Hoy escribe Fernando Bermejo:
El maestro Tan-hsia descansaba en el templo de Yerinji un día que hacía un frío intensísimo. En esa ocasión tomó una de las figuras de Buda colocadas sobre el altar, la partió con un hacha, hizo fuego con ella y se calentó. Cuando el guarda del templo lo advirtió, se encolerizó sobremanera y le increpó:

Hoy escribe Antonio Piñero
Con la presentación de este libro inauguro una miniserie –intercalada con otros libros- dedicada a publicaciones de la Editorial El Almendro, de Córdoba, que ya tienen algunos años en el mercado, y que forman una serie titulada “En torno al Nuevo Testamento”. Me parece de notable interés tal serie y creo que conviene refrescar su memoria.
Sus autores son de diversas confesiones cristianas, pero se distinguen en mi opinión por representar una línea de investigación bíblica, mesurada, muy científica, más bien filológica, que refleja la opinión media de los investigadores creyentes, pero en la que la fe o la pertenencia confesional de cada autor no es óbice para intentar una presentación bastante objetiva de los datos y corrientes de la investigación bíblica actual. Su ficha es:
Jack D. Kingsbury, Conflicto en Lucas: Jesús, autoridades, discípulos. Ediciones “El Almendro”, Córdoba, España, 1992. Colección “En torno al Nuevo Testamento, 15”, 236 pp., con índice de pasajes bíblicos y bibliografía comentada. ISBN: 84-9005-002-0. Traducción de Rufino Godoy. Impresión bajo pedido del cliente a través de la web de la Editorial.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Andrés en los Hechos de Andrés y Mateo en la ciudad de los antropófagos (II)
Contenido de los HchAndMt
El texto comienza recordando la escena de la misión de los apóstoles a sus territorios respectivos mediante el sistema de sorteo (c. 1). La atención se dirige a Mateo, a quien correspondió en suerte “el país de los antropófagos”. Sus habitantes ni comían pan ni bebían vino, sino que se alimentaban con la carne y la sangre de los hombres. Los forasteros que caían en sus manos eran reservados para ese destino macabro. Les sacaban los ojos y con una bebida mágica les enajenaban la mente reduciéndolos a un estado de brutos animales.

Hoy escribe Antonio Piñero
El título de la obra en griego es exactamente “Vida” (Bíos). Ya hemos dicho al principio que la Antigüedad nos ha legado muy pocos casos de autobiografías. Sin embargo, en el entorno inmediato de Josefo, hay un historiador pagano del que nuestro autor hace abundante uso, Nicolás de Damasco, que escribió también una Vida de sí mismo. De cualquier modo, no debe entenderse el término “autobiografía” al estilo de nuestros días, es decir, obras en las que los matices psicológicos y los análisis de la evolución de la personalidad suelen ser muy acusados, pues esto no ocurre con la “Vida” de Josefo.
Tal observación no significa, sin embargo, que estemos ante una obra sin interés. Todo lo contrario, puesto que a través de las descripciones de Josefo o de la justificaciones de su propia actitud, el lector fino y entrenado puede ir consiguiendo una serie de claves que le sirvan para comprender mucho mejor el resto de la producción escrita del historiador.
Hoy escribe Antonio Piñero
Karl Ludwig Schmid (1891-1956) examinó exhaustivamente en su obra, El marco de la historia de Jesús (Berlín 1919), los datos geográficos y temporales sobre la vida y la predicación del Nazareno que aparecen en los evangelios. Afirmó que todo ese marco, en el que los autores de estas obras hacen que se desarrollen las tradiciones sobre Jesús, es ficticio y puramente pragmático.
Por tanto: las tradiciones sobre Jesús se transmitieron aisladamente, sin referencias temporales ni geográficas. Fueron los “biógrafos”, los evangelistas, los que unieron entre sí las diversas tradiciones por la semejanza de su contenido o por motivos prácticos. Ellos añadieron por su cuenta lo que creían que era un marco temporal o geográfico apropiado, aunque de hecho no tenían un conocimiento exacto de cuál había el contexto histórico real. Éste aparece siempre en los evangelios como algo laxo e indeterminado.
Hoy escribe Antonio Piñero
En la postal de ayer veíamos cómo diversos autores señalaban la necesidad de abrir el campo de mira respectoa la historia primitiva del cristiansimo: había otros cristianismos que no eran los oficiales, y centrando sólo la mirada en el Nuevo Testamento -se argumentaba- se perdía la perspectiva de lo que era en verdad la Iglesia primitiva: un terreno mucho más variado en su pensamiento.
Una avance similar de nuevas perspectivas, pero ya en el terreno de la interpretación de Pablo de Tarso representa la obra de Martin Brückner (1868-1922), El nacimiento de la cristología paulina, Estrasburgo 1903, respecto a Pablo y su relación con la figura de Cristo. Según Brückner, Pablo unió la concepción tradicional judía del mesías celeste con la de la encarnación de Jesús, de tal modo que no fue la vida terrena de Jesús, sino las doctrinas judías sobre el mesías las que formularon la fe cristológica paulina.
Hoy escribe Antonio Piñero
La línea radical de pensamiento sobre el Jesús de la historia que vimos en la postal de ayer es la que llevó a Wilhem Wrede, consecuentemente, a pedir la supresión en las facultades alemanas de teología de la disciplina denominada “Teología bíblica del Nuevo Testamento”. Postulaba que, en vez de una teología neotestamentaria, había que practicar y enseñar una “historia religiosa del cristianismo primitivo” que considerara el conjunto de todos los escritos cristianos de los primeros momentos, que renunciara expresamente a la idea de canon de libros sagrados y prescindiera en absoluto del concepto de revelación.
Todo ello lo defendió con energía en su obra Sobre la tarea y método de la denominada Teología del Nuevo Testamento, Gotinga 1897. Como se ve estamos aquí ante ideas modernas que luego han defendido Helmut Koester y Jean Dominic Crossan, entre otros (piénsese en el Jesus Seminar) para reconstruir la vida de Jesús. Si se estudia la obra del segundo sobre todo e observará cómo concede gran importancia, por ejemplo, a obras que hoy se catalogan entre los apócrifos del Nuevo Testamento, como el Papiro Egerton, el Evangelio de Pedro, y sobre todo el Evangelio copto-gnóstico de Tomás. Al aceptar estas fuentes como primarias, al mismo nivel que los otros evangelios del Nuevo Testamento, es lógico que cambie radicalmente la presentación de la figura del Jesús histórico. Que ello sea aceptable o no es otra cuestión. Pero la base ideológica de Crossan está ya en Wilhem Wrede cien años antes.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Para aquellos de nuestros lectores a los que ha interesado ese hermoso texto maniqueo griego que es la Plegaria de las emanaciones, quisiera añadir algo más para concluir definitivamente –si tal cosa es posible– la serie comenzada meses atrás.

Hoy escribe Antonio Piñero
Permítanme que presente hoy un librito mío que acaba de aparecer, hace unas dos o tres semanas y que quizás pueda ser de utilidad dadas las premuras de tiempo con las que vivimos hoy. Se trata de ofrecer al público fragmentos selectos de los más o menos 200 apócrifos que hay de ambos Testamentos, para una lectura de lo más importante. Su ficha es:
Apócrifos del Antiguo y Nuevo Testamento. Selección de Antonio Piñero. Alianza Editorial. Colección “Religión y mitología” (libro de bolsillo). Madrid, 2010, 540 pp. con índice analítico de materias. ISBN: 978-84-206-6911-3. Precio 12 euros.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Andrés en los Hechos de Andrés y Mateo (AyM) en la ciudad de los antropófagos (I)
Andrés de Betsaida, discípulo Protocleto (Primer llamado) de Jesús y hermano de Simón Pedro, generó en la tradición cristiana numerosos testimonios de devota atención. Como ya hemos dicho, la base de esos testimonios debe buscarse en los Hechos Apócrifos de Andrés, cuyos orígenes se remontan a mediados del siglo II. El resumen de esos Hechos, escrito por Gregorio de Tours nos ha servido para conocer numerosos detalles del Apócrifo primitivo. Pero existen otras obras que ayudan a completar una visión más amplia de la personalidad y el ministerio de Andrés.

Hoy escribe Antonio Piñero
El texto de las Antigüedades, tal como nos ha sido legado por todos los manuscritos, contiene un pasaje celebérrimo sobre Jesús de Nazaret, al que la obra de Josefo debe mucho de su conservación. Reza así:
“Por ese tiempo existió Jesús, un hombre sabio, si es que hay que llamarlo hombre. Era, en efecto, hacedor de obras extraordinarias y maestro de hombres que acogen con placer la verdad. Atrajo a sí a muchos judíos y también a muchos griegos. Él era el mesías (cristo). Aunque Pilato, por denuncias de los hombres principales entre nosotros, lo castigó con la cruz, no lo abandonaron los que desde el principio lo habían amado. Él, en efecto, se les apareció el tercer día nuevamente vivo, pues los divinos profetas habían ya dicho éstas y otras muchas cosas admirables acerca de él. Y todavía ahora sigue existiendo la tribu de los que por éste son llamados cristianos” (XVIII 63-64).
Hoy escribe Antonio Piñero
Julius Wellhausen (1844-1918) añadió a su Historia israelita y judía (Berlín 1894) un capítulo suplementario sobre los Evangelios, ya que éstos son claramente un producto judío. En este trabajo presentaba a Jesús como un predicador del amor divino en un reino de Dios que ya había comenzado a manifestarse. Este Jesús tenía una relación con Dios de hijo a padre como hombre que era.
El título de “Hijo del hombre” que él se otorgaba significaba en arameo precisamente eso, un mero ser humano. Tras su muerte, sin embargo, este apelativo se cambió en título mesiánico por obra de la comunidad de creyentes, y ésta adscribió a Jesús una filiación divina real: lo consideró hijo real de Dios. Otros cristianos primitivos acabaron de transformar la imagen del Jesús terreno uniendo su persona a diversas concepciones escatológicas judías de la época (p. ej., el juez mesiánico que ha de venir, etc.).
Hoy escribe Antonio Piñero
Prometimos en la postal anterior hacer un resumen sintético de las prinicipales innovaciones metodológicas señaladas hasta ahora. Piénsese que se parte de una posición básica según la cual el Nuevo Testamento es un libro inspirado, no se equivoca jamás, no contiene contradicciones, las historias que cuenta deben entenderse o bien al pie de la letra o bien alegóricamente (es decir transmiten eneseñnazas de orden moral elevado, pero no entendibles al pie de la letra). Todo ha sucedido tal como se dice en el libro inspirado y no se discute.
Cualquier idea que pueda poner en tela de juicio estas afirmaciones supone un avance de la crítica y provoca una suerte de sacudida.
Así pues, en mi opinión, los hitos expuestos ya son los siguientes:
Hoy escribe Antonio Piñero
La lectura de algunos comentarios a lo escrito hasta el momento me ha hecho ver que no me he explicado con suficiente claridad. Entono mi palinodia por ello, y procuraré que los lectores me comprendan bien. Hago un balance de lo dicho hasta ahora, para que al menos quede claro mi pensamiento.
• Estoy haciendo una mera exposición de lo que creo que es la Historia de la interpretación del Nuevo Testamento, sobre todo de los Evangelios y de Pablo. En general la investigación crítica a sus comienzos a finales del siglo XVIII, y sobre todo en el XIX, se ha centrado en Jesús y en los Evangelios; también en Pablo, cuya teología se compara con la de Jesús.
• Sigo la línea de otros investigadores: en especial las historias de la investigación del Nuevo Testamento de Werner Georg Kümmel, Das Neue Testament. Geschichte der Erforschung seiner Probleme (“El Nuevo Testamento. Historia de la investigación de sus problemas”, Editorial Karl Alber, de 1970, y S. Neill y T. Wrght, The Interpretation of the New Testament (“La interpretación del Nuevo Testamento”, Editorial Oxford University Press, 1988.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Hace algunos días, Religión Digital anunciaba la celebración de un curso en Cuenca, patrocinado por la UCLM (Universidad de Castilla La Mancha) y organizado por Xabier Pikaza y Vicente Abdelmumín Aya, dos amigos creyentes (uno, cristiano; otro, musulmán). El curso, celebrado del 11 al 13 de marzo, fue sin duda enjundioso y no puede ser resumido aquí. Hoy sólo quiero contar un par de anécdotas y formular algunas preguntas a nuestros lectores más reflexivos, invitándoles a meditar.

Hoy escribe Antonio Piñero
El título de este libro es provocativo, pues trata de enmendar el contenido de uno de los grandes mitos del cristianismo desde el siglo IV: la conversión del emperador Constantino, el efecto fulminante de este giro imperial en la conversión de las masas paganas que acudían en tropel a recibir las aguas bautismales y termina con un capítulo sobre su madre, Elena de Drepanum, convertida más tarde en santa. He aquí la ficha completa:
Pepa Castillo, Año 312. Constantino: emperador, no cristiano, Madrid, Ediciones del Laberinto, 253 pp. Ilustraciones, un mapa de la organización del Imperio en tiempos de Diocleciano y Constantino, y 2 esquemas genealógicos de los emperadores de Oriente y Occidente y de la política matrimonial en el entorno de Constantino. ISBN: 978-84-8483-408-3. Precio 18 euros.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Andrés en el resumen de Gregorio de Tours (y XVI)
Los dos capítulos restantes de la obra de Gregorio son ajenos totalmente a los primitivos Hechos Apócrifos de Andrés. El capítulo 37, “sobre las virtudes de su sepulcro”, cuenta que del sepulcro del Apóstol manaba un cierto maná en forma de harina y un aceite con un suavísimo olor. La cantidad de la emanación daba a entender a los campesinos si la cosecha del año iba a ser abundante o escasa. El aceite fluía hasta el centro da la basílica del santo.

