Hoy escribe Antonio Piñero
Es conveniente que nos detengamos un momento en aclarar cómo se llega a la generalización del celibato para la clerecía en la Iglesia cristiana, que en opinión de muchos puede incitar al clero a prácticas sexuales poco naturales, como la pederastia, mucho más corriente entre los no casados (¡probablemente!).
Muy pronto, en los primeros evangelios canónicos, los de Mateo y Lucas, en concreto en sus dos primeros capítulos, se nota ya un aprecio especial y destacado por la virginidad –de la madre del Redentor en concreto-, movida por el deseo de resaltar lo maravilloso y extrahumano que había sido el proceso de encarnación del Salvador. Éste había tenido una génesis prodigiosa, divina, asexuada. En contra del judaísmo, era la religiosidad pagana del mundo grecorromano el que tenía un aprecio especial por la virginidad. Las vestales y las sacerdotisas vírgenes de todo tipo se dan entre los santuarios paganos del helenismo y no en el mundo judío. Por ello, esta tendencia de los evangelios de la infancia se corresponde más con el espíritu pagano, griego en concreto, que con el judío.
Sábado, 26 de mayo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Josemari Lorenzo Amelibia
Jose Gallardo Alberni
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn