que contrastar también esta visión –que no es discordante en absoluto, todo lo contrario, sino complementaria- con la que ofrece José Montserrat, en su obra El desafío cristiano. Las razones del perseguidor, Editorial Anaya & Mario Muchnik, que –opino- deber ser reeditada (quizá con alguna reelaboración), Madrid, 1992.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

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FUNDACIÓN PASTOR DE ESTUDIOS CLÁSICOS. MADRID

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PABLO DE TARSO: JUDÍO, GRIEGO Y ROMANO, A LOS DOS MIL AÑOS

CONFERENCIAS

Lunes 22 de marzo de 2010:
18.00: Fernando BERMEJO RUBIO (Univ. Barcelona): Aproximación a la vida de Pablo de Tarso.

19.30: Joaquín GONZÁLEZ ECHEGARAY ( Instituto Investigaciones Prehistóricas, Santander/
Chicago): Los viajes de san Pablo vistos desde la arqueología.

Martes 23 de marzo de 2010:
18.00: Senén VIDAL GARCÍA (Estudio Agustiniano, Valladolid): Los escritos paulinos.

19.30: Antonio PIÑERO SÁENZ (Univ. Complutense): Pablo de Tarso. Un caso de ‘marketing’ teológico en el s. I d.C.

Miércoles 24 de marzo de 2010:
18.00: Enrique OTÓN SOBRINO (Univ. Complutense): La verdad de un apócrifo: la supuesta correspondencia entre Séneca y San Pablo.

19.30: Juan María LABOA (Univ. Pontificia de Comillas): El influjo de Pablo en Lutero, religioso agustino.

* * *
Inscripción (plazas limitadas): En la Fundación, por escrito o por teléfono (de 9:00 a 14:00 horas).

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* Para los no matriculados, entrada libre hasta completar aforo

10 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Wikipedia YouTube 19.07.10 | 15:01

    That Alf is incredible.

    http://en.wikipedia.org/wiki/Youtube - Wikipedia YouTube

    Wikipedia YouTube

  • Comentario por Carlos Sánchez-Montaña 16.03.10 | 18:32

    Establecer como dogma de fe que Jesús Nazareno se aparece el emperador de Roma en forma del tetragrama arxo (palabra formada por cuatro letras en griego que significa ser el primero, guiar, mandar, ser jefe) es de una falta de rigor científico que asusta.


    Desde entonces ha quedado establecido que todos los crismones antiguos representados en mosaicos, anillos, joyas, lucernas, dinteles, sepulturas, etc, etc pertenecen a judeo-cristianos.

    Cuando ese símbolo, el tetragrama alfa, rho, chi, omega, era la representación de poder máximo del imperio. El que guiaba a las naciones a su salvación. El mismo emperador
    Augusto. La historia de Europa subvertida, ... secuestrada.

    La religión hace saltar por los aires todos los cauces por los que debe discurrir el conocimiento.

  • Comentario por Samuel 16.03.10 | 18:24

    Antonio:podria precisar quien es la autora del libro:Pepa Cstillo? Es para hacerse una composicion inicial.Es historiadora? el libro es novela histórica?Gracias de antemano.Espero esta precisión.

    Respuesta de Antonio Piñero:

    Pepa Castillo -ella desea denominarse así modesta y familiarmente- es doctora en Historia Antigua. En la actualidad es Profesora Titular de Historia Antigua en la Universidad de La Rioja.

    Está casada, tiene una hija. Ha escrito ya mucho, a pesar de su juventud, y pasa gran parte de su tiempo en Alemania donde es asidua de buenas bibliotecas, de las que, por ejemplo y desgraciadamente, la Universidad de La Rioja carece.

    Saludos cordiales de Antonio Piñero.

  • Comentario por Carlos Sánchez-Montaña 16.03.10 | 17:56

    ....Ostentar el tetragrama era señal de ser el nuevo augusto. Todos aspiraban a ello.

    Es muy lastimoso comprobar como desde la muerte de Constantino la cultura de Europa es secuestrada y rescrita para olvidar lo más elemental.