Hoy escribe Antonio Piñero
Josefo sigue la tradición de la historiografía judía anterior a él y aprovecha el estilo y las formas griegas de los libros de historia para hacer llegar a sus connacionales, y sobre todo a los “de fuera”, los paganos, las glorias de Israel, su pasado cargado de promesas divinas.
A la vez construye un sistema defensivo, apologético, ante los posibles ataques externos a su pueblo ensalzando las virtudes propias. Las ideas que impulsan este tipo de obras -de las que el Judaísmo de la época nos ha legado alguna más, como las Antigüedades bíblicas del Pseudo Filón- es la presentación del pueblo judío ante el culto mundo del Helenismo y la búsqueda de una integración relativa en los valores de esa cultura (se afirma: el judío es un pueblo antiguo, noble, de densa historia, con leyes excepcionales y excelsa tradición), conservando al mismo tiempo la idiosincrasia y tradiciones propias, ensalzadas por el escrito en cuestión.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos con nuestra breve historia de la investigación histórico-crítica del Nuevo Testamento.
Para Wilhelm Bousset (1865-1920), había que continuar con la fecunda idea de investigar a Jesús y al cristianismo a la luz de la influencia sobre este último de las “religiones de misterios” (hoy decimos mejor “cultos de misterio”). En este ámbito, aparte de otras obras sobre el judaísmo helenístico y sobre la historia y concepciones principales de la gnosis, su obra principal fue Kýrios Christós, en la cual intenta reunir todos los hilos que se habían ido manejando a partir de una concepción de la fe cristiana vista desde el prisma de la historia de las religiones.
En Kýrios Christós (Gotinga 1913) se plantea por vez primera que las comunidades primitivas cristianas son ante todo comunidades de culto. Al igual que no sólo los judíos, sino también otras paganas, como las formadas para honrar al “Señor Sarapis”, o al “Señor Atis”, Cristo como kýrios, Señor, es un poder que está presente en el culto. Y en el culto y en la liturgia es donde se plasman las ideas de la teología.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos con nuestra breve historia de la investigación histórico-crítica del Nuevo Testamento.
El ambiente estaba ya preparado cuando Richard Reitzenstein (1861-1931) se propuso iluminar sistemáticamente los orígenes de las creencias religiosas helenísticas, y consecuentemente del cristianismo, con paralelos orientales. Ya en 1901, al editar dos papiros, indicaba que la concepción del Logos (Verbo o Palabra de Dios: presente sobre todo en el Prólogo del Cuarto Evangelio) como una personalidad divina podía explicarse por la unión de teorías estoicas con egipcias, con lo que podría aclararse así la concepción central del prólogo del Cuarto Evangelio, el cual la habría tomado de esos ámbitos.
En su obra posterior, Poimandres (1904), afirmaba la existencia de un mito helenístico cuyo núcleo era la noción de “Dios hecho hombre”, y que éste era anterior al cristianismo. Por tanto se podía sospechar una influencia de la anterior sobre lo posterior cronológicamente. Al mismo tiempo hacía hincapié en la asombrosa concordancia del lenguaje del Evangelio de Juan con el de la mística griega de la época helenística.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos con nuestra breve historia de la investigación histórico-crítica del Nuevo Testamento.
En otro ámbito, en el de la historia del judaísmo y del cristianismo fue mérito de Adolf Hilgenfeld (1823-1907) haber puesto de relieve por primera vez hacia 1860 que la literatura apocalíptica judía de época helenística (siglos III a.C.- I d.C.: los escritos también llamados “Apócrifos del Antiguo Testamento”, y de los que hemos hablado tantas veces en este blog) era un eslabón importante en la prehistoria teológica del cristianismo.
Hilgenfeld fue el primero en sostener en una publicación importante que el judaísmo precristiano, apocalíptico, contenía en sí muchas nociones ideas teológicas parecidas a las de los cristianos posteriores, sobre el profetismo, el mesías, el Hijo del Hombre, el reino de Dios, el mundo futuro, etc. El cristianismo había aceptado tales nociones y no las había tomado en concreto del Antiguo Testamento, sino de ese judaísmo posterior. El resultado de esta investigación fue insertar al Nuevo Testamento dentro de la historia general de la evolución teológica del judaísmo helenístico. La teología judía del cristianismo no era un meteorito religioso aislado, sino el producto de una historia larga y anterior.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Como decíamos ayer, a continuación ofrecemos a los lectores –a los que ruego disculpas por la tardanza- la parte final de la hermosa Plegaria de las Emanaciones descubierta en las ruinas egipcias de Kellis a comienzos de los años 90 del siglo XX. El autor-recitador, tras haber pedido a las Emanaciones divinas a las que se ha dirigido a lo largo del texto que le libren de la reencarnación, prosigue pidiendo:

Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy les propongo la lectura de un curioso libro, un guión cinematográfico, escrito nada menos que por Dreyer, el autor-director de dos grandes películas de la historia del cine: “Juana de Arco”, Gertrud y “Ordet”, de los años 30 (creo que todo buen cinéfilo las conoce. A mí me parece genial en algún aspecto.
Dreyer (1889-1868) murió sin ver realizados dos de sus sueños: trabajar en Hollywood y dirigir una película sobre Jesús. De hecho a finales de los años cuarenta del siglo pasado viajó a Estados unidos en busca de financiación para su proyecto, y –aunque era danés de nacimiento- allí redactó en inglés el guión de su película. Su ficha es la siguiente:
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Andrés en el resumen de Gregorio de Tours (XV)
Ya hemos expuesto en otros lugares el dato de que el resumen de Gregorio coincide con el texto de los primitivos HchAnd a partir del capítulo 34. En dos líneas refiere Gregorio el dato del regreso de Estratocles a Patrás, objeto de la narración de HchAnd 1. Regresaba de Italia después de cumplir con los deberes del servicio militar pues había obtenido permiso del emperador para dedicarse a la filosofía. Era Estratocles hermano del procónsul de Acaya Egeates. Su llegada provocó un gozoso alboroto en casa del procónsul, donde Maximila le hizo los honores de una cariñosa bienvenida.

Hoy escribe Antonio Piñero
Las Antigüedades de los judíos tienen dos conclusiones: la primera (XX 259-266) es más larga que la segunda, y empieza así: “Aquí terminarán mis Antigüedades…”. La segunda, a continuación (XX 267-268), más breve, que reza como sigue: “Con esto terminaré las Antigüedades que comprenden 20 libros…”.
Muchos comentaristas han pensado que hubo dos ediciones de esta obra, y que en los manuscritos conservados hasta nosotros los copistas han recogido las dos conclusiones en principio independientes.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestra breve historia de la investigación del Nuevo Testamento
El estudio crítico de la religión o teología crítica
El deísmo inglés, cuyas figuras más señeras son John Locke (+ en 1704), John Toland (+ en 1722) y Mathew Tindal (+ en 1733), supuso un considerable impulso hacia una consideración histórica del Nuevo Testamento, no sólo religiosa.
El deísmo postulaba la vuelta a una “religión natural”, y deseaba superar por medio de una crítica racional el bochornoso espectáculo de la pluralidad de confesiones cristianas. Abría así indirectamente el camino a un estudio del Nuevo Testamento libre de todo compro¬miso dogmático, considerando a estos escritos sólo como testigos del desarrollo ideológico de la humanidad.
A finales del siglo XVIII, en 1778 (publicado póstumamente -¿miedo de Reimarus a represalias?- por G. E. Lessing), Hermann Samuel Reimarus (1694-1768), personaje muy conocido por los lectores de este blog, fue el primero en plantearse críticamente una de las cuestiones más candentes del cristianismo primitivo. En su escrito Sobre la finalidad de Jesús y la de sus discípulos postulaba que debía separarse radicalmente la predicación de Jesús, netamente judía, de la teología de los apóstoles, diferente de la de su maestro. Entusiasmados con él –afirma Reimarus— los discípulos forjaron la imagen nueva de un redentor-mesías que padece y expía no sólo por los judíos, sino por todo el género humano. Con esta distinción se planteaba para generaciones venideras la posible diferen¬cia entre el Jesús histórico y la interpretación que de él ofrecían sus continuadores, el luego llamado Cristo de la fe.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos aclarando los conceptos básicos de la crítica textual del Nuevo Testamento, la ciencia que trata de conseguir el mejor texto posible (el más cercano a los originales perdidos) a través del estudio de muchos manuscritos copiados de esos originales y de las copias de éstos. Quizás no se insiste bastante ante la gente que los originales del Nuevo Testamento -como los de todos los autores de la antigüedad- se han perdido. ¡Irremisiblemente perdidos! Sólo tenemos copias. Mejor copias de copias de copias. Y entre tantas copias hay que hacer una labor de detectives para averiguar dónde se esconde lo que puede ser original.