    A fuerza de repetir los fraudes una y otra vez los europeos han instalado en su memoria las invenciones de unos pocos.

  • Comentario por Carlos Sánchez-Montaña 16.03.10 | 17:55

    “La famosa aparición de Dios a Constantino, la orden de grabar el lábaro (monograma de Cristo: una suerte de cruz formada con las letras griegas mayúsculas X (ji) y P(ro)).... dice “Con este signo vencerás”. ¿Fue un sueño, una visión un fraude?"

    El FRAUDE es la interpretación de este símbolo como representación de Jesús Nazareno.
    Este símbolo de cuatro letras es una palabra en griego que significa MANDAR, y era utilizado desde el siglo I por Augusto. Es el símbolo del príncipe y le acompaña en varias representaciones, incluida en la estatua de Prima Porta.

    Consulten cualquier diccionario escolar de griego. arxo: ser el primero, guiar, mandar, ser jefe.

    En época de Constantino sus contrincantes y los de sus hijos también acuñan monedas con el tetragrama de arxo, véanse las acuñaciones de Magnencio, el césar de occidente y restaurador de la antigua liturgia a Jano.
    Ostentar el tetragrama era señal de ser el nuevo augusto. Todos aspiraba...

  • Comentario por David RV 16.03.10 | 17:04

    Suena muy interesante, lo podremos en nuestra lista de próximas lecturas.

    Quedó claro desde hace tiempo que la figura de Constantino estaba mitificada. Pero queda por saber cómo fue exactamente el proceso, espero que este libro nos aclare algo más. Yo siempre he pensado en que gran parte de ello se debió al labor de la historia "oficial" de los primeros tres siglos cristianos, Eusebio de Cesarea, cuya versión sigue siendo válida para los cristianos de las distintas ramas.
    Otro nivel estaría en las intrigas palaciegas y políticas por parte de Elena y otros personajes menos conocidos.

  • Comentario por Sócrates 16.03.10 | 16:53

    ....Antes bien sea lícito a cada uno dedicar su alma a aquella religión que estimare convenirle".

    Esta constitución imperial fue confirmada posteriormente por un edicto fechado en Milán el año 313; el muy famoso Edicto de Milán que puso fin a la era de las persecuciones e inauguró un nuevo período de la Historia del Cristianismo universal.

    Muy interesante libro, que pienso comprar.

    Parece que Cosntantino se convirtió en su lecho de muerte.

    Saludos.

  • Comentario por Sócrates 16.03.10 | 16:51

    "Copias de las constituciones imperiales de Constantino y Licinio, traducidas del latín al griego".
    Se conservan en la Biblioteca Vaticana.
    Códice Rex ,- 235. XP (21).

    "Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad de religión, sino que ha de permitirse al arbitrio y libertad de cada cual se ejercite en las cosas divinas conforme al parecer de su alma, hemos sancionado que, tanto todos los demás, cuanto los cristianos, conserven la fe y observancia de su secta y religión...

    "...que a los cristianos ya todos los demás se conceda libre facultad de 'seguir la religión que a bien tengan; a fin de que quienquiera que fuere el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros ya todos los que viven bajo nuestro imperio. Así, pues, hemos promulgado con saludable y rectísimo criterio esta nuestra voluntad, para que a ninguno se niegue en absoluto la licencia de seguir o e1egir la observancia y religión cristiana. Antes b...

  • Comentario por Antonio Horta Fernandes 16.03.10 | 11:31

    Caro E Estimado Professor

    Irei ler com interesse a obra que agora resenha. Não sei se a autora o o cita ou não, mas creio que a obra deve ser contrastada com a ecente de Paul Veyne, El Sueño de Constantino, na tradução espanhola da Paidós. Lanço o repto ao Senhor Professor de um dia resenhar aqui o livro de Paul Veyne, de resto insuspeito de apologética.
    Com sincera admiração,
    AHF

  • Comentario por BLASCO 16.03.10 | 10:58


    ¡Hombre...!

    El legado de Diocleciano ya lo conocemos todos. Como el de Decio.

    ¿O eso también hay que revisarlo?

    Saludos cordiales.

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