1. El paso previo del trabajo crítico sobre el texto de los manuscritos del Nuevo Testamento es lo que se llama “colacionar” un manuscrito: transcribir exactamente en caracteres de imprenta el texto que presenta un testigo, o manuscrito determinado.
2. “Colacionados” los manuscritos hay que agruparlos por familias o grupos para reducir a un número razonable y manejable el número de manuscritos que apoyan tal o cual lectura variante.

Hoy escribe Antonio Piñero
Desde hace más de doscientos años los estudios del Nuevo Testamento han ido progresando de una manera imparable. Se ha avanzado mucho al señalar mil detalles de los textos, antes pasados por alto, que estudiados en profundidad arrojan una luz admirable para entenderlos mejor. Ahora bien, sin un panorama breve del progreso de los métodos, todo lo que se diga del Nuevo Testamento y del cristianismo primitivo que rompa las creencias normales, o no se entenderán o podrán parecer arbitrariedades. Es preciso tener en mente las herramientas de análisis que han proporcionado siglos de estudio.
Ahora bien, dijimos en la postal anterior que no todo son progresos lineales. Hay también tanteos y errores, falsas perspectivas y despistes o desvíos, a veces sensacionales, que se descubren como tales con el tiempo y por las críticas de los que vienen detrás.
Hoy escribe Antonio Piñero
Después del paréntesis que ha supuesto la publicación en este blog del Prólogo a “Los papas y el sexo” (de Eric Frattini) volvemos al tema de los métodos actuales en la investigación del Nuevo Testamento. Decíamos en nuestra última postal que la reinterpretación de la muerte y resurrección de Jesús por parte de sus seguidores produce la teología propiamente cristiana (y da origen por tanto al cristianismo).
Soy totalmente consciente de que el cristianismo es mucho más que una mera teología, pues se trata de vivir conforme a los ideales de Jesús, etc. Ahora bien, en los inicios del movimiento cristiano, y dentro de un mismo ambiente religioso escatológico/apocalíptico que damos por supuesto en los orígenes cristianos –común a otras “sectas” judías del momento- lo que importaba, y mucho, era no sólo las diferencias de comportamiento, sino también las de teología/ideología que sustentaban esos comportamientos diferentes.

Hoy escribe Antonio Piñero
Presentamos hoy el tercer y último volumen de la colección que da título a esta postal, dirigida por el catedrático emérito de la Universidad de Barcelona, Gregorio del Olmo. Este último volumen ha sido coordinado por Adolfo Sotelo Vázquez. Hoy voy a limitarme a la presentación del libro sin ofrecer una crítica, pues no me siento competente en los autores tratados, aunque sí veo que el volumen en cuestión es sumamente interesante. Su ficha es:
Gregorio del Olmo/Adolfo Sotelo Vázquez (eds.), La Biblia en la literatura española (III). Editorial Trotta-Fundación San Millán de la Cogolla, Madrid 2010, 546 pp. ISBN: 978-84-9879-076-4.
Esta serie investiga de manera sistemática la influencia ejercida por la Biblia en la historia de la literatura española en sus diferentes épocas y autores (Edad Media, Época de Oro y Edad Moderna). Éste, pues, es el último volumen.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Andrés en el resumen de Gregorio de Tours (XIV)
Los personajes que figuran como actores de los sucesos del capítulo 30 del resumen de Gregorio son, como decíamos, conocidos de los lectores de los HchAnd. Egeates, el procónsul, Maximila y su fiel criada Ifidama. El procónsul reconoció más tarde al apóstol Andrés como el que había curado a su esposa. Recordaba en particular su gesto de no aceptar la compensación monetaria que le ofrecía: “Yo te quise regalar dinero suficiente, pero tú no quisiste” (HchAnd 26,2).
Jueves, 16 de febrero
José Arregi
Juan Fernandez Krohn
Francisco Margallo
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital